Lóbulo occipital del cerebro: anatomía y funciones

Esta región del cerebro, situada en la parte trasera del encéfalo, se comunica con el resto del cerebro y tiene una gran importancia en el procesamiento de toda la información visual.
Lóbulo occipital

El cerebro es el órgano más complejo e increíble del cuerpo humano. Y no solo porque es nuestro centro de mandos, es decir, el que regula cómo nos relacionamos con el medio y con nosotros mismos, sino porque, en gran medida, continúa siendo un auténtico misterio para la ciencia. Cuanto más sabemos, más preguntas aparecen.

Pero eso sí, hay cosas que tenemos muy claras. Y una de ellas es que el cerebro puede dividirse en distintas regiones que, si bien están absolutamente interconectadas, se diferencian entre ellas en lo que se refiere a funciones principales que desempeñan.

Y estas áreas, en el campo de la neurología, reciben el nombre de lóbulos, unas secciones delimitadas anatómica y funcionalmente en cuyo interior suceden todas las conexiones neuronales que permiten captar estímulos del medio, procesarlos y actuar acorde a ellos.

Existen cuatro lóbulos en el cerebro: frontal, parietal, temporal y occipital. En el artículo de hoy nos centraremos en analizar la anatomía y las funciones que desempeña este último, el occipital, el lóbulo del cerebro más implicado en el procesamiento de la información visual pero también en la capacidad imaginativa y creativa.

¿Qué son los lóbulos del cerebro?

Antes de pasar a analizar qué es el lóbulo occipital debemos entender la estructura del cerebro. Y es que ya desde los orígenes de la neurociencia moderna se ha observado que, si bien todas las regiones del cerebro funcionan como una sola al estar en constante interconexión, hay algunas funciones cerebrales que se encuentran localizadas específicamente en unas regiones.

Pero, ¿qué significa exactamente “región”? Por región entendemos porciones en la corteza cerebral. Piensa en la Tierra y en sus placas tectónicas. El cerebro es algo parecido. La corteza cerebral es como un puzzle formado por distintas piezas: los lóbulos. Estos encajan los unos con los otros para dar lugar al cerebro que conocemos, con sus surcos representativos.

Sea como sea, los lóbulos son las regiones de la corteza cerebral en cuyo interior tienen lugar todas las conexiones neuronales que nos llevan no solo a procesar los estímulos que llegan del medio, sino a responder a ellos, así como mantener las funciones vitales, desarrollar la conciencia y relacionarnos con lo que nos rodea.

Estos lóbulos son cuatro (frontal, parietal, temporal y occipital), lo que pasa es que como el cerebro es una estructura simétrica con dos hemisferios, en cada uno de estos hemisferios hay un lóbulo de cada. Por lo tanto, el cerebro humano se compone de un total de ocho lóbulos.

Y en lo que nos interesa en el artículo de hoy, hay dos lóbulos occipitales: uno derecho y otro izquierdo. Y ahora pasaremos a analizar concretamente en qué consiste este lóbulo occipital.

Entonces, ¿qué es el lóbulo occipital?

El lóbulo occipital (aunque recordemos que hay un total de dos, uno en cada hemisferio) es una de estas regiones en las que se divide anatómica y funcionalmente el cerebro, aunque en estrecha relación y comunicación con las otras áreas del encéfalo.

Es el lóbulo más pequeño y ocupa una posición trasera, es decir, es la región cerebral más cercana a la nuca. Limita por la parte inferior con el cerebelo, por la superior con el parietal y por la medial con el temporal.

Una de las cosas más interesantes acerca del lóbulo occipital es que es una de las únicas regiones del cerebro que, a lo largo de la evolución humana, no ha experimentado prácticamente cambios. Esto explica que sea el lóbulo más pequeño, pues no se ha desarrollado tanto respecto a las otras regiones cerebrales.

A pesar de no haber evolucionado demasiado a nivel anatómico, el lóbulo occipital sigue siendo imprescindible. Además, se divide en dos regiones que, si bien no pueden diferenciarse demasiado a nivel visual, sí que adoptan roles concretos. Estas dos regiones son, por un lado, la corteza visual primaria y, por otro, las áreas de asociación visual.

La corteza visual primaria es la porción del lóbulo occipital encargada de recibir los estímulos procedentes del sentido de la vista y de realizar un primer procesamiento para obtener una información que, si bien es poco detallada, sirve para que la otra porción del lóbulo dé lugar a la visión como tal.

Y aquí entran las áreas de asociación visual. Estas son conjuntos de neuronas que reciben la información poco detallada de la corteza visual primaria y la procesan de una forma más refinada. Al estar en conexión con otras regiones del cerebro, estas áreas permiten la experimentación de la visión perfectamente precisa.

Pero, ¿el lóbulo occipital solo se encarga de permitir la vista? No. Y a continuación, ahora que ya sabemos qué es y cuál es su anatomía, podemos pasar a detallar todas las funciones que desempeña.

Las 8 funciones del lóbulo occipital

El lóbulo occipital es imprescindible no solo para captar estímulos visuales, sino para responder a ellos y experimentar emociones acorde a lo que vemos. Su importancia resulta más evidente al analizar las consecuencias que tienen las lesiones (traumatismos) en esta región del cerebro: incapacidad para detectar movimientos, problemas al percibir colores, pérdida de visión, alucinaciones e incluso epilepsia.

Sea como sea, vamos a analizar las funciones que desempeña este lóbulo cerebral, aunque es importante recordar que está en constante interconexión con las otras regiones del encéfalo.

1. Recibir impulsos nerviosos de los ojos

Los sentidos y los órganos sensoriales son las estructuras de nuestra fisiología que nos permiten captar estímulos del exterior. Sin ellos, es imposible saber qué sucede en aquello que nos rodea. Y en el caso del sentido de la vista, su importancia es más que conocida.

Los ojos son los órganos capaces de captar señales lumínicas gracias a un complejo sistema en el que la luz viaja a través de ellos hasta proyectarse en la retina, que es la capa de tejido que hay en la parte más trasera del ojo. La retina es como una especie de “pantalla” de proyección. Una vez ahí, las neuronas fotorreceptoras se activan eléctricamente dependiendo de cómo es la luz que incide en ellas.

Este impulso nervioso viaja a través de miles de millones de neuronas hasta llegar al cerebro, concretamente al lóbulo occipital. Por lo tanto, la primera función de este lóbulo es la de recibir las señales eléctricas en las que está “codificada” la información visual.

2. Procesar la información visual

Los ojos no ven. Lo “único” que hacen es transformar una señal lumínica en una de eléctrica que sea asimilable para el cerebro. Y más concretamente el lóbulo occipital. Sea como sea, esta región del cerebro, después de recibir las señales nerviosas, debe procesarla.

El modo en el que lo procesa, igual que sucede con todas las otras funciones cerebrales, continúa siendo, en parte, un misterio. De todos modos, lo que sí sabemos es que realiza una serie de conexiones neuronales que permiten transformar las señales eléctricas en la visualización de imágenes. Por lo tanto, el que ve no es el ojo, sino el lóbulo occipital.

3. Estimular la memoria

Parece algo obvio, pero visualizar imágenes nos hace acceder a recuerdos que tenemos almacenados, a veces, en lo más profundo de la memoria. Esto es posible gracias al lóbulo occipital, pues al mismo tiempo que procesa las imágenes, las guarda en el “disco duro” para poder tener acceso a ellas.

Esto también explica que tengamos memoria visual, pudiendo incluso proyectar recuerdos en nuestra mente. Y es que el lóbulo occipital estimula la memoria y el almacenamiento de recuerdos visuales.

4. Interpretar las imágenes

Si solo pudiéramos visualizar imágenes del exterior pero no pudiéramos interpretarlas, el sentido de la vista no tendría ninguna utilidad. Necesitemos algo que nos ayude a interpretar, por ejemplo, que ver un jabalí en el bosque mientras paseamos es un potencial peligro.

Y de esto también se encarga el lóbulo occipital, aunque en estrecha relación con otras regiones cerebrales. De todos modos, este lóbulo contribuye a que asociemos la información visual a una reacción por parte nuestra, lo que permite que el sentido de la vista realmente sea de utilidad.

5. Estimular pensamientos y emociones

¿Por qué ver un cuadro puede llegar a emocionarnos? Porque el sentido de la vista, gracias a este lóbulo occipital, también estimula las emociones. Y es que el cerebro tiene la capacidad de, dependiendo de las conexiones neuronales que realice, hacernos experimentar emociones y pensamientos a través de la vista. Lo que vemos, incluso cuando no entra en juego la memoria ni el recuerdo de sucesos de nuestra vida, puede emocionarnos, tanto para bien como para mal.

6. Diferenciar colores

La habilidad de diferenciar colores también es posible gracias al lóbulo occipital, que además de procesar la información visual para detectar objetos en el medio, también puede “decodificar” las señales nerviosas procedentes del ojo de tal modo que percibamos los colores. Por lo tanto, el color nace en este lóbulo occipital.

7. Captar el movimiento

Muy relacionado con el procesamiento de la información visual, el lóbulo occipital también es el que permite que, incluso cuando algo está ligeramente fuera de nuestro campo visual, reaccionemos cuando algo se mueve. Es una estrategia evolutiva para captar rápidamente peligros, pues en la naturaleza, “movimiento” puede ser sinónimo de “alguien viene a atacarme”.

8. Permitir el reconocimiento espacial

El lóbulo occipital también es el que permite que nos situemos en el espacio, que nos orientemos y que seamos capaces de estructurar las cosas que percibimos, dándoles un lugar. Aunque esto sea en relación con otras regiones del cerebro, el lóbulo occipital tiene un papel muy importante en el reconocimiento espacial, es decir, en saber qué posición ocupamos nosotros y los objetos que nos rodean.

Referencias bibliográficas

  • Arango Dávila, C.A., Pimienta, H.J. (2004) “El cerebro: de la estructura y la función a la psicopatología”. Revista Colombiana de Psiquiatría.
  • Palacios, E., Bello, L., Maldonado, D., Martínez, F. (2017) “Epilepsia occipital”. Repertorio de Medicina y Cirugía.
  • Todorov, O.S., De Sousa, A.A. (2017) “Evolution of the Occipital Lobe”. Springer Japan.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.