Botulismo: causas, síntomas y tratamiento

El botulismo es una enfermedad rara pero muy grave causada por la ingesta de toxina botulínica, una sustancia producida por “Clostridium botulinum” que puede producir parálisis muscular y la muerte.

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Una intoxicación alimentaria es una reacción fisiológica patológica producida por la asimilación por vía digestiva de una sustancia química o biológica que, estando presente en un alimento que hemos comido y que por tanto ha entrado en el organismo, actúa como un tóxico produciendo daños más o menos graves en el cuerpo.

En este contexto, las intoxicaciones alimentarias representan urgencias clínicas que surgen cuando la ingesta de un alimento contaminado con toxinas desencadena una alteración en la fisiología del consumidor de carácter dañino. Estas toxinas pueden ser de origen químico (como pesticidas, metales pesados, desinfectantes, etc) o bien de origen biológico.

Las toxinas de origen biológico son aquellas sintetizadas por un ser vivo, pudiendo hablar de micotoxinas (si son producidas por un hongo) o de toxinas bacterianas, en caso de que el microorganismo productor sea una bacteria. En estas intoxicaciones, no es la bacteria la que causa los daños, sino las toxinas que ha producido.

Y seguramente, el ejemplo más famoso sea el botulismo, una intoxicación alimentaria causada por las toxinas sintetizadas por Clostridium botulinum, una bacteria que suele dar problemas especialmente en conservas caseras elaboradas incorrectamente. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, analizaremos las causas, síntomas y tratamiento de esta extraña pero grave enfermedad.

¿Qué es el botulismo?

El botulismo es una enfermedad rara pero muy grave que consiste en una intoxicación alimentaria por ingesta de toxina botulínica, una sustancia producida por Clostridium botulinum que puede inducir el desarrollo de parálisis muscular e incluso la muerte. En este sentido, el botulismo es una toxiinfección causada por la presencia sistémica de una neurotoxina bacteriana conocida como toxina botulínica.

La enfermedad en sí fue descrita por primera vez por Justinus Kerner, médico y poeta alemán, entre 1817 y 1822, que denominó la aflicción como “veneno de salchicha”. Pero no fue hasta 1895 que el catedrático de bacteriología de la Universidad de Gante, Emile Pierre van Ermengem, identificó la bacteria responsable: Clostridium botulinum.

Clostridium botulinum es una bacteria anaerobia que se encuentra de forma natural en suelos y aguas no tratadas. Este microorganismo produce unas esporas capaces de sobrevivir en alimentos contaminados que han sido sometidos a procesos de elaboración incorrectos donde no se han alcanzado las temperaturas suficientes como para destruirlas y/o que han sido almacenados de manera inadecuada.

En estas situaciones, la bacteria, cuando se encuentra en medios poco ácidos o alcalinos, puede sintetizar la toxina botulínica, que representa el veneno más potente del mundo. Es tan letal que basta con 0,00000001 gramos para matar a una persona adulta. Así, su ingesta provoca botulismo, momento en el que la toxina ataca al sistema nervioso, provocando, en el mejor de los casos, extremo dolor y parálisis muscular temporal, aunque en la mayoría de casos, la muerte por asfixia es inevitable.

Se trata de una enfermedad muy rara, pues en Estados Unidos, con una población de 329 millones de habitantes, se reportan apenas unos 110 casos de botulismo por año. Pero teniendo en cuenta su alta tasa de letalidad, que puede llegar a ser del 10% si el tratamiento con antitoxina no llega inmediatamente, es esencial que conozcamos sus bases clínicas.

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Causas del botulismo

El botulismo es una enfermedad que se desarrolla tras la introducción en el organismo de la toxina botulínica producida por Clostridium botulinum, una bacteria que, como hemos dicho, se encuentra en los suelos y aguas no tratadas de todo el mundo. Estas bacterias producen, en situaciones desfavorables, unas esporas que representan una estructura de protección.

En determinadas condiciones estas esporas pueden crecer y producir la toxina, la cual representa el veneno más potente conocido, siendo un neurotóxico que, introducido en el cuerpo, desencadena una patología que conforma un cuadro de botulismo.

Generalmente, la vía alimentaria es la más común para la intoxicación con la toxina boutlínica. Y es que al ingerirla, incluso en cantidades ínfimas (0,00000001 gramos son suficientes para matar a una persona adulta), puede provocar una intoxicación grave. En el botulismo transmitido por alimentos, Clostridium botulinum se reproduce, genera las esporas y produce la toxina en un alimento que está conservado en ambientes de poco oxígeno (donde la bacteria genera esporas), como las conservas caseras.

Hoy en día, el botulismo alimentario tiene su origen casi siempre en alimentos enlatados en casa que son bajos en ácido y/o que no se han elaborado alcanzando las temperaturas suficientes, como las frutas (lo más habitual, por el tema de las mermeladas caseras), verduras o pescado. Aun así, la vía alimentaria, si bien es la más frecuente, no es la única.

La toxina botulínica que desencadena la enfermedad también puede inocularse en el cuerpo a través de una herida. Si Clostridium botulinum ingresa en el torrente sanguíneo por una herida cortante, puede reproducirse y producir las toxinas. En los últimos tiempos, la mayoría de casos se han dado en personas que se inyectan heroína con jeringuillas contaminadas con esporas del hongo.

Sea como sea, la forma más frecuente del botulismo es la infantil, desarrollada en bebés de 2 a 8 meses de edad que ingieren las esporas y, con un sistema inmune más débil, estas empiezan a crecer y producir toxinas en el tracto intestinal. Las vías más comunes es, además de comer tierra que contiene las esporas, la ingesta de miel, motivo por el que no se recomienda su consumo en menores de un año.

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Síntomas

El botulismo es una enfermedad rara pero muy grave. La toxina botulínica es el veneno más potente de la naturaleza, siendo una neurotoxina que ataca al sistema nervioso y que hace que el botulismo tenga una tasa de letalidad de entre el 5% y el 10%. Y ahora que hemos visto cuáles son las causas del desarrollo de este botulismo, vamos a analizar sus síntomas.

En el botulismo alimentario, la sintomatología suele empezar entre 12 y 36 horas después de la ingesta de la toxina, tardando más o menos dependiendo de la cantidad de neurotoxina asimilada. Sea como sea, los síntomas suelen ser los siguientes: dificultad para hablar, problemas para tragar, sensación de boca seca y, por la afectación al sistema nervioso, visión borrosa, problmas para respirar, debilidad facial, caída de los párpados, parálisis muscular generalizada e incluso la muerte por incapacidad para respirar cuando la afectación al control muscular es total.

En el caso del botulismo por herida, si bien la sintomatología es la misma, cabe recalcar que los síntomas pueden tardar hasta 10 días en aparecer y que la herida no tiene por qué mostrarse roja o inflamada, pues no tiene por qué haber una infección local, sino “simplemente” una introducción de la toxina en el torrente sanguíneo.

Es importante también destacar que, si bien en este botulismo por herida puede aparecer, el botulismo no suele cursar con fiebre ni tampoco con aumento de la presión arterial ni de la frecuencia cardíaca, unos rasgos que pueden servir para diferenciar de otras enfermedades.

Por último, señalar que en el botulismo infantil, los síntomas suelen comenzar entre 18 y 36 horas después de la exposición a la toxina y que a los síntomas ya mencionados habría que añadir babeo, irritabilidad, movimientos flojos por debilidad muscular, estreñimiento y dificultad para amamantar.

A pesar de que su letalidad puede llegar a ser del 10%, la mayoría de personas que recieben tratamiento a tiempo suelen sobrevivir. Eso sí, es importante tener en cuenta que la recuperación total puede tomar meses. De nuevo, destacar que la inmensa mayoría de personas que fallecen por botulismo son aquellas que no reciben tratamiento y dejan que los síntomas progresen. Por ello, vamos a analizar cuál es este tratamiento.

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Tratamiento

Debido a que las pruebas para encontrar evidencias de la toxina como análisis de sangre, de heces o de vómitos pueden tardar días en dar resultados, el botulismo suele diagnosticarse con un examen clínico en el que el médico inspecciona los síntomas y pregunta al paciente qué ha comido los últimos días o explora si podría haber asimilado la toxina por una herida.

Si se diagnostica a tiempo, además de inducir el vómito y administrar medicamentos para limpiar el sistema digestivo o extraer el tejido infectado en caso de botulismo por herida, la inyección de antitoxina reduce enormemente el riesgo de complicaciones ya que esta se adhiere a la toxina y evite que dañe el sistema nervioso.

Por desgracia, pese a que con esta terapia el riesgo de muerte es muy bajo, la antitoxina no puede revertir los daños que ya se han hecho. Por ello, aunque los nervios afectados por la toxina botulínica se vayan a regenerar, la recuperación total puede tardar meses en llegar y requerir de fisioterapia para mejorar el habla, la deglución y otras funciones motoras.

Además, en el caso de botulismo por herida, se recomienda la administración de antibióticos, pues hay que asegurarse de que la bacteria sea eliminada del torrente sanguíneo. En el botulismo alimentario, por su parte, se desaconseja, pues precisamente puede acelerar la liberación de toxinas.

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