Las 5 diferencias entre Ansiedad y Estrés (explicadas)

La ansiedad y el estrés son dos fenómenos psicológicos que causan malestar a nivel tanto emocional como físico pero que, pese a que solemos confundirlos, son entidades distintas en cuya naturaleza vamos a indagar a continuación.

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Vivimos en un mundo y en una sociedad globalizada que nos está exponiendo a una constante avalancha de información (y de desinformación), al desarrollo de grandes exigencias autoimpuestas, a un ritmo de vida que es totalmente antinatural, a una enorme competitividad laboral y a todo tipo de situaciones y experiencias que pueden desestabilizar nuestra salud mental y emocional.

No es de extrañar, pues, que los problemas de salud psicológica se consideran, dejando a un lado el virus que cambió nuestras vidas en 2020, la gran pandemia del siglo XXI. Todos conocemos a alguien (si es que no somos nosotros mismos) que esté viviendo una vida demasiado estresante, pues se estima que el 77% de la población experimenta un estrés que impacta en su vida y en su salud física y mental.

Y al mismo tiempo, de acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 260 millones de personas en el mundo sufren ansiedad, una enfermedad mental en la que los pacientes experimentan miedos y preocupaciones muy intensas ante situaciones diarias, siendo mucho más que “vivir agobiado o estresado”.

Y es precisamente en este contexto que surge la gran pregunta: “¿Es lo mismo la ansiedad y el estrés?”. La respuesta es que “no”. Ambos fenómenos psicológicos están relacionados ya que causan malestar emocional y físico, pero más allá de esto, sus bases clínicas, su gravedad e impacto son muy distintos. Por ello, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en las diferencias entre sufrir ansiedad y padecer estrés. Empecemos.

¿Qué es la ansiedad? ¿Y el estrés?

Antes de entrar en profundidad y presentar las principales diferencias entre ambos conceptos en forma de puntos clave, es interesante (y también importante) que nos pongamos en contexto y comprendamos, de manera individual, sus bases psicológicas y clínicas. Veamos, pues, qué es exactamente la ansiedad y qué es el estrés.

Ansiedad: ¿qué es?

La ansiedad es una enfermedad mental en la que el paciente experimenta miedos y preocupaciones muy intensas ante situaciones diarias que, o bien no representan una amenaza real, o el peligro es mucho menor del que, desde fuera, se puede presuponer por la reacción somática del mismo. Así pues, estamos ante una psicopatología.

Una psicopatología que, de acuerdo a la OMS, afecta a unos 260 millones de personas y que, a pesar del desconocimiento que existe a causa de todo el tabú referente a la salud mental, no es ni un rasgo de la personalidad de un individuo ni es vivir agobiado ni ser un “estresado”. Es un trastorno psicológico que, como tal, debe ser abordado.

Una persona que padece ansiedad sufre, de forma más o menos frecuente o recurrente, episodios de un patológico nerviosismo extremo que, además de con estrés muy intenso, cursan con temblores, incremento del ritmo cardíaco, problemas gastrointestinales, presión en el pecho, ataques de pánico, hiperventilación, estrés, cansancio, hipertensión… Además, puede derivar en complicaciones tales como la depresión, el aislamiento social, el abuso de sustancias e incluso las ideas de suicidio

Es cierto que la vivencia de sucesos emocionalmente dolorosos o de experiencias traumáticas pueden desencadenar estos episodios, pero el origen exacto de la ansiedad, es decir, el motivo por el que una persona sufre esta enfermedad, siguen sin estar demasiado claros, pues su desarrollo se debe a una compleja interacción entre factores psicológicos, sociales, personales, genéticos y neurológicos.

Así, todos aquellos trastornos vinculados a la ansiedad (trastorno de ansiedad generalizada, TOC, fobias, ansiedad por separación, trastorno de pánico, estrés postraumático, trastorno ansioso-depresivo…) requieren de un tratamiento que consiste en terapias psicológicas, administración de medicamentos antidepresivos en casos graves o una combinación de ambas. El verdadero problema es, por todo el (incomprensible) estigma alrededor de la salud mental, solicitar ayuda.

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Estrés: ¿qué es?

El estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que experimentamos ante la vivencia de un suceso que percibimos como una amenaza o una exigencia por encima de nuestras posibilidades. Así, se trata de un estado de tensión física y/o emocional que se activa cuando percibimos un peligro que puede alterar nuestro bienestar o que puede suponer un riesgo.

Así pues, el estrés no es una enfermedad y, además, en su justa medida, es algo positivo. De hecho, se trata de una reacción totalmente necesaria para nuestra supervivencia, pues este estado deriva en una mayor activación y estimulación para aumentar las posibilidades de que reacciones de forma rápida y precisa ante una amenaza.

Cuando el sistema nervioso central procesa un estímulo y lo interpreta como un peligro, se estimula la síntesis de adrenalina y de cortisol, neurotransmisores que encienden los mecanismos de supervivencia del organismo y que nos harán sentir estrés, un estado de tensión que, si bien va asociado a sentimientos negativos, incrementa nuestras garantías de éxito.

Así, se acelera el ritmo cardíaco, se dilatan las pupilas, se inhiben los procesos fisiológicos no esenciales (como la digestión), se acelera el pulso, se aumenta la sensibilidad de los sentidos y se incrementa la tasa de respiración. Todo esto que conforma el estado de estrés es, en realidad, una estrategia para focalizar la atención en la amenaza, incrementar la energía y aumentar la probabilidad de superarla.

Por ello, siempre que sea en momentos puntuales, con justificación, en un punto controlado y siendo nosotros quienes llevamos el control de la situación sin dejarnos dominar por el estrés, este puede ser positivo. El problema es que hay veces en el que este estrés se cronifica, surge en momentos no justificados, nos hace anticiparnos a amenazas inexistentes, no nos hace incrementar la motivación ni la energía, comienza a dominarnos…

En ese momento hablamos de estrés negativo o distrés, el cual neutraliza nuestras habilidades y abre la puerta al desarrollo de un cuadro de ansiedad, momento en el que este estrés se cronifica y deja de ser una reacción fisiológica normal a convertirse en un síntoma de una enfermedad mental que, como hemos visto, puede limitar enormemente la vida.

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Ansiedad y Estrés: ¿en qué se diferencian?

Tras haber analizado individualmente sus bases psicológicas, seguro que las diferencias (y relación) entre ambos conceptos han quedado más que claras. Aun así, por si necesitas o simplemente quieres disponer de la información con un carácter más visual y esquemático, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre estrés y ansiedad en forma de puntos clave.

1. La ansiedad es una enfermedad; el estrés, una reacción fisiológica

La diferencia clave. La ansiedad (y todos los trastornos asociados a ella) es una psicopatología, es decir, una enfermedad mental en la que el paciente experimenta miedos y preocupaciones patológicas y limitantes ante situaciones diarias que no suponen un verdadero peligro. Se trata, pues, de un trastorno psicológico.

En cambio, el estrés, no es una enfermedad y, de hecho, por sí solo, no es malo. Es más, el estrés es una reacción fisiológica normal de nuestro cuerpo ante la exposición a un peligro. Un estado de tensión emocional y físico que aumenta nuestras posibilidades de éxito a pesar de que esté asociado a sentimientos negativos. El problema es cuando se cronifica o surge de manera no justificada, momento en el que se puede desarrollar un cuadro de ansiedad como tal.

2. El estrés puede ser positivo; la ansiedad, nunca

Como decimos, el estrés puede tomar muchas formas distintas. Es cierto que existe el estrés negativo, el estrés agudo, el estrés crónico, etc, pero también debemos contar con el estrés positivo, aquel que consiste en una activación fisiológica de nuestro cuerpo para incrementar nuestras posibilidades de éxito ante una vivencia potencialmente peligrosa. En cambio, la ansiedad nunca va a ser positiva, siempre nos va a limitar.

3. La ansiedad requiere de tratamiento; el estrés, de por sí, no

La ansiedad es una enfermedad mental y, como tal, debe contar con un abordaje terapéutico. El tratamiento de esta ansiedad consiste en terapia psicológica (muchas veces puede ser suficiente), la administración de medicamentos antidepresivos o una combinación de ambas. Con esto, se pretende dar al paciente herramientas para que silencie esta patología y pueda convivir con ella.

En cambio, el estrés, por sí solo, no requiere de ningún tratamiento. Como hemos dicho, es esencial para responder de forma efectiva ante amenazas. Ahora bien, si sentimos que este estrés nos domina, está presente muchas veces en nuestra vida o creemos que puede estar cronificándose, entonces podemos o acudir a un profesional de la psicología y/o desarrollar técnicas de relajación en casa al tiempo que hacemos cambios en nuestro estilo y ritmo de vida.

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4. La ansiedad siempre es desadaptativa

El estrés, como hemos ido viendo, siempre que sea puntual, justificado y sin que ejerza control sobre nosotros, es una reacción adaptativa en el sentido que nos permite incrementar nuestra actividad física y mental para hacer frente a una situación exigente o amenazante. En cambio, la ansiedad es siempre desadaptativa. Las reacciones que genera suprimen todas nuestras habilidades y nos hacen ser incapaces de responder a la amenaza en cuestión.

5. La ansiedad tiene un mayor grado de somatización

El estrés tiene una serie de reacciones fisiológicas que hemos comentado, pero no tiene nada que ver con la ansiedad, la cual se manifiesta, en los episodios, con un elevado grado de somatización y una sintomatología que incluye, además de un intenso estrés, incremento del ritmo cardíaco, presión en el pecho, cansancio, hipertensión, ataques de pánico, problemas gastrointestinales, etc. Hay muchas reacciones físicas derivadas del malestar emocional.

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