Bulimia nerviosa: qué es, síntomas, causas y tratamiento

Repasamos las características de uno de los trastornos de la conducta alimentaria más comunes.
Bulimia nerviosa

La bulimia nerviosa, junto con la anorexia, es uno de los trastornos más ampliamente conocidos porque implica el llevar a cabo estrategias poco saludables con la intención de perder peso o evitar ganarlo.

Las mujeres bulímicas sufren mucho a causa de su trastorno, sintiéndose muy mal tras haber consumido ingentes cantidades de comidas y tratando de compensarlo mediante purgas o haciendo mucha actividad física.

Veamos con más detalle en qué consiste este trastorno psicológico.

¿Qué es la bulimia nerviosa?

La bulimia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria, al igual que la anorexia y el trastorno por atracón.

Las personas que padecen este trastorno siguen pautas de alimentación poco adecuadas y sufren episodios de ingesta excesiva de comida, consumiendo altas cantidades de calorías en poco tiempo. Tras esta sobreingesta, la persona se siente triste, malhumorada y con la autoestima disminuida por no haber sabido controlarse.

En los países occidentales, el trastorno es más común en mujeres que en hombres, especialmente entre los 18 y 25 años, y se ha hipotetizado que el motivo que está detrás de esta diferencia de género es el bombardeo constante del canon de belleza femenino en el que se presenta a la delgadez como lo más deseable.

Síntomas

Entre los síntomas propios de la bulimia nerviosa, cabe destacar la excesiva preocupación por la forma del cuerpo y la ganancia de peso, manifestada en forma de temor por ganar unos kilos de más.

Las personas que padecen este trastorno sufren de episodios en los que tienen prácticamente ningún control sobre lo que comen. Durante un breve período de tiempo consumen altas cantidades de comida, es decir, realizan un atracón. Una vez finalizado el atracón, la persona se siente muy mal y centra sus fuerzas en compensar la alta cantidad de calorías que ha consumido.

Estas conductas compensatorias pueden implicar vomitar, realizar excesivo ejercicio físico o, también, se puede hacer de una forma más pasiva, consumiendo laxantes, diuréticos, infusiones, suplementos dietéticos o enemas, sin haber necesidad médica para ello. También pueden realizar ayunos largos y evitar el consumo de ciertos alimentos, considerados como ‘prohibidos’ o ‘no merecidos’

Debido a todos estos síntomas aquí comentados, se pueden dar complicaciones en la salud, tanto física como mental, de la persona.

Dentro de la esfera de las emociones, la persona puede sufrir una muy baja autoestima, sobre todo después de haber manifestado un atracón, al sentir que es incapaz de controlarse. Además, esto puede implicar problemas a nivel relacional, tanto con la familia como con los amigos, teniendo miedo de comer con ellos o de mostrarse en público mientras ingiere comida.

Los vómitos pueden causar el desgaste del esmalte, caries y otros problemas bucodentales, además de problemas tanto en el esófago como en los dedos utilizados para autoprovocarse estos vómitos. También se dan problemas digestivos, como distensiones abdominales y estreñimiento. El consumo de ciertos tipos de laxantes puede degenerar en abuso de sustancias y adicción.

Puede darse deshidratación y desnutrición, resultando en insuficiencia renal y problemas cardíacos. También puede haber amenorrea, es decir, la pérdida del ciclo menstrual, aunque no es algo que ocurra a todas las mujeres bulímicas.

Al tener una imagen distorsionada de su propio cuerpo y una alta insatisfacción sobre cómo son, unida con la culpabilidad después de realizar atracones, las personas con bulimia pueden autolesionarse, además de tener pensamientos de querer morirse, pudiéndolos hacer realidad en forma de suicidio. Problemas como depresión, ansiedad, trastornos de personalidad y trastorno bipolar suelen ser otros trastornos que se diagnostican a estas personas.

Diagnóstico

Los trastornos de la conducta alimentaria suelen ser problemáticos a la hora de ser diferenciados, porque, en ocasiones, son suaves los matices que permiten diferenciar entre una bulimia nerviosa y anorexia o un trastorno de conducta alimentaria no especificado. Sin embargo, gracias a los manuales diagnósticos, como el DSM y la CIE, es posible establecer con más claridad la línea entre estos trastornos.

De acuerdo con el DSM, para diagnosticar este trastorno es necesario que suceda:

  • Presencia de atracones
  • Conductas compensatorias malsanas.
  • Autoevaluación notablemente influida por la forma y tamaño corporales.

Causas

Al igual que sucede con muchos trastornos psicológicos, no se conoce una causa clara y definitiva que esté detrás de la aparición de la bulimia nerviosa, sin embargo, sí pueden haber ciertos factores de riesgo que contribuyen en su desarrollo y gravedad.

Las niñas, las adolescentes y las mujeres adultas son más propensas a manifestar esta patología en comparación con los varones. Generalmente, el trastorno suele iniciarse durante los últimos años de la adolescencia y los primeros de la vida adulta.

Si en la familia existen antecedentes de alguien que haya padecido algún trastorno de la conducta alimentaria, especialmente hermanos y padres, hay más posibilidades de padecer bulimia nerviosa. Se ha sugerido que podría haber una causa genética.

El haber tenido sobrepeso durante la infancia y la adolescencia, especialmente cuando este era cercano a la obesidad, es un factor biológico de riesgo. Muchas personas, por temor a volver a estar como estaban en su más tierna infancia y recibir humillaciones por cómo era su cuerpo, manifiestan conductas que con el paso del tiempo se transforman en síntomas propios del trastorno.

El tener unas creencias negativas sobre el propio cuerpo o estar a disgusto con la forma de uno mismo son problemas psicológicos que pueden contribuir en la aparición de este trastorno de la conducta alimentaria. Además, la ansiedad y el haber sufrido eventos traumáticos puede contribuir en la aparición de la patología.

Las personas que se someten a algún tipo de dieta para perder peso son más propensas a que se les vaya de las manos y acaben desarrollando el trastorno. Esto se puede manifestar mediante la restricción abusiva de calorías y alimentos con alto índice de materia grasa, sin embargo, pasado un tiempo, sienten ganas de consumir esos alimentos, se dan un atracón, se sienten culpables y llevan a cabo conductas compensatorias.

Esto puede evolucionar a un círculo que se retroalimenta y agravarse con el paso del tiempo.

Tipos de bulimia nerviosa

La bulimia nerviosa se clasifica en dos tipos en función de cómo la paciente usa estrategias con el fin de impedir ganar peso.

1. Tipo purgativo

Durante el episodio de bulimia nerviosa, la persona se provoca de forma regular el vómito o consume sustancias que van enfocadas en compensar la sobreingesta, como pueden ser los laxantes.

Así, la persona con este tipo de bulimia interviene sobre su cuerpo creyendo que de esta manera evitará los efectos ‘negativos’ de haber consumido alimentos que pueda considerar ‘prohibidos’.

2. Tipo no purgativa

Cuando se da el episodio bulímico, el individuo lleva a cabo conductas compensatorias para contrarrestar el atracón. Estas conductas no implican la eliminación del contenido del estómago tan agresivamente como lo puede ser vomitar, sin embargo, sí que se debe entender que no se tratan de estrategias adecuadas.

Ejemplos de ello son el ayuno durante largos períodos de tiempo o la realización de ejercicio en exceso. Así, lo que consigue la persona es reducir el hambre y, también, evitar que los efectos de los alimentos se plasmen sobre el cuerpo.

Tratamiento

En consulta, los principales objetivos a seguir durante el tratamiento de las personas que padecen bulimia nerviosa se enfocan, esencialmente, en los siguientes puntos:

1. Restablecer conductas alimenticias saludables

Se enseña a la persona que los alimentos en sí no son lo que puede hacer engordar o adelgazar, sino su consumo irresponsable.

También se le hace ver que no debe ver los alimentos en términos de si está prohibido o no, sino en términos de si le resulta beneficioso su consumo.

Se trabaja el control de la ansiedad durante el atracón, para que pueda controlar mejor lo que come y evitar el sentimiento de culpa posterior al episodio de sobreingesta.

2. Recuperación del estado físico

Tras haber realizado conductas compensatorias, ya sean purgatorias o no purgatorias, lo más seguro es que el cuerpo de la persona muestre secuelas, como son la deshidratación y problemas dentales.

Es muy importante que la persona consuma alimentos ricos en nutrientes para hacer que el organismo se recupere tras haber padecido bulimia nerviosa.

En este punto pueden trabajar de forma conjunta psicólogos, psiquiatras, médicos, nutricionistas y dentistas para garantizar la mejora en la salud de la persona y corrección de defectos físicos como las caries, heridas bucales, etc.

El principal objetivo a cumplir con respecto a este punto es la recuperación del peso perdido, siempre y cuando se encuentre dentro de una parámetros saludables.

3. Normalización del estado psíquico

Se busca la mejora del estado anímico, tratando de ver cuáles son los causantes del estado actual y relacionarlo con eventos vitales acontecidos al individuo.

La persona difícilmente se podrá recuperar si aún conserva problemas psicológicos como pueden ser trastornos de ansiedad, depresión o si no se aborda trastornos que pueden aparecer en personas con trastornos de la conducta alimentaria como pueden ser el trastorno bipolar o los de personalidad.

4. Mejorar relaciones con la familia

La salud de la persona, especialmente si es un adolescente, depende directamente de la relación que tenga con los miembros de su familia.

El padecer cualquier tipo de trastorno psicológico, en especial los de conducta alimentaria, puede suponer una auténtica crisis a nivel familiar, perjudicando seriamente la interacción entre sus miembros.

Es por ello que es muy importante ver cómo se han ido desarrollando las interacciones entre el paciente y sus familiares para ver en qué punto esto puede ser algo que fomente la correcta recuperación de la persona o, de lo contrario, sea necesario aplicar algún tipo de tratamiento a nivel sistémico.

Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Jarne, A. y Talarn, A. (2011). Manual de psicopatología clínica. Madrid: Herder
  • Sarason, I.G. y Sarason, B.R. (2006). Psicopatología. Pearson Prentice Hall.

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB. Desarrolla desde hace años una importante labor de divulgación científica en revistas como Psicología y Mente, MedSalud y MédicoPlus.