La química del enamoramiento: ¿cuáles son sus claves neurobiológicas?

Detrás del enamoramiento hay un tsunami bioquímico que hace de mediador de algo tan especial y genuino como el amor. Veamos la química detrás de las mariposas en el estómago.
Química enamoramiento

Protagonista de infinidad de canciones, películas y relatos, el amor puede llegar a mover mares. Cuando nos enamoramos podemos llegar a perder el mundo de vista y a veces puede resultar hasta peligroso. Pero, ¿qué hay detrás de todas estas emociones? ¿Es el amor tan ciego como nos dicen?

La química del amor es algo muy genuino y auténtico, pues cada emoción está mediada por un neurotransmisor concreto, un componente químico que el cerebro liberará en base a una determinada serie de estímulos y factores más o menos conscientes.

Nos guste o no, pueden llevar a dominar parte de nuestras acciones. Por este motivo, también es importante ser conscientes de ello y romper con la creencias de que ante el enamoramiento nada se puede hacer. Al fin y al cabo, somos seres racionales y podemos utilizar la razón para escoger aquello que más nos conviene.

Pero hoy no hablaremos de la razón, justo lo contrario: hoy hablaremos de la química del enamoramiento, de todo aquello que hay detrás del amor que nos resulta tan incontrolable y que nos hace sonreír a diario.

Neurología y amor: ¿cómo se relacionan?

Dicen que el enamoramiento surge de la atracción, pero, ¿qué es exactamente lo que nos atrae de las otras personas? A veces no podemos contestar a esta pregunta, simplemente alguien nos gusta y ya está. Parece que en estos estadios iniciales nos dejamos guiar por las feromonas y las hormonas sexuales, las cuales son las encargadas de que desees a alguien en especial.

Se ha visto que nos sentimos atraídos por aquellas personas con sistemas inmunitarios diferentes al nuestro, y es su olor, del que no somos conscientes, el que guía este proceso. Estas proteínas tienen una función muy concreta en nuestro organismo ya que desencadenan la función defensiva y nos informan (inconscientemente) de la capacidad de tener descendientes sanos e inmunológicamente fuertes.

Sencillamente, nuestro sistema inmunitario compara estos fragmentos con los suyos y favorece la atracción sexual hacia las personas que los tengan diferentes. De esta manera, se combinan los genes de ambos progenitores y se aumenta la diversidad, lo cual se traduce en una descendencia más resistente a posibles enfermedades.

Enamoramiento

¿Cómo hace la química que nos enamoremos?

El corazón te late fuerte y te sudan las manos. En tu cabeza suena la canción de “Así fue” de Isabel Pantoja y te vas repitiendo a ti mismo que te has enamorado. Así, sin darte cuenta, tus pensamientos solo giran alrededor de la persona amada. Pero, ¿a qué se deben estas sensaciones? Tranquilo, no te has vuelto loco, es la norepinefrina haciendo de las suyas. La norprefina nos da un chute de adrenalina, que hace que el corazón te lata precisamente más rápido, aumente tu presión arterial y te ruborices.

La adrenalina nos hace sentir tal sensación de alegría, efusividad y nerviosismo que puede llegar a desactivar las sensaciones de hambre y de sueño y nos impide pensar con claridad. Veamos qué pasa, a nivel de sistema nervioso, cuando nos enamoramos.

1. Aumento en los niveles de feniletilamina

Ahora que el enamoramiento está más avanzando, entra en juego una sustancia que inunda tu cuerpo y te domina por completo: la feniletilamina. Un neurotransmisor que comparte muchas similitudes con las anfetaminas y que, combinado con la dopamina y la serotonina, hace del amor un cóctel que nos hace sentir optimistas, motivados e increíblemente felices. Es un compuesto orgánico que intensifica todas nuestras emociones.

El chocolate es un alimento famoso por poseer altos niveles de esta sustancia y por eso es tan típico darse un atracón de chocolate después de una ruptura.

Feniletilamina
Estructura química de la feniletilamina.

2. Estimulación de la adicción

Una vez se ha establecido el primer contacto, si se produce atracción sexual se disparan los niveles de dopamina y oxitocina, lo que producen las sensaciones físicas y anímicas tan típicas del enamoramiento, como el nudo en el estómago y la garganta, un incremento en la resistencia física y en la capacidad para asumir riesgos y una disminución de la sensación de miedo ante peligros potenciales.

La dopamina es ese componente biológico que nos “enciende” y está relacionada esencialmente con el placer y la euforia. Hay personas que se convierten de pronto en el objeto de todas nuestras motivaciones de forma instintiva y estar con ellas nos genera un increíble bienestar. No es extraño que la dopamina está involucrada en estos comportamientos, pues la dopamina está estrechamente relacionada con el sistema de recompensa cerebral, la motivación, la regulación de emociones y el deseo sexual.

En consecuencia, cuando nos sentimos atraídos por alguien, se produce la liberación de este neurotransmisor que acaba afectando a cuatro puntos del cerebro: el núcleo, el septum, la amígdala y la corteza prefrontal. Cuando estas partes se conectan activan el hipotálamo, el encargado de regular las emociones. Por este motivo, la liberación de dopamina en grandes cantidades, provoca que cuando estamos con la persona que amamos, nos inunda una profunda sensación de bienestar y euforia.

Y por los que digan que el amor es una droga, no están mal encaminados, pues el mecanismo de acción de algunas sustancias como la cocaína, la nicotina y las anfetaminas activan los mismos sistemas de dopamina.

Seguramente alguna vez habréis experimentado esta necesidad de estar al lado de vuestra pareja. El enamoramiento nos hace más selectivos y parece ser que es la dopamina las que nos hace focalizarnos en alguien en particular.

3. La oxitocina nos une a nuestra pareja

Ahora que ya hemos mencionado los neuromoduladores que guían la etapa más pasional del enamoramiento, cuando nuestro cerebro se calma y es capaz de volver a coger las riendas, entran en juego otras sustancias orientadas al compromiso y a la estabilidad.

Los expertos indican que la oxitocina, es la hormona que ayuda a forjar lazos entre los amantes tras la primera oleada de emoción. Se libera con el contacto físico, especialmente durante el orgasmo, pero no solo se libera en este momento, sino que también cuando nos cogemos de la mano, nos abrazamos o nos besamos. Sin embargo, nuestra imaginación es muy poderosa y las expectativas que nos creamos actúan como forma de contacto y hacen que liberamos más oxitocina, provocando los mismos resultados aunque estemos lejos de aquella persona, haciéndonos sentir unidos a pesar de la distancia.

La oxitocina actúa cambiando las conexiones de los miles de circuitos neuronales. En los reptiles se ha visto que solo se libera oxitocina durante el acto sexual, pero los mamíferos la producen todo el tiempo. Por ese motivo, los reptiles se mantienen alejados de otros reptiles excepto cuando tienen que aparear. En cambio, los mamíferos la liberan siempre, lo que les lleva a formar familias, camadas o rebaños.

La oxitocina es la hormona del amor por excelencia, ya no estamos hablando del mero enamoramiento o de la atracción (donde intervienen las sustancias anteriormente citadas), sino de la necesidad de cuidar al ser amado, de proporcionarle cariño, de acariciarla y de ser parte de la persona amada en un compromiso a largo plazo.

Por otra parte, la oxitocina también está relacionada con los celos. Para el cerebro de los mamíferos, cualquier pérdida de confianza puede ser peligroso. Por ejemplo, cuando una oveja se separa de su rebaño, los niveles de oxitocina descienden y los de cortisol aumentan. Esto motiva a las ovejas a que vuelvan con su grupo antes de ser depredadas. Lo mismo sucede con nosotros, cuando experimentamos una situación que la consideramos como una “amenaza”, la oxitocina disminuye y sube el cortisol, el cual nos hace sentir miedo, pánico y ansiedad.

Oxitocina
Estructura química de la oxitocina.

4. La serotonina nos calma

La serotonina está implicada en la inhibición de la ira, la agresión, la depresión, el sueño y el apetito. También equilibra el deseo sexual, la actividad motora y las funciones perceptivas y cognitivas. Junto con la dopamina y otros neurotransmisores como la noradrenalina, regulan estados emocionales como la angustia, la ansiedad, el miedo y la agresividad.

Este neurotransmisor nos hace sentir felices simplemente por estar al lado de nuestra pareja. Pero de la misma manera que sucede con las drogas, el cerebro se habitúa a la serotonina y quiere una dosis mayor. Por este motivo, algunas personas buscan constantemente nuevos amantes o le demandan a su pareja cada vez más muestras de amor.

La serotonina es la responsable del bienestar, genera optimismo, buen humor y sociabilidad. Cuando sus niveles descienden puede aparecer la tristeza y la obsesión, dos síntomas del desamor. Por este motivo, los fármacos antidepresivos, se encargan de aumentar los niveles de serotonina para corregir el déficit neuroquímico.

¿Qué pasa cuando se acaba el amor?

Todos estos neurotransmisores están asociados a potentes sistemas de recompensa y, por ende, el amor nos hace sentir tan bien. Los problemas surgen cuando la relación se acaba, la otra persona se aleja o si nuestras expectativas no se cumplen. En este momento, los neurotransmisores y hormonas del enamoramiento caen en picado, dejando paso a la frustración, la angustia y la tristeza.

Cuando esto ocurre, nuestro cerebro necesita tiempo para recuperarse y volver a tener los neurotransmisores al mismo nivel. Además, el contacto con una expareja o visualizar una simple foto puede ser suficiente para reactivar la liberación de neurotransmisores, volviendo a la pauta anterior. Por este motivo, los psicólogos expertos en el amor recomiendan una terapia de contacto cero para superar una ruptura.

También puede suceder que sigas queriendo a tu pareja pero que sientas que “ya no es lo mismo”. Es muy normal, cuando la oleada química desciende, muchas veces se interpreta como una pérdida de amor. Sin embargo, lo que ocurre es que los receptores neuronales se han acostumbrado al enamoramiento químico. Por ejemplo, los receptores que reciben dopamina se acaban saturando y dejan de ser efectivos.

Por esta razón, es de vital importancia saber distinguir entre enamoramiento y amor. Mientras que el enamoramiento se podría describir como una serie de reacciones químicas, en el amor entran en juego otros factores, como las creencias y los valores orientados a la construcción de una relación estable y duradero. A lo mejor sería más interesante plantearlo de la siguiente manera: se termina el enamoramiento biológico y se abre la puerta de lo que llamamos amor.

Referencias bibliográficas

  • de Boer A., van Buel EM., Ter Horst, GJ. (2012). “Love is more than just a kiss: a neurobiological perspective on love and affection”. Neuroscience.
  • Zeki S. (2007).“The neurobiology of love”. FEBS Lett. 2007
  • Tobias E., George S. (2005). “The Neurobiology of Love”. Neuroendocrinology letters.
Anna Surroca Gibert

Anna Surroca Gibert

Microbióloga y comunicadora científica

Anna Surroca (Granollers, 1996) es graduada en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente es estudiante del Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionada por la sexualidad humana y el fotoperiodismo, ha encontrado en el mundo de la comunicación su verdadera vocación. Actualmente es redactora en Médicoplus, AZ Salud y Estilo Next.