Los 10 tipos de Asco (y sus características)

El asco es una emoción fuerte de desagrado hacia algo, con sensaciones de aversión y repugnancia que sentimos hacia una situación u objeto. Veamos de qué formas puede manifestarse.

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Para bien y para mal, los humanos somos seres emocionales y sentimentales. Y es que las emociones son reacciones psicológicas y fisiológicas que se desencadenan como una forma de adaptación ante la presencia de determinados estímulos. Así pues, la percepción de la realidad que nos rodea estimula en nosotros una serie de reacciones hormonales que deriva en una respuesta emocional.

Son muchas las emociones tanto primarias (las más básicas y ligadas a la supervivencia en el reino animal) como secundarias (las más complejas y que emergen como un procesamiento de las primarias) que podemos experimentar: alegría, ira, asombro, calma, confusión, amor, miedo, aburrimiento, disgusto, tristeza, envidia, horror, vergüenza…

Pero hay una que es intensa a nivel tanto psicológico como fisiológico como pocas. Estamos hablando del asco. Esa emoción fuerte de desagrado hacia algo que se manifiesta con sensaciones profundas de aprensión y repugnancia, pudiendo incluso llegar a hacer que vomitemos por el impacto que tiene a nivel fisiológico.

Por ello, dado su interés psicológico, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en las bases emocionales y fisiológicas del asco, comprendiendo su naturaleza y descubriendo de qué formas distintas puede manifestarse el asco. Empecemos.

¿Qué es el asco?

El asco es una emoción fuerte de desagrado y repugnancia hacia un objeto o situación. Así, se trata de una reacción psicofisiológica fundamentada en el intenso rechazo que nos genera algo, siendo así una emoción básica innata que nos genera sentimientos desagradables y malestar fisiológico cuando nos exponemos al desencadenante de la misma.

Como emoción primaria que es, el asco está claramente ligado a la supervivencia. Y es que de forma innata, aunque no tiene por qué desarrollarse ya durante los primeros años de vida, sentimos repugnancia hacia sustancias que son potencialmente peligrosas para nuestra salud, como pueden ser los excrementos, los alimentos en mal estado, las sustancias químicas de olor desagradable, los cadáveres, etc.

Así pues, estas reacciones desagradables y consideradas de índole negativa asociadas al asco es una estrategia que tiene nuestro cerebro para asegurarse de que no nos vamos a acercar o entrar en contacto con ese objeto. Así, el asco, igual que otras emociones, emerge en las amígdalas cerebrales, un conjunto de neuronas ubicadas en los lóbulos temporales y pertenecientes al sistema límbico.

Ahora bien, a diferencia de otras emociones vinculadas al rechazo, el asco se considera una de gran intensidad por cómo se manifiesta fisiológicamente con reacciones corporales tales como las náuseas, el descenso de la presión sanguínea, los mareos, los sudores e incluso los vómitos o los desmayos. Pocas emociones tienen una somatización tan fuerte y, como vemos, desagradable.

Sea como sea, el asco es una emoción no única en el ser humano (otros animales lo experimentan) cuya explicación evolutiva se fundamenta principalmente en ser una reacción defensiva ante sustancias que son incomestibles y cuya entrada en el sistema digestivo podría generar daños. Esto explica que sintamos asco hacia las heces, las secreciones corporales, los alimentos podridos y ciertos animales transportadores de enfermedades.

Aun así, esta explicación tan puramente biológica no debe hacernos olvidar que el asco, más allá de ser una emoción primaria muy ligada a la supervivencia, también, por la complejidad psicológica de la naturaleza humana, es una emoción secundaria no tan ligada a esta supervivencia, en el sentido que podemos sentir asco por situaciones o entes que nos generan un profundo rechazo a nivel ético o moral. Por ello, es más que interesante analizar cómo ha clasificado la Psicología esta emoción tan fuerte y compleja.

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¿Qué clases de asco existen?

Como venimos diciendo, podemos experimentar asco hacia muchas situaciones u objetos distintos, sin necesidad de que esta fuerte emoción esté necesariamente ligada a la supervivencia. Por ello, se ha desarrollado una clasificación de las manifestaciones de esta emoción de acuerdo a distintos parámetros en la cual vamos a indagar a continuación.

1. Asco ligado a la supervivencia

El asco ligado a la supervivencia es, en contraposición al moral, aquel de naturaleza más animal, siendo una emoción que emerge como una reacción defensiva ante un objeto cuya exposición al mismo puede causar daños en nuestro cuerpo. Así pues, sentir asco hacia excrementos, patógenos, alimentos contaminados, sustancias químicas desagradables, etc, es algo que cumple con un propósito evolutivo. Así, se trata de la forma de asco más innata y animal.

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2. Asco moral

El asco moral es, en contraposición al anterior, aquel de naturaleza más puramente humana, al emerger como un rechazo no justificado a nivel de supervivencia pero sí por la experimentación de una situación que nos genera un profundo rechazo a nivel emocional, al tratarse de algo que atenta contra los valores éticos y morales ya sea a nivel individual o cultural.

Así pues, sentir asco hacia los asesinos o los violadores, hacia situaciones de injusticia, hacia las noticias de maltrato infantil, hacia cómo los empresarios se aprovechan de los trabajadores, hacia la corrupción política, etc, es algo que, si bien no cumple con un propósito tan evolutivo y no tiene unas reacciones fisiológicas tan intensas, sí que demuestra que la moral puede tener un gran peso en el desarrollo de nuestras emociones.

Así, se trata de la forma de asco más humana y adquirida, pues no tiene un componente innato tan fuerte. Todo depende de nuestras experiencias vitales, del contexto sociocultural en el que vivimos y de la educación que hayamos recibido tanto de nuestros padres como de los centros educativos en los que hayamos estado.

Por tanto, el asco moral no es tan universal como el ligado a la supervivencia, que no depende tanto del contexto sociocultural. Aun así, existen matices, pues, por ejemplo, hay ciertos alimentos que en Occidente nos “dan asco” pero en Oriente son muy habituales y son incluso del agrado de la población, como por ejemplo los insectos o los escorpiones.

3. Asco hacia excreciones corporales

El asco hacia las excreciones corporales es una forma de asco ligada a la supervivencia que consiste en la aversión hacia todas aquellas sustancias que son expulsadas del cuerpo (especialmente de uno que no sea el nuestro), como por ejemplo las heces (los excrementos son los que más asco generan normalmente), la orina, la saliva, el sudor u otras secreciones.

4. Asco hacia signos de infección

El asco hacia signos de infección es una forma de asco ligada también a la supervivencia, pues nos hace alejarnos de lo que puede ser un vehículo de transmisión de una enfermedad. Por ello sentimos normalmente aversión hacia la diarrea, el pus, los mocos o los vómitos, pues todos ellos pueden indicar que la persona que genera estas secreciones está sufriendo una patología potencialmente infecciosa.

5. Asco hacia alimentos en mal estado

El asco hacia alimentos en mal estado es una forma de asco ligada claramente a la supervivencia que nos hace sentir una profunda aversión hacia las señales que suelen indicar que un producto comestible está contaminado o se está pudriendo. Así, ver colores raros en un alimento, sentir texturas extrañas en la boca, notar olores desagradables, etc, es algo que puede generar mucha repugnancia, siendo una reacción defensiva del cuerpo para impedir que comamos algo que puede causarnos una intoxicación o una infección alimentaria.

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6. Asco sexual

El asco sexual es una forma de asco a medio camino entre aquella ligada a la supervivencia y aquella más moral que nos hace sentir aprensión y rechazo hacia prácticas sexuales que se salen de la normalidad o de cómo es concebido el sexo en el plano más biológico y “práctico”, como pueden ser el sexo anal o las diversas parafilias que existen.

7. Asco hacia animales

El asco hacia los animales es una forma de asco ligada a la supervivencia en la que sentimos un profundo rechazo hacia animales que pueden ser vehículo de transmisión de enfermedades (como las ratas), que pueden causarnos un daño al ser peligrosos (como las serpientes venenosas) o que relacionamos con una mala higiene (como los insectos). Se trata de una forma de asco ligada a un miedo innato hacia animales que pueden comprometer nuestra salud.

8. Asco hacia la falta de higiene

El asco hacia la falta de higiene es una forma de asco a medio camino entre aquel ligado a la supervivencia y aquel ligado a la moral donde sentimos un profundo rechazo y aversión hacia personas o infraestructuras que no siguen unas pautas de higiene óptimas. Esto nos genera la sensación de que el ambiente puede ser foco de infección y, por tanto, sentimos asco hacia los malos olores corporales o los lugares claramente antihigiénicos.

9. Asco hacia los patógenos

El asco hacia los patógenos es una forma de asco ligada a la supervivencia en la que sentimos aversión por cualquier señal de presencia de patógenos, ya sean parásitos visibles a simple vista o por alimentos, excrementos o cualquier superficie donde sea obvia, a nivel visual por el crecimiento de las comunidades microbianas, la presencia de microorganismos patógenos.

10. Asco interpersonal

El asco interpersonal es una forma de asco a medio camino entre la ligada a la supervivencia y a la moral en la que sentimos repulsión e incomodidad por llevar ropa de otra persona (especialmente si es ropa interior) o por usar objetos de su higiene íntima, como los cepillos de dientes.

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