10 remedios eficaces para las ampollas (prevención, cuidado y tratamiento)

Las ampollas son un mecanismo de protección del cuerpo en el que se forman unos sacos llenos de líquidos en la capa externa de la piel debido a roces, el calor o enfermedades dermatológicas.
Remedios ampollas

No debemos olvidar que la piel no solo es un órgano más del cuerpo, sino que, de hecho, con sus más de dos metros cuadrados de extensión, es el órgano más grande. Actuando como nuestra principal barrera de protección frente a amenazas externas, la piel es esencial para que los patógenos y otros peligros físicos y químicos lleguen a nuestro interior.

Pero no estamos ante una simple armadura. Estamos ante un tejido vivo en el que distintos tipos de células no solo permiten que esta cumpla con sus funciones fisiológicas, sino que esté protegida. La piel, a través de una íntima conexión con el sistema inmunitario, se protege cuando sufre daños. La piel está viva. Y se defiende.

Y es precisamente en este contexto en el que, ante quemaduras, abrasiones, rozaduras o enfermedades dermatológicas pueden aparecer las tan famosas, odiadas y molestas ampollas, unos sacos llenos de líquido que se forman en la capa más externa de la piel, generalmente en manos y pies, como respuesta a una lesión en la misma.

Así pues, en el artículo de hoy y de la mano tanto de nuestro equipo colaborador de dermatólogos como de las más prestigiosas publicaciones científicas, entenderemos exactamente qué son las ampollas, por qué aparecen y, sobre todo, cómo tratarlas y curarlas. Empecemos.

¿Qué son las ampollas y por qué aparecen?

Una ampolla es un saco lleno de líquido que se forma en la capa más externa de la piel, generalmente en manos y pies, aunque puede surgir en cualquier parte del cuerpo, como respuesta a una lesión en la misma. Normalmente, aparecen por quemaduras, rozaduras, abrasiones, incidencia excesiva de rayos solares, enfermedades dermatológicas, etc.

Ya en un nivel más técnico, las ampollas son un mecanismo de defensa del organismo que consiste en una lesión inflamatoria, palpable y circunscrita que consisten en bulas llenas de, además de otros líquidos corporales, líquido linfático. Esta linfa es un líquido incoloro rico en glóbulos blancos, siendo así fundamental como parte de la respuesta inmunitaria.

Este líquido linfático, para proteger al tejido tegumentario interior, se concentra en la epidermis, la capa más externa (y más fina) de la piel, con un espesor promedio de 0,1 milímetros, formando la típica burbuja llena de esta linfa. Todo este proceso de formación de la ampolla tiene el objetivo de reparar un daño producido en la piel.

Un daño que suele deberse a irritación mecánica (lo más típico son los zapatos que rozan), congelaciones, abrasiones, quemaduras solares, fricciones, eccemas, reacciones alérgicas, contacto con plantas venenosas, infecciones víricas (como la varicela), impétigo, quemaduras, epidermólisis bullosa, trastornos autoinmunes, dermatitis atópica, contacto con sustancias químicas irritantes…

De todos modos, como podemos intuir por lo que hemos visto, las ampollas no son algo malo. De hecho, son un mecanismo de la propia piel para reparar sus daños, algo que consigue formando esta burbuja llena de líquido linfático para prevenir infecciones. De ahí que las ampollas no deban eliminarse. Curan por sí solas. Lo que tenemos que hacer (y veremos cómo) es aplicar remedios para mantener la ampolla limpia y acelerar su recuperación.

Ampolla

¿Cómo debe tratarse y curarse una ampolla?

Como bien dicen, más vale prevenir que curar. Por ello, a continuación, además de ver cómo tratar adecuadamente una ampolla, veremos formas de evitar que aparezcan. Así pues, veamos los mejores consejos para prevenir la aparición de las ampollas y para curarlas en caso de que aparezcan pero de una forma saludable para la piel.

1. Utiliza zapatos que te calcen bien

Como hemos dicho, la mayoría de las ampollas aparecen en manos y pies. Y en el caso de los pies, lo más habitual es que surjan por llevar un calzado que roza con la piel. Por ello, el primer consejo para prevenir una de las principales causas es utilizar zapatos que te calcen bien. Además, es importante probar varios calcetines y plantillas diseñados específicamente para evitar que se formen ampollas. Por no hablar de que es esencial que los calcetines protejan toda la zona de contacto zapato-piel.

Zapatos ampollas

2. Usa guantes si trabajas con las manos

Las manos son la segunda gran zona de formación de ampollas, especialmente por la fricción, roce o quemaduras en oficios donde se exigen muchas funciones mecánicas a estas manos. Por ello, es importante que, en caso de que puedas sufrir roces en ellas, trabajes con guantes. Ellos protegerán y será mucho menos probable que se formen ampollas.

3. Protégete de la radiación solar

Las quemaduras solares son una de las principales causas de la formación de ampollas, por lo que una de las formas más importantes de prevención de las mismas es protegiéndonos de la radiación solar. Aun así, cabe destacar que, muchas veces, las ampollas por abrasión solar están ligadas a quemaduras serias, por lo que ante su aparición, lo mejor es acudir al médico, pues es probable que se necesite un tratamiento específico.

4. No rasques la ampolla

Hay veces en las que, ya sea por molestia o picor, tenemos el impulso de rascarnos la ampolla. Esto es algo que no debe hacerse nunca, pues ya no solo es que dañemos la piel y hagamos que la herida tarde más tiempo en sanar, sino que corremos el riesgo de que la ampolla se infecte y, al curar, deje una cicatriz. Por ello, tenemos que evitar rascarnos. Y si (generalmente las ampollas vinculadas a enfermedades dermatológicas) nos es imposible no hacerlo, deberíamos acudir al dermatólogo.

5. No explotes la ampolla

Es muy tentador explotar, de cualquier forma, esa burbuja llena de líquido que tanto nos está molestando. Pero este es uno de los mayores errores que podemos cometer. No solo es que, como hemos dicho, el líquido linfático del interior de la ampolla está protegiendo una herida y acelerando la recuperación de la piel, sino que se incrementa muchísimo el riesgo de infección, pues esa burbuja cerrada pasa a ser una herida abierta.

Además, cuando una ampolla se rompe de forma agresiva, el líquido sale al exterior y se seca en la piel, formándose costras amarillas. Y si esta herida abierta no se cura adecuadamente, aunque la rotura haya sido accidental, es muy probable que se infecte. Por ello, una ampolla nunca debería explotarse. Únicamente si esta es especialmente grande y dolorosa puede contemplarse un drenaje. Pero hablaremos de ello en el último punto, pues realmente es la última alternativa.

Explotar ampolla

6. Cubre la ampolla con un vendaje adhesivo

Para proteger la ampolla, acelerar su recuperación, reducir el riesgo de infección y evitar su rotura (cuyas consecuencias acabamos de analizar en el anterior punto), es muy importante que, especialmente en caso de que se encuentre en una zona donde siga habiendo fricción, cubramos esta ampolla con un vendaje o apósito adhesivo. Puedes encontrarlos fácilmente en cualquier farmacia y son muy recomendados para curar y tratar las ampollas.

7. Explora signos de infección

Como ya hemos ido intuyendo a lo largo del artículo, el único peligro vinculado a una ampolla, más allá de su impacto visual y de sus molestias, es que se infecte. La infección es una complicación que puede surgir si no se siguen los consejos que hemos ido viendo, aunque hay veces que, incluso aplicándolos, es posible que la ampolla se infecte.

En caso de que haya una infección, tendremos que ir al médico para que aborde clínicamente esta situación y reducir así el riesgo no solo de cicatrices, sino de problemas más graves de salud. Por ello, si observas pus (el líquido debería ser incoloro, pues es líquido linfático, pero si hay infección se observará pus, que es de color blanquecino), una inflamación desmedida, enrojecimiento, un dolor que se acentúa con el tiempo y, por supuesto, fiebre, la visita al médico se hace obligada.

8. Lava la ampolla con agua y jabón

Para curar la ampolla y prevenir la infección, es esencial que esta se mantenga limpia. Debemos lavar diariamente la zona con agua templada y jabón para así limpiarla y reducir el riesgo de que se infecte. Eso sí, debemos hacerlo de forma muy suave, pues de lo contrario podemos romperla o dañar la piel. También podemos limpiar la ampolla mediante un hisopo con yodo. Como sea, pero que la zona de la burbuja quede bien limpia para que su recuperación sea más rápida y, en caso de que haya una rotura accidental, el riesgo de infección sea menor.

9. Aplica ungüentos

Después de lavar la ampolla, otra práctica muy recomendable es aplicar ungüentos sobre ella. Existen cremas (incluida la vaselina) que aceleran la recuperación de la herida, protegen mecánicamente la ampolla y reducen el riesgo de infección. Puedes buscar alguno de estos ungüentos en tu farmacia de confianza. Pero eso sí, hay que tener en cuenta que, en caso de que después de su aplicación aparezca una erupción en la piel, debería suspenderse su aplicación.

10. Acude al médico para drenar la ampolla

Último consejo porque realmente debe ser la última alternativa. Un drenaje de la ampolla a manos de un médico se contempla solo en caso de infección, dolor exagerado, tamaño anómalo (más de 2 centímetros), burbuja asociada a quemadura grave, etc. Es decir, una ampolla solo debe drenarse en casos muy puntuales y siempre debe hacerlo un médico. Nosotros, a no ser que tengamos conocimientos en clínica y acceso a material desinfectado, no deberíamos hacerlo nunca.

Pero en casos graves, sí que deberíamos acudir a un médico. Y en un ambiente hospitalario, él procederá a, a través de una punción con aguja estéril y otros procedimientos, drenar el líquido linfático (o pus, si hay infección) para así acelerar la recuperación. Pero en la inmensa mayoría de casos, este drenaje no es necesario. Las ampollas no deben eliminarse ya que son un mecanismo de defensa. Con los cuidados que hemos visto, desaparecen por sí solas pocos días después de su aparición.

Drenar ampolla
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