Las 5 diferencias entre oír y escuchar (explicadas)

Aunque tendamos a usarlos como sinónimos y que estén relacionados con la captación y comprensión de sonidos, los verbos oír y escuchar no son exactamente lo mismo. Veamos en qué se diferencian.

Diferencias oír escuchar

El sentido del oído es el conjunto de procesos fisiológicos que nos permite convertir las vibraciones acústicas del medio en unas señales eléctricas que, tras llegar al cerebro a través del sistema nervioso y de ser procesadas por dicho órgano, se traducirán en la experimentación de sonidos. Una función biológica esencial para nuestra supervivencia.

Desde comunicarnos verbalmente con otras personas hasta detectar y huir de los peligros que nos rodean, el sentido del oído es esencial en nuestra naturaleza humana. Y como sucede con el resto de los sentidos, hay mucha terminología y léxico asociada a él para designar los distintos componentes que intervienen en la experimentación de sonidos a nivel cerebral.

Y en este contexto, uno de los mayores errores que cometemos a nivel de terminología es el de utilizar los dos principales verbos de acción asociados al sentido del oído como sinónimos o conceptos intercambiables. Estamos hablando, por supuesto, de los verbos “oír” y “escuchar”.

Aunque ambos estén relacionados con la captación y comprensión de sonidos a través del sentido del oído, no es lo mismo oír que escuchar. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a describir las principales diferencias entre ambos verbos. Vamos allá.

¿Qué es oír? ¿Y escuchar?

Antes de entrar en profundidad y analizar las diferencias entre ellos en forma de puntos clave, es interesante (pero también importante) que nos pongamos en contexto y que definamos, de manera individual, qué es oír y qué es escuchar. De este modo, tanto sus semejanzas como sus diferencias empezarán a quedar mucho más claras.

Oír: ¿qué es?

“Oír” es el verbo que designa la acción de percibir sonidos a través de la asimilación de las vibraciones acústicas por parte de los componentes del oído. Se trata de una capacidad fisiológica para recibir mensajes acústicos a través del oído, siendo un proceso pasivo que involucra solo este sentido del oído.

Al ser un proceso pasivo, nosotros no tenemos control sobre los sonidos que oímos. No se requiere de concentración ni de estar consciente de que estamos captando sonidos. Simplemente sucede esta captación por estar en un medio donde hay vibraciones acústicas que llegan al órgano de Corti, la estructura del sentido del oído que convierte las vibraciones en impulsos nerviosos.

Así pues, oír es una capacidad involuntaria, una respuesta fisiológica que requiere del funcionamiento del sistema auditivo, con trabajo del oído externo, medio e interno, y que nos permite captar estímulos sonoros para su posterior procesamiento por parte del cerebro.

En resumen, oír es la respuesta fisiológica a la acción del sonido entrando en nuestro sistema auditivo, siendo así la capacidad del sentido del oído para captar vibraciones acústicas. No se realiza esfuerzo para oír. Es un proceso pasivo que no forzamos. Simplemente ocurre sin voluntariedad.

Oír qué es

Escuchar: ¿qué es?

“Escuchar” es el verbo que designa la acción de analizar y comprender aquello que oímos. Se trata de una habilidad fisiológica que no solo involucra al sistema auditivo, sino a funciones cognitivas complejas para así interpretar los mensajes que recibimos a través de los oídos. Es, por tanto, un proceso activo.

Cuando escuchamos, estamos prestando atención a los sonidos que hemos captado y los estamos interpretando. Se trata de un acto fisiológico y cognitivo que implica tanto atención como concentración, pues tiene el objetivo de generar respuestas coherentes y complejas a aquello que estamos oyendo o, mejor dicho, escuchando.

Así pues, podemos entender el “escuchar” como la acción de prestar atención a lo que oímos, un proceso en el que interviene la concentración, la memoria y las habilidades cognitivas superiores. En el proceso comunicativo humano, pues, lo que hacemos es escuchar. Cuando escuchamos, estamos oyendo algo con plena atención, siendo activos.

En resumen, escuchar es una habilidad fisiológica y cognitiva que nos permite procesar, haciendo uso de las habilidades mentales, aquello que estamos oyendo. Se trata de un proceso a través del cual y mediante la concentración y la atención plena, damos un significado complejo e interpretamos los sonidos que captamos.

Escuchar qué es

¿En qué se diferencian los verbos “escuchar” y “oír”?

Tras definir ambos términos, seguro que las diferencias entre ellos han quedado más que claras. De todas formas, por si necesitas (o simplemente quieres) disponer de la información con un carácter más visual y esquemático, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre escuchar y oír en forma de puntos clave.

1. Oír es una capacidad; escuchar, una habilidad

Sin duda, una de las diferencias y matices más importantes. Y es que mientras que oír es una capacidad fisiológica, escuchar es una habilidad cognitiva. Como hemos visto, oír es la acción de captar vibraciones acústicas a través del sistema auditivo que posteriormente serán codificadas en impulsos nerviosos que, ya en el cerebro, se traducirán en la experimentación de sonidos.

Pero al fin y al cabo, oír es una capacidad primaria que involucra la captación de mensajes a través del oído externo, medio e interno. Escuchar, en cambio, designa un proceso más complejo. Escuchar, más que una capacidad, es una habilidad. Es el acto a través del cual damos un significado complejo a aquello que estamos captando a través de los oídos.

2. Oír es un acto fisiológico; escuchar, psicológico

En relación con el anterior punto, podemos decir que mientras que oír es un acto puramente fisiológico, escuchar es un acto más asociado a lo psicológico. A la hora de oír, solo entra en juego el sentido del oído, siendo una respuesta fisiológica a la captación de vibraciones acústicas que se traducirán en impulsos nerviosos donde viene codificado un mensaje sonoro.

Así pues, oír es una capacidad primaria en la que está involucrado solo el sistema auditivo, siendo así un acto más mecánico y, como ya hemos dicho, inconsciente. Pero con la “escucha”, la cosa es distinta. Y es que mientras que también entra en juego el componente más fisiológico vinculado puramente al sistema auditivo, su parte más relevante es la importancia que los procesos cognitivos toman.

Así pues, cuando escuchamos, no solo está interviniendo el sistema auditivo (como cuando simplemente oímos), sino que el aprendizaje, la concentración, la atención, la memoria y otras habilidades psicológicas y mentales entran en juego para que podamos interpretar de forma suficientemente compleja los sonidos como para hacer posible la comunicación con el medio que nos rodea.

3. Oír no requiere de concentración; escuchar, sí

Oír es un acto fisiológico que no requiere de concentración. No tenemos que concentrarnos en captar sonidos porque es un proceso que sucede de forma pasiva. En cambio, escuchar sí que requiere de concentración. Tenemos que poner el foco de atención en los sonidos para así, haciendo uso de los procesos cognitivos que hemos comentado, interpretar lo que estamos oyendo.

Así pues, podemos oír sin escuchar, pero no podemos escuchar sin oír. Este sería el resumen de todo. El sonido del tráfico por la calle lo oímos sin necesidad de concentrarnos o de prestar atención. Pero cuando estamos viendo una película, no basta con oír los diálogos, tenemos que escucharlos. Y para ello, tenemos que poner el foco de atención en la pantalla y concentrarnos en lo que los personajes de la cinta están diciendo.

Oír escuchar

4. Oír es involuntario; escuchar, voluntario

En relación con el anterior punto se desprende una diferencia muy importante. Y es que mientras que el acto de oír es involuntario, el de escuchar es, en gran medida, voluntario. Oír es una capacidad pasiva que ocurre sin que queramos por el mero hecho de disponer de un sistema auditivo que convierte las vibraciones acústicas en sonidos.

Oímos aunque no tengamos la intención de hacerlo, pues es simplemente una respuesta fisiológica que nace del sistema auditivo y de su activación permanente. Pero con el acto de escuchar, la cosa es distinta. Aunque es cierto que muchas veces prestamos atención a los sonidos sin querer, por regla general, escuchar es un acto mucho más voluntario.

Cuando nos concentramos y prestamos atención a los sonidos de forma consciente para así interpretarlos y comprender aquello que estamos percibiendo, estamos escuchando. Se trata, pues, de una habilidad que requiere de voluntariedad y de nuestra intención activa de procesar lo que hemos oído para así generar respuestas adecuadas a ello.

5. Oír es recibir mensajes; escuchar, interpretarlos

Y ya para cerrar el artículo, una diferencia que lo resume todo. Cuando oímos, simplemente estamos recibiendo mensajes sonoros. Oír, pues, es captar vibraciones acústicas que se traducen en la experimentación de sonidos. El viento, la lluvia, el tráfico, las teclas del ordenador, la alarma del móvil… Todo aquello que sea recibir mensajes sonoros sin un análisis cognitivo de los mismos es oír.

En cambio, cuando escuchamos, no solo estamos recibiendo mensajes sonoros. También los estamos interpretando y procesando. A la captación de sonidos (oír) le añadimos una parte más cognitiva con procesos psicológicos complejos que nos permiten, de forma activa y voluntaria, comprender y dar significado a los sonidos. La música, las conversaciones con personas, las películas, la radio… En estas situaciones no nos limitamos a oír. Escuchamos.

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