¿Convivir con mascotas mejora nuestro sistema inmune?

Recientes estudios científicos han demostrado que nuestras mascotas podrían funcionar como probióticos, ayudando a fortalecer nuestro sistema inmune y haciéndonos más resistentes a infecciones.
Convivir con mascotas mejora sistema inmune

El cuerpo humano, a nivel biológico (no psicológico), está diseñado para vivir en medio de la naturaleza. Es decir, nuestro organismo está creado para sobrevivir en ambientes llenos de peligros. Unos peligros entre los que se encuentran, evidentemente, los microorganismos patógenos.

Pero, ¿qué ha pasado? Que, “por fortuna”, la sociedad ha progresado en las medidas higiénicas y vivimos en ambientes donde eliminamos prácticamente todos estos gérmenes. Especialmente nuestra casa y el trabajo son lugares donde no solo pasamos el 90% de nuestro tiempo, sino rincones (casi) libres de bacterias.

Por lo tanto, el 90% de nuestra vida la vivimos en ambientes pobres en bacterias y otros gérmenes. Y esto, pese a que es algo bueno, es, en realidad, un arma de doble filo. De ahí que dijéramos “por fortuna”. Y es que esta sobreprotección higiénica puede debilitar nuestro sistema inmune.

Para tener un sistema inmunitario perfectamente activo, este tiene que estar siempre alerta. No descansar. Porque es cuando se relaja que aparecen los problemas. Y para ello, pues, debemos contactar con nuestro lado más animal. Y como no vamos a mudarnos a los bosques, ¿qué mejor manera de entrar en contacto con el mundo animal que teniendo una mascota?

¿Por qué la higiene excesiva puede debilitar nuestro sistema inmunitario?

Como decimos, pasamos el 90% de nuestro tiempo en sitios (casi) libres de bacterias. Ningún ambiente de la Tierra está libre de bacterias, pero nuestra casa, las oficinas, los restaurantes, los hospitales… Todos los sitios en los que pasamos gran parte de nuestra vida siguen estrictos protocolos de higiene para eliminar casi todas las bacterias.

De algún modo, desde que nacemos y hasta que morimos, vivimos en una especie de burbuja. La higiene y todos los productos desinfectantes se aseguran de que aquellos sitios en los que hacemos nuestras actividades diarias sean ambientes libres de bacterias.

Y esto, pese a que es imprescindible para prevenir infinidad de enfermedades infecciosas, es un arma de doble filo. Toda moneda tiene dos caras. Y en la cruz, en este caso, tenemos que esta sobreprotección higiénica debilita nuestro sistema inmunitario.

Si ya desde el momento en el que nacemos, el sistema inmune no tiene que enfrentarse a las amenazas para las que está programado para luchar, este no consigue madurar del todo. Por ello, el sistema inmune vive relajado. Y cuando llega un patógeno, este no está lo suficientemente activado. Y esto se traduce directamente en una mayor sensibilidad y susceptibilidad.

Higiene excesiva

En nuestra obsesión por hacer desaparecer las bacterias de nuestro hogar, nos hemos hecho demasiado limpios para nuestro propio bien. Y no solo dejamos que el sistema inmune se relaje, sino que estamos matando a todas aquellas bacterias del ambiente que, lejos de provocarnos daño, “quieren” llegar a nuestro cuerpo para formar parte de nuestra microbiota.

La microbiota es el conjunto de poblaciones microbianas (principalmente bacterias) que colonizan los órganos y tejidos de nuestro cuerpo y que ya no solo no nos hacen enfermar, sino que ayudan a nuestro organismo a trabajar adecuadamente e incluso atacan a los patógenos que quieren infectar los mismos órganos o tejidos donde están ellas. Estas bacterias de la flora se protegen de los invasores. Y haciendo esto, nos protegen también a nosotros.

Y no solo esto. De acuerdo a la “hipótesis de la higiene”, una teoría avalada por todos los expertos en inmunología en distintos artículos científicos, esta sobreprotección higiénica hace que nuestro cuerpo sea más proclive a sobreactuar ante la presencia de sustancias no dañinas.

Al no estar tan maduro y no saber cómo es el mundo exterior, es normal que el sistema inmunitario reaccione a la presencia de sustancias inocuas. No sabe cómo son los patógenos reales, así que cree que moléculas inofensivas son “malas”.

Estamos hablando, evidentemente, de las alergias y todas sus formas (como por ejemplo el asma). Todas estas reacciones alérgicas son debidas a que nuestro sistema inmune no ha tenido opción de calibrarse adecuadamente.

No es de extrañar, pues, que todo aquello que nos haga entrar en contacto con nuestro lado más natural y animal ayudará a nuestro sistema inmune a desarrollarse. Sobreprotegernos y obsesionarnos con la higiene puede pasar factura.

En este contexto, las más prestigiosas instituciones científicas han presentado estudios publicados en revistas científicas de primer nivel (si quieres consultarlas, tienes acceso a los artículos en el apartado de referencias bibliográficas) en los que afirman que vivir con una mascota, especialmente perros, es una estrategia ideal para fortalecer nuestro sistema inmune y, por lo tanto, cuidar nuestra salud. Convivir con una mascota está demostrado que mejora nuestro sistema inmunitario. Y ahora veremos cómo.

Sistema inmune

Los 6 motivos por los que los perros cuidan nuestra salud

Desde nuestra perspectiva humana, los perros son bastante “sucios”. Se revuelcan por el suelo, lamen toda aquella superficie que encuentran, comen cosas del suelo, olisquean excrementos… Sí, no es nada agradable. Y si lo pensamos, compartir casa con un perro implica que todos estas sustancias entran en nuestro hogar.

Pero que esto no te alarme. De hecho, dejar que suceda es magnífico para tu sistema inmunitario. Las mascotas no solo son una genial compañía, sino que pueden ser aliadas de tu sistema inmune. Durante más de 25 años, cientos de estudios de inmunología han demostrado que vivir con perros ayuda a mejorar la salud. Y a continuación presentaremos todos los motivos sobre los que esta afirmación se sustenta. Vamos allá.

1. Ejercen como probióticos

Como ya hemos comentado, los perros olisquean, lamen y tocan todo tipo de sustancias cuyos niveles sanitarios son, cuanto menos, cuestionables. Por ello, cuando regresan a nuestra casa, a través del hocico, boca, patas y pelo están introduciendo enormes cantidades de bacterias en el hogar.

Pero que esto no nos alarme. Y es que ya no solo, en caso de que sean patógenos del ser humano (solo 500 especies de las miles de millones que existen pueden infectarnos y hacernos enfermar), estimularán directamente las defensas del sistema inmune (en prácticamente todos los casos, el sistema inmunitario vencerá la infección antes de que enfermemos y, además, saldrá reforzado), sino que también pueden hacernos llegar bacterias beneficiosas para nuestro cuerpo.

Los perros incrementan la diversidad de bacterias beneficiosas en nuestros hogares. Unas bacterias que nosotros introduciremos en el cuerpo y que pasarán a formar parte de nuestro microbioma, es decir, del conjunto de microorganismos que habitan de forma natural nuestros órganos y tejidos.

Como hemos comentado, lejos de hacernos daño, estimulan la actividad de la estructura del cuerpo en la que se encuentran (en los intestinos, ayudan a asimilar mejor los nutrientes) e incluso evitan que los verdaderos patógenos nos infecten y nos hagan enfermar. Y es que las bacterias de la flora no dejarán que otra especie colonice el órgano en el que se encuentran, por lo que lucharán para eliminar el patógeno, protegiéndonos, de paso, a nosotros.

Solo en los intestinos albergamos más de un millón de millones de bacterias pertenecientes a más de 40.000 especies diferentes. Pero cualquier rincón del organismo tiene bacterias beneficiosas en su superficie, como la boca o la piel.

Y cuanta mayor diversidad de especies, mejor para nuestro cuerpo, pues tendremos más especies distintas capaces de combatir un abanico más amplio de infecciones, trabajando conjuntamente con nuestro sistema inmune, claro.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que convivir con una mascota incrementa la diversidad de bacterias en el hogar, no es de extrañar que aumente también la diversidad microbiana de nuestra flora. De hecho, en un estudio de 2015 publicado por The Royal Society, se demostró que, de media, las personas que viven con perro tienen 56 clases de bacterias más que las que viven sin mascota (puede parecer poco, pero la diferencia es más que notoria). Los que viven con gato, por su parte, tenían 24 clases más de bacterias en su microbioma.

Las bacterias que traen las mascotas son, en la mayoría de casos, beneficiosas para nosotros. Y es que todo aquello que contribuya a la diversidad de nuestro microbioma ayudará a nuestros órganos a funcionar mejor y nos protegerá más de la llegada de patógenos.

Microbioma perros

2. Estimulan la actividad de los glóbulos blancos

En relación con el anterior punto, la llegada al hogar de una diversidad y abundancia mayor de bacterias también ayuda a estimular nuestro sistema inmune. Y es que aunque sean bacterias beneficiosas, cuando llegan a nuestro cuerpo, las células inmunes (glóbulos blancos o leucocitos) primero tienen que “escanearlas”.

Es decir, el sistema inmune tiene que analizar los antígenos y propiedades de la bacteria para ver si le permite la entrada o, por el contrario, enciende los mecanismos inmunitarios para destruirla. Aunque muchas veces el “escáner” diga que la bacteria no es dañina, esto ya hace que el sistema inmune esté siempre activo.

Y esto, lejos de ser algo malo (por mucho que trabaje, no se cansará), es totalmente positivo. Y es que mantener al sistema inmune despierto constantemente hará que, en caso de que llegue un patógeno que realmente deba ser combatido, la infección le coja con las pilas cargadas.

Esta activación constante y el no bajar nunca el estado de alerta se traduce directamente en una mayor eficacia a la hora de combatir una infección, por lo que no solo destruiremos a los patógenos antes de que nos hagan enfermar, sino que, en caso de que consigan hacerlo, superemos la enfermedad más rápido.

Leucocitos

3. Reducen la presión arterial

Por el bienestar psicológico que proporcionan y por la calma que pueden transmitir, está más que demostrado que las personas que tienen mascotas tienen un riesgo menor (aunque evidentemente entran en juego muchos otros factores) de desarrollar hipertensión.

Y es que tener mascotas en casa hace que la persona tenga más tendencia a tener una presión arterial baja. Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que, teniendo en cuenta esto, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es hasta un 36% menor si tenemos mascotas. Aunque debe quedar muy claro que no es el único factor que importa. Por muchos perros que tengas, si comes mal y no haces deporte, tendrás patologías cardiovasculares.

4. Reducen los niveles de ansiedad

En relación con el anterior punto, están también más que demostrados los efectos de tener una mascota en lo que a bienestar psicológico se refiere. Los perros y los gatos ayudan mucho a reducir el estrés y, por lo tanto, a prevenir problemas de ansiedad.

Esto solo no protege nuestra salud mental, que ya de por sí es importantísimo, sino que evita todas las manifestaciones físicas (sobre todo a nivel cardiovascular) que puede tener la ansiedad. De hecho, niveles altos de estrés se traducen con una bajada de las defensas inmunitarias. Por lo tanto, estamos ante otro motivo por los que tener mascota ayuda a estimular nuestro sistema inmune.

5. Disminuyen el riesgo de desarrollar alergias

Las alergias aparecen, resumiéndolo mucho, porque nuestro sistema inmune no está bien calibrado e interpreta una molécula inofensiva como una sustancia dañina que debe ser combatida y eliminada inmediatamente.

Especialmente durante los primeros años de vida, se ha demostrado que tener mascota en casa reduce hasta en un 33% el riesgo de desarrollar alergias, así como asma. Paralelamente, los niños que crecen con mascotas tienen, de acuerdo a lo que se desprende de un artículo de 2004 publicado en SAGE Journals, niveles más altos de determinadas moléculas que activan las reacciones inmunitarias, otra razón más que indica una mayor activación inmunitaria.

6. Nos hacen practicar más ejercicio

Por último y no menos importante, el sacar a pasear a nuestro perro nos fuerza a hacer más ejercicio y a mantenernos físicamente activos. Y esto no solo ayuda a potenciar nuestro bienestar psicológico, a disfrutar del aire libre e incluso a conocer a gente nueva, sino que mejora nuestra salud.

Y es que cuando practicamos deporte, aunque sea ligero como en este caso, nuestro cuerpo interpreta que está en una situación de estrés (aunque tú a nivel mental y emocional no lo sientas como tal), por lo que el cerebro envía orden de potenciar el sistema inmune.

Perro corriendo
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