Bursitis: causas, síntomas y tratamiento

La bursitis es una inflamación de una cápsula o cavidad presente en las articulaciones móviles donde se vierte el líquido sinovial conocida como bursa. Un repaso de sus bases clínicas.

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Las articulaciones son aquellas regiones anatómicas que consisten en el punto en el que dos elementos óseos se juntan. No son estructuras en sí, sino zonas de contacto entre dos huesos o hueso con cartílago que, otorgando o no movimiento, mantienen unidos a dos huesos. Por ello, a pesar de que pensemos que todas las articulaciones son móviles, esto no es así.

Las móviles son las conocidas como articulaciones sinoviales, aquellas en las que los huesos no contactan directamente entre ellos, sino que estan separados por una cavidad articular, la cual consiste de una capa de cartílago que recubre la superficie de ambos huesos, además de una membrana sinovial en el interior y una de naturaleza más fibrosa en el exterior.

Esta membrana sinovial es un tejido que envuelve toda la articulación, encerrando esta región anatómica en lo que se conoce como bursa, una especie de cavidad o cápsula donde se vierte el líquido sinovial, el medio líquido de naturaleza viscosa y pegajosa que mantiene lubricada la articulación.

El problema es que esta bursa es susceptible de desarrollar problemas inflamatorios, cosa que puede derivar en un caso de bursitis, una patología que generalmente se desarrolla en codos o rodillas. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, detallaremos las bases clínicas de esta inflamación o irritación dolorosa de las bursas.

¿Qué es la bursitis?

La bursitis es una inflamación o irritación dolorosa de las bursas, las cápsulas rellenas de líquido sinovial en las articulaciones móviles del cuerpo. Así, cuando estas volsas que proporcionan amortiguación a los huesos se inflaman, puede desarrollarse esta patología dolorosa que generalmente afecta a los codos, rodillas, hombros, caderas, talón y base del dedo gordo del pie.

La bursa puede inflamarse y, por tanto, aparecer la bursitis cuando exigimos a ciertas articulaciones realizar movimientos repetitivos de forma frecuente y con una intensidad o dureza para la cual no están diseñadas ni preparadas anatómicamente. En este sentido, la bursitis se relaciona generalmente con la sobrecarga, aunque también puede asociarse al sobrepeso, a entrenamientos duros que implican un cambio en nuestra actividad u otras causas vinculadas a patologías.

Normalmente, la bursitis cursa con síntomas tales como dolor articular, sensibilidad en la articulación, hinchazón y rigidez y dolor cuando se mueve la articulación afectada. Así, para evitar esta patología es importante evitar actividades que involucren movimientos repetitivos, fortalecer la musculatura del cuerpo y mejorar el equilibrio.

No está asociada a complicaciones, más allá de casos donde la bursitis se debe a una infección de esta región articular, en cuyo caso puede ser necesaria la administración de antibióticos e incluso cirugía. Más allá de estos casos puntuales, la bursitis se trata con descanso y, si es necesario, terapias farmacológicas o de fisioterapia para mejorar la sintomatología hasta la recuperación.

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Causas de la bursitis

La bursitis generalmente aparece a causa de movimientos repetitivos que sobrecargan las articulaciones o por las posiciones que presionan estas bolsas llenas de líquido sinovial alrededor de la articulación, apareciendo normalmente en codos, rodillas, hombros, caderas, talones o el dedor gordo del pie.

Así, situaciones como golpes directos en la rodilla, pasar mucho tiempo arrodillado, apoyarse mucho tiempo sobre los codos, lanzar una pelota con una mano muchas veces y sin preparación, levantar peso por encima de la cabeza varias veces, pasar mucho tiempo fregando, etc, son ejemplos de actividades que pueden ocasiones una inflamación por sobrecarga articular de la bursa.

Cabe destacar que, si bien la bursitis puede aparecer a cualquier edad, se hace más frecuente con la edad. Y es que a medida que envejecemos, la salud articular disminuye y es más probable que suframos inflamaciones en la bursa. Y sumado a este factor de riesgo, hay que resaltar que hay profesiones o pasatiempos que hacen que la persona sea más proclive a sufrir este problema.

En este sentido, personas que tocan instrumentos musicales, que hacen tareas de jardinería, que pasan mucho tiempo arrodillas por trabajo, que hacen instalaciones de baldosas o que pintan, entre muchas otras, tienen un mayor riesgo de desarrollar bursitis en las articulaciones que más sobrecargan. Ahora bien, ¿una sobrecarga es siempre la causa detrás de un caso de bursitis? No. Ni mucho menos.

La inflamación de la bursa también puede ser el resultado de otras afecciones, como por ejemplo el sobrepeso (que aumenta el riesgo de bursitis en rodillas y cadera), la artritis reumatoide (una inflamación de las articulaciones por un trastorno autoinmune), la gota (depósito de cristales de ácido úrico en las articulaciones), la diabetes, los traumatismos directos e incluso las infecciones, con patógenos diseminando al interior de las articulaciones y provocando una inflamación. Otras veces, sin embargo, su causa no se puede identificar.

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Síntomas

La bursitis, esa inflamación de la bursa cuyas causas acabamos de analizar, generalmente cursa con los siguientes síntomas. La articulación afectada suele doler, sentirse rígida y verse enrojecida e hinchada, además de presentar un dolor que aumenta cuando la mueves o la presionas. En este sentido, el dolor y sensibilidad articular es la principal manifestación.

Suele haber rigidez y dolor cuando se mueve la articulación afectada, pero este dolor no desaparece cuando cesa el movimiento, pues también puede doler en reposo y cuando la articulación descansa. La hinchazón, el calor y el enrojecimiento sobre la articulación también es habitual, aunque el dolor puede propagarse y sentirse en otras áreas cercanas a la zona afectada.

Por regla general, la bursitis no es un trastorno grave. Solo habría que consultar con un médico si los síntomas no mejoran, se repiten e incluso empeoran después de 3-4 semanas de tratamiento o de reposo. Del mismo modo, hay señales que pueden indicar que la patología es más grave que un caso normal de bursitis.

Así, si el dolor en las articulaciones es incapacitante, si el dolor es agudo y punzante, si aparece fiebre (no tendría que aparecer y si lo hace es que hay una infección), si la hinchazón y el enrojecimiento es excesivo, si aparecen hematomas, si se observan erupciones cutáneas en la región afectada o si surge una incapacidad súbita para mover la articulación, entonces habría que consultar con un médico inmediatamente.

Y es que por regla general, estos síntomas más severos suelen ser indicativo de una infección grave de la bursa que debe tratarse rápidamente con antibióticos o, en caso de que los daños ya hayan sido demasiado graves, con cirugía.

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Prevención y tratamiento

Como podemos intuir por lo que hemos visto en el apartado de causas, la bursitis no siempre puede prevenirse. Pero como también hemos dicho, la causa más común es una sobrecarga articular sin afección de fondo, por lo que en estos casos sí que existe prevención posible.

Aprender a levantar o lanzar objetos con la técnica correcta, utilizar rodillas si el trabajo implica pasar tiempo arrodillado, tomar descansos frecuentes, hacer ejercicio que fortaleza la musculatura de la zona circundante a la articulación, estirar bien y hacer calentamientos correctos antes de realizar actividades físicas demandantes, mantener un peso corporal adecuado y llevar cargas pesadas con ayuda de herramientas son las principales formas de prevenir esta patología.

Aun así, como es evidente, no siempre es posible prevenir este problema. Y prueba de ello es que aproximadamente 1 de cada 10.000 personas terminan recibiendo atención médica por un caso de bursitis. Estos casos se diagnostican generalmente con una exploración física de los síntomas y con un repaso del historial clínico del paciente.

Ahora bien, cuando hay dudas o no está claro si los signos clínicos se deben a otra afección articular, se pueden realizar pruebas complementarias. Generalmente, se hacen pruebas de diagnóstico por imagen (los rayos X no detectan la bursitis pero sí descartan causas óseas, mientras que las ecografías y las resonancias magnéticas sí que pueden detectar una inflamación de la bursa) o análisis de sangre o del líquido sinovial de la articulación inflamada para identificar la causa exacta.

Aun así, la bursitis muchas veces no requiere de tratamiento más allá de descanso, pues suele mejorar por sí sola y con medidas conservadoras como hielo y analgésicos de venta libre se puede reducir la inflamación y mejorar la sintomatología. De todos modos, hay casos algo más severos en los que sí que puede ser necesario un tratamiento como tal.

En estos casos, pueden recetarse antibióticos (evidentemente solo si la bursitis se debe a una infección), pasar por sesiones de fisioterapia para fortalecer la musculatura, realizar inyecciones de corticosteroides para aliviar el dolor, usar temporalmente bastones para aliviar la presión en caso de que la bursitis ocurra en la rodilla y, ya en los casos más graves, una cirugía de drenaje de líquido sinovial e incluso una extirpación quirúrgica de la bursa, en caso de que la infección responsable haya sido suficientemente grave como para provocar daños irreparables. Pero en la inmensa mayoría de casos, con reposo es más que suficiente.

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