Rabia: causas, síntomas y tratamiento

La rabia es una zoonosis que se propaga a través de saliva infectada y que representa una enfermedad mortal que, eso sí, es prevenible. Una descripción de las bases clínicas de esta infección vírica tan grave.

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Los virus son partículas infectivas, es decir, una estructura de naturaleza orgánica que necesita infectar una célula viva para completar su ciclo de replicación. Son simplemente una membrana proteica que recubre un material genético que necesitan para replicarse y desarrollar el proceso infectivo. Su sencillez es tal que hay controversia acerca de si deben considerarse o no seres vivos.

Pero sea como sea, los virus son las estructuras más abundantes y diversas del planeta. Cada virus está especializado en infectar un organismo concreto, incluidos, por supuesto, nosotros. Y es así como entran en juego las enfermedades víricas, aquellas patologías desencadenadas por la infección por parte de un virus de órganos o tejidos de nuestro cuerpo.

Existen muchas enfermedades virales que, pese a que pueden ser más o menos graves, no suelen representar un peligro de muerte alto (a no ser que haya inmunodeficiencias de por medio) ya que la relación entre nosotros y el virus es tan estrecha que este ha “aprendido” a causar los menos daños en nuestro organismo, que al fin y al cabo necesita para replicarse.

Así, el resfriado, la gripe, la gastroenteritis, la conjuntivitis, etc, son enfermedades víricas que, por regla general, no son graves. El problema viene con las zoonosis, aquellas enfermedades en las que un virus “salta” de un animal a un humano, un “recipiente” al que no está acostumbrado y en el que puede desencadenar daños muy graves.

Y en este contexto, una de las enfermedades más letales del mundo responde precisamente a este proceso zoonótico. Estamos hablando, por supuesto, de la rabia. Una enfermedad vírica que se propaga a través de la saliva infectada de ciertos animales y que, si bien tiene una letalidad del 99% y no existe cura, es prevenible. En el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, indagaremos en las causas, síntomas y tratamiento de la rabia.

¿Qué es la rabia?

La rabia es una enfermedad zoonótica viral mortal que se propaga a través de la saliva de animales infectados. Se trata de una infección vírica causada por un virus de la familia Rhabdoviridae que ataca al sistema nervioso central, ocasionando una encefalitis incurable que tiene una letalidad de aproximadamente el 99%.

Esta enfermedad se transmite a las personas y mascotas si son mordidas o arañadas por un animal con la rabia, que generalmente son animales silvestres tales como los murciélagos, los mapaches, los zorros y los perros salvajes. El virus se transmite a través de la saliva de estos animales e ingresa al cuerpo a través de una mordida o corte en la piel, permitiendo que llegue al torrente sanguíneo.

Una vez en la circulación sanguínea, el virus es transportado hasta el cerebro, donde ocasiona una inflamación e hinchazón del mismo que cursa con esta encefalitis propia de la enfermedad, la cual provoca síntomas tales como fiebre, parálisis parcial, ansiedad, salivación excesiva, miedo al agua, confusión, hiperactividad, etc.

El periodo de incubación oscila enormemente, pudiendo ir desde apenas 10 días hasta los 7 años, aunque por regla general es de 3-12 semanas. Sea como sea, se trata de una enfermedad muy rara, pues anualmente en Estados Unidos se diagnostican únicamente entre uno y tres casos de rabia, con la mayoría de casos habiendo sido adquirido el virus fuera del territorio estadounidense.

Esto es esencial, pues la rabia es una enfermedad incurable en la que, una vez han empezado los síntomas, la tasa de letalidad es del 99%. Por ello, es importante prevenirla vacunando a las mascotas y no acercándose a animales silvestres o, si ha habido una potencial exposición al virus, buscar atención médica para tratar la situación antes sobre todo de que empiece la sintomatología. A continuación vamos a indagar en sus bases clínicas.

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Causas de la rabia

Las causas de desarrollar rabia es sufrir una infección por el virus responsable de la misma, de la familia Rhabdoviridae. Este virus, que ingresa al torrente sanguíneo a través de la saliva de un animal infectado que entra al cuerpo por una mordedura o por un corte en la piel, llega al cerebro y ocasiona una encefalitis mortal.

Los animales infectados, que son animales silvestres tales como los murciélagos, los mapaches, los zorros y los perros salvajes, transmiten el virus de la rabia, presente en la saliva, al morder (o en algunos casos arañar) a una persona u otro animal, habiendo cierta problemática con las mascotas.

En ciertas ocasiones, la enfermedad puede propagarse cuando la saliva infectada entra en una herida abierta en las membranas mucosas del cuerpo (como los ojos o la boca), en cuyo caso puede darse una infección sin necesidad de un ataque del animal, sino simplemente con este lamiendo una parte de nuestro cuerpo.

Cabe destacar que, si bien los más reconocidos son los que hemos nombrado antes, cualquier mamífero es capaz de ser portador y propagar el virus de la rabia. Así, mascotas como perros, gatos, vacas, hurones, cabras y caballos y animales salvajes como marmotas, monos, coyotes y castores pueden también transmitir la rabia.

Es muy importante recalcar que la rabia no es contagiosa de una persona a otra, solo a través de una zoonosis por medio de animales infectados. Solo en casos excepcionales ha habido una transmisión interpersonal al recibir un trasplante de un órgano o tejido de un donante infectado con la rabia sin, evidentemente, saber todavía que la padecía.

La rabia, por suerte, es una enfermedad muy rara y en países como Estados Unidos hay apenas 1-3 casos anualmente. Así, en países desarrollados su incidencia es muy baja, pues el 95% de los casos ocurren en Asia y África, cosa que explica que cada año mueran todavía 59.000 personas a causa de esta enfermedad.

Así, hay claros factores de riesgo asociados a su contagio: vivir o viajar a países en vías de desarrollo en Asia y África, trabajar como veterinario, explorar cuevas habitadas por murciélagos, acampar sin tomar precaución de los animales salvajes, tener heridas en la cabeza o cuello que puedan hacer que el virus llegue más deprisa al sistema nervioso central o trabajar en un laboratorio donde se investigue con el virus de la rabia.

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Síntomas

Una vez el virus de la rabia ha ingresado al torrente sanguíneo, el periodo de incubación puede ser más o menos largo, por regla general de 3-12 semanas, aunque hay casos en los que aparece tan pronto como a los 10 días y otros en los que puede tardar hasta 7 años en dar síntomas. Pero sin abordaje durante este periodo de incubación, tarde o temprano habrá una infección del cerebro.

La encefalitis causada por la rabia tiene una aparición súbita, con una primera fase de sintomatología similar a la gripe que termina derivando rápidamente en una situación más grave con fiebre (que no suele ser alta), hidrofobia (miedo al agua), dolor de cabeza, náuseas, vómitos, salivación excesiva, parálisis parcial, alucinaciones, insomnio, dificultad para tragar, miedo ante el viento, confusión, hiperactividad, agitación, ansiedad, convulsiones, espasmos musculares, dolor en la mordida, pérdida de sensibilidad en ciertas regiones del cuerpo, cambios en el estado de ánimo, pérdida de la función muscular…

La inflamación del cerebro es tan grave que la rabia alcanza, una vez han empezado los síntomas, una letalidad del 99%. Una vez han comenzado los signos clínicos, es prácticamente imposible que el paciente sobreviva, incluso con cuidados intensivos. La muerte llega inevitablemente después de entre 2 y 10 días del inicio de los síntomas por parada cardiorrespiratoria.

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Prevención, diagnóstico y tratamiento

Teniendo en cuenta su letalidad y el hecho de ser incurable cuando empiezan los síntomas, es esencial conocer la prevención de la rabia. En este contexto, vacunar las mascotas, evitar que las mascotas entren en contacto con animales salvajes, alejarse de animales salvajes y vacunarse si se viaja a una región donde la incidencia de la enfermedad es elevada son las mejores formas de prevenir el contagio de una enfermedad que, de por sí, es muy rara en países desarrollados.

En lo que se refiere a diagnóstico, es importante recalcar que no hay manera de saber si, después de ser mordido por un animal salvaje potencialmente portador de la rabia, ha habido una infección por parte del virus. Las pruebas de detección del virus no son totalmente fiables, por lo que es probable que el médico, ante la sospecha, inicie el tratamiento lo antes posible para no dar tiempo a que haya una infección del cerebro, momento en el que ya no hay nada que hacer.

El tratamiento consistirá, si la persona no está vacunada, en inyecciones con inmunoglobulina antirrábica que previene que el virus infecte el cerebro. Paralelamente, se administrarán cuatro vacunas antirrábicas en 14 días para que el cuerpo identifique y ataque al virus. Pero, recalcamos, si han empezado los síntomas, no hay tratamiento posible y la muerte es casi segura, pues solo 20 personas han sobrevivido a la rabia una vez esta se ha manifestado.

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