Enfermedad de Chagas: causas, síntomas y tratamiento

La enfermedad de Chagas es una patología potencialmente mortal causada por “Trypanosoma cruzi”, un parásito que se transmite a los humanos a través de la picadura de un insecto. Un análisis de sus bases clínicas.

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Los parásitos son todos aquellos organismos unicelulares o pluricelulares que, para completar su ciclo de vida, necesitan infectar a otro ser vivo. Son seres incapaces de vivir por sí solos, por lo que establecen una relación con un hospedador al que colonizan provocándole daños más o menos severos que se traducen en la aparición de enfermedades.

Más de 1.400 millones de personas en el mundo albergan en su interior a algún parásito, cosa que nos hace ver que la diversidad de enfermedades causadas por parásitos es inmensa. Y es que los parásitos son un grupo taxonómico muy variado donde no solo tenemos especies del reino animal (como los helmintos y los artrópodos), sino también de un reino menos conocido pero muy importante: el de los protozoos.

Los protozoos son un grupo de organismos eucariotas unicelulares que, a pesar de que hay excepciones, son heterótrofos y se alimentan de otros seres vivos por fagocitosis. Todos los parásitos unicelulares son protozoos. Y aunque hay más de 50.000 especies de protozoos conocidas y la mayoría de ellas son de vida libre, algunas sí que actúan como parásitas del ser humano.

Y entre ellas, hay una que destaca: Trypanosoma cruzi. Un protozoo que se transmite a los humanos a través de la picadura de un insecto y que, una vez en el cuerpo, desarrolla una patología potencialmente mortal conocida como enfermedad de Chagas. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, analizaremos sus causas, síntomas y tratamiento.

¿Qué es la enfermedad de Chagas?

La enfermedad de Chagas es una patología infecciosa potencialmente mortal causada por el parásito Trypanosoma cruzi, un protozoo que se transmite a los humanos a través de la picadura de un insecto que chupa la sangre conocido como triatomino. La enfermedad puede derivar en afecciones severas tanto en el estómago como en el corazón.

Conocida también como tripanosomiasis americana, es una enfermedad parasitaria relativamente común en áreas rurales y de escasos recursos de América Latina, aunque también hay casos en Estados Unidos, generalmente en personas que se infectaron fuera de suelo estadounidense. Se estima que entre 65 y 100 millones de personas viven en regiones con riesgo de infección.

Esto explica que a nivel mundial haya un total de entre 6 y 8 millones de personas afectadas por esta enfermedad, la cual es responsable cada año de unas 50.000 muertes. Como decimos, el parásito llega a los humanos a través de un vector animal, de ahí que se trate de una zoonosis, en concreto un insecto llamado triatomino, que suele morder la cara de las personas y, en caso de estar infectado, dejará excrementos contaminados que pueden introducir el parásito en la circulación sanguínea a través de un corte o si la persona se rasca nariz u ojos.

Una vez el parásito está en el organismo, aparecen una serie de síntomas tales como fiebre, hinchazón de los párpados, aparición de sarpullido, diarrea, dolor de cabeza, fatiga, dolor de cuerpo, pérdida de apetito y vómitos. Pero más allá de esto, el problema es que, sin tratamiento, la infección permanece en el cuerpo y puede derivar en complicaciones graves.

Así, la enfermedad de Chagas puede incrementar el riesgo de sufrir un derrame cerebral, de desarrollar problemas digestivos graves, de tener problemas en el bombeo de sangre en el corazón e incluso de desarrollar arritmias graves que pueden provocar la muerte. De ahí que sea tan importante tratar la infección con medicamentos que maten al parásito.

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Causas y factores de riesgo

La causa de desarrollar la enfermedad de Chagas es sufrir una infección por parte de Trypanosoma cruzi, un parásito protozoo intracelular provisto de un solo flagelo. Se trata, pues, del agente etiológico de la patología, el cual puede infectar a más de 18 especies de triatominos, una subfamilia de insectos del orden de los hemípteros distribuidos principalmente por América.

Cuando uno de estos insectos está infectado por el protozoo (que lo ha adquirido tras picar a una persona infectada, siendo este el cierre del ciclo de vida del parásito) y pica a una persona (para chupar su sangre), generalmente en la cara, los excrementos que deja en la herida contienen el parásito. Y cuando este entra en el torrente sanguíneo de una persona sana por la propia picadura, por una herida o después de rascarse los ojos o la nariz, se produce una infección.

Y una vez en el organismo, los parásitos se multiplican y se propagan. Esta presencia de Trypanosoma cruzi en la sangre (infectando células como parásitos intracelulares que son) es lo que desencadena la enfermedad de Chagas, cuya sintomatología analizaremos más adelante. Porque primero tenemos que seguir indagando en su transmisión.

Es cierto que esta vía es la más común de contagio, pero hay otras: comer alimentos crudos contaminados por heces de insectos infectados, entrar en contacto con animales salvajes infectados (las comadrejas y los mapaches pueden ser vectores también), recibir una transfusión de sangre de una persona infectada, nacer de una madre infectada por el parásito o exponerse al mismo trabajando en un laboratorio.

Aun así, la probabilidad de contagio de esta enfermedad es muy baja a no ser que se cumplan con los siguientes factores de riesgo: vivir en zonas rurales de escasos recursos (teniendo en cuenta que los insectos vectores viven principalmente en “casas” de barro, adobe o paja) de América Central y del Sur y viajar a dichas zonas, aunque como los viajeros suelen hospedarse en hoteles con buenas condiciones, el contagio es muy poco probable.

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Síntomas y complicaciones

La enfermedad de Chagas suele tener una aparición súbita, con unos síntomas que oscilan entre leves y graves dependiendo del estado de salud de la persona. Aun así, como veremos, si bien hay personas que tienen una manifestación aguda de la patología, otras pueden desarrollar una forma crónica de la misma donde hay riesgo de severas complicaciones.

Tras un periodo de incubación de 1-2 semanas, la enfermedad de Chagas cursa con la siguiente sintomatología: fiebre, hinchazón el lugar de la picadura, hinchazón de párpados, aparición de sarpullido, diarrea, dolor de cabeza, fatiga, dolor de cuerpo, pérdida de apetito, vómitos, inflamación de ganglios y agrandamiento del hígado o del bazo.

Esta fase aguda de la patología suele durar entre unas semanas y unos meses y muchas veces no solo es que estos síntomas sean leves, sino que algunos pacientes ni siquiera los manifiestan. Pero incluso en estos casos, hay veces en los que, de no tratar la infección, esta puede derivar en una forma crónica de la misma.

Esta enfermedad de Chagas crónica puede manifestarse hasta 10-20 años después de la fase aguda, en cuyo caso la persona (que quizás puede ni siquiera ser consciente o no recordar haber sufrido una infección inicial aguda), pueden aparecer dificultades para tragar por el agrandamiento del esófago, dolor estomacal, estreñimiento por el agrandamiento del color y, lo que es peor, daños en el corazón.

Y es que la enfermedad de Chagas en su manifestación crónica puede derivar en complicaciones graves que explican que siga siendo responsable de 50.000 fallecimientos anuales. Entre ellas destacan las mayores probabilidades de sufrir un derrame cerebral, de tener problemas en el bombeo de la sangre, de desarrollar arritmias cardíacas graves e incluso insuficiencia cardíaca, la principal complicación potencialmente mortal de la patología.

De ahí que la prevención de esta enfermedad, si se vive o se viaja a zonas rurales pobres de América Latina, especialmente en chozas de barro, adobe o paja, sea tan importante. Colocar redes sobre la cama, usar insecticidas en la vivienda y utilizar repelente de insectos es esencial para reducir el riesgo de que el vector transmita la patología.

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Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la enfermedad de Chagas se realiza con una exploración física y de los factores de riesgo que el paciente pueda cumplir. Un análisis de sangre puede confirmar el diagnóstico, pues permite tanto detectar la presencia del parásito infectando células intracelularmente como los anticuerpos contra el mismo que está generando el sistema inmunitario.

Aun así, en caso de que haya sospechas de que la enfermedad se encuentre en su fase crónica, es posible que se realicen pruebas complementarias para inspeccionar el estado de los órganos que generalmente sufren complicaciones, tales como endoscopias en el esófago, radiografías de abdomen y de tórax, electrocardiogramas y ecocardiogramas.

Una vez diagnosticada la enfermedad, el tratamiento se fundamenta no solo en controlar los síntomas, sino en eliminar el parásito. Así, si se encuentra en su fase aguda, el benznidazol y el nifurtimox pueden curar la enfermedad ya que matan al protozoo. Pero si ha alcanzado la fase crónica, estos medicamentos antiparasitarios no curarán la enfermedad, como mucho pueden ralentizar su progresión.

En este contexto, ante un caso de enfermedad de Chagas crónica, el tratamiento dependerá de las complicaciones que haya desarrollado el paciente, pudiendo ir desde cambios en la dieta si solo hay daños digestivos hasta cirugías cardíacas si hay daños graves en el corazón.

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