Los 5 tipos de hepatitis y sus efectos para la salud

La hepatitis A, B, C, D y E son enfermedades víricas que afectan al hígado, pero, ¿sabemos las diferencias entre ellas? Hoy las comentamos.
Tipos de hepatitis

El hígado es el órgano más grande del cuerpo humano y su correcto funcionamiento es de suma importancia para la salud general de la persona, pues ayuda al organismo a digerir adecuadamente los alimentos, a eliminar toxinas y a almacenar energía.

De todos modos, como cualquier otro órgano, el hígado puede enfermar. Y uno de los trastornos hepáticos más comunes y, a menudo graves, es la hepatitis.

Por hepatitis entendemos toda aquella afección causada por la infección por parte de algún tipo de virus de los tejidos del hígado. Esta colonización vírica provoca una inflamación del mismo, una condición clínica que, en ocasiones, puede derivar en trastornos hepáticos graves como el cáncer de hígado o la cirrosis.

Tanto la gravedad de la hepatitis como su duración, así como las causas, las formas de transmisión de la enfermedad o los síntomas dependen del tipo de virus responsable de su desarrollo. Existen 5 tipos de virus distintos, responsables cada uno de ellos de un tipo concreto de hepatitis: A, B, C, D y E.

En el artículo de hoy veremos las diferencias entre estos tipos de hepatitis, centrándonos en los efectos que tiene cada una de ellas en nuestra salud.

¿Qué complicaciones tiene la hepatitis?

Independientemente del tipo de virus causante, hay algo que todas las formas de hepatitis comparten: las complicaciones para la salud. Cuando el hígado se inflama por culpa de una infección vírica, este no puede trabajar como es debido y, en caso de que la enfermedad no se supere, el daño puede derivar en problemas de salud graves.

Cuando el virus daña los tejidos del hígado, nuestro cuerpo intenta reparar las lesiones. El problema es que esto puede derivar en un exceso de tejido cicatrizado, lo cual provoca que el hígado no pueda llevar a cabo su función. Esto se conoce como cirrosis.

Además, las personas que sufren hepatitis tienen un mayor riesgo de padecer cáncer de hígado, uno de los diez tipos de cáncer más comunes en el mundo del que se diagnostican cada año unos 840.000 nuevos casos.

También, en casos graves, puede derivar en insuficiencia hepática, una condición en la que el hígado deja de funcionar y la única manera de evitar la muerte de la persona es realizar un trasplante.

Y no solo compromete la salud del hígado, pues las personas con hepatitis también pueden padecer enfermedades renales y trastornos del sistema circulatorio, pues es posible que los vasos sanguíneos se inflamen.

¿Qué tipos de hepatitis hay?

Vista la gravedad de las complicaciones que pueden derivar de la hepatitis, es importante conocer cuáles son los principales tipos de virus que pueden infectarnos e inflamar nuestro hígado, pues no todos siguen la misma ruta de transmisión ni nos provocan los mismos síntomas.

A continuación presentamos las características de la hepatitis A, B, C, D y E, los cinco tipos que podemos sufrir.

1. Hepatitis A

La hepatitis A es una forma muy contagiosa de la enfermedad, aunque la mayoría de casos no necesitan tratamiento y la persona suele recuperarse sin daños permanentes en el hígado.

Está causada por un virus que se propaga a través del consumo de agua o alimentos contaminados con el virus. Es decir, sigue una transmisión feco oral: una persona enferma con el virus elimina las partículas víricas en las heces y, si no se siguen medidas higiénicas adecuadas, esta materia fecal puede llegar a la comida y hacer que los virus se depositen en ella.

Los síntomas suelen aparecer después de unas semanas de incubación e incluyen: fatiga, náuseas y vómitos, dolor abdominal, malestar en la zona del abdomen, ictericia (color amarillento de la piel), fiebre baja, picazón intensa, pérdida de apetito, heces de color arcilla, dolor en las articulaciones, orina de color oscuro...

De todos modos, los síntomas de la hepatitis A suelen ser leves y desaparecen en pocas semanas sin necesidad de tratamiento. Solo en casos puntuales causa síntomas graves que duran varios meses.

No existe un tratamiento para curar la hepatitis A, por lo que habrá que esperar a que el cuerpo elimine el virus por sí solo.

2. Hepatitis B

La hepatitis B es una enfermedad más grave que, en ocasiones, puede cronificarse, es decir, durar más de seis meses. Sufrir una inflamación del hígado durante tanto tiempo aumenta mucho el riesgo de padecer las complicaciones que hemos visto anteriormente.

De todos modos, lo más común es que la persona termine recuperándose por completo sin mayores consecuencias para la salud. En este caso, el virus no se transmite por alimentos contaminados con materia fecal de enfermos, sino que sigue otra vía.

El virus de la hepatitis B se transmite entre personas por el contacto directo de fluidos corporales, básicamente sangre y semen. Por ello, la hepatitis B se considera una enfermedad de transmisión sexual, aunque también puede contagiarse por compartir agujas con una persona infectada.

Los síntomas pueden tardar hasta cuatro meses a aparecer después del contagio, aunque a veces pueden surgir a las pocas semanas. La sintomatología es como la de la hepatitis A, pero la diferencia es que aquí el daño al hígado es mayor y más prolongado en el tiempo, cosa que hace que la probabilidad de desarrollar cirrosis, cáncer de hígado e incluso insuficiencia hepática sea más grande.

La mayoría de personas a las que se les diagnostica hepatitis B requerirán de tratamiento de por vida. Los medicamentos antivirales pueden reducir el daño que el virus hace al hígado. De todos modos, es posible que en última instancia, el único tratamiento efectivo sea el trasplante de hígado.

3. Hepatitis C

La hepatitis C es una forma de la enfermedad similar a la hepatitis B, aunque en este caso la transmisión del virus se da únicamente cuando la sangre de una persona infectada entra en el torrente sanguíneo de otra persona sana.

Dado que se hacen controles exhaustivos en las transfusiones de sangre, su incidencia cada vez es menor. De todos modos, es importante vigilar si alguna vez te has inyectado drogas compartiendo jeringuillas o si te has hecho un piercing o un tatuaje en un sitio donde crees que no se respetaron las normas de higiene.

Los síntomas son los mismos que los de la A y la B, aunque aquí hay que añadir la aparición frecuente de hemorragias, la tendencia a surgir hematomas, acumulación de líquido en el abdomen, hinchazón en las piernas e incluso problemas como somnolencia, dificultad para hablar o confusión.

Pese a que no siempre se vuelve crónica, es posible que la enfermedad derive en complicaciones graves como la cirrosis, el cáncer de hígado o la insuficiencia hepática.

El tratamiento consiste en eliminar - en la medida de lo posible - los virus del hígado, cosa que se consigue con algunos medicamentos antivirales. De todos modos, en caso de que la enfermedad progrese demasiado y los fármacos no funcionen, es posible que sea necesario un trasplante de hígado.

4. Hepatitis D

La hepatitis D es una forma poco común de la enfermedad que solo ocasiona síntomas en personas que previamente hayan sido infectadas por el virus de la hepatitis B. El problema del virus de la hepatitis D es que empeora la sintomatología de la hepatitis B.

Además, una de las grandes complicaciones es que los mismos medicamentos que decíamos que eran útiles para tratar la hepatitis B, no sirven para combatir este virus. La terapia consistirá en la administración de un “estimulante” del sistema inmune llamado interferón durante 12 meses. De todos modos, los casos más graves de hepatitis D terminan con la necesidad de realizar un trasplante de hígado.

5. Hepatitis E

La hepatitis E es una forma poco común de la enfermedad, aunque sigue siendo responsable de unas 40.000 muertes cada año, especialmente en países poco desarrollados en los que no disponen de sistemas de potabilización del agua adecuados.

Esto es así ya que el virus, igual que el de la hepatitis A, sigue una transmisión feco oral, contagiándose especialmente por el consumo de agua contaminada con materia fecal de personas infectadas con el virus, aunque también puede hacerlo por ingerir carne poco cocinada que tenga el virus en su superficie.

Los síntomas son los típicos de la hepatitis, aunque hay que añadir la aparición de erupciones en la piel, heces de color claro y un aumento del tamaño del hígado, provocando dolor durante la palpación.

No existe tratamiento específico para curar la hepatitis E, por lo que habrá que esperar a que la enfermedad remita por sí sola. Afortunadamente, el riesgo de que el trastorno se vuelva crónico y surjan complicaciones graves no es demasiado alto y la persona suele superar la enfermedad sin mayores problemas.

¿Cómo prevenir estas formas de hepatitis?

Como hemos visto, todos los tipos de virus de la hepatitis provocan enfermedades que, pese a que en algunos casos haya tratamiento, son difíciles de curar. Además, el riesgo de desarrollar trastornos hepáticos graves que pongan en peligro la vida de la persona existe en todos ellos. Por ello, la mejor estrategia es la prevención.

Y es que la hepatitis, pese a no ser una enfermedad siempre curable, sí que es prevenible. En primer lugar, hay que tener en cuenta la importancia de la vacunación. Actualmente disponemos de vacunas para la hepatitis A y B (e indirectamente la D) que nos hacen inmunes a sufrir estas enfermedades, por lo que es importante vacunarse. Para la hepatitis C y E no hay todavía vacunas, aunque para esta última se está cerca de conseguir una.

En segundo lugar y muy importante, es evitar las conductas de riesgo. Es decir, puedes prevenir la hepatitis A y E vigilando la calidad del agua que bebes y los alimentos que comes. En el caso de la B y la C es importante no tener nunca relaciones sexuales de riesgo y otras circunstancias que puedan hacer que la sangre de una persona infectada entre en contacto con la tuya.

Referencias bibliográficas

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  • Pérez Gracia, M.T., García, M., Suay, B., Lindemann, M.L.M. (2015) “Current Knowledge on Hepatitis E”. Journal of Clinical and Translational Hepatology.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.