10 razones por las que vacunarse es importante

Las vacunas son nuestra mejor defensa para evitar padecer enfermedades graves e impedir que regresen patógenos que erróneamente consideramos erradicados.
Vacunarse

Pese a las recientes acusaciones sin fundamento científico que han recibido, las vacunas son la mejor estrategia que tenemos para evitar enfermar a causa del ataque de algunos patógenos peligrosos que, aunque creemos erróneamente que no siguen estando ahí fuera, sí lo están.

Las vacunas son fármacos y, como tal, es cierto que tienen algunos efectos secundarios que, eso sí, son leves en la práctica totalidad de casos. Ni son tóxicas ni, como se ha llegado a decir, provocan autismo. Un ibuprofeno también tiene efectos secundarios y a pesar de esto no hay un movimiento en contra.

Las vacunas nos ofrecen inmunidad frente a muchas bacterias y virus que, de no vacunarnos, nos harían enfermar, en ocasiones de forma muy grave. Pero es que las vacunas no solo nos protegen a nosotros mismos, también protegen a toda la comunidad y a los que pueden ser más sensibles a estas enfermedades infecciosas.

Vacunarse es imprescindible. De hecho, la OMS sitúa el movimiento antivacunas como una de las mayores amenazas para la salud pública mundial. Por ello, y con el fin de justificar esta importancia capital, en el artículo de hoy presentaremos los principales motivos por los que respetar las vacunaciones es vital.

¿Cómo funcionan las vacunas?

Una vacuna es un fármaco que se administra de forma intravenosa, es decir, por una inyección directa al torrente sanguíneo. Estas vacunas son líquidos que contienen, además de distintas sustancias que ayudan a que cumplan con su función, “trozos” de una bacteria o virus determinado.

Pero, ¿para qué inoculamos en nuestro cuerpo estas partes de patógenos? Muy sencillo: para disparar en nuestro cuerpo todas las reacciones de inmunidad que hay cuando sufrimos una infección, pero, en este caso, sin que haya riesgo de enfermar, pues las partículas que se inoculan están o muertas o inactivas, por lo que no nos pueden hacer ningún daño.

Pero, eso sí, nuestras células inmunes sí que acuden a su encuentro, pues creen que realmente estamos sufriendo un ataque. Por ello, el sistema inmune analiza estas sustancias extrañas y “memoriza” cuáles son las propiedades de esa bacteria o virus presente en la vacuna.

Una vez ya ha memorizado cómo es, el sistema inmune genera anticuerpos específicos para ese patógeno. De este modo, cuando la bacteria o el virus real intente colonizar alguno de nuestros órganos o tejidos, el sistema inmune ya estará preparado, pues lo recordará e iniciará una respuesta de eliminación de la amenaza mucho más rápida y eficaz, sin darle tiempo a que el germen nos cause la patología.

Por lo tanto, con las vacunas conseguimos desarrollar inmunidad frente a una enfermedad sin tener que pasarla primero. Son uno de los mayores avances en la medicina y han permitido salvar millones de vidas desde que empezaron a comercializarse.

¿Por qué hay que vacunarse?

Hay muchos motivos por los que es importante vacunarse. El principal (y del que derivan todos los demás) es que es la única manera que tenemos de protegernos frente a enfermedades que en ocasiones pueden ser graves y/o para las que no tenemos cura.

Y es que no es fruto del azar que enfermedades como el sarampión o el tétanos prácticamente no tengan incidencia en el mundo, al menos en los países desarrollados. Esto es gracias única y exclusivamente a las vacunas. Por ello, a continuación presentamos las principales razones por las que es importante vacunarse.

1. Evitamos que regresen enfermedades “erradicadas”

Hay un seguido de enfermedades que, gracias a las vacunas, eso sí, consideramos erróneamente erradicadas. El sarampión, la rubéola, la difteria… Son patologías infecciosas que pueden resultar muy graves; especialmente el sarampión, responsable a lo largo de la historia de, antes de obtener una vacuna, 200 millones de muertes.

Todos estos patógenos responsables de enfermedades mortales no han desaparecido. Siguen ahí fuera. Respetando las vacunaciones estamos consiguiendo que su incidencia sea casi negligible, pero se está alertando de que por culpa del movimiento antivacunas se están observando rebrotes en algunas regiones. Vacunarse es la mejor manera de evitar que estas enfermedades “regresen”.

2. Nos protegemos frente a patógenos peligrosos

Recibir las vacunas recomendadas no es como tomar un antiinflamatorio, que alivia los síntomas o el malestar causado por una enfermedad. Recibir las vacunas es proteger nuestra salud. Además de las anteriormente mencionadas, evita que suframos patologías graves como la hepatitis, la neumonía, la meningitis, la poliomielitis, la tos ferina, el tétanos, etc. Todas estas enfermedades son peligrosas y pueden resultar mortales. Con una simple inyección, somos inmunes (a menudo de por vida) al ataque de las bacterias y virus que más frecuentemente causan estas patologías.

3. Fomentamos la salud colectiva

Evidentemente, cada uno es responsable de su salud y puede hacer con ella lo que quiera. El problema es que la libertad individual termina donde empieza la de los demás. Y decidir no vacunarse (y no vacunar a los hijos) no solo resulta un peligro para uno mismo, sino que estamos comprometiendo la salud de todas las personas que nos rodean. Vacunarse es importante porque cuando todos lo hacemos, conseguimos una inmunidad colectiva que hace que los patógenos contra los que las vacunas nos protegen cada vez lo tengan más difícil para expandirse, logrando así una disminución enorme de la incidencia.

4. Protegemos a las personas inmunodeprimidas

Quizás podemos pensar que no hace falta recibir todas las vacunas más allá de aquellas que nos protegen de los patógenos más graves. Pero debemos recordar que las personas inmunodeprimidas y otros grupos de riesgo pueden tener muchos problemas (e incluso puede peligrar su vida) si son infectados por bacterias y virus que en personas sanas no tienen demasiados riesgos. La varicela, por ejemplo, puede no ser grave para la mayoría de la población, pero para una persona de riesgo es potencialmente mortal. Por ello, vacunarse de todo es importante para proteger a las personas más sensibles.

5. Reducimos la carga en el sistema de salud

Es una ecuación matemática muy sencilla. Cuantas más personas se vacunen, menos personas enfermarán y menos carga habrá en los hospitales y centros de salud. Hoy en día, no hay razón (excepto en casos puntuales) de que lleguen casos a los hospitales de enfermos por sarampión o rubéola. No solo se compromete la salud de los demás, sino que estamos gastando unos recursos médicos que podrían estar invirtiéndose en el tratamiento de patologías no prevenibles. Por solidaridad con el sistema sanitario, hay que vacunarse.

6. Garantizamos un mejor envejecimiento

Cuanto más cuidemos nuestra salud a lo largo de la vida, en mejores condiciones llegaremos a la vejez. Y es que si nos hemos vacunado de todo, habremos protegido nuestra salud y, por lo tanto, el cuerpo envejecerá de forma mucho más saludable. Haber sufrido patologías por culpa de la falta de vacunas compromete la salud y aumenta el riesgo de que durante la vejez se sufran trastornos y otras patologías.

7. Evitamos la propagación de algunas enfermedades de transmisión sexual

Si bien es cierto que no todas son prevenibles con vacuna (como es el caso, evidentemente, del VIH), hay algunas enfermedades de transmisión sexual cuyo contagio sí que se puede prevenir. El más claro ejemplo es la del Virus del Papiloma Humano (VPH), una de las patologías de transmisión sexual más comunes y que está vinculada al desarrollo de cáncer de cuello uterino. Es muy importante, por lo tanto, que todos los niños y niñas reciban la vacuna antes de entrar en la edad sexualmente activa.

8. Reducimos la mortalidad infantil

Vacunar a los niños es de vital importancia, ya no solo para no comprometer su salud en la vida adulta, sino porque de no hacerlo, los dejamos expuestos a enfermedades que resultan mortales incluso en edad infantil. El sarampión, por ejemplo, es un claro ejemplo de causa de muerte en niños. Y es que el virus responsable infecta los pulmones y las meninges, poniendo en peligro la vida del niño o, en el mejor de los casos, dejando secuelas de por vida. No podemos condenar a un niño a morir por culpa de no recibir una simple vacuna.

9. Protegemos a las futuras generaciones

Conseguir esta inmunidad colectiva es imprescindible ya no solo para protegernos en el presente, sino para hacer que las enfermedades contra las que nos protegen las vacunas sean cada vez menos frecuentes. Si todos nos vacunamos, en las futuras generaciones prácticamente no habrá casos de estas patologías, por lo que aquí y ahora podemos conseguir que, dentro de unos años, estas graves enfermedades se consideren prácticamente erradicadas.

10. Las vacunas son perfectamente seguras

Las vacunas no son peligrosas. Claro que tienen efectos secundarios, como cualquier otro medicamento. Pero en ningún caso son tóxicas. Todas las vacunas que se lanzan al mercado han pasado por increíblemente exhaustivos controles de seguridad. Cuando se comercializan, es porque se sabe que no hay ningún riesgo, más allá de los inevitables efectos secundarios.

Pero estos efectos secundarios son, en el 99’99% de los casos, leves y debidos básicamente a que el sistema inmune cree que realmente estamos siendo infectados por un patógeno, por lo que dispara las reacciones habituales de una enfermedad, aunque de forma “light”. Por ello, en algunos casos hay una ligera fiebre, malestar o enrojecimiento. Pero esto no es porque la vacuna en sí sea tóxica, sino por la reacción del sistema inmune.

Más allá de esto, las vacunas son perfectamente seguras. El riesgo de que un niño pueda tener unas décimas de fiebre durante unas horas no se compara con el de que sufra secuelas de por vida por no vacunarse contra el sarampión, por ejemplo. Cuando se trata de vacunas, el remedio sí que es mejor que la enfermedad.

Referencias bibliográficas

  • Lopera Pareja, E.H. (2016) “El movimiento antivacunas: argumentos, causas y consecuencias”. CATARATA.
  • World Health Organization. (2013) “Vaccine Safety Basics: Learning Manual”. WHO.
  • Centers for Disease Control and Prevention. (2015) “Five Important Reasons to Vaccinate Your Child”. CDC.
  • World Health Organization. (2015) “WHO’s Vision and Mission in Immunization and Vaccines 2015-2030”. WHO.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.