Corteza parietal: anatomía y funciones de esta región cerebral

Explicamos las características de esta región del cerebro humana.
Corteza parietal

Manejar los cálculos en la factura de la luz, saber usar expresiones escritas adecuadamente y sentir cómo nos acarician la espalda. Todas estas acciones cotidianas no serían posibles sin el importante trabajo de la corteza parietal.

Pero, ¿de qué se trata? ¿donde se encuentra? ¿qué funciones realiza? Todas estas preguntas son contestadas unas líneas más abajo. Descubramos por qué es tan importante este trozo de córtex cerebral.

¿Qué es la corteza parietal?

La corteza parietal es la parte de la superficie cerebral, es decir, el córtex o corteza, que forma lo que se denomina el lóbulo parietal. Este lóbulo se encuentra cerca del centro del cerebro, detrás del lóbulo frontal, delante del occipital y por encima del temporal. Esta región es bastante extensa, suponiendo cerca de una quinta parte del total de la corteza cerebral.

Al situarse en bien en medio del encéfalo recibe proyecciones desde el resto de los lóbulos cerebrales, trabajando conjuntamente con ellos para llevar a cabo diferentes funciones, especialmente relacionadas con la integración sensorial y el procesamiento de la información. Así pues, es el lugar donde se llevan a cabo la mayoría de los procesos perceptivos y adquiere importancia organizando toda la información que viene tanto del interior como del exterior del cuerpo.

Estructuras de la corteza parietal

La palabra ‘parietal’ viene del latín, significando ‘pared’ o ‘muro’, y esto hace referencia al hecho de que este lóbulo es la estructura intermedia situada en el centro del cerebro humano. Es como si, de forma simbólica, fuera la frontera por la cual pasa una gran cantidad de información, filtrándola y organizándola.

Esta importante parte del encéfalo presenta las siguientes estructuras:

1. Giro postcentral

El giro postcentral, que es el área 3 de Brodmann, es una parte de la corteza parietal en la que se localiza el área somatosensorial primaria. Se encarga de procesar y recibir la información procedente de los órganos de los sentidos.

2. Corteza parietal posterior

Procesa todos los estímulos que se ven y permite coordinar los movimientos del cuerpo teniendo en cuenta la información visual.

3. Lóbulo parietal superior

Esta estructura parietal está implicada en la orientación espacial y en la motricidad fina.

4. Lóbulo parietal inferior

El lóbulo parietal inferior se encarga de relacionar las expresiones faciales con las emociones. También está implicado en la resolución de operaciones matemáticas, y adquiere un importante papel en el lenguaje y la expresión corporal.

Funciones asociadas

La corteza parietal está implicada en muchos procesos sensoriales y perceptivos, los cuales permiten que desarrollemos nuestro día a día de la manera en cómo lo hacemos normalmente.

Por ejemplo, a modo de ejemplo introductorio a las funciones parietales, imaginémonos que alguien escribe con su dedo una letra en nuestra piel. Es gracias al trabajo de la corteza parietal que somos capaces de sentir este estímulo e identificar de qué letra se trata. De hecho, esta capacidad se llama grafestesia.

Este ejemplo puede parecer algo muy simple, pero si se analiza con un poco más de profundidad se verá que tiene bastantes pasos: sentir el tacto en la piel, reconocer los movimientos, asociar la sensación a que se está tocando la piel y reconocer los movimientos formando una letra del alfabeto. Así pues, se puede extraer que las dos principales funciones de esta corteza son la integración sensorial y el procesamiento de la información analítico-simbólica.

1. Integración sensorial

Uno de los nombres que suele recibir la corteza parietal es el de ‘corteza de asociación’, dado que se encarga de integrar la información procedente de las vías visual, auditiva y somatosensorial.

La asociación de información procedente de varios sentidos da como resultado algo más que la suma de estas informaciones. Supone darle significado a esta información, relacionar unos estímulos con otros y guiar la conducta consecuentemente.

Por ejemplo, gracias a esta área, es posible comprender qué es un perro, viendo su movimiento, tocando su pelaje y oliendo su olor.

Pero no solamente integra información externa al organismo. Gracias a esta corteza es posible saber, recibiendo datos de los músculos, en qué postura nos encontramos o qué sentimos con el tacto.

Es decir, se encarga del procesamiento somestésico y reconocer las sensaciones corporales.

Trabajando de forma conjunta con el lóbulo frontal, la corteza parietal permite ofrecer feedback acerca los movimientos voluntarios que se estén realizando, para poder corregirlos en caso de que sea necesario y modificarlos acorde los estímulos externos.

2. Procesamiento de símbolos

Otra de las grandes funciones de la corteza parietal es la de que es capaz de trabajar con símbolos y aspectos cognitivos más complejos como lo es la aritmética.

Aunque el procesamiento de la información simbólico-analítica se separa de la función de integración sensorial de esta corteza, lo cierto es que esta función no sería capaz de llevarse a cabo si no se integrara la información recibida sensorialmente.

En la corteza parietal se da lugar muchos procesos mentales, mediante los cuales es posible tener el pensamiento abstracto necesario para poder trabajar con símbolos, una capacidad muy humana la cual está detrás de las matemáticas y el lenguaje.

Otras funciones cognitivas asociadas con la corteza parietal son la atención, el procesamiento numérico, la memoria de trabajo y episódica, además de la discriminación del tamaño, la forma y la distancia de los objetos.

Lesiones parietales

Ya sea por un daño traumático o por alguna causa de tipo orgánico, como puede ser un accidente cerebrovascular, lesiones en esta corteza implican patología grave y seria, especialmente relacionada con el reconocer objetos, orientarse, manipular objetos e integrar la información en general.

A continuación veremos diferentes síntomas en función del área de la corteza parietal que se haya visto afectada.

1. Lesión en el lóbulo parietal izquierdo

Una lesión en esta parte del parietal puede ocasionar la aparición del síndrome de Gerstmann.

Entre los síntomas de este síndrome se encuentran la acalculia, es decir, incapacidad de realizar cálculos matemáticos, confundir el lado izquierdo y el derecho y problemas a la hora de escribir o agrafia.

2. Lesión en el lóbulo parietal derecho

Una lesión que solamente afecte el lóbulo parietal derecho suele producir heminegligencia, que supone la incapacidad para prestar atención a los estímulos que se encuentren en una de las mitades del cuerpo, en este caso el lado izquierdo.

La persona, además, no se da cuenta de que la mitad de su cuerpo no capta información del mundo exterior, lo cual es denominado anosognosia.

Como no se es consciente de esto, las personas heminegligentes descuidan totalmente la parte del cuerpo que no capta la información. Esto significa que no comen el lado izquierdo de su plato, no usan su brazo izquierdo, no se lavan la mitad izquierda de la cara...

3. Lesión en los dos lóbulos parietales

Las lesiones hasta aquí comentadas hacían referencia a cuando solo se veía afectada la corteza parietal de uno de los dos hemisferios. Sin embargo, si se ve afectada la de los dos, se puede dar el síndrome de Balint.

Este problema implica graves consecuencias a nivel neurológico, afectándose sobre todo a la percepción y la psicomotricidad.

Los síntomas más destacables del síndrome están la incapacidad para percibir las imágenes como un todo, prestando atención a sus elementos de forma separada. También tienen problemas en la coordinación de los ojos.

Diferencias entre zurdos y diestros

Se ha visto que la corteza parietal del hemisferio izquierdo es más activo en aquellas personas quienes son diestras. Como ya se ha dicho, esta parte del encéfalo está implicada en el manejo de símbolos, y por lo tanto está detrás de la capacidad numérica y lingüística.

Por el otro lado, parece suceder lo contrario en las personas zurdas. En su caso, es la corteza parietal del hemisferio derecho la que es más activa, y se ha visto que es esa zona la que estaría más implicada en la interpretación de imágenes como un todo y qué distancia guardan los elementos que las componen, teniendo su importancia en la interpretación de mapas.

Referencias bibliográficas

  • Bradford, H.F. (1988). Fundamentos de Neuroquímica. Labor.
  • Guyton, A.C. (1994) Anatomía y fisiología del sistema nervioso. Neurociencia básica. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Kandel, E.R.; Schwartz, J.H. y Jessell, T.M. (eds) (1997) Neurociencia y Conducta. Madrid: Prentice Hall.
  • Zuluaga, J. A. (2001). Neurodesarrollo y estimulación. Madrid: Médica Panamericana.

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB. Desarrolla desde hace años una importante labor de divulgación científica en revistas como Psicología y Mente, MedSalud y MédicoPlus.