Blefaritis: causas, síntomas y tratamiento

La blefaritis es una enfermedad que cursa con inflamación, irritación y enrojecimiento de los párpados, en la zona donde crecen las pestañas. Un análisis de las bases clínicas de esta patología generalmente infecciosa.

blefaritis

Los ojos son órganos capaces de captar señales lumínicas y transformarlas en impulsos eléctricos que viajarán al cerebro para ser interpretados por el sistema nervioso central y experimentar así la visión. Cada ojo es una estructura esférica contenida dentro de la órbita ocular, la cavidad ósea en la que se encuentran los ojos. Y hacer posible que dispongamos del sentido de la vista implica una gran complejidad fisiológica y morfológica.

Pero a pesar de que generalmente las olvidemos, hay estructuras circundantes que, si bien no están implicadas directamente en el sentido de la vista, sí que son esenciales para que los ojos puedan funcionar y mantener su salud, colaborando pues en una óptima salud ocular. Y una de las más importantes en este aspecto son los párpados.

Los párpados son los pliegues de piel y músculo que cubren los ojos, siendo así los encargados de proteger su superficie de elementos extraños o patógenos que podrían dañarlos al tiempo que, cada vez que parpadeamos, esparcen una serie de sustancias a través del lagrimal que nos ayudan a mantener los ojos lubricados.

El problema es que como cualquier otro tejido del cuerpo, los párpados son susceptibles de desarrollar diversas afecciones. Y una de las más comunes es la blefaritis, la patología que consiste en la inflamación, irritación, comezón y enrojecimiento de los párpados, generalmente en la zona donde crecen las pestañas y por un proceso infeccioso. Y en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, analizaremos sus bases clínicas.

¿Qué es la blefaritis?

La blefaritis es una enfermedad dermatológica que cursa con inflamación, irritación, comezón y enrojecimiento de los párpados, los pliegues de piel y músculo que cubren los ojos y que, abriendo y cerrándose al parpadear, mantienen lubricado el ojo y libre de elementos extraños. La patología, de naturaleza generalmente infecciosa, afecta a la zona de los párpados donde crecen las pestañas.

A pesar de que la infección bacteriana por un sobrecimiento de bacterias en la piel sea la principal causa, así como una disminución en los aceites normales producidos por el párpado, las causas exactas que desencadenan ambas situaciones no se conoce con exactitud. Ahora bien, sí que se conocen factores de riesgo tales como la seborrea, la rosácea e incluso las alergias que afectan a las pestañas.

Lo que también sabemos es que la blefaritis cursa con una sintomatología que, además de la inflamación, irritación, comezón y enrojecimiento de los párpados normalmente donde crecen las pestañas, incluye sensación de ardor y formación se escamas y costras en los párpados. Además, esta blefaritis puede derivar en complicaciones tales como caída de las pestañas, lesiones en la córnea, sequedad de ojos e incluso conjuntivitis crónica.

Por ello es tan importante que, si vemos que la blefaritis no mejora e incluso empeora, busquemos atención médica, pues puede ser necesario un tratamiento con antibióticos, con antiinflamatorios e incluso con inhibidores del sistema inmunitario, dependiendo de la causa subyacente. Así pues, a continuación vamos a profundizar en las causas, síntomas y tratamiento de la blefaritis.

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Causas de la blefaritis

La blefaritis aparece cuando se obstruyen las glándulas sebáceas en la base de las pestañas. Es decir, la patología se desarrolla a raíz de una obstrucción de las glándulas que sintetizan los lípidos epidérmicos, en concreto de aquellos que están cerca de la base de las pestañas en los párpados, que es lo que origina la sintomatología.

Las causas exactas de por qué algunas persona sufren estas obstrucciones y otras no no se conoce con exactitud, pero sabemos que la blefaritis se relaciona con un sobrecrecimiento de las bacterias de nuestra piel (que empiezan a comportarse como patógenos dando lugar a una infección de estas glándulas sebáceas) o por una alteración (generalmente una disminución) en la producción de aceites en el párpado, es decir, por un descenso en la síntesis de lípidos por parte de las glándulas. En muy raras ocasiones se debe a un cáncer de párpado localizado.

Pero a pesar de no conocer exactamente el origen, sabemos que hay ciertos factores de riesgo que, si bien no son causa directa, sí que incrementan las probabilidades de sufrir esta obstrucción de las glándulas sebáceas en la zona de las pestañas de los párpados.

En este contexto, sufrir dermatitis seborreica (una afección cutánea que hace que se formen escamas en las zonas grasosas de la piel), tener alergias que afectan a las pestañas, padecer de rosácea (un trastorno cutáneo que provoca erupciones rojas en el rostro), sufrir proliferaciones excesivas de bacterias que habitan la piel de forma natural, tener los ojos secos e incluso tener ácaros o piojos en las pestañas son factores de riesgo para el desarrollo de la blefaritis.

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Síntomas

La sintomatología de la blefaritis consiste en una clara inflamación, irritación, comezón y enrojecimiento de los párpados, generalmente en la zona de las pestañas. Estos síntomas suelen empeorar por la mañana y es común que la persona sienta como si tuviera arena o polvo en el ojo cuando parpadea.

Además, pueden haber otros signos clínicos tales como hinchazón de los párpados, formación de costra, aparición de escamas que se pegan a la base de las pestañas, ojos llorosos, aspecto grasoso en los párpados, descamación de la piel que rodea a los ojos, visión borrosa que mejora con el parpadeo, mayor frecuencia de parpadeo, tendencia a tener los párpados pegados, etc.

Es importante analizar la evolución de la sintomatología, pues a pesar de que evidentemente la blefaritis en sí no sea grave, puede dar lugar a complicaciones. Por ello, si vemos que a pesar de limpiar y cuidar la zona afectada, a lo largo de los días los síntomas no mejoran en incluso empeoran, deberíamos buscar atención médica.

Y es que un caso severo de blefaritis no tratada puede derivar en severas (a nivel visual e incluso de salud) complicaciones tales como caída de las pestañas, crecimiento anómalo de pestañas, aparición de cicatrices en el párpado, anomalías morfológicas en los párpados, lagrimeo excesivo, ojos secos, aparición de orzuelos (bultos dolorosos en el borde del párpado), chalazión (bultos duros e indoloros en el borde del párpado), lesiones en la córnea, infecciones en la córnea y conjuntivitis crónica, aumentando el riesgo de sufrir episodios recurrentes de la inflamación de la conjuntiva.

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Diagnóstico y tratamiento

La blefaritis se diagnostica a través de un examen de los ojos donde se usa un instrumento especial con aumentos para analizar el estado de salud de los párpados y del ojo, al tiempo que pueden realizarse hisopados de piel para extraer muestras de costra o de los aceites para su posterior análisis en laboratorio en búsqueda de bacterias o de señales de alergia. Todo esto es para determinar la causa subyacente, pues la sintomatología es más que evidente.

Una vez detectado el origen de la blefaritis, empezará el tratamiento, que muchas veces puede reducirse a medidas de cuidado personal, lavando los ojos con delicadeza, evitando tocar los ojos con las manos sucias y usando compresas calientes para aliviar las molestias. Con ello, muchos casos de blefaritis pueden solucionarse sin mayores complicaciones.

Ahora bien, si el caso es particularmente severo, existe riesgo de complicaciones como las que hemos comentado y/o el paciente no responde bien a las medidas de higiene y cuidado personal ya que los síntomas no mejoran e incluso empeoran, entonces es posible que el médico recomiende un tratamiento más exhaustivo.

En esta línea, estamos hablando de la administración de antibióticos que permiten resolver la infección bacteriana de las glándulas sebáceas de los párpados. Normalmente se realiza con antibióticos tópicos, pero si no hay respuesta positiva pueden recetarse antibióticos orales. Así, los medicamentos que combaten la infección son, en caso de que el proceso sea debido a una proliferación bacteriana, la principal estrategia de tratamiento.

Si la blefaritis no se debe a una infección y/o es necesario aliviar la sintomatología, entonces el médico podrá recetar medicamentos en forma de gotas o ungüentos que controlan la inflamación, por regla general fármacos esteroides que tienen buenas acciones antiinflamatorias. Como decimos, esto se reserva para casos no ligados a infección o en los que el paciente no responde bien a fármacos antiinflamatorios de venta libre.

Del mismo modo, la ciclosporina tópica ha demostrado ofrecer alivio a algunos de los síntomas de esta afección cutánea. Cabe destacar que, en caso de que la blefaritis sea la consecuencia de otra patología de fondo, como la rosácea o la dermatitis seborreica, habrá que tratar la patología subyacente en cuestión.

Aun así, es importante tener en cuenta que, incluso cuando el tratamiento ha sido exitoso, la blefaritis normalmente no desaparece por completo. Son habituales las recurrencias, pues con frecuencia es una patología crónica que va a requerir de atención diaria y cuidados con exfoliantes. Pese a que falten estudios, los tratamientos con luz pulsada intensa parecen ser útiles para la desobstrucción de las glándulas.

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