Los 10 piercings más dolorosos que existen (y por qué duelen tanto)

Un piercing es un adorno metálico que se inserta tras perforar alguna parte del cuerpo. Antaño esta práctica ha sido parte del folclore de muchas culturas, aunque hoy es un accesorio de moda cuya realización no está exenta de dolor.

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Utilizamos la palabra piercing prestada del inglés para referirnos a esa curiosa práctica que consiste en perforar partes de la anatomía humana para insertar piezas y adornos metálicos. Esta peculiar forma de decoración del cuerpo humano tiene una larga historia, ya que los piercings comenzaron siendo utilizados como símbolos tribales.

A día de hoy el empleo de este procedimiento es algo universalmente extendido. Aunque inicialmente el uso de los piercings era algo propio de ciertos grupos como las tribus urbanas, en occidente su popularización ha llevado a que prácticamente cualquier persona pueda optar por recurrir a este accesorio.

La historia de los piercings

En general, podemos diferenciar entre dos tipos de piercings según el motivo de la perforación. Por un lado, existen los que tienen una connotación cultural o religiosa, que son parte de la tradición de muchas culturas. Esto es especialmente habitual en los países orientales, donde el perforado del cuerpo sirve como ritual de pertenencia o aumento del estatus dentro del grupo social.

Originalmente, se cree que los esquimales fueron los primeros en comenzar a emplear los perforados, que ellos llamaban labrets, en aquellos adolescentes que pasaban a ser reconocidos como adultos capaces de salir a la caza con los mayores. Hoy en día se conocen muchos más grupos que emplean los piercings como parte de su folclore. Ejemplo de ello son los Masai, cuyas mujeres utilizan discos labiales, o los guerreros de la tribu Pokot, que atraviesan su tabique nasal con elementos de los árboles.

En el caso de occidente, la perforación se ha limitado tradicionalmente a practicar un agujero en cada lóbulo de las orejas a las niñas, para que estas pudieran portar joyería. Sin embargo, a lo largo del siglo XXI esto ha cambiado y se han comenzado a realizar perforaciones en otras partes del cuerpo, dando lugar a lo que hoy conocemos como piercings y que, lejos de ser un símbolo cultural o étnico, es considerado un accesorio de moda. Si estás dudando si realizarte o no un piercing, en este artículo vamos a conocer los diez más dolorosos que existen para que tú mismo puedas valorar si te compensa pasar un mal rato.

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¿Cómo se realiza un piercing?

Realizar un piercing requiere unos cuidados higiénicos mínimos para prevenir la aparición de infecciones o problemas mayores. Por este motivo, esta práctica debe ser realizada por un profesional que cuente con los conocimientos y el material adecuado. En primer lugar, se debe marcar la zona a perforar, para a continuación atravesarla con ayuda de una aguja.

En algunas zonas en las que hay elevada sensibilidad se puede emplear anestesia local, aplicando hielo o sprays de benzocaína, aunque estos son medios que solo adormecen la zona superficialmente. Está contraindicado consumir analgésicos antes de la perforación, ya que estos fármacos pueden dificultar el proceso de coagulación de la sangre y, por ende, retrasar la curación.

Generalmente, la perforación es molesta pero no insoportable, ya que es un dolor rápido y breve. No obstante, la intensidad de la molestia dependerá del umbral de dolor de cada persona y del área donde se realice el piercing. Lo más importante cuando se realiza una perforación es que esta se lleve a cabo con material esterilizado y guantes quirúrgicos, con el fin de evitar la aparición de infecciones y transmisión de enfermedades. Inicialmente, la joya implantada debe ser de titanio, ya que este material es antibacteriano.

Posteriormente, se podrá sustituir este por otros materiales metálicos como el acero o el oro, siempre y cuando estos estén esterilizados y sean aptos para su uso como piercings. Añadido a esto, es aconsejable que la piel esté limpia y desinfectada antes de la perforación. Después de ella, la persona deberá seguir una serie de precauciones como limpiar la zona con jabón neutro diariamente o evitar baños prolongados y exposición al sol. Si todo va correctamente, lo normal es que la curación se produzca pasadas unas cuatro u ocho semanas.

¿Cuáles son los piercings que más duelen?

Ahora que ya hemos comentado cómo se debe realizar un piercing, vamos a comentar los 10 más dolorosos.

1. Septum

Este tipo de piercing es bastante popular. Se realiza en medio de las fosas nasales, al final del cartílago. Esta zona está repleta de terminaciones nerviosas, por lo que sufrir durante su realización es más que habitual.

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2. Príncipe Alberto

Este tipo de piercing es considerado uno de los más dolorosos, ya que consiste en la introducción de una argolla metálica en la parte inferior del glande, una zona altamente sensible en la anatomía masculina. La perforación de este tipo puede ocasionar sangrado, hinchazón e inflamación, acompañado de molestias y dolor.

Los hombres que deciden realizarse este piercing deben saber que es esencial abstenerse de mantener relaciones sexuales durante el mes y medio posterior, aunque el proceso de cicatrización es lento y puede prolongarse alrededor de seis meses. El hombre de este piercing procede del Príncipe Alberto, esposo de la Reina Victoria de Inglaterra, quien se cree se hizo esta perforación en 1825.

3. Nuca

La nuca es una zona en la que quizá no hayas pensado al hablar de piercings. Sin embargo, hay quienes optan por decorar esta zona con un adorno metálico. Lo cierto es que la piel de esta área es gruesa, tirante y carente de grasa, por lo que el proceso se hace mucho más doloroso de lo normal. Añadido a esto, los cuidados posteriores y la cura son más complicados, ya que es una zona que se mueve continuamente y a la que la persona tiene un acceso difícil.

4. Ombligo

Este tipo de piercing es uno de los más populares entre las mujeres. Sin embargo, la zona del ombligo es una de las más sensibles del cuerpo. Añadido a esto, es una parte de la anatomía que no suele manipularse, por lo que el dolor intenso es muy frecuente cuando este se perfora.

5. Tragus o cartílago grueso

Esta zona se sitúa antes del oído, un poco más arriba que el lóbulo de la oreja. Se trata de un área en la que solo hay cartílago de gran grosor, por lo que su perforación se vuelve un proceso altamente molesto al que pocos están dispuestos.

6. Lengua

Este piercing también tuvo su auge de popularidad, especialmente entre los más jóvenes. Sin embargo, es una perforación que puede resultar problemática tanto durante como después del procedimiento. La lengua es una zona de elevada sensibilidad, por lo que el dolor está asegurado durante la realización del piercing. Además, es importante tener en cuenta que la cicatrización será mucho más difícil, ya que al comer y beber la perforación está mucho más expuesta a posibles infecciones.

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7. Pezones

Los piercings en el pezón están asociados con el erotismo y la sensualidad, aunque realizarlos no es en absoluto fácil. Esta zona del cuerpo está caracterizada por su alta sensibilidad, por lo que la perforación puede ser muy dolorosa tanto durante como después de la intervención. El roce de la zona con la ropa cuando está cicatrizando puede ser extremadamente molesto.

8. Párpados

Los piercings en la zona de los párpados quizá no son los más frecuentes, y el motivo puede ser el dolor que generan. La piel del párpado es muy fina y delicada, por lo que perforarla es altamente doloroso. Además, en caso de infección la proximidad con el ojo hace que sea un accesorio poco aconsejable.

9. Campanilla

Este piercing es, evidentemente, solo apto para unos pocos valientes. La campanilla es una zona muy sensible y poco accesible, por lo que te podrás imaginar que la perforación es poco apetecible. No olvidemos que la estimulación de esta estructura no solo es dolorosa, sino que ocasiona reflejo de náuseas y arcadas. Todo ello hace que esta intervención sea muy poco demandada.

10. Ceja

Aunque de los piercings que hemos comentado la ceja es la zona menos dolorosa, no deja de ser una intervención molesta. Se trata de una parte de la casa con poca piel y muchas terminaciones nerviosas, lo que convierte esta perforación en una intervención complicada. Al igual que sucede con el piercing en los párpados, es especialmente peligrosa la aparición de infecciones, debido a la proximidad con el ojo.

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Cuidados posteriores

Con independencia de la zona perforada y el dolor que sientas en el momento de la intervención, es esencial que adoptes una serie de cuidados después de haber realizado tu piercing. Esto permitirá acelerar la cura y evitar infecciones.

  • No toques la perforación: Lo normal es que en tus manos haya suciedad, aunque está sea imperceptible a simple vista. Por esta razón, se recomienda evitar tocar la zona, ya que además mover el piercing solo sirve para hacer más lenta la cicatrización y producir dolor.

  • Limpieza: Es necesario limpiar tu piercing, pero para ello debes utilizar los medios adecuados. El único producto apto para ello es el suero fisiológico, que debes rociar sobre un algodón para limpiar la zona con suavidad.

  • No quitarse el piercing: Es importante tener paciencia, ya que la cicatrización y cura llevan varias semanas. Hasta que esto suceda no debes extraer el piercing de titanio, ya que de lo contrario aumentarás el riesgo de infecciones.

Ante cualquier duda debes consultar con el profesional que ha realizado tu piercing, que sera quien mejor te pueda asesorar respecto a cómo tratar la zona.

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