Neurología

Las 6 diferencias entre aneurisma y derrame cerebral

El aneurisma y el derrame cerebral están estrechamente relacionados pero no son lo mismo. Dado que los accidentes cerebrovasculares son la tercera causa de muerte, hay que conocer las diferencias.
Diferencias aneurisma derrame cerebral

El cuerpo humano es una máquina casi perfecta. Y decimos “casi” porque, como bien sabemos, es susceptible de desarrollar cientos de enfermedades tanto transmisibles como no transmisibles, siendo estas últimas las que tienen un peso mayor en la salud pública.

Y es que a pesar de que las infecciones sean las patologías que, normalmente, más nos preocupan, lo cierto es que la principal causa de muerte en el mundo son las enfermedades cardiovasculares. De hecho, 15 millones de las 56 millones de defunciones que se registran anualmente en el mundo son debidas a problemas en los vasos sanguíneos o el corazón.

Nuestro sistema circulatorio es imprescindible y, a la vez, muy sensible. Y es que, entre muchas otras cosas, se encarga de hacer llegar el oxígeno y los nutrientes necesarios al cerebro, el órgano que lo controla absolutamente todo. Por ello, no es de extrañar que, cuando falla el suministro sanguíneo, aparezcan problemas serios.

En este sentido, todos hemos oído hablar de derrames cerebrales y aneurismas. Pero, ¿son lo mismo? ¿En qué se diferencian? ¿Alguno es más grave? ¿Cuál es el que se conoce normalmente como ictus? ¿Los dos son accidentes cerebrovasculares? En el artículo de hoy responderemos a estas y otras preguntas acerca de estas dos peligrosas patologías.

¿Qué es un aneurisma? ¿Y un derrame cerebral?

Antes de entrar en profundidad a analizar sus diferencias, es muy importante definir ambas patologías individualmente, pues haciendo esto ya tendremos una visión bastante clara de los puntos en común y de los aspectos en los que se diferencian.

Como venimos diciendo, ambas enfermedades están vinculadas a lesiones de carácter cardiovascular en el cerebro y, realmente, guardan una importante conexión (que ahora veremos), pero se trata de patologías bastante distintas en lo que a causas, síntomas y gravedad se refiere.

Aneurisma: ¿qué es?

Un aneurisma cerebral es una patología en la que un vaso sanguíneo del cerebro se dilata, provocando una protuberancia en el mismo. En otras palabras, una arteria cerebral se “hincha”, haciendo que se observe un abombamiento en una parte de la pared del vaso sanguíneo.

Los aneurismas pueden suceder en cualquier vaso sanguíneo del cuerpo, pero lo cierto es que son más frecuentes en las arterias que salen del corazón, las del intestino, las de detrás de la rodilla y, evidentemente, en el cerebro. De todos modos, un aneurisma no tiene por qué tener lugar en el cerebro. Está claro que el cerebral sí, pero no es una patología exclusiva de este órgano.

Las causas de desarrollar un aneurisma cerebral no están demasiado claras, pero se sabe que su aparición estaría debida a una mezcla de factores genéticos (incluso hay trastornos hereditarios que pueden provocar su aparición) y de estilo de vida, siendo la hipertensión, el tabaquismo, la edad avanzada (son más frecuentes en mujeres que hombres), el alcoholismo, el abuso de drogas e incluso consecuencias de una infección en la sangre.

Sea como sea, pese a lo alarmante que suene que una arteria del cerebro desarrolle una protuberancia, lo cierto es que la mayoría de aneurismas cursan sin síntomas. Es decir, la persona no sabe que hay ningún problema y puede vivir sin daños en la salud perfectamente.

Ahora bien, el verdadero problema viene cuando este aneurisma, que ya hemos dicho que es un abultamiento en la pared de una arteria cerebral, se rompe. Y es que, ¿qué pasa cuando la pared de un vaso sanguíneo se rompe? Exacto, que la sangre se derrama. Y ahora ya, por lógica, vemos por dónde van los tiros en el derrame cerebral.

Aneurisma

Derrame cerebral: ¿qué es?

Antes de entrar en profundidad con esto, es importante presentar varios conceptos que, ahora sí, están estrechamente relacionados con la enfermedad que presentaremos: ictus, accidente cerebrovascular, apoplejía, ataque cerebral e infarto cerebral. Todos estos nombres son sinónimos.

Pero, ¿qué es exactamente un ictus y qué tiene que ver con el derrame cerebral? Bueno, un ictus es una urgencia médica en la que el flujo sanguíneo en alguna región del cerebro se detiene. Y estos accidentes cerebrovasculares (sinónimo de ictus) son la tercera causa de muerte en el mundo.

Al verse interrumpido el suministro de sangre y, por lo tanto, de oxígeno y nutrientes en alguna área del cerebro, las neuronas empiezan a morir, por lo que, de no actuar rápido (dependiendo de la región afectada el tiempo para actuar antes de la muerte o de discapacidades permanentes es de entre 4 y 24 horas), puede resultar fatal.

Es normal que llegados a este punto, no veas demasiado clara la relación entre el ictus y el aneurisma que hemos comentado, pues todos sabemos que los infartos cerebrales aparecen a causa de un coágulo sanguíneo que bloquea el flujo de sangre. Y esto, en el 87% de los ictus es así, desarrollando lo que se conoce como accidente cerebrovascular isquémico.

Pero el 13% de los infartos cerebrales no suceden a causa de un trombo sanguíneo, sino por la rotura de un aneurisma, desarrollando lo que se conoce como accidente cerebrovascular hemorrágico o derrame cerebral.

Por lo tanto, un derrame cerebral es una urgencia médica en la que sufrimos un infarto cerebral (se bloquea el flujo de sangre al cerebro) a causa de una rotura de un aneurisma, es decir, las paredes del vaso sanguíneo hinchado se rompen y, además de derramarse sangre y provocar hemorragia interna, el suministro sanguíneo a esa región del cerebro se detiene.

Derrame cerebral

¿En qué se diferencian un aneurisma de un derrame cerebral?

Habiéndolos definido individualmente, ya quedan más que claras las diferencias. Y, es más, podríamos resumirlo todo en la siguiente frase: la rotura de un aneurisma es la causa de desarrollar un derrame cerebral, el cual está detrás del 13% de infartos cerebrales.

De todos modos, para ofrecerte la información mucho más ordenada y concisa, a continuación presentamos las principales diferencias entre estas dos patologías que, pese a guardar una clara relación, son muy distintas.

1. Un aneurisma no tiene por qué desarrollarse en el cerebro

Como ya hemos comentado, un aneurisma se define como una protuberancia en la pared de un vaso sanguíneo, una situación clínica que, si bien es más común en el cerebro, puede desarrollarse en las arterias cercanas al corazón, a los intestinos, en las extremidades

En cambio, un derrame cerebral, por definición, solo puede ocurrir en el cerebro a consecuencia de la rotura de un aneurisma en el cerebro, siendo la segunda causa principal de ictus.

2. Un aneurisma no siempre tiene síntomas

Se estima que un 2% de la población mundial podría tener un aneurisma en el cerebro y no tener ninguna sintomatología. De hecho, muchas veces se detectan involuntariamente mientras se hacen pruebas médicas para detectar otras patologías.

Sea como sea, un aneurisma solo provoca síntomas importantes cuando se rompe, momento en el que se observa rigidez de cuello, convulsiones, pérdida del conocimiento, sensibilidad a la luz, visión borrosa, dolor de cabeza muy intenso…

Si no se rompe pero es grande, es posible que, al ejercer presión sobre determinados nervios, se manifieste con dolor detrás de los ojos, dilatación constante de pupilas, visión doble, entumecimiento de un lado de la cara. Pero los aneurismas más pequeños, a no ser que se rompan, no provocan síntomas.

Con el derrame cerebral, la cosa es distinta, pues además de los síntomas de rotura del aneurisma, al derivar rápidamente en un accidente cerebrovascular, se observa debilidad y entumecimiento en todo un lado del cuerpo (rostro, brazos y piernas), dificultad para hablar, pérdida de coordinación… Ante esta situación, hay que solicitar atención médica inmediatamente.

3. Un derrame cerebral es una urgencia médica

Como hemos ido viendo, un derrame cerebral es una urgencia médica que está detrás del 13% de los ictus o infartos cerebrales, que son la tercera causa de muerte en el mundo. Ante un derrame, hay que solicitar atención médica inmediatamente, pues de no actuar rápido, en pocas horas pueden producirse daños irreversibles a nivel cerebral e incluso la muerte.

Los aneurismas, en cambio, no son una urgencia médica de por sí. A no ser que se rompan y se sufra un derrame, los aneurismas no tienen por qué ser peligrosos.

4. Un aneurisma puede provocar un derrame

La principal diferencia y, a la vez, relación entre ambos es que un aneurisma es siempre la causa de un derrame cerebral. Por lo tanto, se puede tener un aneurisma sin derivar en derrame (si no se rompe), pero no se puede sufrir un derrame cerebral sin un aneurisma previo.

5. Un aneurisma no siempre requiere de tratamiento

Como hemos dicho, un aneurisma, a no ser que se rompa o haya riesgo de ello, no tiene por qué ser peligroso. Por ello, si no hay rotura, no siempre se tiene que tratar, pues los riesgos de los procedimientos quirúrgicos, en caso de que no entrañe demasiado peligro, son más altos que los posibles beneficios de la intervención.

Por ello, los aneurismas pequeños que no tienen riesgo de romperse no son tratados. De todos modos, si hay riesgo de que se rompa y se sufra un derrame, sí que se debería tratar. En este caso, se realizan distintos procedimientos (grapado quirúrgico, desviador de flujo o embolización endovascular) que, a grandes rasgos, lo que hacen es sellar la protuberancia en la arteria para que no se rompa. Pero, repetimos, la inmensa mayoría de aneurismas no requieren de tratamiento.

Con el derrame cerebral, la cosa cambia. Aquí ya estamos ante una emergencia médica que, de no ser tratada rápidamente, puede provocar discapacidades permanentes o incluso la muerte en pocas horas. Por ello y teniendo en cuenta que el derrame cerebral es causa directa de ictus, hay que ofrecer inmediatamente tratamiento quirúrgico y medicamentos.

6. Un aneurisma no tiene por qué ser mortal

Como venimos diciendo, un aneurisma no es, de por sí, grave. Y es que siempre que no se rompa y se sufra un derrame, un aneurisma nunca es mortal. Muchas personas ni siquiera tienen síntomas. Ahora bien, cuando se rompe y aparece el derrame cerebral, este siempre es mortal, por lo que hay que ofrecer tratamiento de urgencia. En resumen, un aneurisma sin rotura nunca es letal, pero un derrame cerebral, si no se trata, siempre lo es.

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