Osteosarcoma: causas, síntomas y tratamiento

El osteosarcoma es el tipo de cáncer más común que se origina en los huesos, afectando generalmente a adolescentes. Gracias a los avances en su tratamiento, el pronóstico de esta enfermedad ha mejorado mucho en los últimos años.

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Los huesos son órganos vivos formados por células óseas que se estructuran dando lugar a regiones que, trabajando de manera conjunto, otorgan la funcionalidad necesaria al sistema esquelético. Así, pese a que no lo consideremos generalmente como tal, el esqueleto humano es una estructura viva y dinámica.

Y cada uno de los 206 huesos que tenemos puede entenderse como un órgano individual compuesto tanto por células óseas como por fibras de colágeno y minerales de calcio y fósforo que confieren rigidez. Gracias a ello, los huesos cumplen con muchas funciones en el cuerpo tales como servir de apoyo a los músculos, permitir la locomoción, producir células sanguíneas, contener reservas de ácidos grasos o proteger a los órganos internos, entre otras.

Pero como órganos que son, los huesos, por desgracia, son susceptibles de desarrollar una de las enfermedades que más temor causan en la población: cáncer. Existen muchos tipos de cánceres óseos distintos, pero el más común que se origina en los propios huesos (que no viene de la diseminación o metástasis de otro órgano) es el que conocemos como osteosarcoma.

Presentándose generalmente en niños, adolescentes y adultos jóvenes, el osteosarcoma tiende a ocurrir en los huesos de la espinilla, el muslo y el brazo, pues su frecuencia es mayor en los huesos más grandes, aquellos con un índice de crecimiento más rápido. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, analizaremos las causas, factores de riesgo, síntomas, complicaciones, diagnóstico y tratamiento de este osteosarcoma.

¿Qué es el osteosarcoma?

El osteosarcoma es el tipo de cáncer óseo más común que se origina en los huesos. Se trata de una clase de tumor maligno que suele presentarse en niños, adolescentes y adultos jóvenes, aunque también puede aparecer en adultos de edad avanzada, especialmente después de los 60 años. Generalmente se origina en los huesos que rodean la rodilla o en el hueso de la parte superior del brazo.

La edad promedio de su diagnóstico son los 15 años y suele ocurrir en los huesos de la espinilla y del muslo (cerca de la rodilla) y del brazo (cerca del hombro), pues el osteosarcoma se presenta con mayor frecuencia en los huesos grandes y largos del cuerpo, aquellos que tienen un índice de crecimiento más rápido (sobre todo en la juventud), aunque puede aparecer en cualquier hueso del cuerpo.

Como cualquier otro tipo de cáncer, su desarrollo empieza con el crecimiento descontrolado y la pérdida de funcionalidad de células, en este caso óseas, las cuales forman un tumor maligno que pone en peligro la salud de la persona. Aun así y pese a que en algunos casos sea hereditario y se haya identificado un gen relacionado con el incremento del riesgo, la causa es, en gran parte, desconocida.

Sea como sea, el primer signo clínico del osteosarcoma es el dolor de huesos cerca de la articulación, aunque ese síntoma suele pasarse por alto. Aun así, con el tiempo pueden aparecer cojera o dolor al levantar objetos (si el tumor está en la pierna o en el brazo, respectivamente), sensibilidad, hinchazón, enrojecimiento, limitación del movimiento y fracturas óseas.

Sin tratamiento, el osteosarcoma puede derivar en complicaciones tales como la necesidad de amputar la extremidad o la diseminación del cáncer a otros órganos vitales, haciendo generalmente metástasis a los pulmones, momento en el que el índice de supervivencia a 5 años es de apenas el 26%. Por ello, y para garantizar una tasa de supervivencia de aproximadamente el 80% cuando está localizado, es esencial que el diagnóstico llegue de forma precoz. Y para ello, es importante conocer su naturaleza clínica.

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Causas y factores de riesgo

A nivel global y pese a ser el tumor maligno que se origina en los huesos más común, el osteosarcoma es un cáncer poco frecuente. En Estados Unidos cada año se diagnostican apenas 1.000 nuevos casos, aunque la mitad de ellos son, como hemos dicho, en niños, adolescentes y adultos jóvenes. La incidencia más alta se da entre los 10 y los 30 años.

Aproximadamente el 2% de los cánceres infantiles son osteosarcomas. La incidencia más baja se da entre los 30 y los 50 años, con un repunte después de los 60 años, el grupo de edad que recoge aproximadamente 1 de cada 10 casos de osteosarcoma. Pero, en líneas generales, cuando hablamos de osteosarcoma, hablamos de un tumor maligno en niños, adolescentes y adultos jóvenes.

Como cualquier otro tipo de cáncer, el osteosarcoma se desarrolla cuando una célula (en este caso, una célula ósea) desarrolla ciertas modificaciones en su ADN. Estas mutaciones genéticas pueden hacer que la célula pierda no solo sus funciones fisiológicas, sino la capacidad de regular su ritmo de división.

Esto deriva en el desarrollo de una masa de células de crecimiento descontrolado que no cumplen con sus funciones. En caso de que no pongan en peligro la vida de la persona hablamos de un tumor benigno, pero si esta masa puede invadir otros tejidos y suponer un riesgo para la salud, hablamos de un tumor maligno. Y cuando esto ocurre en los huesos, estamos ante un osteosarcoma.

Por desgracia, y a pesar de que algunos casos parezcan ser hereditarios y que hayamos identificado un gen que incremente el riesgo, la razón exacta de por qué en algunas personas las células óseas derivan en estos tumores es, en gran parte, desconocida. Es decir, no conocemos cuál es la causa detrás del osteosarcoma, cosa que indica que su desarrollo estaría ligado a una compleja interacción de factores genéticos y ambientales.

De todas formas, sí que conocemos ciertos factores de riesgo que incrementan las probabilidades de sufrir esta enfermedad, tales como patologías hereditarias o genéticas previas (como el síndrome de Werner o el retinoblastoma hereditario), padecer afecciones óseas previas (como la displasia fibrosa o la enfermedad de Paget) o haber pasado por un tratamiento previo por radioterapia.

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Síntomas y complicaciones

El primer síntoma del osteosarcoma es el dolor de huesos cerca de la articulación, aunque ese signo clínico suele pasarse por alto, al confundirse con cualquier dolencia articular o con simplemente un mal gesto. Aun así, con el tiempo pueden aparecer cojera o dolor al levantar objetos (si el tumor está en la pierna o en el brazo, respectivamente), sensibilidad, hinchazón, enrojecimiento, limitación del movimiento y fracturas óseas sin una razón clara.

Ahora bien, el principal problema viene con las complicaciones. Y es que sin tratamiento precoz, puede requerir de una amputación de la extremidad. Y es que a pesar de que, como veremos, siempre se intenta realizar una cirugía para extirpar quirúrgicamente el tumor y preservar la extremidad, hay veces que es necesario amputar parte de la extremidad para eliminar el cáncer. Adaptarse a ello requiere de mucha fortaleza mental.

Del mismo modo, como complicaciones, habrá que hacer frente a los efectos secundarios del tratamiento, especialmente en lo que a quimioterapia se refiere. Y es que esta terapia, para controlar el osteosarcoma, deriva en importantes efectos adversos a corto y largo plazo.

Pero es necesario para prevenir (o tratar) la gran complicación, y es la de que el cáncer disemine a otros órganos vitales. Cuando el tumor ha hecho metástasis, generalmente a los pulmones (además de otros huesos), el riesgo de muerte, por la dificultad de tratamiento, es mucho mayor. Y es que la supervivencia a 5 años pasa de ser del 77% (cuando está localizado) a ser del 26%. Por ello es tan importante realizar un diagnóstico precoz.

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Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico del osteosarcoma empieza con una exploración física de los síntomas para, posteriormente, realizar pruebas de diagnóstico por imagen (radiografías, gammagrafías óseas, resonancias magnéticas, tomografías computarizadas o tomografías por emisión de positrones) para detectar indicios de la presencia de un tumor óseo o de diseminación del mismo.

En caso de descubrir un tumor, se realiza una biopsia, es decir, una extracción de una muestra de células óseas para determinar si su naturaleza es maligna y, en caso de confirmar el cáncer, encontrar exactamente su tipo y el estadío en el que se encuentra, así como su agresividad. Una vez diagnosticada su naturaleza, empieza el tratamiento.

El tratamiento del osteosarcoma suele incluir cirugía y quimioterapia, aunque en algunos casos puede plantearse también la radioterapia. En el caso de la cirugía, el objetivo es extirpar quirúrgicamente las células cancerosas. Dependiendo del estadío, se pueden plantear diversas operaciones, una cirugía donde se extirpa solo el cáncer (si es posible, se van a preservar las extremidades) o una cirugía donde se extirpa la extremidad afectada (aun así, con los avances, la necesidad de amputación ha disminuido mucho en los últimos tiempos).

Por su parte, la quimioterapia es un tratamiento farmacológico donde se usan medicamentos administrados por vía intravenosa y/o oral que destruyen las células cancerosas. Normalmente se realiza antes de la cirugía, aunque puede hacerse después para destruir células cancerosas que hayan podido quedar. Pero si ha habido diseminación, habrá que realizarla para desacelerar el progreso del cáncer.

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