Las 7 diferencias entre Tristeza y Depresión (explicadas)

La tristeza y la depresión son conceptos totalmente distintos. Nada tiene que ver estar triste con sufrir depresión, una de las enfermedades mentales más graves que existen. Veamos las diferencias entre estos términos.

Diferencias tristeza depresión

Para bien y para mal, las personas somos seres emocionales con un sistema nervioso increíblemente complejo que, a través de reacciones bioquímicas y de respuestas fisiológicas a estímulos tanto internos como externos, nos hace experimentar un sinfín de emociones y sentimientos que, si bien muchas veces son positivos, otras veces se convierten en nuestros peores enemigos.

Conocer y controlar nuestras emociones, especialmente estas negativas como la tristeza, la angustia, la desesperación o la apatía, no es una tarea sencilla. Y si a esto le sumamos el hecho de que la salud mental sigue estando, pese a encontrarnos en pleno siglo XXI, rodeada de un enorme estigma, nos encontramos ante un panorama desolador para ser capaces de entender qué nos ocurre a nivel anímico cuando nos sentimos mal.

Y en este contexto, una de las mayores confusiones que tenemos a nivel social es la de ser incapaces de diferenciar entre la tristeza y la depresión. Y tanto por respeto a las personas que sufren una enfermedad tan grave como la depresión como para que evitemos preocuparnos por lo que sencillamente es una emoción negativa pasajera, es esencial que terminemos con este error. Estar triste no tiene nada (o muy poco) que ver con padecer depresión. Y viceversa.

Por ello, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a, además de definir la naturaleza tanto de la tristeza como de la depresión, detallar en forma de puntos clave las principales diferencias entre estar triste, una situación totalmente normal por la experimentación de la emoción de la tristeza, y sufrir depresión, es decir, padecer una de las enfermedades mentales más graves que existen. Empecemos.

¿Qué es la tristeza? ¿Y la depresión?

Antes de entrar en profundidad y analizar las principales diferencias entre ambos conceptos, es interesante (e importante) que nos pongamos en contexto y comprendamos, de manera individual, su naturaleza. De este modo, tanto su relación (que explica por qué a veces los confundimos) como sus diferencias empezarán a quedar mucho más claras. Definamos, pues, qué es la tristeza y qué es la depresión.

Tristeza: ¿qué es?

La tristeza es una emoción negativa que experimentamos cuando percibimos ciertos estímulos que, una vez son interpretados y desencadenan las respuestas bioquímicas pertinentes, nos dejan afectados o afligidos a nivel anímico. Siendo una de las antiguamente consideradas seis emociones básicas, la tristeza es una emoción natural asociada con el dolor anímico.

Así pues, la tristeza, la emoción que nos hace sentirnos tristes, es una respuesta fisiológica a circunstancias adversas que, variando en intensidad y duración, deriva también en efectos somáticos como la pérdida de apetito (o el incremento, según la persona), malestar sentimental, llanto, falta de sonrisa, rostro abatido, cansancio, desconsuelo, insomnio, problemas de concentración, falta de motivación, mirada languidecida, etc.

La tristeza, una emoción opuesta a la alegría, puede emerger por muchas causas distintas (sufrimiento, soledad, envidia, dolor emocional, dolor físico, pérdida de un ser querido, fracaso, ruptura amorosa, problemas familiares, dificultades económicas…) y dejarnos dolidos anímicamente. Aun así y pese a que varíe en intensidad y duración, la tristeza no deja de ser un estado emocional pasajero y transitorio.

Este estado de ánimo es una respuesta normal y natural del cerebro. Es decir, en la inmensa mayoría de casos, la tristeza es adaptativa, siendo una emoción que surge por causas justificadas y como mecanismo evolutivo del cerebro para hacer frente y procesar las cosas negativas que nos ocurren. Solo a veces se convierte en una tristeza desadaptativa, apareciendo son causa justificada y permaneciendo de forma continua en el tiempo. Y es precisamente en este último caso que esta tristeza puede ser el síntoma de un trastorno como la depresión. Y es aquí donde se encuentra su relación.

Tristeza

Depresión: ¿qué es?

La depresión es un trastorno del estado de ánimo, una enfermedad mental grave en la que la persona experimenta unos sentimientos de vacío emocional y de tristeza tan intensos que se traducen en síntomas físicos. La depresión va mucho más allá de “estar triste” durante un tiempo. No es una respuesta emocional. Es una patología mental.

En este contexto, es precisamente esta grave afectación a la salud no solo mental, sino también física, lo que hace que la depresión sea una de las enfermedades más graves del mundo por la interferencia que tiene en el día a día, pudiendo incluso derivar en pensamientos de suicidio que, por desgracia, en algunos casos llegan a materializarse.

Además, hay que tener muy claro que, si bien la vivencia de experiencias muy dolorosas emocionalmente e impactantes a nivel anímico pueden ser los desencadenantes de esta patología, las causas exactas detrás de la depresión siguen sin estar claras. Esto hace sospechar que su aparición viene dada por una compleja interacción de factores psicológicos, bioquímicos, neurológicos, genéticos, hormonales, personales, sociales (del entorno en el que nos desarrollamos) y de estilo de vida.

Como decimos, la depresión tiene un profundo impacto en la salud tanto emocional como física. De ahí que el incontrolable sentimiento de tristeza sea solo uno más de muchos otros síntomas (y a veces incluso, más que triste, la persona se siente vacía emocionalmente) como la ansiedad, la desesperanza, la pérdida de motivación, la pérdida de agilidad, la fatiga, la irritabilidad, los pensamientos sobre la muerte (e incluso la idea de suicidio), el dolor de cabeza, las ganas incontrolables de llorar, el cansancio constante, la pérdida o aumento de peso, la frustración, el insomnio, la fatiga, la debilidad, el vacío emocional, la apatía, el aislamiento social, etc.

No es de extrañar, pues, que la depresión, una enfermedad que de acuerdo a la OMS padecen más de 300 millones de personas en todo el mundo, sea una de las patologías con mayor riesgo de derivar en complicaciones tremendamente severas para la persona: pérdida de amistades, pérdida de trabajo, rupturas amorosas, aparición de enfermedades cardiovasculares, obesidad, automutilaciones e incluso tentativas de suicidio.

Todo esto hace de la depresión, un trastorno patológico y grave del estado de ánimo, una enfermedad que debe ser tratada mediante la combinación de terapia psicológica y administración de medicamentos antidepresivos recetados por un psiquiatra. Y aunque jamás llegue a curarse del todo y sea una sombra que acompañará a la persona, la depresión puede silenciarse gracias a este tratamiento siempre y cuando la persona o su entorno busquen esta atención profesional y el paciente encuentre las fuerzas para luchar contra este trastorno.

depresión enfermedad

¿En qué se diferencia estar triste y la depresión?

Tras analizar en profundidad ambos conceptos, seguro que ha quedado más que claro por qué la tristeza y la depresión, más allá de que el primero es un síntoma del segundo, no tienen nada que ver. Aun así, por si necesitas o simplemente quieres disponer de la información con un carácter más visual, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias en forma de puntos clave entre estar triste y sufrir depresión.

1. La tristeza es una emoción; la depresión, una enfermedad

Sin duda, la diferencia más importante. La tristeza es una emoción que, pese a ser negativa, no es más que una respuesta natural del cerebro ante circunstancias que nos generan malestar anímico. Pero no es, en absoluto, una condición patológica.

En cambio, la depresión sí lo es. Una persona que sufre depresión padece una enfermedad mental muy grave en la que, por trastornos en la bioquímica del cerebro, experimenta unos sentimientos profundos de tristeza y de vacío emocional que se traducen con síntomas físicos potencialmente graves.

2. La tristeza es un síntoma más de los muchos de la depresión

Un punto clave es que todas (o casi todas) las personas con depresión sufren tristeza, pero no todas las personas tristes, evidentemente, sufren depresión. La tristeza es uno más de los síntomas y manifestaciones clínicas de la depresión. Además, los sentimientos de tristeza en esta enfermedad son mucho más profundos, devastadores e intensos que en una persona “sana” que simplemente está triste.

3. Contra la depresión debe lucharse; contra la tristeza, no

La depresión es una enfermedad. Y como tal, debe lucharse contra ella y combatirse a través de un tratamiento que consiste en la combinación de terapia psicológica y administración de fármacos antidepresivos. Y aunque nunca llegue a curarse del todo, sí que puede silenciarse para que la persona goce de una óptima calidad de vida.

En cambio, contra la tristeza, a no ser que derive en problemas graves ya más cercanos a un trastorno depresivo, no debemos luchar. Es una respuesta adaptativa de nuestro cerebro para ayudarnos a procesar un suceso negativo. No es malo estar triste de vez en cuando y por una causa justificada. De hecho, es necesario.

terapia depresión

4. La tristeza es un estado anímico pasajero; la depresión, un trastorno anímico crónico

La tristeza es simplemente una emoción. Y aunque sea negativa y varíe mucho en intensidad y duración en función de muchos factores, no deja de ser un estado anímico natural que, además, es pasajero y transitorio. Por sí sola, la tristeza desaparecerá.

Algo que no ocurre con la depresión, un trastorno anímico crónico que, sin tratamiento, no desaparecerá. Es más, incluso con terapia y medicación, la depresión no se curará del todo. Es una enfermedad crónica que, eso sí, con ayuda, puede silenciarse.

5. Una persona con depresión tiene cambios radicales en la actividad cerebral; una persona triste, no

La tristeza se ha visto asociada, a nivel bioquímico y neurológico, con unos niveles bajos de serotonina, una sustancia que actúa tanto de hormona como de neurotransmisor en el control del estado de ánimo, y cambios en actividad de ciertas regiones del cerebro.

De todos modos, estas alteraciones son mucho más radicales en la depresión. Los niveles de serotonina son mucho más bajos que en una persona “sana” que está triste y, por neuroimagen, pueden percibirse también unos niveles de activación de determinadas partes del cerebro claramente inferiores.

depresión cerebro

6. La abulia aparece en la depresión pero no en la tristeza

La abulia es una patológica pérdida de las ganas para hacer cosas y de la voluntad para tomar decisiones. Una persona abúlica es aquella que está parcial o totalmente incapacitada para enfrentarse a su día a día, pues ha perdido casi por completo la voluntad para cumplir con sus obligaciones diarias.

Y aunque cuando estamos tristes podemos perder las ganas de hacer cosas, esta abulia entendida como trastorno no se relaciona con la tristeza. Sí se relaciona, en cambio, con la depresión, siendo uno de los síntomas más habituales.

7. La depresión no tiene un origen claro; la tristeza, sí

Y terminamos con una diferencia clave. Cuando estamos tristes generalmente es a causa de una situación claramente definida que ha servido como desencadenante de esta emoción negativa que es la tristeza. Es decir, la tristeza surge por una causa clara. Es un mecanismo sencillo de estímulo (vivencia negativa) y respuesta (tristeza).

En cambio, esto no ocurre con la depresión. Es cierto que los sucesos tremendamente negativos e impactantes a nivel emocional pueden ser detonantes de la enfermedad, pero las causas nunca están del todo claras. La inmensa mayoría de veces, pues, la persona es incapaz de identificar su origen y de determinar a raíz de qué empezó la depresión.

Y es que la depresión, a diferencia de la tristeza, que se basa en una respuesta bioquímica ante un estímulo que interpretamos como negativo, emerge de una muy compleja interacción de factores hormonales, psicológicos, bioquímicos, sociales, personales, neurológicos y de estilo de vida.

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