Amígdala cerebral: partes, estructura y funciones

La amígdala cerebral es una estructura cerebral que representa el principal núcleo de control de las emociones básicas, como el miedo, la rabia o el instinto de supervivencia.
Amígdala cerebral

El cerebro es nuestro centro de mandos. Absolutamente todo lo que experimentos nace en este órgano de consistencia gelatinosa y un peso de unos 1’3 kilogramos. Y esta increíble estructura que nos hace ser quien somos, a su vez, está formada por distintas regiones especializadas en desempeñar diferentes funciones.

Y una de estas regiones más importantes es, sin duda, la amígdala, una estructura localizada en la profundidad de los lóbulos temporales, las zonas del cerebro situadas en la parte lateral inferior del encéfalo, aproximadamente a la altura de los oídos.

Esta amígdala es el principal núcleo de control de todo lo relativo a los sentimientos, procesando la mayor parte de nuestras reacciones emociones. Esta estructura con forma de almendra es, pues, la región del cerebro que permite expresar físicamente emociones positivas y negativas, vincular recuerdos con emociones, regular la conducta sexual, controla la agresividad y gestionar el miedo y las reacciones de supervivencia más primitivas.

En el artículo de hoy haremos un análisis de la amígdala cerebral, analizando tanto su anatomía como las partes que la conforman, así como las funciones imprescindibles que desempeña.

¿Qué es la amígdala cerebral?

La amígdala cerebral, también conocida como cuerpo amigdalino o complejo amigdalino, es un conjunto de neuronas complejamente relacionadas entre ellas dando lugar a una estructura diferenciable a nivel anatómico, resultando en una zona con forma de almendra que forma parte del sistema límbico.

Esta amígdala está situada en la profundidad de los lóbulos temporales del cerebro, unas regiones que, como hemos dicho, constituyen la zona inferior lateral del encéfalo, quedando la amígdala a la altura de los oídos, aproximadamente.

Se trata de una estructura cerebral común a todos los vertebrados complejos, no solo los humanos. Y esto es así porque la amígdala controla las emociones más primitivas, es decir, todas aquellas que no son exclusivas de las personas, sino que son imprescindibles para que cualquier animal sobreviva en un mundo lleno de peligros.

Y decimos que son imprescindibles porque, gracias a la interconexión de la amígdala con el resto del cerebro, esta estructura funciona como un “centro de mandos” de las emociones, siendo un núcleo de control en el que los sentimientos se vinculan a un patrón de respuesta determinado.

De este modo, por ejemplo, cuando nuestra vista percibe algo que considera un peligro, nace la emoción del miedo. Y es la amígdala la que vincula este sentimiento de miedo con una respuesta de huida. Por lo tanto, es la amígdala la que permite que, gracias a una interacción muy rápida con el sistema nervioso periférico y el sistema endocrino (el especializado en producir hormonas), podamos escapar de situaciones de peligro. Pero no solo nos permite esto. También, como veremos, cumple con muchas otras funciones.

¿Cuál es su anatomía?

La amígdala es una estructura pequeña, aunque lo más curioso de todo es que según revelan las últimas investigaciones en neurología, su tamaño está vinculado con nuestro grado de socialización.

Y es que los estudios parecen demostrar que un tamaño mayor de la amígdala está relacionado con un mayor grado de inteligencia emocional, lo que deriva, en la mayoría de casos, en un grado mayor de sociabilidad. Sin duda, es apasionante que se esté descubriendo que el tamaño de distintas estructuras cerebrales pueda estar vinculado con un mayor o menor grado de habilidades sociales.

Sea como sea, cualquier amígdala, pese a su tamaño, está formada por distintas estructuras. No es una región uniforme, sino que tiene las siguientes subdivisiones.

1. Núcleo central

El núcleo central es el que emite los mensajes, en forma de impulsos eléctricos, hacia el resto del sistema nervioso para que respondamos de manera adecuada después de procesar las emociones. El núcleo central, además, regula la función del sistema endocrino.

De este modo, esta región de la amígdala es la que determina, en función de las circunstancias, qué hormonas tienen que producirse. Dependiendo de si tenemos que aumentar el ritmo cardíaco, agudizar los sentidos, sudar, subir la temperatura corporal, enviará la orden de que se sintetice adrenalina, serotonina, dopamina, cortisol, etc.

Por ello, está demostrado que, cuando una persona sufre una lesión en la amígdala y pierde la capacidad de procesar adecuadamente las señales, deja de sentir miedo y reaccionar del modo “normal” ante situaciones peligrosas. Y es que la región que determina que algo representa un riesgo no funciona y, por lo tanto, nos quedamos “como si nada”.

2. Núcleo medial

El núcleo medial es la región de la amígdala que se encarga de recibir la información procedente del sentido del olfato y de procesarla. De este modo, es en el núcleo medial donde nacen todas las emociones que pueden vincularse a los olores, algo que es una conducta primitiva. El núcleo medial determina cómo unos olores concretos pueden despertarnos recuerdos, activar el apetito sexual e incluso hacernos huir de algo.

3. Núcleo lateral

El núcleo lateral es la región de la amígdala que recibe la información de todos los sentidos, no solo del olfato. Es el área principal en la que se procesa todo lo que llega de la vista, el gusto, el oído, el tacto y el olfato.

El núcleo lateral es la zona de la amígdala que interpreta lo que sentimos y elabora las señales de respuesta que debemos tener ante estos estímulos. Después, una vez ya sepa cómo actuar, el núcleo central se encargará de hacer llegar esta información al resto del sistema nervioso. Por ejemplo, si vamos por una calle y vemos a alguien que parece querer robarnos, el núcleo lateral cogerá la información de la vista y, después de procesarlo, avisará al núcleo central de que hay que actuar rápido.

4. Núcleo basal

El núcleo basal es la región de la amígdala que controla nuestras acciones pero no en función de lo que captan nuestros sentidos, sino de nuestros recuerdos. Por seguir con el mismo ejemplo, cuando vayamos a pasar por esa misma calle al cabo de un tiempo, pese a que ya no percibamos ningún peligro, el núcleo basal avisará al núcleo central de que una vez que pasamos por ahí había un atracador. De este modo, el núcleo basal sigue procesando las respuestas más primitivas.

5. Células intercaladas

Las células intercaladas conforman una región de neuronas controladas por el neurotransmisor GABA, unas moléculas que tienen función inhibitoria en el sistema nervioso. De este modo, su función es la de “calmar” a los otros núcleos de la amígdala para evitar que respondamos de forma exagerada ante situaciones que realmente no suponen ningún peligro real (o muy pequeño).

Estas células intercaladas, pues, regulan la actividad del resto de la amígdala para asegurarse que respondemos de forma acorde a las circunstancias.

GABA

¿Qué funciones desempeña?

La amígdala es una de las regiones más importantes del cerebro ya que, como hemos visto, tiene un papel fundamental a la hora de responder ante estímulos y emociones diferentes. Por ello, está vinculada a muchos procesos dentro de nuestro cuerpo. A continuación presentamos algunos de los más importantes.

1. Regulación de las emociones

La amígdala es el centro de control de nuestras emociones. Por lo tanto, es ella la que dictamina que, ante una situaciones u otras, sintamos o bien alegría y felicidad o bien miedo y tristeza. Evidentemente, esto es un proceso mucho más complejo en el que intervienen otras regiones del encéfalo, pero la amígdala es, sin duda, una de las protagonistas en todo lo que tiene que ver con la experimentación de emociones tanto positivas como negativas.

Por ello, no es de extrañar que cuando hay lesiones en la amígdala, la persona se vuelva plana a nivel afectivo, pues pierde la capacidad de experimentar emociones.

2. Respuestas ante el miedo

La amígdala es la región del cerebro que procesa las emociones de miedo y, por lo tanto, dispara todos los mecanismos de supervivencia. Es decir, la amígdala controla las respuestas de huida que tenemos cuando sentimos miedo, ya sea al percibir algo peligroso por nuestros sentidos o al recordar algo del pasado.

3. Asociación de recuerdos con emociones

La amígdala vincula los recuerdos almacenados en el cerebro con las emociones que ese suceso nos hizo sentir. Por ello, la amígdala es responsable de que recordemos momentos buenos de nuestra vida con alegría pero también de que los malos momentos sean recordados con dolor. La amígdala, pues, está muy vinculada también a los traumas emocionales.

4. Regulación de la conducta sexual

Relacionar distintos estímulos con el placer sexual es tarea de la amígdala. Por ello decimos que regula la conducta sexual. Y es que esta estructura del cerebro se encarga de disparar, cuando percibimos unos estímulos concretos, las reacciones que derivan en una excitación (o inhibición) sexual.

5. Control de la agresividad

La amígdala es también el centro de control de la agresividad. De hecho, los estudios demuestran que las personas con una amígdala hiperestimulada tienen una tendencia mucho mayor a reaccionar de manera agresiva y violenta ante unos estímulos concretos, mientras que las personas con lesiones en la amígdala son más propensas a tener reacciones de autodefensa pobres.

6. Regulación del apetito

La amígdala también tiene mucha influencia en la sensación de hambre. Y es que es ella la que, dependiendo de si necesitamos comer o no, se encarga de regular los niveles de saciedad. En otras palabras, es la amígdala la que nos dice tanto que estamos llenos como que tenemos hambre.

7. Aprendizaje emocional

De algún modo, la amígdala es un “almacén de emociones”. Y es que a medida que se va desarrollando y vamos viviendo experiencias, más aprende. Por ello, la inteligencia emocional se va trabajando a lo largo de la vida. Y este aprendizaje debe aplicarse tanto para tomar las decisiones correctas como para evitar hacer daño a los demás, pues sabemos que unas acciones concretas pueden despertar en las personas emociones negativas.

8. Respuestas de placer

La amígdala no solo dispara reacciones de huida ante el miedo. También genera todas las reacciones de bienestar físico ante las emociones positivas. Esto también se trata de un mecanismo de supervivencia, pues es la manera que tiene el cuerpo de garantizar que pasamos más tiempo alejados de los peligros.

9. Reconocer emociones en otras personas

La amígdala también es la responsable de que desarrollemos la empatía. Y es que es la región del cerebro que permite interpretar las emociones que tienen los demás en función de lo que nos dicen, de sus expresiones faciales, de su comportamiento, etc. Muy vinculado con lo que comentábamos de la inteligencia emocional, la amígdala permite que nos podamos poner en la piel de los demás.

Referencias bibliográficas

  • Ledo Varela, M.T., Giménez Amaya, J.M., Llamas, A. (2007) “El complejo amigdalino humano y su implicación en los trastornos psiquiátricos”. Anales del Sistema Sanitario de Navarra.
  • Mozaz, M.J., Mestre, J.M., Núñez Vázquez, I. (2007) “Inteligencia Emocional y Cerebro”. Book: Manual de Inteligencia Emocional.
  • Mora, F. (2013) “¿Qué es una emoción?”. Arbor.
  • Ledoux, J. (2003) “The Emotional Brain, Fear, and the Amygdala”. Cellular and Molecular Neurobiology.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.