Los 7 tipos de antidepresivos (y sus características)

Los antidepresivos son fármacos que, a través de una actuación sobre los neurotransmisores, reducen los síntomas asociados a la depresión. Veamos cómo se clasifican estos medicamentos.
Tipos antidepresivos

El 6,5% de los habitantes de países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) toman, como mínimo, una dosis diaria de antidepresivos. Estamos hablando de que cerca de 7 de cada 100 personas de los 37 países más desarrollados del mundo reciben tratamiento contra la depresión o trastornos asociados a ella.

Y es que a pesar del estigma que sigue generando todo aquello vinculado a la salud mental, la depresión es una enfermedad no solo grave, sino frecuente. Mucho más de lo que creemos. De hecho, la OMS señala que más de 300 millones de personas en el mundo podrían sufrir depresión.

Una enfermedad con implicaciones muy serias en la salud tanto mental como física, llegando a afectar enormemente y a muchos niveles a las personas que, por desgracia, padecen esta patología. Y aunque la mayoría de veces no puede curarse, sí que hay tratamientos para silenciarla y aliviar sus síntomas.

Y, en este contexto, los medicamentos antidepresivos son una de nuestras mejores herramientas. La terapia farmacológica, junto a la psicológica, da lugar a un tratamiento efectivo que, si bien tiene efectos secundarios, puede ayudar enormemente a conseguir que la depresión deje de tener un impacto tan grande en el día a día. Veamos cuáles son estos medicamentos antidepresivos, cómo se clasifican y en qué consiste cada uno de los tipos.

¿Qué es la depresión?

La depresión es una enfermedad mental grave que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y que no tiene nada que ver con “estar triste” durante un tiempo. Se trata de una patología psiquiátrica seria en la que la persona experimenta unos sentimientos de vacío emocional y tristeza tan intensos que presentan manifestaciones físicas.

De hecho, es precisamente esta afectación a nivel tanto emocional como físico lo que hace de la depresión uno de los trastornos que más interfieren en la calidad de vida de la persona, pudiendo incluso asociarse a pensamientos suicidas que, por desgracia, en ocasiones culminan con el suicidio.

Las causas de su desarrollo siguen sin estar demasiado claras. Y es que si bien la vivencia de una experiencia tremendamente triste y/o emocionalmente impactante puede ser un detonante, los verdaderos motivos son más profundos, más vinculados a nuestra propia genética.

Se cree que su desarrollo sería debido a una muy compleja interacción entre química cerebral, vivencias, hormonas, fisiología, genética y estilo de vida. Es más, todo parece indicar que la depresión nace cuando hay anomalías en la producción y/o actividad de los neurotransmisores, unas moléculas liberadas por las neuronas esenciales para la transmisión de la información nerviosa en el cerebro y el resto del cuerpo. Y en esto, como veremos, basan su actuación los medicamentos antidepresivos.

Depresión qué es

El cerebro es un órgano más. Y, como tal, puede enfermar. Sea como sea, aunque el impacto depende mucho de la persona, sí que hay algunos síntomas comunes: sentimiento incontrolable de tristeza, vacío emocional, ganas de llorar, pérdida (o aumento) de apetito, cansancio constante, dolor de cabeza, desesperanza, ansiedad, pérdida de peso, dificultades para memorizar, pérdida de motivación, dolor de espalda, debilidad, fatiga, insomnio, pensamientos sobre la muerte, irritabilidad, frustración, pérdida de agilidad…

Pocas enfermedades (si es que hay alguna) tienen un impacto emocional y físico tan grande como la depresión. Y es que si estos signos clínicos no fueran suficiente, hay que sumar complicaciones tales como el aislamiento social, conflictos familiares y con amigos, problemas a nivel laboral, obesidad, rupturas amorosas, automutilaciones, desarrollo de patologías cardiovasculares y, en los casos más graves, suicidio.

Curar la depresión no es sencillo y hay que tener muy claro que, en ningún caso, puede conseguirse de un día para otro. Pero el tratamiento farmacológico a base de fármacos antidepresivos es, juntamente con la terapia psicológica, nuestra mejor arma para combatir la depresión y conseguir silenciarla. Hablemos, pues, de los antidepresivos.

¿Cómo se clasifican los fármacos antidepresivos?

La terapia farmacológica con medicamentos antidepresivos es la forma de tratamiento más común para la depresión y otros trastornos asociados a ella. Evidentemente, su administración viene precedida siempre de una receta por parte de un psiquiatra, que analizará la situación y recetará uno u otro. Veamos cómo se clasifican estos antidepresivos en función de su mecanismo de acción.

1. Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS)

Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) son los antidepresivos más comunes en la práctica clínica ya que son efectivos y, sobre todo, presentan menos efectos secundarios molestos y es menos frecuente que generen problemas a dosis altas. La fluoxetina (Prozac), la sertralina (Zoloft), la paroxetina (Paxil, Pexeva), el escitalopram (Lexapro) y el citalopram (Celexa) son los medicamentos antidepresivos que pertenecen a este grupo.

Son antidepresivos que inhiben de forma selectiva (no actúan sobre otros neurotransmisores) la reabsorción de serotonina, una molécula que actúa tanto de hormona como de neurotransmisor, siendo muy importante en el control de las emociones y la regulación del estado de ánimo. Estos antidepresivos solucionan problemas en su síntesis, con efectos estabilizados que se notan a las 2-4 semanas tras empezar el tratamiento.

Prozac

2. Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y norepinefrina (ISRN)

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y norepinefrina (también conocida como noradrenalina) o ISRN son medicamentos antidepresivos que inhiben la reabsorción no solo de la serotonina, sino también de la norepinefrina o noradrenalina, una hormona y neurotransmisor cuyos desajustes se han asociado a la ansiedad y a la depresión.

Tienen efectos más rápidos que los ISRS, pero al actuar también sobre la noradrenalina, los efectos secundarios vinculados a la pérdida del deseo sexual son más frecuentes. La duloxetina (Cymbalta), el levomilnacipran (Fetzima), la venlafaxina (Effexor XR) y la desvenlafaxina (Pristiq) son los medicamentos antidepresivos que pertenecen a este grupo.

3. Antidepresivos tricíclicos

Los antidepresivos tricíclicos son uno de los grupos de fármacos para el tratamiento de la depresión más antiguos. Tiempo atrás, eran la elección principal y actúan también impidiendo la reabsorción de serotonina y noradrenalina. Pero a diferencia de los ISRN, lo hacen de forma inespecífica (actúan también sobre otros neurotransmisores como la acetilcolina, la histamina o la dopamina), por lo que presentan más efectos secundarios e incluso pueden generar adicción (y una sobredosis puede ser mortal).

Por ello, a día de hoy ya no son prácticamente utilizados y no se recetan a no ser que otros antidepresivos no hayan dado resultados o que estemos ante un caso de depresión mayor, escenario en el que estos antidepresivos tricíclicos pueden ser recetados. La imipramina (Tofranil), la desipramina (Norpramin), la nortriptilina (Pamelor), la doxepina y la amitriptilina son antidepresivos de este grupo.

Tofranil

4. Antidepresivos heterocíclicos

Los antidepresivos heterocíclicos, también conocidos como atípicos, son similares en estructura y modo de acción a los tricíclicos, pero presentan menos efectos secundarios. Aun así, los ISRS son más recetados que estos. La mirtazapina, la mianserina, la maprotilina y la trazodona son antidepresivos de este grupo.

5. Inhibidores no selectivos e irreversibles de la monoaminooxidasa (IMAO)

Los inhibidores no selectivos e irreversibles de la monoaminooxidasa o IMAO son antidepresivos que suelen recetarse en casos de depresión atípica, trastornos depresivos que vienen acompañados de cuadros de fobia o de ansiedad o casos de depresión que no han respondido a otros tratamientos farmacológicos.

Se trata de medicamentos que destruyen la monoaminooxidasa, una enzima que degrada las monoaminas (un tipo de neurotransmisor). Destruyendo esta enzima, conseguimos impedir la degradación de estos neurotransmisores. Aun así, se trata de, seguramente, el antidepresivo con mayor riesgo para la salud, pues puede desencadenar crisis hipertensivas (aumento de la presión sanguínea) si se toman otros fármacos u otros problemas de salud se si comen alimentos ricos en tiamina tales como el café, el chocolate, el vino, el queso, las conservas de pescado…

Como vemos, pueden tener efectos secundarios graves, interaccionan con medicamentos como los analgésicos y los descongestionantes y hay que seguir una dieta muy estricta, por lo que no es nada habitual que se receten. La tranilcipromina (Parnate), la fenelzina (Nardil), la isocarboxazida (Marplam), la hidracarbazina y la nialamida son fármacos de este grupo.

6. Inhibidores selectivos y reversibles de la monoaminooxidasa (RIMA)

Inhibidores selectivos y reversibles de la monoaminooxidasa o RIMA son antidepresivos que no destruyen la monoaminooxidasa, sino que inhiben, de forma temporal, su función. Por lo tanto, pese a que sean menos efectivos que los IMAO, no suponen un riesgo tan elevado ni hay que vigilar la ingesta de alimentos ricos en tiamina.

Y, además, no actúa sobre otras moléculas, pues a diferencia de los IMAO, es un medicamento selectivo. Sea como sea, tampoco es habitual que se receten a no ser que otras terapias no hayan funcionado. La moclobemida es un antidepresivo que pertenece a este grupo.

7. Inhibidores de la recaptación de dopamina y norepinefrina

El bupropión es un medicamento que suele utilizarse en la desintoxicación de la nicotina y de otras sustancias adictivas. Aun así, al ser un inhibidor selectivo de la reabsorción tanto de dopamina como de norepinefrina (noradrenalina), también ha demostrado tener efectos positivos en el tratamiento de la depresión. Por ello, el bupropión, por su mecanismo de actuación, conforma su propio grupo.

Bupropión
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