Ciencia

¿Por qué bostezamos? Causas y funciones del bostezo

Un ser humano bosteza a lo largo de su vida unas 250.000 veces, así que debe tener claramente una función. Descubre con nosotros cuál es.
Por qué bostezamos

El bostezo es una de las conductas humanas más comunes pero menos comprendidas. Se trata de un fenómeno motor, el cual es originado en el tallo cerebral (que comprende al mesencéfalo, la protuberancia anular y el bulbo raquídeo) y se asocia a una sensación de bienestar inmediato en humanos.

Además, esta conducta es filogenéticamente antigua y no exclusiva de humanos. Sin ir más lejos, estudios han demostrado que está presente en los 5 grupos de vertebrados y, por tanto, se asume que tiene funciones adaptativas. Aunque no lo parezca, peces, serpientes, tortugas, lagartos, cocodrilos, aves y prácticamente todos los mamíferos bostezan. La regla general es la siguiente: si el ser vivo tiene columna vertebral, seguramente bosteza de forma asidua.

Así pues, se trata de un reflejo natural y universalmente conocido, pero muy poco explicado. A lo largo de nuestra existencia, un ser humano normal “bosteza” entorno a 250.000 veces, así que claramente tiene que cumplir una función fisiológica, ¿no? En las siguientes líneas nos vamos a mover entre teorías y no afirmaciones, pero no por ello deja de ser interesante tratar de dilucidar las causas y funciones del bostezo. Acompáñanos en este camino.

¿Qué es el bostezo?

El gesto de bostezar se define como una inhalación profunda con la boca abierta, seguida de una exhalación lenta, que puede presentarse sola o acompañada de una serie de estiramientos casi inconscientes de las extremidades. Se ha descrito en etapas tan tempranas como la semana 12 de vida dentro del útero, y permanece con nosotros hasta el momento de la muerte.

En 1873, el conocido biólogo y aventurero Charles Darwin describió el bostezo por primera vez, pero no fue hasta el año 1958 cuando se estandarizó un poco el mecanismo de este reflejo fisiológico. Investigadores dividen el acto de bostezar en las siguientes 3 fases, que duran en su conjunto unos 4-7 segundos:

  • Fase I: se caracteriza por una apertura lenta y progresiva de la boca. No solo eso, sino que también se expande el tórax, la faringe y la laringe y se deprime el diafragma.
  • Fase II: se caracteriza por el máximo punto de apertura bucal. Se contraen los músculos dilatadores de labios y párpados (entre otros muchos), lo que provoca el cierre de los ojos. Aquí se produce la secreción de saliva y lágrimas.
  • Fase III: la inspiración cede súbitamente. Le sucede una espiración lenta y ruidosa, con un relajamiento de todos los músculos previamente contraídos y una vuelta a la normalidad.

Si bien la apertura de la boca y la inspiración profunda ocurren en otros escenarios respiratorios, el bostezo es único, pues solo aquí hay una expansión marcada de la faringe (3 o 4 veces más de lo normal). Además, el descenso del hueso hioides y la dilatación de la glotis alcanzan durante este reflejo casi su punto fisiológico máximo, algo que no se observa en prácticamente ninguna otra ocasión.

Todos los bostezos son prácticamente iguales en lo que a anatomía y mecánica se refiere, pero su forma y duración pueden diferir entre órdenes, géneros, especies e incluso individuos. El proceso general dura de 8 a 10 segundos, si bien acepta un margen de 3,5 segundos hacia arriba o abajo.

Bostezo

¿Gesto, reflejo o pauta?

Sabemos que hemos descrito al bostezo como un “gesto” o “reflejo”, pero debes tener en cuenta que esto lo hacemos únicamente con fines divulgativos, pues desde un punto de vista estricto y etológico se trata de una “pauta de acción fija”. Este término define a una respuesta innata (instintiva) altamente estereotipada que se desencadena a partir de un estímulo bien definido. Una vez que se inicia, se despliega por completo, sin interrupción, y depende del estado de motivación del individuo.

No se puede bostezar a medias, y por ello es prácticamente imposible contener las ganas de hacerlo cuando sentimos que “lo necesitamos” o al ver a alguien bostezando. De todas formas, si el individuo siente algún dolor fisiológico que comprometa a alguna de las estructuras implicadas, el proceso puede durar menos de lo normal.

¿Cuáles son las causas y funciones de un bostezo?

Te hemos contado los hechos inalienables: a partir de ahora, entramos en terreno hipotético. A continuación, te presentamos unas cuantas posibles explicaciones que podrían justificar la existencia del bostezo, pero desde luego, no son dogmas irrefutables ni mucho menos. Vamos a ello.

1. Hipótesis del estado de conciencia y vigilia

Es una de las teorías más aceptadas hoy en día. En principio, se fundamenta en que la finalidad última del bostezo es mantener el estado de vigilia y alerta en el individuo. El hecho de bostezar estimula mecánicamente a la arteria carótida, principal suministro de sangre al cerebro en cada plano corporal.

Al moverse la musculatura implicada en el mecanismo del bostezo, se comprime el bulbo carotídeo (situado en la la bifurcación de la arteria carótida común), lo que se traduce a nivel cerebral en la liberación de ciertos compuestos de naturaleza hormonal. Entre ellos, destacan las catecolaminas, sobre todo la dopamina. Sin duda, la secreción de estos compuestos al torrente sanguíneo podrían ayudar a activarnos en momentos de cansancio cuando nos quedan cosas por hacer y no podemos dormirnos.

2. Hipótesis del enfriamiento cerebral

Cuando la temperatura del cerebro aumenta, los seres humanos nos sentimos más cansados, torpes y adormecidos. En base a esta premisa, se plantea que la inspiración profunda que acompaña al bostezo podría modificar la temperatura de la sangre venosa (mediante drenajes complejos que se escapan a las competencias de este espacio).

Estos movimientos de sangre propiciados por el bostezo podrían suponer una suerte de “radiador” interno, pues el acto en sí mismo remueve la sangre hipertérmica e introduce sangre arterial más fría al cerebro, ayudando así al individuo a reducir un poco su estado de cansancio y estupor.

Enfriamiento cerebro

3. Hipótesis de la modificación de los niveles de O2 y CO2 en sangre

Quizá esta te parezca la hipótesis con más sentido, pero sigue leyendo hasta el final. Históricamente, se ha postulado que el bostezo nos ayudaría a aumentar la cantidad de oxígeno en sangre, pues al fin y al cabo estamos inspirando una gran bocanada de aire que no obtendríamos de manera tan rápida mediante ciclos respiratorios normales por la nariz.

Así, paralelamente, al bostezar se incrementaría la concentración de O2 disuelto en sangre y disminuiría la de CO2. Esta postulación tendría sentido, pero se ha demostrado que no existe una correlación clara entre el porcentaje de oxígeno ambiental y el número de bostezos emitidos por un ser vivo. Si bostezar ayudara a los animales a oxigenar su sangre, estos lo harían más a menudo en ambientes pobres en oxígeno. Esto no es así.

4. Otras hipótesis

A modo de “cajón de sastre”, te mostramos algunas de las posibles causas finales del fenómeno del bostezo, pero te adelantamos que muchas de ellas se han desestimado o abandonado en el proceso de investigación por falta de resultados concluyentes.

Por ejemplo, algunos pensadores han sugerido que el bostezo es una especie de “herencia” comportamental de nuestros ancestros. Los anfibios primigenios que luego pisaron la Tierra estaban provistos de branquias, así que puede que esta pauta de acción fija sea un análogo a la respiración branquial que realizaban estos seres ancestrales. Según esta línea de pensamiento, bostezar no es más que un vestigio evolutivo, así que no tiene porqué tener una función real.

Otros pensadores argumentan que esta pauta es vestigial, pero en este caso, heredada de antepasados mucho más cercanos. Quizá el bostezo era un método de comunicación esencial en los primates que nos precedían y a día de hoy es un mero retazo de esa condición silvestre, pero, de nuevo, no se ha demostrado que en animales esto tenga un claro sentido cultural o de comunicación. En este punto, solo queda elucubrar.

Resumen

¿Quién iba a decir que un acto tan innato como el bostezar iba a esconder tantas incógnitas? Esta pauta de acción fija es un verdadero rompecabezas en el mundo de la ciencia y etología, pues la llevamos a cabo continuamente, pero no sabemos por qué. Paradójicamente, el bostezo nos define como animales, pero nosotros no somos capaces de definirlo a él.

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