Los 10 tipos de artritis (causas, síntomas y tratamiento)

La artritis es una patología reumática caracterizada por inflamación, dolor, deformidad y rigidez articular. Dependiendo de la causa detrás de la sintomatología, la artritis puede ser de distintas clases.
Tipos artritis

Las patologías que afectan al aparato locomotor, es decir, al conjunto de órganos y tejidos involucrados en el movimiento y sostenimiento corporal, están entre las enfermedades más comunes del mundo. De hecho, 1 de cada 4 mayores de veinte años sufren alguna de estas patologías reumáticas.

En ellas, el dolor en las articulaciones es uno de los signos clínicos más frecuentes, pudiendo llegar a ser grave y comprometer en mayor o menor medida la vida del paciente. Estos puntos donde dos elementos óseos se juntan son esenciales para la biomecánica, así que los trastornos que afectan a estas articulaciones pueden ser muy limitantes.

Y de entre todas estas enfermedades reumáticas, una de las más relevantes en el ámbito clínico es, sin duda, la artritis. Una patología caracterizada por inflamación, dolor, deformidad y limitación del movimiento de las articulaciones que afecta a entre el 0,3% y el 1% de la población mundial.

Pero, ¿todas las artritis son iguales? No. Ni mucho menos. El término “artritis” hace referencia, en realidad, a más de 100 patologías asociadas a las articulaciones que presentan una sintomatología similar. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, exploraremos las bases clínicas de las clases más relevantes de artritis.

¿Qué es la artritis?

Por artritis entendemos toda aquella enfermedad reumática caracterizada por inflamación, dolor, deformidad y rigidez articular. Es decir, consiste en la hinchazón y sensibilidad de una o más articulaciones del cuerpo cursando con una sintomatología dolorosa y limitadora de la movilidad que suele empeorar con la edad.

En la artritis, la sintomatología aparece porque, debido a distintas causas que analizaremos a continuación y que determinan el tipo de artritis, el cartílago (estructuras resistentes ricas en colágeno, fibras elásticas y células condrógenas que se sitúan entre los huesos para evitar el roce entre ellos) se desgasta.

Este desgaste del cartílago, junto a los daños en la membrana sinovial (un tejido que envuelve toda la articulación y donde se vierte el líquido sinovial que la mantiene lubricada), los ligamentos, los tendones y los huesos que constituyen la articulación, hace que surjan los signos clínicos propios de la artritis.

De todos modos y pese a que no se trata de una patología vinculada al envejecimiento como sí es el caso de la artrosis, la artritis puede tratarse. Los antiinflamatorios no esteroides (AINE), como el ibuprofeno), son muy útiles para aliviar la inflamación y, por tanto, la sintomatología.

Paralelamente, puede ser recomendable hacer ejercicios de movilidad junto a un fisioterapeuta para así mantener las articulaciones flexibles durante el mayor tiempo posible. Aun así, si ni la medicación ni la terapia conservadora son de suficiente ayuda, cabe la posibilidad de someterse a cirugía, pues determinadas operaciones quirúrgicas pueden ayudar a restaurar la movilidad articular.

¿Qué clases de artritis existen?

Seguramente, la artritis reumatoide es la más conocida. Y no es de extrañar, pues es la forma más frecuente de artritis. Pero no es, ni mucho menos, la única. De hecho, existen más de 100 tipos distintos de artritis, pues hay muchas patologías reumáticas que cursan con la sintomatología propia de la misma.

Todas ellas cumplen con las características generales que hemos detallado en el apartado anterior, pero las causas de cada una de ellas son únicas. Veamos, pues, cuáles son los tipos de artritis más comunes que existen y sus bases clínicas.

1. Artritis reumatoide

La artritis reumatoide es un tipo de artritis en la que la inflamación, dolor, deformidad y limitación de la movilidad articular se debe a un trastorno autoinmune. Se trata de la forma más común de artritis y su causa es el ataque por parte de las células inmunitarias a la propia articulación.

Por errores de carácter genético, las células inmunes están mal programadas y atacan al revestimiento de las articulaciones y a la membrana sinovial. Este daño articular a causa del sistema inmune desregulado puede provocar no solo la tradicional hinchazón dolorosa, sino deformidades articulares y erosión ósea.

Entre 100 y 200 millones de personas en el mundo sufren esta forma de artritis, que tiende a expresarse entre los 30 y los 50 años. Además, al ser un trastorno autoinmune, puede presentar brotes de fiebre, cansancio, pérdida de apetito, etc. Y paralelamente, 4 de cada 10 personas con esta patología pueden sufrir síntomas inflamatorios en otras regiones más allá de las articulaciones, como ojos, piel, pulmones, riñones, médula ósea o corazón.

Artritis reumatoide

2. Artritis idiopática juvenil

La artritis idiopática juvenil, también conocida como artritis reumatoide juvenil, es un tipo de artritis que también tiene su origen en un trastorno autoinmune, aunque en este caso es la forma más frecuente de artritis en menores de 16 años. Es una de las enfermedades crónicas más comunes en la población pediátrica, con una prevalencia de entre 7 y 400 casos por cada 100.000 niños.

Cabe destacar que, si bien algunos niños experimentan los síntomas típicos de la artritis durante solo unos meses, otros pueden padecerlos durante muchos años. Y, además, puede derivar en complicaciones graves como trastornos oculares (por la inflamación que puede provocar en los ojos), daños articulares severos e incluso problemas de crecimiento, pues puede interferir en el normal desarrollo óseo.

3. Artritis psoriásica

La artritis psoriásica es un tipo de artritis que afecta a algunos pacientes de psoriasis, una enfermedad dermatológica que surge cuando el cuerpo produce demasiadas células cutáneas, las cuales se acaban acumulando en la superficie y dando lugar a las tradicionales manchas rojas o escamas que, en ocasiones, pueden provocar dolor.

Alterando generalmente entre brotes y periodos de remisión, la artritis psoriásica es, en realidad, una complicación de esta psoriasis. Lo más habitual es que primero se diagnostique la psoriasis y luego esta artritis, pero hay casos en los que es al revés.

Artritis psoriásica

4. Artritis reactiva

La artritis reactiva es aquella que va asociada a un proceso infectivo. Generalmente una infección en intestinos, genitales o vías urinarias puede provocar una llegada de patógenos a las articulaciones, algo que provoca inflamación y dolor en la zona, además de fiebre y escalofríos.

Como vemos, en este caso, la sintomatología de la artritis se debe a la presencia de bacterias, virus u hongos en la articulación y a la actuación del sistema inmune para combatir esta infección. Es más habitual en rodillas y articulaciones del tronco inferior y, aunque es poco frecuente, los síntomas pueden tardar hasta un año en remitir por completo.

5. Artritis del pulgar

La artritis del pulgar es aquella que, estando claramente asociada con el envejecimiento, está causada por el deterioro de los extremos de los huesos que forman la articulación en la base del dedo pulgar, la cual se conoce como articulación carpometacarpiana. Se trata de una forma de artritis que afecta solo a una articulación.

De todos modos, aunque sea habitual por el simple envejecimiento, los traumatismos y lesiones en esta articulación del pulgar también pueden estimular el desgaste articular que deriva en la típica sintomatología. En casos graves, la limitación del movimiento y la pérdida de fuerza puede ser tan intensa que las tareas más simples se convierten en muy difíciles.

6. Artritis séptica

La artritis séptica es aquella que también se debe a un proceso infectivo en las articulaciones, aunque la llegada de los patógenos causantes es distinta. En este caso, las bacterias o virus llegan a las articulaciones a través de un proceso de sepsis, es decir, presencia de patógenos en sangre.

Determinados traumatismos, la diseminación al torrente sanguíneo de una infección que estaba aparentemente localizada o las mordidas de animales pueden provocar el viaje a través de la sangre de bacterias o virus. Una septicemia es, de por sí, una situación muy grave que puede poner en peligro la vida. Y esta artritis séptica, cuyos síntomas surgen cuando los gérmenes llegan a alguna articulación del cuerpo a través de la sangre, requiere de tratamiento de inmediato, pues el daño en el cartílago puede ser rápido y grave.

Artritis séptica

7. Osteoartritis

La osteoartritis, también conocida como artritis degenerativa, es aquella que tiene su origen en el envejecimiento. Y es que el desgaste articular es una consecuencia inevitable del paso de los años. Aunque es más difícil de diagnosticar que la reumatoide, se cree que esta podría ser la forma más común de artritis.

A causa del envejecimiento (estimulado por factores de riesgo como la obesidad), el cartílago de las articulaciones se va perdiendo, cosa que provoca que, con el tiempo, los huesos empiecen a fregar entre ellos, algo que, a su vez, deriva en la inflamación, dolor y rigidez articular propios de la artritis. Las articulaciones que generalmente se ven más afectadas son las de las manos, las rodillas, la columna vertebral y las caderas.

8. Espondiloartritis anquilosante

La espondiloartritis anquilosante es una patología que afecta a las articulaciones de la columna vertebral. Debido a un trastorno inflamatorio, las vértebras de la espina dorsal pueden acabar fusionándose entre ellas, cosa que hace que esta columna vertebral sea menos flexible (rigidez articular propia de la artritis) y que la persona adopte una postura encorvada hacia delante.

Las regiones que pueden desarrollar artritis tienden a ser las vértebras de la zona lumbar, la articulación entre la base de la columna vertebral y la pelvis, las articulaciones de cadera y hombros y el cartílago entre esternón y costillas, situación que puede dificultar, en casos graves, la respiración. No hay cura pero los tratamientos disponibles pueden ralentizar el progreso de esta enfermedad que tiende a surgir la edad adulta temprana.

Espondiloartritis anquilosante

9. Gota

La gota es un tipo de artritis que surge por la patológica acumulación de cristales de urato dentro de las articulaciones, una situación que provoca la sintomatología propia de la artritis. Evidentemente, el principal factor de riesgo es tener unos niveles de ácido úrico en sangre demasiado elevados, algo que puede estimular que este precipite en forma de cristales.

Está caracterizada por ataques repentinos e intensos de dolor (a veces, inaguantable), hinchazón, enrojecimiento y sensibilidad en las articulaciones, siendo la de la base del dedo gordo del pie la que más frecuentemente sufre problemas. Existen formas, eso sí, de prevenir la aparición de estos brotes, especialmente controlando los niveles de ácido úrico. La carne, el marisco y las bebidas ricas en fructosa son los alimentos que más aumentan sus niveles, así que habría que vigilar.

10. Lupus eritematoso sistémico

El lupus eritematoso sistémico es, al igual que la artritis reumatoide, un trastorno autoinmune. Pero en este caso, el ataque de las células inmunitarias no se limita solo a las articulaciones, sino que dañan a varios tejidos y órganos del cuerpo, tales como el cerebro, los riñones o la piel.

En este sentido, además de los síntomas tradicionales de la artritis, se observan erupciones cutáneas, dolor de cabeza, debilidad y fatiga, aparición de llagas en la boca, dolor torácico, fiebre, pérdida de peso, problemas de visión, sensibilidad a la luz solar, etc. No hay cura, no se puede prevenir (es de origen claramente genético) y algunos casos pueden ser graves. Por suerte, los tratamientos actuales pueden reducir el impacto que esta patología tiene en la vida.

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