Los 10 tipos de ansiolíticos (y sus características)

Los ansiolíticos o tranquilizantes son fármacos que, a través de una acción depresora en el sistema nervioso central, consiguen reducir los síntomas asociados a la ansiedad. Veamos cómo se clasifican.
Tipos ansiolíticos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima en 260 millones el número de personas que padecen algún trastorno asociado a la ansiedad. Y es que por mucho que siga existiendo un fuerte estigma en todo lo que tiene que ver con la salud mental, la ansiedad es una de las grandes pandemias del siglo XXI.

La ansiedad es una enfermedad que va mucho más allá del estrés. Un trastorno que puede derivar en fuertes ataques de pánico y en unas manifestaciones somáticas que comprometen gravemente la calidad de vida de la persona en lo que a salud tanto mental como física se refiere.

Las causas detrás de la ansiedad no están demasiado claras, cosa que hace pensar que su origen se encuentra en una compleja interacción entre factores genéticos, personales, sociales, psicológicos y neurológicos. Por ello, curar realmente la ansiedad es muy complicado.

Afortunadamente, tenemos a nuestra disposición los medicamentos ansiolíticos, unos fármacos que, si bien no curan como tal la ansiedad, sí que pueden, a través de una acción depresora sobre el sistema nervioso central, reducir los síntomas asociados a este trastorno. Veamos cómo se clasifican estos medicamentos tranquilizantes.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad (y todos los trastornos vinculados a ella, como las fobias) es una enfermedad mental en la que la persona siente miedos y preocupaciones muy intensas ante situaciones diarias que, a priori, no representan un peligro real. Estas emociones pueden derivar en ataques de pánico que, por sus implicaciones psicológicas y físicas, comprometen enormemente la calida de vida de la persona.

Como hemos dicho, las causas de su desarrollo no están demasiado claras, y aunque es cierto que la vivencia de sucesos emocionalmente dolorosos o de experiencias traumáticas puede ser un desencadenante, lo cierto es que los factores genéticos y neurológicos juegan un papel muy importante.

Sea como sea, lo que sí sabemos son los síntomas y manifestaciones clínicas de los episodios de ansiedad: agitación, presión en el pecho, estrés muy intenso, debilidad, nerviosismo, aumento del ritmo cardíaco, problemas gastrointestinales, debilidad, cansancio, insomnio, etc. Por no hablar de todas las complicaciones en las que puede derivar: depresión, abuso de sustancias, aislamiento social e incluso suicidio.

Y aunque el tratamiento a largo plazo suele consistir en terapia psicológica y farmacológica mediante medicamentos antidepresivos, los médicos pueden recetar también fármacos tranquilizantes que sirven para aliviar a corto plazo (a largo plazo no sirven) los síntomas de la ansiedad: los ansiolíticos. Vamos a analizarlos.

Ansiedad qué es

¿Cómo se clasifican los ansiolíticos?

Los ansiolíticos o tranquilizantes son medicamentos psicotrópicos que actúan a nivel del sistema nervioso central, induciendo la relajación del mismo, y que son un tratamiento de emergencia para reducir los síntomas asociados a la ansiedad y trastornos vinculados a ella.

Los fármacos ansiolíticos buscan aliviar o suprimir los síntomas de ansiedad que hemos comentado anteriormente al calmar la hiperexcitabilidad nerviosa y disminuir la actividad del sistema nervioso central pero sin inducir sueño ni sedación. Por lo tanto, los ansiolíticos son los medicamentos utilizados para el tratamiento a corto plazo de las manifestaciones tanto psicológicas como somáticas de la ansiedad.

El mecanismo de acción de los ansiolíticos se basa en incrementar la actividad del neurotransmisor GABA (Ácido Gamma Aminobutírico), una molécula que reduce el nivel de excitación de las neuronas. En este sentido, GABA inhibe la acción de otros neurotransmisores para evitar así reacciones de estrés y sensaciones desagradables. Los ansiolíticos estimulan la síntesis de este neurotransmisor con efectos tranquilizantes. Veamos ahora qué tipos de ansiolíticos existen.

1. Benzodiacepinas

Las benzodiacepinas son los ansiolíticos más comunes en la actualidad. Se trata de unos fármacos que, además de actuar incrementando la actividad de GABA, inhiben la actividad de la serotonina en el sistema límbico, consiguiendo unos efectos tranquilizantes muy poderosos. Las benzodiacepinas inducen la relajación, alivian la tensión psicológica y tienen un efecto sedante a nivel físico.

Existen muchos medicamentos de esta familia distintas, que se dividen en función del tiempo que duran sus efectos: de vida media corta (los efectos no duran más de 8 horas, como el bentazepam), de vida media intermedia (los efectos duran entre 8 y 24 horas, como el lorazepam) y de vida media larga (los efectos duran más de 24 horas, como el diazepam).

No generan tantos efectos secundarios como los barbitúricos pero la administración no puede durar más de 4-6 semanas, pues pueden provocar adicción. Se utilizan habitualmente para el tratamiento de la ansiedad generalizada, el insomnio, las fobias, el TOC, la esquizofrenia y urgencias psiquiátricas.

Benzodiacepina

2. Barbitúricos

Los barbitúricos eran los ansiolíticos por excelencia antes de la irrupción de las benzodiacepinas en los años 60. Su mecanismo de acción se basa en impedir el flujo de sodio a las neuronas para así reducir la hiperexcitabilidad asociada a la ansiedad. El problema es que contienen ácido barbitúrico, una sustancia que genera una elevada dependencia y, además, importantes efectos secundarios.

El amobarbital, el aprobarbital, el butabarbital y el secobarbital son ejemplos de ansiolíticos de esta familia y eran administrados para el tratamiento de la ansiedad hace tiempo. Hoy en día, su uso está restringido para el tratamiento de las convulsiones o en el contexto de cirugías muy específicas.

3. Meprobamato

El meprobamato es un medicamento que, al igual que los barbitúricos, gozó de bastante popularidad antes de la irrupción de las benzodiacepinas. Su mecanismo de acción no se restringe solo a la actividad cerebral, sino también a la médula espinal. Fue usado para el tratamiento de la ansiedad, la abstinencia alcohólica, las migrañas, los espasmos, las convulsiones y el insomnio.

Sin embargo, debido a su alto poder adictivo, los efectos secundarios asociados y al hecho de que generalmente ocasionaba confusión y pérdida de consciencia, se llegó a la conclusión de que los riesgos eran más altos que los beneficios, por lo que dejó de ser comercializado.

4. Buspirona

La buspirona es uno de los pocos ansiolíticos que no actúa sobre el neurotransmisor GABA, por lo que no presenta los mismos efectos secundarios que los otros (ni sedación ni adicción), sino que lo hace exclusivamente sobre la serotonina.

El problema es que su acción no es tan rápida como la de los que sí estimulan la síntesis de GABA, pues su pico máximo de efecto llega tras varios días e incluso semanas. Por ello, no es útil para tratar crisis de ansiedad, que es el principal motivo de la existencia de los ansiolíticos. En este sentido, suele ser recetado para incrementar el efecto de ciertos medicamentos antidepresivos como los ISRS.

Buspirona

5. Antihistamínicos

Los antihistamínicos son fármacos destinados al tratamiento de los episodios alérgicos, pero algunos de ellos también son útiles en el manejo de la ansiedad. Los antihistamínicos que contienen hidroxizina, además de aliviar la picazón ante una alergia, también reducen la actividad cerebral e inducen una relajación nerviosa útil para abordar una crisis de ansiedad.

Aun así, cabe destacar que los psiquiatras no recomiendan su administración ya que no son más efectivos que las benzodiacepinas y, además, suelen ralentizar nuestros sentidos, generan somnolencia, nos hacen sentirnos cansados, dan problemas intestinales y hacen que sintamos sequedad bucal. Es más, están contraindicados en caso de ataques de pánico.

6. Bloqueantes beta-adrenérgicos

Los bloqueantes beta-adrenérgicos, conocidos también como betabloqueantes, son medicamentos diseñados para reducir la presión arterial, basando su mecanismo de acción en bloquear los efectos de la adrenalina o epinefrina. No tienen efecto a nivel del sistema nervioso central, pero ocasionalmente pueden administrarse para aliviar las manifestaciones físicas (al relajar la actividad del sistema cardiovascular) de la ansiedad, siempre como coadyuvante de un fármaco ansiolítico como tal.

7. Cloracepato

El cloracepato es un derivado de las benzodiacepinas que suele utilizarse en casos no demasiado graves de ansiedad, en situaciones de problemas psicológicos que requieren de un abordaje más puntual. Puede tomarse durante más tiempo que las benzodiacepinas como tal, pero nunca más de 3-4 meses, pues también puede generar dependencia.

Este medicamento suele utilizarse para tratar la angustia, los problemas durante la menopausia, los trastornos del sueño, la abstinencia al alcohol, el síndrome del colon irritable y, evidentemente, ciertos casos no excesivamente graves de ansiedad generalizada.

8. Bromazepam

El bromazepam es un medicamento que, a dosis altas, actúa como relajante muscular, sedante e hipnótico. De todas formas, a dosis bajas, el también conocido como Lexatin sirve para tratar la ansiedad y las neurosis fóbicas. Hay que tener en cuenta que genera una dependencia potente y rápida y que, si se combina con alcohol, puede ser letal. Por ello, se receta solo en casos muy específicos y su administración va ligada a un control muy estricto.

9. Lorazepam

El lorazepam es un medicamento de la familia de las benzodiacepinas que se comercializa bajo el nombre de Orfidal o Ativan que tiene un efecto potente en cinco ámbitos: ansiolítico, amnésico, sedante, anticonvulsivo, hipnótico y relajante muscular. Además, tiene un efecto casi inmediato, llegando al punto máximo de acción a las 2 horas.

Sus efectos posibles efectos secundarios no son demasiado graves, no genera una alta dependencia (pero tampoco se recomienda que su consumo se prolongue demasiado en el tiempo) y es útil para el tratamiento de los trastornos de ansiedad, la epilepsia, la tensión, el insomnio, la abstinencia al alcohol, las náuseas y los vómitos asociados a la quimioterapia y el síndrome del colon irritable.

Lorazepam

10. Diazepam

El diazepam o Valium fue la primera benzodiacepina en ser comercializada, cosa que sucedió gracias a la empresa Roche en 1963. Desde entonces, es el ansiolítico más recetado en los centros médicos, hospitales y ambulatorios. Aun así, no olvidemos que está ligado a efectos secundarios y que genera una dañina dependencia.

Por sus efectos, el diazepam se utiliza no solo para el tratamiento a corto plazo de problemas de ansiedad, sino para sedar a los pacientes antes de cirugías y para tratar los espasmos musculares, la tortícolis, la disnea y distintos trastornos psicosomáticos.

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