Tétanos: causas, síntomas y tratamiento

El tétanos es una enfermedad grave del sistema nervioso causada por las neurotoxinas producidas por “Clostridium tetani”, una bacteria que suele ingresar en el cuerpo por medio de un corte profundo. Un análisis de sus bases clínicas.

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El reino de las bacterias, constituido por organismos unicelulares procariotas de reproducción asexual con un tamaño que oscula entre los 0,5 y los 5 micrómetros, es el más abundante y diverso del planeta. Y es que a pesar de que “apenas” hayamos identificado 10.000 especies de bacterias, se estima que su número real podría ser de más de 1.000 millones.

De todas estas especies, solo 500 son patógenas para el ser humano. Y de ellas, solo 50 son realmente peligrosas y pueden poner en peligro nuestra vida. Pero estas, históricamente han sido muy relevantes a nivel clínico y de salud pública al ser responsables de algunas enfermedades que, antes de la irrupción de los antibióticos, representaban serios peligros.

Y una de las más importantes es Clostridium tetani, una bacteria que quizás es poco conocida pero que es responsable de una enfermedad que conocemos todos y que, seguramente, le hemos tenido miedo. Estamos hablando, por supuesto, del tétanos. Una enfermedad contra la que nos protege la vacuna DTaP, pues 1 de cada 5 personas que sufren la patología y que no están vacunadas mueren.

Por ello, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a describir las causas, síntomas y tratamiento del tétanos, una enfermedad grave producida por las neurotoxinas de la bacteria ya mencionada. Indaguemos, pues, en sus bases clínicas.

¿Qué es el tétanos?

El tétanos es una enfermedad grave causada por los efectos neurológicos de las neurotoxinas producidas por la bacteria Clostridium tetani, un bacilo gram-positivo productor de esporas que se encuentra normalmente en el suelo, la saliva, el polvo, el estiércol y objetos contaminados, como por ejemplo los metales oxidados.

La bacteria responsable tiende a entrar en el organismo a través de una quemadura o de un corte profundo, como puede ocurrir, por ejemplo, al pisar un clavo. Una vez en el organismo, habrá un periodo de incubación que será más o menos largo en función de cómo de lejos esté la herida del sistema nervioso central, pudiendo ir desde apenas 24 horas hasta unos 50 días.

Pero finalmente, la bacteria viaja hasta el sistema nervioso central a través de la circulación sanguínea y linfática, donde se multiplica y empieza a segregar las toxinas que inhibirán las neuronas productoras del neurotransmisor GABA y de glicina, algo que ocasionará los síntomas que caracterizan el tétanos, especialmente parálisis y espasmos musculares.

Se trata de una enfermedad grave en la que 1 de cada 5 personas infectadas (no vacunadas) muere. Fue descrita por primera vez por Hipócrates, el famoso médico de la Antigua Grecia, en el siglo V a.C. Siglos después, en 1889, el médico y bacteriólogo japonés identificó el agente causal Clostridium tetani para que, diez años después, en 1899, se aislara la toxina para así iniciar el desarrollo de la vacuna.

Con la obtención de la vacuna, comenzó una inmunización masiva durante la Primera Guerra Mundial que ha logrado que, a día de hoy, la incidencia del tétanos en un país como Estados Unidos es de apenas 30 casos reportados al año. Y esto es gracias a la vacuna DTaP, que concede inmunidad frente a la difteria, la tos ferina y, por supuesto, el tétanos. Por ello es tan importante seguir con las pautas de vacunación.

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Causas del tétanos

La causa de desarrollar tétanos es sufrir una infección por Clostridium tetani y padecer los dañinos efectos neurológicos de las toxinas producidas por esta bacteria. Un bacilo anaeróbico gram-positivo que se encuentra de forma natural en suelos, heces de determinados animales, sedimentos marinos y objetos contaminados, como los metales en oxidación.

Clostridium tetani forma esporas de protección donde se encuentra en un estado inactivo a la espera de llegar a un medio donde pueda desarrollarse. Si la bacteria entra en nuestro cuerpo a través de heridas abiertas por contacto con tierra o heces contaminadas, por quemaduras, por mordeduras de animales o por cortes profundos con objetos, generalmente clavos, anzuelos o cuchillas oxidadas, entonces estamos en riesgo.

Y es que una vez en nuestro interior, las esporas de la bacteria viajarán a través del torrente sanguíneo y el sistema linfático hasta el sistema nervioso central. Una vez ahí, la bacteria se activará, comenzará a replicarse y sentetizará las neurotoxinas, en concreto la tetanolisina y la tetanoespasmina. Estas toxinas inhibirán las neuronas productoras del neurotransmisor GABA y de glicina, cosa que desencadenará la peligrosa sintomatología del tétanos.

Sea como sea, el tétanos, a día de hoy y gracias a la vacunación, es una enfermedad rara de la cual, por ejemplo en Estados Unidos, apenas se registran 30 casos anualmente. Y es que el mayor factor de riesgo es no estar vacunado o no estar al día con las dosis de refuerzo, pues cada 10 años tendríamos que vacunarnos. Del mismo modo, sufrir trastornos inmunodepresores o padecer diabetes son otras situaciones que incrementan el riesgo.

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Síntomas y complicaciones

El periodo de incubación del tétanos es, de promedio, de unos 8 días, aunque dependerá de cómo de cerca esté la herida por la cual ha ingresado la bacteria del sistema nervioso central, pudiendo oscilar entre apenas 24 horas y hasta unos 50 días. Pero una vez llega al sistema nervioso central transportada por la sangre y la linfa, la bacteria se activará y sintetizará la tetanolisina y la tetanoespasmina, sus dos neurotoxinas principales.

Estas toxinas tienen un efecto inhibitorio de las neuronas productoras del neurotransmisor GABA y del aminoácido glicina, dando lugar a una sintomatología que empieza de forma progresiva y que va empeorando a lo largo de unas dos semanas hasta derivar en las complicaciones que veremos a continuación.

Los síntomas más comunes del tétanos son los espasmos musculares, la rigidez muscular, la imposibilidad de mover la mandíbula, los espasmos dolorosos en el cuello, la dificultad para tragar, la rigidez de los músculos abdominales y la tensión de la musculatura que rodea a los labios, lo que generalmente ocasiona una mueca persistente.

Con el progreso de los daños neurológicos, los espasmos dolorosos son repetidos y pueden parecer convulsiones que se alargan varios minutos, presentando también flexiones en los brazos, contracción de los puños, arqueamiento de la espalda y del cuello y las consecuentes dificultades respiratorias derivadas de estas.

Más tarde, aparecen otros signos clínicos tales como hipertensión o hipotensión, fiebre, sudoración extrema y aceleración de la frecuencia cardíaca. Sin tratamiento, el tétanos deriva en graves complicaciones potencialmente mortales que hacen que 1 de cada 5 personas infectadas no vacunadas muera.

Entre estas complicaciones, destacan los problemas respiratorias, las embolias pulmonares (un coágulo de sangre bloquea la arteria principal del pulmón), la neumonía, las fracturas de huesos (por los espasmos), la parálisis muscular e incluso la obstrucción de las vías respiratorias o parálisis de los nervios que controlan la actividad de los órganos vitales, en cuyo caso hay un riesgo alto de fallecimiento.

Aun así, no debemos olvidar que la prevención es muy sencilla: basta con aplicarse la vacuna DTaP. Esta se realiza con una serie de cinco inyecciones que se administran a los 2 meses, a los 4 meses, a los 6 meses, a los 15-18 meses y a los 4-6 años de edad. Esta es la vacunación primaria, pero después de ella se recomienda una dosis de refuerzo cada 10 años.

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Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico del tétanos se realiza a través de un examen físico valorando los síntomas de espasmos musculares y rigidez y con una evaluación del historial de vacunación. Los análisis de laboratorio solo se realizan si el médico tiene sospechas de que los síntomas pueden estar causados por otra afección que no sea el tétanos.

Ahora bien, debemos tener muy claro que no existe cura para el tétanos. Los antibióticos no sirven (tanto como en otras enfermedades bacterianas) ya que el problema no es la bacteria en sí, sino las neurotoxinas que ha producido y que están dañando el sistema nervioso central. Así pues, el tratamiento no se basará en curar la enfermedad, sino en dar el apoyo terapéutico para que haya menos riesgo de complicaciones y el organismo pueda superar la enfermedad.

Así, el tratamiento se fundamenta en el cuidado de la herida (limpiar la herida para eliminar la suciedad y evitar que el tejido muerto sea un lugar donde puedan crecer bacterias), medicación (administración de antitoxinas que inactivan aquellas neurotoxinas que todavía no han atacado a los nervios del cuerpo, de sedantes y de antibióticos, así como una vacunación para estimular el sistema inmunitario contra las toxinas) y terapias de apoyo tales como sondas de alimentación, asistencia respiratoria y, en general, todos aquellos cuidados que el paciente pueda necesitar.

Debemos tener en cuenta que, incluso con este tratamiento y estando hospitalizado en una unidad de cuidados intensivos, la enfermedad va a progresar durante unas 2 semanas y que la recuperación total puede llevar más de un mes. Por ello, es esencial estar todos concienciados de la importancia de vacunarnos.

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