Las 8 fases del ciclo de las rocas (ciclo litológico)

Los elementos minerales de la corteza terrestre pasan por una serie de transformaciones físicas y químicas que se repiten de forma cíclica en fases que a menudo representan millones de años.
Fases ciclo rocas

El mundo está vivo. Más vivo de lo que creemos. Y no nos referimos a la vida animal y vegetal que conforma los ecosistemas terrestres. Eso ya sabemos que está vivo. Pero si te dijéramos que lo “no vivo” está tan vivo (por irónico que parezca) que ahora mismo tienes en tu interior fragmentos de lo que hace millones de años era una montaña, ¿nos creerías?

Pues deberías. Porque en nuestro mundo ocurre un proceso asombroso pero que, por lo lento que es, pasa desapercibido: el ciclo de las rocas. Los minerales de la superficie terrestre pasan por una serie de transformaciones físicas y químicas en un ciclo que se repite una y otra vez a lo largo de los millones de años.

Esto explica que, lo que un día fuera una roca del fondo oceánico, hoy se haya desintegrado para dar lugar a los minerales que usan las plantas para vivir. Unas plantas que, por cierto, comemos, haciendo llegar así esa “prehistórica roca” a nuestro interior.

Este ciclo biogeoquímico que nunca termina tarda millones de años en completar una vuelta, pero es lo que ha hecho que la vida en la Tierra sea posible. Si quieres entender cómo es posible que una roca pase a formar parte de nuestro cuerpo, quédate. En este artículo veremos cada una de las fases del ciclo de las rocas.

¿Qué es el ciclo litológico?

El ciclo litológico, popularmente conocido como el ciclo de las rocas, es uno de los procesos geológicos más importantes del mundo. Y sin transformar este artículo en una clase de geología, debemos quedarnos con la idea de que es la sucesión de situaciones por las cuales los minerales de la superficie terrestre van cambiando su estado, tanto a nivel físico como químico.

Los minerales más importantes son el potasio, el fósforo, el calcio, el azufre y los metales pesados. ¿No resulta curioso, pues, que muchos de ellos se encuentren tanto en las rocas como fluyendo por nuestra sangre? De hecho, sin el potasio, el fósforo o el calcio no podemos vivir.

Y que estos minerales se encuentren tanto en el mundo geológico como en el biológico implica que necesariamente debe haber un puente entre ambos. Y ahí es donde llegamos al tema de este artículo. Y es que es gracias a este ciclo de las rocas que los minerales van transformándose y llegando a ambos “mundos”, es decir, el de las rocas y el de los seres vivos.

Y que sea un ciclo implica dos cosas. En primer lugar, que hay fases. Y cada una de ellas se caracteriza porque el mineral está almacenado o se presenta de una forma distinta. Son las condiciones climatológicas las que, como veremos, estimularán el salto de una fase a otra.

Y en segundo lugar, que se repite una y otra vez. Aunque sea en márgenes de tiempo de millones de años, el ciclo se repite. Superar la fase final solo implica volver a la inicial. Y así ha ocurrido desde la formación del planeta Tierra.

Por lo tanto, debemos entender el ciclo de las rocas como una sucesión de acontecimientos geológicos, químicos, físicos, biológicos y climatológicos que estimulan que los minerales se encuentren sedimentados o almacenados en la superficie terrestre de distinta manera. Habiendo aclarado esto, podemos pasar a ver las fases.

¿Cuáles son las etapas de los ciclos litológicos?

Es posible que llegados a este punto todavía resulte un poco confuso todo. No pasa nada. Si se ha entendido la idea principal, una vez hayamos visto las distintas fases, todo pasará a ser mucho más claro. Simplemente hay que recordar que se trata de un ciclo, por lo que cuando se llega a la última etapa, se vuelve a empezar.

0. Cristalización

La consideramos la fase 0 porque es el origen de todas las demás pero es la única fase a la que, una vez terminado el ciclo, no se regresa. Y el motivo de esto es muy sencillo. Para entender esta etapa, debemos desplazarnos hasta debajo de la superficie terrestre. Ahí tenemos el magma, que, a grandes rasgos, es roca fundida debido a las altas temperaturas y presiones.

Pero para entrar en el ciclo, necesitamos roca sólida. Y como bien sabemos, toda la corteza terrestre viene del enfriamiento del magma, que hace miles de millones de años originó una capa dura que constituyó el manto terrestre. Pero, ¿cómo entramos en el ciclo? Pues por este enfriamiento del magma generando corteza terrestre o por los volcanes.

La explosión de los volcanes provoca la liberación de magma a la atmósfera, el cual se enfría rápidamente en un proceso conocido como cristalización, que da lugar a material sólido, el cual se conoce como roca ígnea. Este es el origen de las rocas terrestres.

Magma

1. Exposición

Entremos ahora en el ciclo como tal, el cual parte tanto de las rocas ígneas como de las que se forman simplemente por los movimientos del manto terrestre y de sus placas. Sea como sea, la primera fase del ciclo litológico recibe el nombre de exposición porque es aquella en la que, como su propio nombre indica, las rocas quedan expuestas a las condiciones ambientales. Y por rocas entendemos tanto lo que conocemos como piedras como bloques de la superficie terrestre.

2. Meteorización

En el momento en el que la roca queda expuesta, simultáneamente empieza la segunda etapa del ciclo: la meteorización. Las propias condiciones ambientales (viento, lluvia, mareas, presión, temperatura, oxidación, fricciones) terminan por provocar la descomposición de la roca en fragmentos más pequeños. En otras palabras, esta fase consiste en romper un bloque de roca en partes más pequeñas

3. Erosión

Una vez la roca en cuestión ha pasado por este proceso de meteorización, el cual, por cierto, es muy lento, es candidata a entrar en la siguiente etapa: la erosión. Y decimos candidata porque solo cuando las rocas son suficientemente pequeñas son realmente susceptibles a ser afectadas por los procesos erosivos.

Es similar a la meteorización en el sentido que la roca sigue rompiéndose en fragmentos más pequeños, pero en este caso los principales motores de la disgregación son el viento y el agua. Pero la clave de todo esto es que es con la erosión que un fenómeno imprescindible del ciclo se vuelve posible: el transporte. Ahora las rocas son suficientemente pequeñas como para poder “viajar” a distintos lugares. Y como estamos hablando de millones de años, las distancias que pueden recorrer son inmensas.

Erosión

4. Transporte

Como venimos diciendo, la etapa posterior a la erosión es el transporte. Como su propio nombre indica, esta fase consiste en el movimiento de partículas rocosas a lo largo de la superficie terrestre gracias a la acción, de nuevo, de fenómenos meteorológicos.

Estos “medios de transporte” son, principalmente, la gravedad, el viento y el agua. Evidentemente, a excepción de la gravedad, que puede mover rocas considerablemente grandes (eso sí, no se llegan a abarcar grandes distancias), están muy limitados por el tamaño de la roca en cuestión.

Es por esta razón que la erosión, para que haya un buen transporte y se pueda continuar el ciclo, debe culminar con la transformación de la roca en partículas diminutas, prácticamente como polvo. Y a pesar de su pequeño tamaño, albergarán los minerales que deben seguir su ciclo.

En este sentido, el viento (tienen que ser partículas microscópicas) y el agua (puede mover partículas de mayor tamaño) permiten mover estos minerales a la vez que continúan erosionándolos. Una roca inicial, pues, se ha transformado en millones de partículas diminutas.

5. Sedimentación

Dependiendo de la velocidad del viento y del agua y muchas veces, del simple azar, el transporte de las rocas terminará. Y cuando las partículas rocosas dejan de “viajar” entramos en la quinta etapa del ciclo: la sedimentación. En esta fase, las partículas con minerales se depositan en la superficie terrestre. Esta etapa, pues, es simplemente el momento en el que los minerales empiezan a quedar almacenados sobre la tierra, quedando protegidos de la erosión y sin transportarse.

6. Disolución

Una vez son sedimentados, las partículas rocosas suelen ser tan pequeñas que pueden diluirse en agua, entrando así en una de las últimas fases del ciclo y la que permite la conexión entre el mundo geológico y el biológico. Esta etapa de disolución termina con los minerales siendo solubilizados en el suelo.

7. Absorción biológica

Y en cuanto estos minerales están diluidos en agua, sucede algo que lo cambia todo. Las plantas pueden absorber estas partículas. Llegados a este punto, hablamos simplemente de moléculas de minerales, es decir, fósforo, potasio, calcio… Pero lo verdaderamente importante es que estos organismos vegetales (las bacterias también pueden hacerlo) absorben los minerales, permitiendo así la entrada de estos en la cadena alimenticia.

Y estas plantas, que ya están “cargadas” de minerales son, a su vez, consumidas por herbívoros. Y estos por los carnívoros. O en el caso de los humanos, que comemos tanto plantas como animales. Pero, ¿cómo continúa entonces el ciclo?

Sencillo. Cuando eliminamos las sustancias de desecho estamos también expulsando minerales, los cuales, por una vía u otra, terminan en la naturaleza. E incluso cuando los seres vivos morimos (tanto plantas como animales) y somos descompuestos por bacterias, estas hacen que los minerales vuelvan al suelo. Lo importante es que somos simplemente un “puente”. Los minerales que absorbimos de la tierra volverán a ella cuando muramos.

Ensalada

8. Litificación

Llega el momento de “cerrar” (recordemos que volverá a empezar) el ciclo. Y esto sucede con la última etapa: la litificación. En ella, los minerales que han salido de la cadena alimenticia o que simplemente nunca llegaron a entrar, volverán a sedimentarse, formando cada vez capas más compactas de minerales.

Si la presión es suficientemente alta (estamos hablando de millones de años, por lo que estos sedimentos pueden llegar a zonas muy profundas de la corteza terrestre), la compactación de los minerales será tan elevada que se terminará formando roca “nueva”. Esta, tras miles de años, volverá a salir a la superficie terrestre por los simples movimientos del manto, entrando así en la fase de exposición y volviendo a reiniciar este asombroso ciclo.

Referencias bibliográficas

  • Peloggia, A. (2018) “The Rock Cycle of the Anthropocene: inserting human agency into the Earth System”. Revista do Instituto Geológico.
  • Ordóñez Carmona, O. (2000) “Rocas en zonas de falla”. Dyna.
  • de la Luz Espinosa Fuentes, M., Peralta, O., Castro, T. et al (2015) “Ciclos biogeoquímicos”. Reporte Mexicano de Cambio Climático.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.