Los 10 tipos de coordinación (y sus características)

La coordinación es una capacidad motora que tienen los músculos esqueléticos del cuerpo de sincronizarse en trayectoria y movimiento para realizar un gesto técnico. Veamos qué clases de coordinación existen.

Tipos coordinación

El aparato locomotor humano es aquel que, naciendo de la unión entre el sistema muscular y el sistema osteoarticular, permite no solo proteger los órganos internos, sino el movimiento y la locomoción, algo esencial tanto para interactuar con el medio que nos rodea como para desplazarnos por el mismo. La locomoción es una función esencial.

Y en este contexto, tenemos un sistema activo formado por los 650 músculos del organismo que, al contraerse, provocan los movimientos corporales, arrastrando así a la masa ósea y siendo ayudados por los ligamentos, tendones, cartílagos y articulaciones. De ahí que los músculos sean considerados los órganos funcionales del aparato locomotor.

Esta capacidad de contracción y relajación viene mediada por el sistema nervioso, pues las neuronas comunican con las células musculares para, mediante una asociación con la actina y la miosina (unos filamentos en el interior de estas células musculares), permitir que los músculos cumplan con sus funciones biomecánicas. Así pues, la actividad muscular debe estar perfectamente sincronizada a nivel nervioso.

Y es precisamente en este contexto que entra en juego el concepto que diseccionaremos en el artículo de hoy: la coordinación muscular o motora. Existen muchas formas de coordinación diferentes que determinan nuestras habilidades físicas. Y en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones, entenderemos qué es la coordinación y, sobre todo, qué clases existen. Vamos allá.

¿Qué es la coordinación muscular o motora?

La coordinación es una capacidad que tienen los músculos esqueléticos del cuerpo para sincronizarse en trayectoria y movimiento para realizar un gesto técnico. Se trata, pues, de un complemento a las capacidades puramente físicas que, a nivel de sistema nervioso, permite una óptima sincronización de los diversos componentes del aparato locomotor para realizar funciones físicas complejas.

En este sentido, la coordinación nace de la armonía entre cerebro (que envía los órdenes), médula espinal (que las envía hasta los nervios periféricos), nervios periféricos (que las hace llegar hasta los músculos), musculatura y esqueleto. Este equilibrio es el que nos permite regular el tono muscular y realizar movimientos finos y precisos que se encuentran perfectamente sincronizados.

Así pues, podemos hablar también de coordinación neuromuscular, una aptitud que puede sufrir trastornos en aproximadamente el 8% de los niños en edad escolar. Estos niños pueden tener problemas en la educación motriz y, por falta de coordinación motora, caminar de forma inestable, tener tendencia a tropezar, chocar con otros niños o dificultades para sujetar objetos.

Y es que para desarrollar unas habilidades de coordinación muscular óptimas, necesitamos siempre de un aprendizaje y, sobre todo, de una automatización. Todo esto se desarrolla durante la infancia y nos dará las herramientas que, a nivel nervioso, nos permitirán realizar movimientos de manera dirigida, organizada, sincronizada y precisa.

Como hemos mencionado, la coordinación actúa sobre los músculos esqueléticos, los cuales, siendo conocidos también como estriados, son aquellos cuyo control de la contracción y relajación es voluntario. Representan el 90% de los músculos del cuerpo y son aquellos que se insertan en los huesos para transmitir la fuerza a estos y permitir el movimiento del organismo.

Coordinación

¿Qué clases de coordinación existen?

Ahora ya hemos entendido qué es la coordinación muscular a nivel general, pero como bien sabemos, no tiene nada que ver la coordinación que se necesita para bailar y la que se necesita para rematar una pelota durante un partido de fútbol. Cada uno de nosotros tenemos unas dotes de coordinación motriz particulares. Y a continuación vamos a ver cuáles son los principales tipos de coordinación para que puedas descubrir cuáles son tus puntos fuertes. Y los débiles, claro. Empecemos.

1. Coordinación dinámica

La coordinación dinámica o general es aquella forma de sincronización motriz que nos permite mover diferentes partes del aparato locomotor sin que unas interfieran sobre las otras. Es decir, es aquella coordinación de carácter general cuyo desarrollo nos permite mover el organismo de forma eficaz sin que el movimiento de unas partes afecten a otras.

Intervienen todas las partes del cuerpo y requieren de una sincronización global en la que cada región locomotora cumple con su función de forma particular pero dentro de un conjunto y sin interferir en la actividad motriz de otras regiones. Es el tipo de coordinación que nos da estabilidad durante cambios dinámicos y es el que necesitamos para caminar o correr, por ejemplo.

2. Coordinación espacial

La coordinación espacial es aquella forma de sincronización motriz que se basa en darnos las aptitudes físicas para organizar nuestros movimientos musculares cuando estos tienen que adaptarse a una trayectoria o a un espacio ajeno. Nos permite ajustar nuestra actividad muscular al movimiento de un objeto móvil de nuestro alrededor para así realizar el gesto técnico que necesitemos. Un claro ejemplo de esto es el de los bateadores en el béisbol, que tienen que coordinar su movimiento con el de la pelota para así golpearla.

Coordinación espacial

3. Coordinación intramuscular

Por coordinación intramuscular entendemos la capacidad que tienen los músculos de nuestro cuerpo para contraerse cuando reciben la orden por parte del sistema nervioso central y a través de los nervios periféricos. Las células muscular tienen, en su interior, unos filamentos de actina y miosina que se activan cuando reciben los músculos reciben los impulsos eléctricos y que permiten que los miocitos (las células musculares) se contraigan, acción que, como hemos visto, hace posible la acción biomecánica de los músculos.

4. Coordinación intermuscular

Por coordinación intermuscular entendemos la capacidad global de activar diferentes músculos durante una actividad física. No se limita a la contracción de un músculo concreto (como para en la intramuscular), sino que varios músculos distintos se activan de forma sincronizada para realizar acciones locomotoras. Cuando rematamos un balón, entran en juego distintos grupos musculares que deben coordinarse entre ellos. De ahí el prefijo “inter”.

5. Coordinación segmentaria

La coordinación segmentaria o segmentada es aquella que implica un aumento de la destreza en regiones específicas del cuerpo. A diferencia de la dinámica o general, que se basa en un incremento de la sincronización global del aparato locomotor del organismo, aquí se potencian unas reacciones de coordinación específicas de la zona anatómica.

En esta forma de coordinación, el sentido de la vista juega un papel esencial. De hecho, este tipo de sincronización motriz se fundamenta en la relación entre la visión y distintas partes del aparato locomotor humano. Al ser específica de región, podemos distinguir tres formas principales de coordinación segmentada: óculo-manual, óculo-pédica y óculo-cabeza.

5.1. Coordinación óculo-manual

La coordinación óculo-manual es un tipo de coordinación segmentaria cuyo desarrollo permite una potenciación de las aptitudes motrices que involucran el uso de las manos. De ahí su nombre, pues es la sincronización entre lo visual y lo manual. También conocida como coordinación ojo-mano o viso-motora, es aquella que nos permite manejar las manos dependiendo de lo que estemos percibiendo con el sentido de la vista. Desde teclear un ordenador hasta tirar un dardo. Muchas acciones diarias requieren de la sincronización entre ojos y manos.

5.2. Coordinación óculo-pédica

La coordinación óculo-pédica es un tipo de coordinación segmentaria cuyo desarrollo permite una potenciación de las aptitudes motrices que involucran el uso de los pies. De ahí su nombre, pues se basa en la sincronización entre lo visual y lo pédico, asociado a los pies. De forma similar a la anterior, este tipo de coordinación permite manejar los pies de una forma óptima en función de lo que percibimos por el sentido de la vista. Jugar a fútbol es, seguramente, el mejor ejemplo de ello.

Coordinación pédica

5.3. Coordinación óculo-cabeza

La coordinación óculo-cabeza es un tipo de coordinación segmentaria cuyo desarrollo permite una potenciación de las aptitudes motrices que involucran el uso de la cabeza. Y por “cabeza” entendemos la región anatómica, no el concepto de “mente”. De forma similar a las dos anteriores, este tipo de coordinación nos permite mover la cabeza en función de lo que percibimos con el sentido de la vista, adaptándonos a las necesidades que el entorno despierta en nosotros. Rematar un balón con la frente es un claro ejemplo.

6. Coordinación estática

La coordinación estática es un tipo particular de coordinación, pues es la única que persigue el “no movimiento”. Es decir, se trata de la habilidad motriz que nos permite estar estables físicamente cuando estamos de pie sobre una superficie, teniendo control y estabilidad sobre nuestra postura. Esta forma de coordinación hace que, de forma automática, realicemos ligeros movimientos compensatorios para conseguir un mínimo de oscilación.

7. Coordinación fina

La coordinación fina es aquella forma de sincronización motriz que nos lleva a ser capaces de realizar movimientos muy precisos. Se basa en el desarrollo de las habilidades locomotoras para coordinar los movimientos musculares leves que nos permiten desarrollar tareas manuales precisas y, como su propio nombre indica, finas. Tejer es un claro ejemplo de este tipo de coordinación.

Coordinación fina

8. Coordinación gruesa

Por último y como segmento contrario al anterior, la coordinación grueso es aquella forma de sincronización motriz que no nos lleva a ser capaces de realizar movimientos musculares muy precisos, pero sí a desarrollar tareas locomotoras que involucran grandes regiones biomecánicas. Esta coordinación gruesa se observa en movimientos que no requieren de mucha precisión, como por ejemplo saltar.

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