¿Qué es la ameba comecerebros y cómo actúa?

“Naegleria fowleri” es una ameba que vive en aguas dulces y que puede infectar el cerebro, provocando una patología con una letalidad del 98%, pero que es extremadamente rara.
Ameba comecerebros

Cada cierto tiempo, la mediática “ameba comecerebros” ocupa un espacio en los teleinformativos, especialmente durante el verano. Sin duda, resulta horrible que en lagos y ríos pueda haber una ameba que devore tu cerebro.

De todos modos, lo cierto es que hay mucha desinformación acerca de este microorganismo. Es cierto que provoca una enfermedad con una letalidad del 98%, pero hay que tener en cuenta que, desde su descubrimiento en los años 60, ha habido apenas 400 casos en todo el mundo.

Además, no está presente, ni mucho menos, en todos los lagos y ríos del mundo. Porque a pesar de que viva en aguas dulces, necesita unas condiciones de temperatura concretas. Y no solo eso, sino que el 80% de las personas presentamos anticuerpos ante esta ameba.

Por ello, y con el objetivo de recordar que no hay motivos para crear una situación de pánico, en el artículo de hoy analizaremos la naturaleza de Naegleria fowleri, la ameba que se ha ganado el título de comecerebros, de la manera más objetiva posible, presentando su epidemiología, condiciones de vida, causas de infectarse, sintomatología, prevención y tratamiento.

¿Qué es “Naegleria fowleri”?

Naegleria fowleri es una ameba que se ha ganado el título de “ameba comecerebros”, pero, ¿siempre hace daño a los seres humanos? No, ni de lejos. El género Naegleria engloba varias especies de amebas, es decir, organismos unicelulares del reino de los protistas (un tipo de célula distinta a la animal, bacteriana, vegetal, etc) que viven de forma natural en ecosistemas de agua dulce.

Estas amebas viven libremente en lagos, ríos y cualquier sistema de agua dulce con temperaturas templadas (incluidas piscinas sin tratar), pero nunca en agua salada. Este microorganismo está presente en todo el mundo, aunque el incremento de las temperaturas debido al cambio climático está impulsando su crecimiento y expansión.

Naegleria fowleri es la única especie capaz de infectar al ser humano, aunque por regla general se alimenta de otros microorganismos, como las bacterias que habitan también estos sistemas de agua dulce.

Su temperatura ideal de crecimiento son los 46 °C, por lo que es difícil encontrarse con un río o lago en el que las amebas puedan desarrollarse al máximo. Aun así, es posible que, accidentalmente, la ameba entre en nuestro cuerpo a través de la nariz.

En este momento, es posible que (si no tenemos anticuerpos o el sistema inmune está debilitado) infecte el cerebro, dando lugar a una enfermedad que, si bien es muy rara, es extremadamente grave: la meningoencefalitis amebiana primaria.

Al llegar al cerebro, la ameba empieza a secretar una serie de enzimas que degradan el tejido cerebral, una situación que no puede tratarse y que provoca, en el 98% de los casos, la muerte del paciente normalmente entre 24 y 72 horas después de los primeros síntomas.

Pero, ¿todos somos susceptibles a enfermar? ¿Se puede prevenir? ¿Cuál es su sintomatología? A continuación responderemos a estas y otras preguntas.

Naegleria fowleri
Naegleria fowleri, la ameba de vida libra que accidentalmente puede infectar el cerebro humano.

Meningoencefalitis amebiana primaria: causas

La meningoencefalitis amebiana primaria es la enfermedad que se desarrolla debido a una infección cerebral por parte de la ameba en cuestión, por lo que su causa es sufrir una colonización en el cerebro por parte de Naegleria fowleri, la ameba comecerebros.

La infección ocurre al quedar expuestos a la ameba al nadar o practicar deportes acuáticos en lagos, ríos y otros sistemas de agua dulce (como piscinas sin tratar) con temperaturas templadas. Pero exposición no es igual a infección.

De hecho, sabemos que millones de personas se exponen a la ameba, en el sentido que esta consigue entrar en nuestro cuerpo a través de los orificios nasales, que es la única ruta de entrada que le sirve, pues el único órgano del cuerpo que esta ameba puede colonizar es el cerebro.

De estos millones de personas que se exponen a la ameba, solo unas pocas sufren una infección. Y tan pocas que tan solo se han registrado 400 casos desde su descubrimiento en la década de los 60, la mayoría de ellos en Estados Unidos, Australia, España y Argentina.

No está del todo claro por qué tiene una capacidad de infección tan baja, aunque se cree que estaría debida a que el 80% de las personas tienen anticuerpos contra esta ameba y que las que no los tienen, pueden eliminarla (gracias a las células inmunitarias) antes de que colonice el cerebro.

En este sentido, para que la exposición termine con infección, debe haber algún problema en el sistema inmune. Esto explica que casi todos los casos hayan sido en niños menores de 12 años y personas de edad avanzada, pues tienen un sistema inmune poco desarrollado o debilitado, respectivamente.

En resumen, solo un pequeñísimo porcentaje de las exposiciones a la ameba culminan con una infección. Eso sí, en caso de que se desarrolle la enfermedad, el 98% de los casos terminan con la muerte del paciente antes de una semana. De hecho, hasta la fecha, solo 13 personas han sobrevivido a la enfermedad. Y todas ellas, con alguna secuela.

Aunque muy pocas personas contraen la enfermedad, es importante conocer sus causas y, sobre todo, sus “no” causas. Y es que la ameba no puede, en ningún caso, transmitirse entre personas. Y, a pesar de lo que puede leerse, no puedes infectarte por beber agua contaminada por la ameba. La única entrada viable para el microorganismo es la nariz. Aunque bebas agua con la ameba, los ácidos estomacales la matarán al instante. No puede haber infección por ingestión.

La causa principal, pues, es nadar en lagos y ríos con aguas cálidas o calientes y que tengan poco movimiento, como por ejemplo lagunas. Sin embargo, el principal factor de riesgo es, como ya hemos comentado, la edad. Los ancianos son de riesgo, pero el principal problema viene con los niños y adultos jóvenes, pues quizás todavía no han desarrollado anticuerpos contra la ameba, su sistema inmune está inmaduro y, por último pero no menos importante, suelen pasar más tiempo nadando y jugando en el agua, aumentando así las probabilidades de exposición.

Naegleria fowleri ciclo
Ciclo de vida de la ameba. Como vemos, la infección no forma parte de él. Es una situación extraña.

¿Cuál es su sintomatología?

Volvemos a recalcar que solo un pequeñísimo porcentaje de las exposiciones terminan con infección y, por lo tanto, con enfermedad. En 60 años, solo han sucedido 400 casos. Por lo tanto, no hay, en absoluto, razón para que cunda el pánico. Es cierto que el cambio climático está facilitando que estas amebas se desarrollen en aguas cálidas, pero pase lo que pase, seguirá siendo una enfermedad extremadamente rara.

Dicho esto, no hay que olvidar su gravedad. Y es que aunque muy pocas personas sufran una infección después de la infección, la meningoencefalitis amebiana primaria tiene una letalidad del 98%, lo que significa que de cada 100 personas que desarrollan la enfermedad, 98 mueren.

Como todas las enfermedades con una alta letalidad, esta se debe a que el patógeno no está diseñado para infectar el cuerpo humano, es decir, llega ahí accidentalmente. Y como no está bien establecida la relación, los daños son desmesurados. Recordemos que ningún patógeno quiere matar a su hospedador, pues su muerte implica también la suya. Sería como quemar la casa en la que vivimos.

Sea como sea, cuando la ameba coloniza el cerebro, empieza a sintetizar enzimas que lo degradan. A pesar de lo que se puede intuir por su nombre mediático, no se come el cerebro. Eso sí, las reacciones inflamatorias y la degradación enzimática del tejido cerebral sí que provoca una sintomatología que empieza entre los 2 días y las 2 semanas posteriores a la infección.

Los signos clínicos son de aparición abrupta y consisten en desorientación, alucinaciones, convulsiones, pérdida de equilibrio, náuseas, vómitos, fiebre, alteraciones en el sentido del gusto y del olfato, rigidez de cuello (por la inflamación de las meninges, las capas que recubren el cerebro), fuertes dolores de cabeza, somnolencia…

Cuando estos síntomas aparecen, la muerte del paciente llega en menos de una semana, a veces incluso solo dos días después de que surjan. Evidentemente, da miedo. Pero recordemos una vez más que de las millones de exposiciones que ha habido desde su descubrimiento, solo 400 en todo el mundo han terminado con el desarrollo de la enfermedad.

¿Existe tratamiento?

No hay un tratamiento ni ningún fármaco para eliminar directamente la ameba del cerebro. Por ello, incluso detectando rápidamente la infección (generalmente por resonancia magnética) y aplicando tratamientos, muy pocas personas sobreviven. De las 400 infecciones registradas, solo 13 han sobrevivido. Y con secuelas.

El tratamiento debe aplicarse rápidamente ante el primer síntoma. Por ello, en caso de observar los signos clínicos y sabiendo que en las últimas dos semanas se ha entrado en contacto con agua dulce templada en ríos o lagos, hay que acudir inmediatamente al médico.

Este tratamiento consiste en inyectar por vía intravenosa o en el espacio alrededor de la médula espinal (para que llegue al sistema nervioso central) un fármaco antimicótico, es decir, diseñado para matar hongos. Una ameba no es un hongo, por lo que su efectividad es muy limitada.

Afortunadamente, se está desarrollando un fármaco experimental conocido como miltefosina, el cual, si se aplica rápidamente, parece ser que podría mejorar la supervivencia. De todos modos, al registrarse tantos pocos casos, es muy difícil avanzar en los estudios.

Por el momento, la meningoencefalitis amebiana primaria no tiene cura, por lo que, hasta que no se progrese, seguirá teniendo una muy alta letalidad del 98%. Afortunadamente, la mejor arma es la prevención.

¿Cómo puede prevenirse?

La enfermedad por esta ameba “comecerebros” es extremadamente rara. Insistimos en que solo 400 personas en todo el mundo se han infectado en los últimos 60 años. No hay que cambiar nuestro estilo de vida ni dejar de nadar en ríos y lagos.

Eso sí, hay que adoptar las estrategias de prevención necesarias: no nadar en agua dulce visiblemente sucia, evitar ríos y lagos que tengan aguas cálidas o templadas (si el agua está fría, el riesgo de exposición es muy bajo), no meter la cabeza debajo del agua ni bucear en sistemas de agua dulce, mantener la nariz cerrada o utilizar pinzas (solo puede infectar el cerebro si entra por las fosas nasales) cuando se nade en ríos y lagos y evitar remover el sedimento, pues es en la tierra bajo el agua que hay más cantidades de amebas.

Ameba prevención
No hay que dejar de nadar en ríos y lagos, pero sí impedir la entrada de agua en las fosas nasales.
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