Raquitismo: causas, síntomas y tratamiento

El raquitismo es un trastorno que cursa con debilitamiento y ablandamiento de los huesos en los niños a causa de una severa y prolongada deficiencia de vitamina D. Un análisis de sus bases clínicas.

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Las vitaminas son moléculas que viajan por el torrente sanguíneo y que ayudan a nuestro cuerpo permitiendo que este desarrolle sus funciones fisiológicas correctamente, haciendo que gocemos de un estado de salud óptimo. Cada vitamina tiene unas funciones distintas, pero aquellas que no podemos sintetizar y que vienen de los alimentos son las conocidas como vitaminas esenciales, de las cuales hay un total de trece.

Y una de ellas es la famosa vitamina D, aquella que, si bien puede sintetizarse en parte por la suficiente exposición solar, para llegar a los niveles necesarios debe introducirse a través de la dieta, especialmente a partir del pescado azul (como el salmón, las sardinas o la caballa), cereales enriquecidos y productos lácteos.

La vitamina D, además de estimular que se mantengan los niveles óptimos de calcio y fósforo en sangre, ayuda a absorber el calcio, un mineral esencial para mantener los huesos fuertes y sanos. De ahí que déficits en esta vitamina D puedan derivar en problemas óseos potencialmente grave. Y en este sentido, una de las patologías más famosas asociadas a ello es el raquitismo.

El raquitismo es un trastorno que cursa con debilitamiento y ablandamiento de los huesos a causa de una severa y prolongada deficiencia de vitamina D, afectando a la población infantil. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, analizaremos sus causas, síntomas y tratamiento.

¿Qué es el raquitismo?

El raquitismo es una enfermedad ósea que afecta a los niños en la que, por una severa y prolongada deficiencia de vitamina D, los huesos presentan un patológico ablandamiento y debilitamiento. Es un trastorno causado por una falta grave de vitamina D que consecuentemente hace que el cuerpo no absorba el suficiente calcio como para mantener los huesos sanos y fuertes.

En este contexto, el raquitisimo puede suceder tanto si hay una ingesta deficitaria de alimentos ricos en vitamina D como una falta de producción de la misma por poca exposición solar, del mismo modo que una ingesta insuficiente de calcio y fósforo también pueden llevar a sufrir este trastorno. No es común en recién nacidos ni en jóvenes, adolescentes ni adultos.

Suele presentarse en niños de entre 6 meses y 2 años de edad, con una incidencia de unos 24 casos por cada 100.000 personas. El impacto sobre la salud ósea hace que el raquitisimo curse con síntomas tales como crecimiento deficiente, aumento de fracturas óseas, dolor en los huesos, disminución del tono muscular, baja estatura, deformidades dentales, entre otras. Así, como complicaciones derivadas, destacan el dolor crónico de huesos, las fracturas óseas que pueden llegar a ocurrir sin una causa muy clara (como sucede con las personas mayores con osteoporosis) y las deformidades esqueléticas.

El objetivo del tratamiento es, además de aliviar los síntomas, corregir la causa subyacente y reponer los niveles de calcio, fósforo o vitamina D, dependiendo del caso, algo que se consigue con una reestructuración de la dieta y con una suficiente exposición a la luz solar. Las deformidades pueden reducirse y prevenirse con técnicas posturales, dispositivos ortopédicos e incluso cirugía; al tiempo que en los casos relacionados con trastornos metabólicos, se puede tratar el raquitisimo con la administración de suplementos de vitamina D.

Cabe destacar que si el tratamiento llega cuando el niño todavía es pequeño y aún está creciendo, las deformidades esqueléticas pueden mejorar e incluso desaparecer. Pero si el tratamiento llega demasiado tarde, estas deformidades y la baja estatura pueden arrastrarse para toda la vida. Por ello, vamos a profundizar en las bases clínicas del raquitismo.

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Causas del raquitismo

La principal causa del raquitismo es la falta severa y prolongada de vitamina D, una de las 13 vitaminas esenciales que ayuda a absorber el calcio y fósforo de los alimentos. Si no disponemos de suficiente vitamina D, el cuerpo no puede mantener los huesos fuertes y sanos, por lo que es posible que el niño desarrolle este raquitismo.

En este contexto, el trastorno, que como hemos dicho tiene una incidencia de unos 24 casos por cada 100.000 personas, casi siempre en niños de entre 6 meses y 2 años de edad, puede deberse tanto a una falta como tal de vitamina D como a trastornos que impiden que esta vitamina sea absorbida como es debido.

Por un lado, en lo que a falta de vitamina D se refiere, hay dos causas principales, que pueden presentarse al mismo tiempo. Los niños que no ingieran suficiente vitamina D de los alimentos pueden desarrollar raquitismo, siendo el pescado azul, las yemas de huevo, la leche, los cereales y algunos zumos de frutas las principales fuentes.

Por tanto, un niño que es alimentado exclusivamente de leche materna más allá de la edad recomendada, que no toman productos lácteos (o que tienen intolerancia a la lactosa), que siguen una dieta vegetariana o vegana son los más susceptibles a desarrollar raquitismo por ingesta deficiente de vitamina D.

De todos modos, la falta de vitamina D puede no deberse solo a la dieta deficitaria, sino a la poca exposición a la luz solar. Los rayos solares, siempre que sea con protección y con precaución, son importantes para estimular la producción de vitamina D en la piel. Niños de países con pocas horas de sol o los que pasan poco tiempo al aire libre son más susceptibles de desarrollar raquitismo.

Por otro lado, en lo que a problemas en la absorción de vitamina D se refiere, hay niños que desarrollan raquitismo pese a exponerse lo suficiente a la luz solar y a comer alimentos que contienen esta vitamina. Y esto es porque pueden sufrir una enfermedad o trastorno que impide que absorban correctamente la vitamina D, como sucede con la celiaquía, la enfermedad inflamatoria intestinal, los problemas renales o la fibrosis quística. En este caso, el raquitismo es una consecuencia de otra enfermedad subyacente, no es la patología primaria.

Cabe destacar también que existen ciertos factores de riesgo que incrementan las probabilidades de que un niño sufra raquitismo, entre los que destacan ciertas predisposiciones genéticas (algunas de ellas hereditarias), tener la piel oscura (la melananina disminuye la capacidad de la piel de sintetizar vitamina D), seguir un proceso de lactancia materna exclusiva, ser de nacimiento prematuro, vivir en latitudes septentrionales, haber nacido de una madre con deficiencia de vitamina D durante el embarazo o tomar ciertos medicamentos anticonvulsivos o antirretrovirales, que como efecto secundario pueden afectar a la absorción de vitamina D.

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Síntomas

El raquitismo provoca un ablandamiento y debilitamiento de los huesos por una insuficiente disposición de calcio. Esta afectación ósea deriva en una sintomatología que puede provocar problemas severos en los niños que sufren esta condición, con una severidad que dependerá de cómo de alterado se vea el metabolismo del calcio y del fósforo.

Sea como sea, por regla general se presentan los siguientes signos clínicos: retrasos en el crecimiento, sensibilidad ósea, dolor de los huesos, retrasos en las habilidades motoras, dolor en las piernas, pelvis y columna vertebral, engrosamiento de muñecas y tobillos, proyección del esternón, rodillas vagas, piernas arqueadas, disminución del tono muscular, debilidad de los músculos, crecimiento deficiente, calambres musculares, deformidades dentales, aumento de caries dentales y baja estatura.

Del mismo modo, pueden surgir complicaciones como la tendencia a presentar fracturas óseas incluso ante traumatismos leves (e incluso sin causa aparente), desarrollo de un dolor crónico en los huesos y deformidades esqueléticas, incluyendo escoliosis y un cráneo de forma irregular. Por el impacto en la salud física y emocional, es importante tratar el raquitismo cuando todavía estamos a tiempo de que las terapias ayudan a reducir el impacto de esta deficiencia de vitamina D.

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Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico del raquitisimo se realiza a través de, además de una exploración física (especialmente de cráneo, piernas, tórax, muñecas y tobillos) para analizar los síntomas y la sensibilidad ósea, exámenes que consisten en análisis de sangre (para inspeccionar niveles de calcio), radiografías de huesos, gasometrías arteriales, biopsias de huesos (es poco frecuente que se haga) y, en determinados casos, pruebas complementarias de enzimas que el médico considere necesarias.

Una vez diagnoticado el raquitismo, el objetivo del tratamiento será aliviar los síntomas y corregir la causa subyacente de la deficiencia de vitamina D. Si está causada por una ingesta deficitaria de alimentos ricos en ella o por una insuficiente exposición a la luz solar, se harán cambios en la dieta o, dentro de lo posible, se intentará que el niño esté más expuesto al Sol, respectivamente.

Pero si el problema se encuentra en la absorción, tal vez sean necesarios los suplementos de vitamina D e incluso la medicación. Con ello, se puede ayudar al organismo a presentar unos niveles óptimos de calcio y fósforo para mantener los huesos sanos y fuertes, pero habrá que tratar, en la medida de lo posible, los signos clínicos que ya hayan aparecido.

Los dispositivos ortopédicos, la fisioterapia, la adopción de buenas posturas e incluso la cirugía pueden ayudar a corregir las deformidades esqueléticas que hayan aparecido. Por regla general, si el raquitismo se trata de forma precoz mientras el niño todavía está creciendo, las deformidades y la baja estatura no tienen por qué ser permanentes.

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