¿Qué causa el hipo y cómo puedo deshacerme de él?

El hipo surge como consecuencia de contracciones involuntarias del diafragma, un músculo que participa en la respiración, y, aunque sea complicado, hay formas de hacer que desaparezca.
Hipo

A todos nos sucede con mayor o menor frecuencia. El hipo es un proceso fisiológico involuntario de nuestro cuerpo que ha sido (y sigue siendo) un gran misterio para los científicos, pues a diferencia de otros actos reflejos como el vómito, la tos o los estornudos, que sí que tienen una función protectora a través de la eliminación de sustancias dañinas, el hipo no parece tener ninguna utilidad.

Se sabe que aparece debido a contracciones del diafragma, un músculo situado debajo de los pulmones y que interviene en la respiración, por distintos detonantes que analizaremos a lo largo de este artículo.

Más allá de esto, el hipo resulta todavía un enigma. Y aunque hay formas de deshacerse de él, lo cierto es que estas técnicas no sirven para todas las personas ni en todos los casos, aunque siguen siendo la mejor estrategia para librarse de esta molesta situación.

En el artículo de hoy hablaremos sobre el hipo, detallando tanto sus causas como las formas para deshacerse de él, así como los casos más extremos y sus complicaciones.

¿Qué es el hipo?

El hipo es el principal síntoma de unas repetidas contracciones del diafragma, un músculo con forma de bóveda que, si bien no forma parte de los pulmones, es vital para que la respiración ocurra correctamente. Por orden del sistema nervioso autónomo (el que no controlamos), se contrae durante la inhalación y se relaja durante la exhalación para ayudar a los pulmones.

Cuando, debido a circunstancias diversas que van desde comer demasiado hasta pasar por una situación estresante, hay una afectación a la actividad del diafragma, es posible que este equilibrio entre contracciones y relajaciones se desregule, es decir, que se contraiga cuando no debe hacerlo y/o a demasiada intensidad.

Cada vez que el diafragma se contrae de forma incorrecta, todo el aparato respiratorio sufre las consecuencias de esto, lo que se traduce en ese “dolor” en el tórax, tensión en el abdomen y, sobre todo, en un cierre repentino y momentáneo de las cuerdas vocales, pues el cerebro interpreta que no puede inhalar más aire. Esta última circunstancia es lo que realmente provoca el característico sonido del hipo.

Para la inmensa mayoría de las personas, estos episodios de hipo suelen desaparecer a los pocos minutos. Sin embargo, especialmente cuando el hipo es el síntoma de una enfermedad no diagnosticada, hay ocasiones en las que estos ataques pueden prolongarse hasta más de 2 días. Incluso ha habido casos aislados de personas que han tenido hipo durante más de 2 meses seguidos.

Cuando estamos ante un escenario en el que la persona sufre un episodio de hipo de más de 48 horas, hablamos de hipo crónico. Y esto, a diferencia del tradicional (agudo), requiere de atención médica por parte de un médico, pues hay que encontrar el trastorno de fondo, ya que el hipo crónico puede derivar en problemas de salud graves debido al impacto que tiene en el sueño, el estado de ánimo, la alimentación y las relaciones personales.

¿Por qué aparece el hipo?

Durante mucho tiempo no entendíamos por qué el diafragma sufría estos espasmos o contracciones involuntarias que se traducen en la tensión en el abdomen y el cierre de las cuerdas vocales. Sin embargo, a medida que se ha ido investigando, nos hemos dado cuenta de que el hipo tiene muchos desencadenantes distintos.

De todos modos, no todas las causas son igual de comunes. Hay unas, las más frecuentes, que son las que están detrás de la práctica totalidad de casos y que están vinculadas a los ataques más leves y cortos de hipo. Los casos de hipo crónico se explican por otros desencadenantes menos comunes pero que, por su naturaleza, llevan a que los episodios sean mucho más largos.

Causas más frecuentes

El hipo es un “trastorno” con una incidencia en la población del 100%, es decir, todos hemos sufrido alguna vez (y seguiremos sufriendo) estos episodios. Lo que sabemos hasta ahora es que el hipo aparece cuando hay alguna afectación al nervio que controla las contracciones y relajaciones del diafragma.

Es decir, el hipo aparece porque de forma generalmente momentánea, alguna situación hace que el sistema nervioso autónomo no pueda regular correctamente la funcionalidad de este músculo respiratorio. Ahora bien, este “daño” al nervio puede tener muchos orígenes distintos.

Comer demasiado o muy rápido, pasar por una situación emocionalmente estresante, dormir poco, fumar, tomar bebidas con gas, beber demasiado alcohol, cambios bruscos de temperatura, “tragar” mucho aire, estar nervioso, tener el estómago irritado, comer mucho picante…

Hay muchas situaciones de nuestro día a día que pueden desencadenar en nuestro organismo una serie de reacciones metabólicas o fisiológicas que se traduzcan en un impacto en la funcionalidad del diafragma. En menor medida, el dolor de garganta, la laringitis y el reflujo gastroesofágico están detrás de algunos casos agudos.

De todos modos, esto dependerá por completo de la persona, pues no todos respondemos del mismo modo ante estas circunstancias. Es más, muchas veces el hipo aparece sin ningún motivo aparente. En este caso, el “daño” al nervio que regula el diafragma es de origen desconocido.

Causas menos frecuentes

En la práctica totalidad de casos, el hipo surge como consecuencia de un impacto al sistema nervioso autónomo causado por los motivos que hemos visto anteriormente. De todos modos, y generalmente relacionados con los casos crónicos (con ataques de hipo de más de 48 horas), es posible que este impacto al nervio regulador del diafragma se deba a problemas de salud más graves.

Patologías del sistema nervioso central no diagnosticadas pueden tener como síntoma el hipo, aunque dependerá de qué región esté afectada. Tumores en el sistema nervioso, encefalitis, meningitis, esclerosis múltiple, accidente cerebrovascular, lesión traumática en el sistema nervioso… Estas y otras enfermedades neurológicas pueden estar detrás de los casos más graves de hipo.

Por ello, si bien solo habría que preocuparse por esto si el hipo dura más de 48 horas, en caso de que así fuera, habría que solicitar atención médica inmediatamente, pues la mayoría de casos crónicos son debidos a problemas serios en el sistema nervioso. Un rápido diagnóstico, aunque no haya cura para la mayoría de trastornos neurológicos, puede marcar la diferencia en cuanto al pronóstico.

Más allá de estas enfermedades del sistema nervioso, el hipo crónico o de duración superior a la normal puede aparecer por otras circunstancias: alcoholismo, haber sido operado con anestesia general, sufrir diabetes, tomar esteroides, padecer enfermedades renales, tomar tranquilizantes, tener algún desequilibrio hormonal… Aunque no en todos los casos, las personas que cumplen con alguno (o algunos) de estos factores de riesgo son más propensos a pasar por episodios inusualmente largos de hipo.

De todos modos, repetimos que, en la inmensa mayoría de casos, el hipo no tiene por qué preocuparnos. Solo habría que solicitar atención médica si el hipo dura más de 48 horas. De lo contrario, no es señal de ningún problema grave de salud.

¿Cómo me puedo deshacer del hipo?

Si estamos ante un caso de hipo crónico, la manera de deshacerse de él será acudiendo al médico, quien encontrará la causa de fondo e indicará un tratamiento para, si es posible, solucionar la patología de fondo. Sin embargo, para la práctica totalidad de casos, que son debidos a situaciones o circunstancias puntuales sin que haya ninguna enfermedad detrás, hay remedios que, si bien no son 100% efectivos, han demostrado agilizar la desaparición del hipo.

La mejor estrategia es esperar, pues a los pocos minutos va a desaparecer por sí solo ya que el sistema nervioso recupera su funcionalidad rápidamente. En caso de que se prolongue varios minutos y/o la tensión en el abdomen sea especialmente molesta, se pueden seguir algunos de estos consejos.

No sirven para todo el mundo ni son útiles en todos los casos, pues la mayoría de veces el origen es desconocido y es complicado recuperar de forma forzada la funcionalidad del sistema nervioso para que el diafragma no se contraiga cuando no debe.

Aguantar la respiración el máximo tiempo posible, respirar dentro de una bolsa de papel, beber sorbos de agua fría, hacer gárgaras (mejor si es con agua fría), estornudar o toser, flexionar las rodillas hasta que lleguen a tocar el abdomen, dar golpes ligeros en la espalda, etc, son, aparentemente, las mejores formas de agilizar la finalización del hipo.

Además, hay formas de prevenirlo: reducir el consumo de alcohol y bebidas gaseosas, comer más despacio y porciones más pequeñas, intentar controlar el estrés en nuestra vida, evitar los cambios bruscos de temperatura, etc.

En conclusión, el hipo, excepto en casos muy puntuales, no es síntoma de ningún problema de salud grave. Es una simple respuesta descontrolada del sistema nervioso ante situaciones cotidianas que se corrige por sí sola los pocos minutos, aunque en ocasiones puede solucionarse de forma más rápida siguiendo los consejos y remedios que hemos visto e incluso prevenir su aparición. Solo deberíamos preocuparnos cuando los ataques de hipo duran más de 2 días, en cuyo caso sí que habría que solicitar atención médica para detectar y tratar el problema de salud de fondo.

Referencias bibliográficas

  • Encinas Sotillos, A., Cañones Garzón, P.J. (2001) “El hipo: actuación y tratamiento”. Medicina General, 30, 40-44.
  • Fleta Zaragozano, J. (2017) “El hipo, ¿un signo inane en pediatría?”. Pediatría Integral.
  • Full Young, C., Ching Liang, L. (2012) “Hiccup: Mystery, Nature and Treatment”. Journal of neurogastroenterology and motility, 18(2), 123-130.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.