¿Qué son las micorrizas y cuál es su función?

Las micorrizas son asociaciones mutualistas simbióticas entre las raíces de las plantas terrestres y ciertos hongos del suelo.
Micorrizas

Aunque pueda ser un concepto foráneo para la población general, se calcula que el 97 % de especies vegetales en la Tierra están “micorrizadas”, por lo que podemos considerar a este tipo de simbiosis como uno de los pilares esenciales de los ecosistemas terrestres.

No solo se demuestra la eficacia de esta asociación en el mundo natural, pues en la industria agroalimentaria, los hongos simbiontes han mostrado efectos como biorreguladores del crecimiento vegetal de cultivos, fertilizantes y biocontroladores de parámetros.

Como muchos otros fenómenos de los ecosistemas, estamos ante un proceso que ocurre bajo nuestra mirada pero que muchos no conocemos. Por ello, aprovechamos esta oportunidad para contarte todo lo que debes saber sobre las micorrizas.

Micorrizas: la asociación de la vida

Como no podemos empezar construyendo la casa por el tejado, para comprender lo que es una micorriza primero hay que detenerse, aunque sea de forma somera, en los conceptos que abarca su definición antes expuesta.

Sobre el mutualismo y la simbiosis

Hemos definido a las micorrizas como “asociaciones mutualistas simbióticas”, pero ¿qué secretos encierran estos términos?

El mutualismo se define como una interacción biológica entre individuos de especies diferentes en la que ambos obtienen algún tipo de beneficio. La simbiosis es un tipo de mutualismo específico, pues en este caso, la relación es tan estrechamente dependiente que una de las partes (o las dos) requiere de la otra para el correcto desarrollo de sus funciones biológicas.

La simbiosis puede concebirse como un tipo de mutualismo de carácter íntimo, pero no todos los mutualismos son de naturaleza simbionte. Por ejemplo, el fenómeno conocido como “comensalismo” explica una asociación positiva esporádica entre dos especies, si bien estas pueden sobrevivir por su cuenta sin la relación establecida.

simbiosis
La relación entre los peces payaso y las anemonas es un tradicional ejemplo de simbiosis mutualista.

Sobre los hongos y las hifas

El taxón de los hongos es un grupo que guarda diversos secretos, pues estamos ante unos seres vivos a medio camino entre plantas y animales, posicionándose más cerca de los segundos si tuvieran que elegir un bando.

Normalmente, la población general asocia al hongo con la seta, haciéndose ambos términos intercambiables. Nada más lejos de la realidad. La seta no es más que el cuerpo fructífero del hongo, es decir, un análogo a las frutas producidas por un árbol. El “tronco”, el cuerpo del hongo, se encuentra bajo tierra y se denomina “micelio”.

Por sorprendente que pueda parecer, los micelios son un conjunto de filamentos cilíndricos (hifas) que se pueden extender a grandes distancias. Tal es el tamaño que puede alcanzar este cuerpo fúngico que el título del ser vivo más grande del mundo se lo lleva un hongo, Armillaria ostoyae. Situado en el Bosque Nacional de Malheur en Oregón (EE. UU.), el ejemplar más grande presenta un cuerpo micelar que se expande más de 965 hectáreas bajo tierra.

Así pues, como hemos visto, el cuerpo de los hongos corresponde al micelio, el cual se encuentra bajo tierra y está formado por una serie de filamentos celulares tubulares recubiertos de quitina que reciben el nombre de “hifas”.

Una simbiosis esencial

Despacio y con buena letra, hemos llegado al concepto que hoy nos atañe con un conocimiento basal necesario sobre la materia. Recordemos que las micorrizas se definen como una asociación entre un hongo (mycos) y las raíces de una planta (rhyzos). Ahora sabemos que, naturalmente, será el micelio (el cuerpo fúngico) el que se interrelacione con el componente radicular de la planta, pues ambos se encuentran bajo tierra.

Lo primero que es necesario plantearse a la hora de entender esta relación es: ¿por qué sucede? En la naturaleza, ningún mecanismo es aleatorio, pues si este se da y no genera más que gastos, termina por desaparecer de la impronta genética de las especies que lo realizan.

En este caso, la planta obtiene nutrientes minerales y agua, pues la micorriza se extiende por mucho más territorio del que las raíces podrían cubrir. Por su parte, el hongo recibe hidratos de carbono y vitaminas, productos de la fotosíntesis de la planta, la cual, por sí mismo, nunca podría realizar. Como podemos ver, el motivo de la asociación es obvio.

Clasificación

No todo es tan fácil en este mundo subterráneo, pues las micorrizas presentan notables diferencias y pueden ser clasificadas en varios tipos según su morfología. Te los mostramos a continuación.

1. Ectomicorrizas

Tal y como indica su nombre (ecto, por fuera), las ectomicorrizas son aquellas que crecen sobre las raíces de la planta sin penetrar dentro de sus células. También llamadas “formadoras de manto”, producen una red de hifas intercelulares que rodean al aparato radicular de la planta (red de Hartig). Esto no significa que el hongo no se inserta en el tejido de la planta, pues no se coloca dentro de las células pero sí entre ellas.

Los hongos responsables de este tipo de asociación suelen ser las trufas (ascomicetos) y agaricoideos (basidiomicetos), así como diversos zigomicetos. Por parte de la planta, estas micorrizas se dan en árboles y arbustos pertenecientes a las familias betuláceas, fagáceas, pináceas, salicáceas y tiliáceas.

ectomicorriza
En las ectomicorrizas, las hifas del hongo no penetran al interior de las células de la planta.

2. Endomicorrizas

Como podréis adivinar, en este caso las hifas suelen llegar a un nivel intracelular (dentro de las células) de la planta. Además, no se forma manto ni red de Hartig. Este tipo de estructura presenta una subdivisión compleja. Te la resumimos:

  • Micorrizas vesículo-arbusculares: con una estructura propia, el arbúsculo, dentro de las células del córtex radical, donde se realiza el intercambio de sustancias.
  • Orquioides: el micelio forma ovillos en las células de la raíz. Se da entre orquídeas y basidiomicetos.
  • Ericoides: el hongo forma estructuras sin organización aparente en las células de la raíz. Se dan entre ericáceas y ascomicetos.

Si algo queremos que quede claro en esta pequeña lección de fisiología vegetal, es que la variante vesículo-arbuscular es la más común de todas, pues se da en en más del 80 % de las especies vegetales superiores. Altamente especializada, esta asociación presenta otras estructuras especiales más allá del arbúsculo, como las vesículas, que actúan como órganos de reserva.

También debemos nombrar de forma rápida a las ectendomicorrizas (arbutoides), que presentan manto, red de Hartig y penetración intracelular similar a las ericoides.

endomicorriza
En las endomicorrizas, las hifas del hongo penetran al interior de las células vegetales, pero no le causan ningún daño.

Un caso práctico

No todo se reduce a ámbitos teóricos de observación en la naturaleza, pues diversos estudios han investigado el beneficio de las micorrizas en cultivos frutícolas. En estos casos, muchos de estos árboles productores de frutos requieren de un periodo de vivero obligado antes de su plantación en el exterior.

Es en este momento donde los hongos simbiontes aportan un mayor beneficio, pues aceleran el crecimiento de la planta, permitiendo que se obtengan ejemplares de mayor vigor y sanidad con mayores probabilidades de supervivencia en el exterior. También se pueden reportar beneficios económicos directos ante esta simbiosis, pues esta asociación reduce (al menos, teóricamente) los costos en fertilizantes.

Los beneficios de esta asociación se han demostrado en diversos estudios y para diversas plantas cultivables, tales como tomates o pimientos.

Este “impulso fúngico” se puede utilizar en otros tipos de propagación vegetal, tales como el cultivo directo de tejidos o el estacado. Desde luego, se trata de un campo a explorar por los múltiples beneficios que puede aportar a la industria agroalimentaria.

Conclusiones

Como hemos podido ver en estas líneas, la micorriza es un término que define un fenómeno de simbiosis entre un hongo y una planta. Por poco conocida que pueda ser, está presente en más del 90 % de las plantas terrestres, por lo que claramente se trata de un mecanismo evolutivo ancestral y altamente beneficioso para ambos componentes.

No todo se reduce a un ámbito biológico, pues también se han reportado diversos beneficios del aprovechamiento de esta simbiosis en el cultivo de plantas en vivero y el plantado mediante diversos métodos, que de otra forma no sería tan exitoso. El hongo aporta el empujón necesario a la planta para que esta pueda crecer, aportándole aguas y minerales que no podría obtener por sí misma en las etapas tempranas de su vida.

Referencias bibliográficas

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  • Micorrizas y bioestimulantes, Micología forestal y aplicada. Recogido a 25 de agosto en https://micofora.com/micorrizas-y-bioestimulantes/
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  • Díaz Franco, A., Alvarado Carrillo, M., Ortiz Chairez, F., & Grageda Cabrera, O. (2013). Nutrición de la planta y calidad de fruto de pimiento asociado con micorriza arbuscular en invernadero. Revista mexicana de ciencias agrícolas, 4(2), 315-321.
  • Velasco, J. V., Cerrato, R. F., & Suárez, J. A. (2001). Vermicomposta, micorriza arbuscular y Azospirillum brasilense en tomate de cáscara. Terra latinoamericana, 19(3), 241-248.
Samuel Antonio Sánchez Amador

Samuel Antonio Sánchez Amador

Biólogo y divulgador científico

Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su trayectoria profesional, permaneció dos años en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en el departamento de biología evolutiva, donde realizó estudios genéticos y poblacionales en pequeños mamíferos. Esto le otorgó amplio conocimiento en cuestiones de heredabilidad, genes y patrones filogenéticos diversos. Desde febrero del año 2020 se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando temas tanto de índole científica basal como salud humana y bienestar animal.