Las 4 diferencias entre cerebro masculino y femenino

Te contamos ciertas diferencias morfológicas entre cerebro masculino y femenino. También exploramos cómo interpretar estos datos y la peligrosidad de su enfoque desde una perspectiva errónea.
Diferencias cerebro masculino femenino

Dentro de los universales cognitivos, lingüísticos y emocionales que compartimos todos los individuos de la especie humana, los hombres y las mujeres tienden a mostrar diferencias en la organización funcional del cerebro. El dimorfismo sexual es una realidad en el mundo animal, y por ello, nuestra especie no se libra de ciertas variaciones por sexo.

Para algunos autores estas diferencias explican mucho, mientras que para otros las estructuras y procesos generales son los protagonistas y las características diferenciales quedan en segundo término. Veamos, sin embargo, qué dice la neurobiología de género.

¿Cuáles son las diferencias entre el cerebro de hombres y mujeres?

Estamos ante un tema cuanto menos espinoso, pues las ciencias sociales han instaurado de forma general que lo moral y adecuado es hablar de las diferencias entre hombres y mujeres como un producto único del ambiente sociocultural, pero diversas investigaciones brindan datos que nos hacen pensar que una atribución completamente ambientalista es altamente improbable.

Desde luego, es importantísimo dejar clara una idea antes de comenzar: las diferencias mentales por género son modulares, y por lo tanto, son resultado de una serie de sistemas complejos altamente especializados e interconectados. En ninguna realidad una variación cerebral por género explicará cualquier afirmación machista, vejatoria o que justifique una conducta no moral por parte de ningún individuo. Una vez esclarecido esto, sumerjámonos en el mundo de las 4 diferencias entre cerebro masculino y femenino.

El cerebro humano, un órgano de apenas 1,4 kilos, contiene en su interior una red nerviosa compuesta por más de cien mil millones de neuronas. Desde luego, cuantificar y explicar de forma exacta la funcionalidad de nuestra materia gris es una tarea que requiere de muchos más años de investigación y del refinamiento de las técnicas actuales.

A pesar de ello, podemos mostrarte algunas diferencias anatómicas y neuroquímicas entre hombres y mujeres que han sido demostradas, al menos en los grupos muestrales analizados. Quédate hasta el final, pues existen ciertas reflexiones muy necesarias que acotar con respecto al tema.

1. Lateralidad

Un metaanálisis demostró que, en general, los hombres tienen más desarrollado el hemisferio cerebral izquierdo y las mujeres, el derecho. Esto podría explicar el hecho de que exista una mayor proporción de zurdos en la población masculina, pero estamos ante una hipótesis que aún no ha podido ser constatada.

Por ejemplo, una mejor capacidad lingüística general por parte de las mujeres y un desarrollo más óptimo en un espacio tridimensional en los hombres podría deberse a esta lateralidad cerebral. Recalcamos el "podría", pues nos movemos ante hipótesis que no pueden comprobarse en su totalidad, y que, sobre todo, presentan un peligroso potencial: justificar la variación individual por un carácter fisiológico es un arma de doble filo, ya que desechamos por el camino el aprendizaje del individuo, valores socioculturales y otros muchos factores esenciales.

2. Tamaño de la amígdala y el hipocampo

Una diferencia real e incontestable es que el volumen cerebral del género masculino es más alto que el femenino, pues de media es de un 8-13 % más grande en varones. Esto no se ha podido correlacionar en ningún caso con variaciones en la inteligencia individual, así que no se trata de nada más que una diferencia fisiológica. Es posible que los hombres tengan el cerebro más grande porque posiblemente son más voluminosos (de media) en un conjunto morfológico.

Se han intentado registrar variaciones entre el tamaño de la amígdala y el hipocampo entre hombres y mujeres. Por ejemplo, estudios mostraron que la amígdala de los varones era un 10 % mayor. Estos resultados se han demostrado equívocos a un nivel práctico, pues si se factoriza un mayor volumen cerebral en el género masculino a la hora de calcular las proporciones, esta diferencia significativa desaparece.

Hipocampo amígdala

3. Materia gris y materia blanca

Estudios neurológicos han demostrado que, en general, los hombres tienen 6,5 veces más cantidades de materia gris que las mujeres. Por su parte, el sexo femenino presenta una densidad de materia blanca 10 veces superior a la de los hombres. De forma simplificada, podríamos decir que la materia gris representa el procesamiento de información, mientras que la blanca permite la transmisión y comunicación entre los centros de procesamiento de dicha información.

Según Rex Jung, neuropsicólogo y coautor del estudio que reportó los datos brindados, esto podría indicar que el género masculino presenta más facilidad para tareas que requieren procesamientos locales, mientras que las mujeres excederían en procesos de integración y asimilación de procesos más “repartidos” por el cerebro.

Estos dos diferentes caminos neurológicos tendrían el mismo fin: una capacidad cognitiva efectiva y común. Por ello, no es de extrañar que no se observen diferencias significativas en la inteligencia entre hombres y mujeres. Distintos mecanismos, pero mismo resultado.

4. Diferencias neuroquímicas

Aunque nos hemos dejado algunas variaciones morfológicas por el camino, es necesario que exploremos el mundo de las hormonas para encontrar otras diferencias esenciales. Las variaciones debidas a concentraciones de andrógenos y estrógenos se representan de diversas formas si observamos el concepto de género desde un punto de vista binario. Por ello, no es de extrañar que estas sustancias también codifiquen, hasta cierto punto, algunos procesos cerebrales.

Por ejemplo, el estradiol (un estrógeno, la hormona sexual más importante de la mujer) influye en la función cognitiva, concretamente mejorando la memoria y el aprendizaje de una manera sensible a la dosis. Por otro lado, un exceso de estrógeno puede tener efectos negativos sobre la realización de tareas cotidianas y la memoria, por lo que estos desajustes hormonales pueden afectar a la capacidad cognitiva femenina en ciertos momentos.

En lo que a los hombres se refiere, la testosterona (hormona con efectos claramente más demostrables en varones desde un punto de vista bioquímico) ejerce efectos organizativos sobre el cerebro del desarrollo. Por otra parte, un aumento anormal de la concentración de progesterona en varones (típicamente sintetizada en la mujer pero también presente en hombres) se ha correlacionado, en adolescentes, con la tendencia al suicidio.

Todos estos datos son lo que son: hechos bioquímicos documentados. Explicar una tendencia general poblacional en base a estos datos es imposible, y en todo caso, un error, ya que el ser humano es un ente propio influido por muchos más factores que la química que lo condiciona. Este pequeño paréntesis nos lleva, de hecho, a una importante reflexión final.

La peligrosidad del neurosexismo

Una publicación reciente en la revista Nature evidencia lo innegable: los estudios enfocados a las diferencias entre cerebro masculino y femenino han estado sesgados en toda su historia por interpretaciones incorrectas, preferencialidad a la hora de su publicación, poder estadístico bajo y otras prácticas de índole dudosa.

Por ello, esta misma publicación recupera datos que desmontan muchas de las teorías aquí expuestas. La única realidad es que, hasta ahora, ningún estudio ha conseguido encontrar diferencias decisivas y categóricas entre los cerebros de hombres y mujeres. Como ya hemos dicho, pueden registrarse diferencias morfológicas, pero no son más que eso, a menos que se demuestre lo contrario. Las diferencias cerebrales no hacen que los hombres sean mejores que las mujeres, ni viceversa.

El mensaje central de este tipo de argumentos que tratan de desmontar la diferencia cerebral entre comportamientos de hombres y mujeres se resume en lo siguiente: una sociedad con sesgo de género describe un cerebro con sesgo de género. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que los resultados científicos, por muy sujetos que estén al mundo matemático, deben ser interpretados por el que los registra, algo que deja un terreno bastante amplio a la interpretación y especulación.

Por último, y aunque incurramos en un tema que hoy no nos atañe del todo, es necesario acotar que el concepto de “género” se encuentra en un proceso de reestructuración tanto social como biológica, pues una concepción binaria del mismo puede ser ciertamente excluyente para las personas que no se autoperciben como hombres o mujeres. Este tipo de estudios de índole neurológica, si bien pueden ayudar a comprender el funcionamiento general de la mente humana, han de ser tomados con precaución y desde un prisma analítico.

Resumen

¿Qué sacamos de todo esto? Desde luego, podemos afirmar que existen variaciones morfológicas y fisiológicas entre el cerebro masculino y femenino, pero más allá de volúmenes, composiciones de tejidos y efectos hormonales, poco más se puede dilucidar. Quizá hayamos pecado de repetitivos, pero es una realidad evidente que este tipo de datos pueden ser utilizados de forma errónea si no se les otorga un valor meramente anecdótico o de conocimiento basal.

Explicar el comportamiento de un hombre o una mujer únicamente en base a su estructura cerebral es una práctica reduccionista y errónea, pues el individuo (independientemente de su género) es producto de sus características físicas, emocionales, cognitivas y su entorno. Somos un todo que va mucho más allá de la suma de nuestras partes.

Referencias bibliográficas

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  • Intelligence In Men And Women Is A Gray And White Matter, Sciencedaily. Recogido a 7 de octubre en https://www.sciencedaily.com/releases/2005/01/050121100142.htm#:~:text=In%20general%2C%20men%20have%20approximately,related%20to%20intelligence%20than%20men.
  • Neurosexism: the myth that men and women have different brains, Revista Nature. Recogido a 7 de octubre en https://www.nature.com/articles/d41586-019-00677-x
Samuel Antonio Sánchez Amador

Samuel Antonio Sánchez Amador

Biólogo y divulgador científico

Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su trayectoria profesional, permaneció dos años en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en el departamento de biología evolutiva, donde realizó estudios genéticos y poblacionales en pequeños mamíferos. Esto le otorgó amplio conocimiento en cuestiones de heredabilidad, genes y patrones filogenéticos diversos. Desde febrero del año 2020 se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando temas tanto de índole científica basal como salud humana y bienestar animal.