Crisis de Identidad: ¿qué es y cómo abordarla?

Las crisis de identidad son eventos en los que podemos sentirnos desconectados de nosotros mismos, sin tener claros nuestros valores personales ni nuestro propósito vital. Esta experiencia puede darse en la adolescencia, pero también en la edad adulta.

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Todos podemos atravesar momentos en la vida en los que sentimos que ya no estamos conectados con nosotros mismos y con la vida que tenemos. Incluso aquellas personas aparentemente exitosas o con vidas privilegiadas pueden sentir un vacío en su interior que les hace sentir profundamente infelices a pesar de “tenerlo todo”.

Más allá de la salud, el dinero y el amor, es fundamental que una persona se sienta conectada con quién es. Es decir, que su vida sea coherente con sus valores personales, aquellas cosas que realmente le llenan e importan. Cuando esto no sucede, es fácil que aparezca apatía, confusión e incluso sentimiento de indefensión. Así, el individuo pierde el sentido de su existencia y siente que pasa por la vida sin un rumbo determinado. En este artículo hablaremos acerca de qué es una crisis de identidad y qué sucede cuando alguien se encuentra en esta tesitura.

¿Qué es una crisis de identidad?

Una crisis de identidad se define como un evento por el cual la persona se cuestiona el sentido de sí misma y de su lugar en el mundo. La definición de la identidad es un proceso que inicia desde los primeros años de la vida y está en continua evolución durante todo el ciclo vital. Cuando experimentamos problemas en este sentido, es preciso hacer un ejercicio de análisis y exploración interior.

La identidad se configura de acuerdo con diversos aspectos. Entre ellos se encuentra, en primer lugar, el autoconocimiento. Este hace referencia a saber quién es uno mismo, de dónde se viene y a dónde se va. En segundo lugar, tenemos la autoeficacia. Se refiere a la percepción que tenemos de nuestra capacidad para gestionar el rumbo de nuestra vida, saber lo que queremos y evaluar los resultados de nuestras acciones. Por último, tenemos que tener en cuenta la autoestima y el autoconcepto, que determinan el grado de satisfacción con nosotros mismos, la aceptación hacia lo que somos.

La adolescencia es una de las etapas más importantes en relación con la configuración de la identidad. En este momento tratamos de encontrarnos, comenzamos a tomar distancia de nuestros padres y cuidadores y exploramos posibles caminos. Sin embargo, las crisis de identidad pueden aparecer en cualquier momento de la vida, ya que estas pueden aparecer como consecuencia de diversos desafíos y experiencias adversas.

La identidad es definida en psicología como el conjunto de experiencias, relaciones, valores y recuerdos que configuran el sentido de “yo”. Cuando poseemos una identidad bien establecida, sentimos que hay continuidad en nuestra persona a lo largo de la existencia. En cambio, cuando la identidad no está clara, experimentamos desequilibrio emocional y puede que necesitemos valorar posibles cambios en nuestra vida y en nosotros mismos.

Las crisis de identidad pueden ocasionar mucho sufrimiento, pues la persona siente que ha perdido el rumbo de su vida y es incapaz de visualizar un futuro esperanzador. Se produce una especie de estancamiento, pues no se sabe qué camino tomar para seguir avanzando en la vida. Aparece un sentimiento de incertidumbre e inestabilidad, ya que se pierde el sentido de control de la propia vida.

De pronto, aspectos que nunca habían sido motivo de preocupación comienzan a plantearse como auténticos conflictos. Si bien estos períodos críticos pueden ser agotadores, lo cierto es que si se gestionan adecuadamente pueden ayudar a la persona a conocerse mejor y reorientar la dirección de su vida para lograr bienestar y plenitud.

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La crisis de identidad no es una condición psicopatológica

Las crisis de identidad suelen tener lugar cuando vivimos momentos de muchos cambios y estrés. La propia adolescencia es, como ya comentamos, un período crítico en este sentido. Sin embargo, los adultos también pueden sentirse confusos a nivel existencial debido a eventos como un divorcio o un fracaso laboral.

Cabe destacar que las crisis de identidad no constituyen condiciones psicopatológicas en sí mismas. Es por ello que no se encuentran recogidas como cuadro diagnóstico en los manuales, aunque el término se emplea frecuentemente de forma coloquial. No obstante, cuando estas persisten en el tiempo y no se resuelven eficazmente pueden llegar a ocasionar problemas de salud mental.

Además, el hecho de que no constituyan un trastorno mental en sentido estricto no implica que no produzcan un malestar que deba ser atendido por profesionales. A veces, el acompañamiento de un psicólogo o psiquiatra es de gran ayuda para poder transitar este proceso y resolver la crisis adecuadamente.

En psicoterapia es posible enfocar la crisis de identidad de tal forma que sirva a la persona para aumentar su autoconocimiento y revisar sus valores personales. Estas crisis pueden ser necesarias para resolver esas cosas de nuestra vida que no se encuentran bien, por lo que con la ayuda necesaria pueden ser una puerta a una vida más satisfactoria.

Qué sucede cuando una persona sufre una crisis de identidad

Como venimos comentando, una crisis de identidad no es un trastorno. No se trata de una categoría diagnóstica reconocida y por ello no son algo patológico en sí mismo. Sin embargo, las crisis no resueltas pueden acabar desembocando en problemas psicológicos secundarios con el tiempo, como ansiedad o depresión. Cuando una persona sufre este tipo de crisis puede manifestar indicios como:

  • Sentimiento de estar perdida, sin rumbo definido.
  • Ausencia de un propósito vital, no hay objetivos claros para el futuro.
  • Pensamientos intrusivos y en forma de rumia referentes a no saber qué hacer, no encontrar motivación hacia la vida o propósitos.
  • Abandono de actividades placenteras que antes se hacían, como por ejemplo pasar tiempo con amigos y familia o realizar aficiones, pues la persona siente que nada tiene sentido si no sabe con certeza quién es.
  • La persona se cuestiona aspectos en los que nunca antes había pensado, como sus creencias, valores, pasiones, papel en la sociedad…
  • Hay dificultad para integrar diversos aspectos de uno mismo: la carrera profesional, la orientación sexual, las creencias religiosas, los valores morales, etc.

Tipos de crisis de identidad

En general, las crisis de identidad pueden ser de dos tipos:

1. Deficiencia de identidad

En este caso, la persona se siente insegura y vacía. Esto lleva a que sea particularmente influenciable, corriendo el riesgo de llevar una vida acorde a los valores de otras personas más que a los suyos propios. La crisis suele salir a relucir cuando es preciso tomar alguna decisión importante, de forma que se hacen notables las carencias internas en materia de valores, sentido vital y propósito.

2. Conflicto de identidad

El conflicto de identidad se produce cuando la persona muestra incompatibilidad entre dos o más aspectos de su identidad. En este sentido, es habitual que el individuo sienta que su yo está fragmentado, de forma que desea lograr objetivos incompatibles entre sí. Los conflictos de identidad suelen hacerse más evidentes cuando se viven experiencias emocionalmente intensas que dejan a la persona en un estado de confusión, pues las diferentes partes de uno mismo no están en sintonía.

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Las crisis de identidad son necesarias

Aunque pueden provocar sufrimiento y malestar, las crisis de identidad son de ayuda para conocernos y tener claro quiénes somos. Cuando surgen indicios de que estamos en este tipo de momento crítico, no debemos ignorar lo que sentimos. En su lugar, es fundamental hacer frente a nuestros dilemas y dudas y plantear qué puede estar fallando en la vida para sentirnos de esa manera. Como ya comentamos, las crisis bien gestionadas pueden ser de ayuda para reorganizar nuestra vida, encontrar una dirección en la vida y avanzar. Todos somos susceptibles de vivir esta experiencia, especialmente si vivimos eventos altamente impactantes que desajustan nuestros esquemas y valores previos: la pérdida de un ser querido, una decepción amorosa, problemas laborales, etc.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de las crisis de identidad, qué son y cómo pueden afectar a la persona que sufre este evento. La identidad se configura a partir de nuestras experiencias, relaciones, valores y recuerdos, de forma que en su conjunto adquirimos un sentido de continuidad de nuestro “yo”. Esta se comienza a desarrollar desde los primeros momentos de la vida, aunque continúa en cambio y evolución el resto de la vida.

De esta manera, aunque la adolescencia es el momento más crítico en términos de identidad, las crisis acerca de quiénes somos y qué hacemos en la vida pueden darse en cualquier punto del ciclo vital. En ocasiones, nuestra identidad se desajusta tras haber vivido una experiencia emocionalmente intensa: perder a un ser querido, sufrir una ruptura sentimental o un fracaso laboral. De esta manera, nuestros esquemas y creencias previas pueden ponerse en tela de juicio y hacernos sentir confusos.

Es en este punto de crisis cuando necesitamos hacer un ejercicio de reflexión e introspección que nos permita entender qué falla y redescubrir nuestros valores personales y propósito vital. En este proceso puede ser de ayuda contar con el acompañamiento de un profesional, ya que se trata de un camino emocionalmente desgastante y, a veces, muy doloroso. Además, aunque las crisis de identidad no constituyen un problema psicopatológico en sí mismas, pueden acarrear problemas psicológicos secundarios cuando no se gestionan correctamente y se prolongan en el tiempo.

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