¿Qué es la Autoecología y cuál es su objeto de estudio?

Esta rama de la ecología es una disciplina que se encarga de estudiar cómo los seres vivos se adaptan al ambiente en el que viven. Nos permite entender cómo sobreviven las especies en función de su hábitat.
Autoecología

Todos y cada uno de los seres vivos de la Tierra estamos perfectamente adaptados al hábitat en el que nos encontramos. Y esto no solo hace referencia a que establecemos relaciones con otras especies, tanto de animales como de plantas e incluso bacterianas, víricas y fúngicas, sino que nos relacionamos con todo aquello que no está vivo, es decir, el ambiente que nos rodea.

En esto se centra la disciplina que analizaremos en el artículo de hoy, la cual recibe el nombre de autoecología. Esta rama de la ecología estudia las relaciones que los seres vivos desarrollamos con las condiciones climáticas y geológicas que nos rodean y le da explicación a por qué tenemos unas características morfológicas y fisiológicas concretas.

Entender de autoecología significa comprender ya no solo cómo de estrecha es nuestra conexión con el hábitat que poblamos nosotros y todas las millones de especies del mundo, sino los mecanismos por los que la evolución animal, vegetal y bacteriana ha sido posible.

Por ello, en el artículo de hoy analizaremos en profundidad la autoecología, estudiando tanto el concepto en sí, su ámbito de estudio y las aplicaciones que esta disciplina tiene tanto en la biología como en la ciencia en general.

¿Qué estudia la autoecología?

La autoecología es una rama de la ecología de gran interés en el estudio de la evolución biológica de los seres vivos. Esta disciplina, que se encuentra entre las más llamativas de la biología, estudia las especies en el escalón más básico de su relación con el ecosistema. Dicho con otras palabras, es la ciencia que analiza cómo los seres vivos nos relacionamos con el ambiente que nos rodea y cómo adaptamos nuestro cuerpo (tanto a nivel estructural como funcional) a las características de él.

La autoecología, pues, estudia la relación entre lo biótico y lo abiótico. Los factores bióticos son las formas de vida; mientras que los abióticos, por deducción, es todo aquello que nos rodea y que no está vivo. En este sentido, la autoecología, en sus estudios, toma a una especie en concreto (solo una) y analiza cómo se relaciona con las condiciones abióticas que la rodean.

Esto significa, pues, que observa cómo se adapta esa especie en lo que se refiere a la temperatura, la geología, el terreno, las propiedades del suelo, la luz, la acidez, la humedad, la disponibilidad de nutrientes y de agua, la presencia de contaminantes, la salinidad, la presión…

En definitiva, la autoecología quiere establecer una conexión entre las características de una especie concreta y las propiedades geológicas y fisicoquímicas del medio que habita. Normalmente, incluso, en lugar de estudiar la especie en sí, se centra en una comunidad en concreto o en unos individuos determinados.

Pulpo

Autoecología y sinecología no son sinónimos

Si estás familiarizado o familiarizada con conceptos de ecología, tal vez te esté extrañando que en todo esto de las relaciones de la especie con su hábitat no estemos tomando en consideración las que establece con otros seres vivos.

Y es totalmente cierto que si queremos entender de verdad la razón de ser de una especie, debemos analizar también cómo se relaciona con los otros animales, plantas y bacterias con las que comparte ese hábitat.

De ahí que digamos que autoecología y sinecología no son sinónimos. Porque, a pesar de que se usen indistintamente, cada una de estas disciplinas pone el foco de estudio en un aspecto distinto. La autoecología, como venimos diciendo, analiza la relación de la especie con el hábitat en sí. La sinecología, en cambio, estudia el ecosistema como un todo, poniendo énfasis en las relaciones con otras especies y entre individuos de la misma.

En resumen, la autoecología se centra en establecer la relación entre lo biótico y lo abiótico, mientras que la sinecología lo hace en estudiar cómo los distintos niveles bióticos se comunican entre ellos. De aquí podemos deducir también que la autoecología se centra en una única especie en cada estudio, mientras que la sinecología abarca muchas más; tantas como especies haya en ese hábitat.

¿En qué factores se centra?

Ahora que ya hemos entendido qué estudia la autoecología y en qué aspectos se diferencia de otras disciplinas similares, es interesante ver el método de análisis que sigue. Esto no significa que siempre se siga este orden, pero sí que nos ayudará a entender, a grandes rasgos, cómo se observa la naturaleza desde los ojos de un experto en autoecología.

Y para entenderlo todo mejor, lo presentaremos también en forma de caso práctico. Imaginemos que queremos estudiar una especie en concreto: Camelus, más conocido simplemente como camello. Imaginemos que somos un biólogo que intenta darle una explicación a por qué un camello es como es.

1. Estudio de la biología del ser vivo

El primer paso en un estudio de autoecología es analizar cómo es la especie en cuestión. Esto implica analizar tantos aspectos como sea posible tanto de su morfología como de su fisiología, es decir, de su estructura corporal y del funcionamiento de sus órganos, respectivamente.

Por regla general, debemos quedarnos con aquellas características más únicas de la especie en cuestión, pues serán estas las que más tarde nos permitirán establecer la tan ansiada conexión entre lo biótico y lo abiótico.

Oso polar
Los osos que vivían en ambientes con nieve tuvieron que modificar su pelaje.

Por ello, centrándonos en el camello, debemos estudiar su anatomía y su fisiología, a la espera de encontrar cosas que lo diferencien del resto de animales. En lo que se refiere a anatomía, es bastante evidente que lo que más nos llamará la atención son sus jorobas. Ya tenemos algo por lo que empezar.

Una vez sabemos que las jorobas deben ser importantes, pasamos a analizarlas. No podemos ir con ideas preconcebidas, pues muchas veces los mitos no son ciertos. En este caso, se ha dicho muchas veces que las jorobas son un almacén de agua. Pero como buenos autoecólogos, las estudiaremos y nos daremos cuenta de que eso es tan solo un mito. Con lo que de verdad nos encontraremos son con depósitos de grasa.

Ahora que ya sabemos la naturaleza de las jorobas, que era el rasgo anatómico más característico, debemos empezar a analizar su fisiología, es decir, su funcionamiento interno. Después de exhaustivos estudios, nos daremos cuenta de que la fisiología del camello tiene algo muy curioso. Además de que es capaz de estar mucho tiempo sin beber agua para después ingerir cientos de litros en pocos minutos, vemos que su estómago absorbe esta agua a una velocidad mucho menor a la de la mayoría de seres vivos.

Y no solo eso. Si seguimos analizando y llegamos a estudiar su sistema cardiovascular, nos daremos cuenta de que su sangre tiene una proporción de agua mucho mayor a la de la mayoría de animales.

2. Análisis del ambiente que habita

Ahora que parece estar clara la anatomía y fisiología del camello y que, por lo tanto, el factor biótico está bien analizado, el autoecólogo debe pasar a estudiar los componentes abióticos. Esto significa que vamos a ver cómo es el hábitat que, normalmente, habita esta especie. Ahora ya no importa cómo es el animal (o la planta, la bacteria o el hongo, dependiendo de qué ser vivo se trata), sino cómo es el ecosistema en el que se encuentra.

Por lo tanto, ahora es el momento de analizar los factores físicos, químicos y geológicos (los biológicos no importan porque, recordemos, no estamos haciendo un estudio de sinecología) de su hábitat. Y lo primero que debemos tomar en consideración es que los camellos suelen habitar climas desérticos. Pero el “suelen” no nos vale. Debemos saber exactamente el hábitat de nuestro camello.

Cactus
Viviendo en climas desérticos, los cactus han tenido que desarrollar mecanismos para almacenar agua.

Imaginemos que nuestro ejemplar procede de los desiertos de Marruecos. A partir de ahora, lo único que nos importa es cómo es a nivel fisicoquímico y geológico ese desierto. Por lo tanto, nuestro estudio deja de ser de biología para pasar a ser de climatología.

Nuestro objetivo es ir en busca, de forma similar a lo que hacíamos con el camello, de condiciones climáticas y geológicas más características y/o extremas y que, por lo tanto, más vayan a determinar la vida en ese hábitat.

Estudiando las condiciones climáticas de los desiertos de Marruecos veremos que, como ya sabíamos (no siempre las conclusiones son tan obvias), los factores más limitantes es la baja disponibilidad de agua, la escasez de nutrientes y las altas temperaturas.

3. Deducción de las adaptaciones

Ahora que ya tenemos los factores bióticos y abióticos más representativos del camello y de los desiertos que habita, respectivamente, ha llegado el momento de unirlos. Es en la consolidación de este puente que radica la razón de existir de la autoecología.

La última fase de un estudio de esta disciplina se basa en establecer la relación entre la anatomía y fisiología de la especie y las características físicas, químicas y geológicas del ambiente que habita. De nada sirve encontrar aspectos únicos en una especie si no sabemos revelar el por qué de su existencia.

Y como ya nos dijo Darwin, la evolución de las especies se basa en la adaptación morfológica y fisiológica a unos parámetros ambientales limitantes. Dicho de otra manera: las características más beneficiosas serán premiadas por la evolución, haciendo que ese organismo portador de la mutación (los errores genéticos suceden al azar y pueden dar lugar a órganos o estructuras biológicas más adaptadas al ambiente) tenga más posibilidades de sobrevivir, de reproducirse y, por lo tanto, dejar descendencia que tenga sus características; lo que explica que, a lo largo de millones de años, la especie se haya quedado (y haya ido mejorando) con esas características.

Por lo tanto, es muy posible que las características diferenciales que hemos visto en el camello (las jorobas, la lenta absorción de agua en el estómago y el inusual elevado contenido acuoso en la sangre) respondan directamente a esta necesidad de adaptación al ambiente, donde hay condiciones limitantes (poca comida, altas temperaturas y escasez de agua).

Un autoecólogo, pues, relacionaría cada factor ambiental con una característica del camello. Es decir, hay que intentar encontrar qué sentido tienen esas propiedades anatómicas y fisiológicas dando por hecho que existen porque suponen una mejor adaptación al medio.

Llegados a este punto, podemos llegar a la conclusión de que las reservas de grasa en la joroba sirven para que el camello tenga reservas de energía que pueda consumir cuando lo necesite, pues tendrá que pasar largas épocas sin comer. Ya hemos relacionado un factor biótico con otro abiótico.

En lo que se refiere a altas temperaturas, la respuesta podemos encontrarla también en las jorobas. Y es que acumular toda la grasa corporal en ellas hace que el resto del cuerpo quede libre de acumulaciones de grasa, por lo que es más fácil disipar el calor.

Y por último, el problema del agua. Los camellos pasan largas épocas sin beber agua, pero, ¿cómo pueden hacerlo? De nuevo, tenemos que irnos a observar su fisiología. Recordándola, podemos llegar a la conclusión de que al absorber muy lentamente el agua en el estómago y aumentando la cantidad de agua en la sangre, pueden tanto ir consumiéndola despacio como almacenarla en el torrente sanguíneo. Esto explica que no necesiten beber con frecuencia y que puedan ingerir cientos de litros cuando llega la ocasión, pues no malgastarán ni una sola molécula de agua.

Camuflaje
Un asombroso ejemplo de hasta qué punto llega la relación entre un animal y el ambiente que habita.

Como vemos, la autoecología se basa en encontrar aspectos únicos de una especie para después deducir la razón de su existencia, entendiendo su presencia como una forma de adaptarse a un medio en concreto que obliga a la especie a dar lo mejor de sí misma.

Referencias bibliográficas

  • Racevska, E. (2018) “Natural Selection”. Oxford University.
  • Ward, D. (2008) “Morphological, physiological, and behavioural adaptations of desert animals to the abiotic environment”. The Biology of Deserts.
  • Seseña Rengel, A., Guzmán Álvarez, J.R., Venegas Troncoso, J. (2017) “Autoecología de las principales especies de Eucalyptus en Andalucía”. VII Congreso Forestal Español
  • Bandt Schmidt, C.J., Bustillos, J., Duran Riveroll, L.M., López Cortés, D.J. (2016) “Autoecología de microalgas nocivas aisladas del Golfo de California”. Red tematica de CONACyT RedFAN
  • Liira, J., Triisberg Uljas, T., Karofeld, E. et al (2019) “Does the autecology of core species reflect the synecology of functional groups during the assembly of vegetation in abandoned extracted peatlands?”. Mires and Peat.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.