¿Qué es la Alimentación Intuitiva? Y 3 pautas para iniciarte en ella

La alimentación intuitiva se define como un enfoque de salud que considera que la alimentación debe basarse en la escucha real de las señales de hambre y saciedad del cuerpo, no en dietas y regímenes estrictos.

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Empiezas una dieta, comienzas a perder peso, la gente te alaba porque has adelgazado gracias a tu inquebrantable fuerza de voluntad. Sin embargo, un día no aguantas más y decides “portarte mal” y saltarte tu estricto régimen comiéndote una chocolatina. Al poco tiempo comienzas a sentirte muy culpable y piensas que, ya que ya has arruinado tu dieta, puedes seguir comiendo todo aquello que te habías prohibido.

Vuelves a engordar, te rindes y, al poco tiempo, te enzarzas en un nuevo plan dietético que te promete que perderás peso de nuevo. ¿Te suena? Es posible que sí, pues esta es la realidad de miles de personas que viven atrapadas en un círculo vicioso de dietas, o lo que es lo mismo, en una continua guerra con su peso y con su cuerpo.

Hoy en día es difícil encontrar a una persona, especialmente si es mujer, que no se haya sometido a una dieta en algún momento de su vida. Dieta alcalina, dieta paleo, ayuno intermitente, dieta detox ... Sin duda el abanico de opciones para quien se esté planteando iniciar una régimen es más que diverso. Aunque las dietas se han ofrecido en los últimos años como la clave para perder peso (pues se asume que delgadez y salud son siempre sinónimos, claro), estas pueden implicar numerosos riesgos para la salud física y mental de las personas.

Los riesgos de las dietas

La ciencia ha determinado que, en definitiva, las dietas rara vez funcionan. Alrededor del 95% de personas que hacen una dieta recuperan su peso, muchas veces superando el que tenían antes de iniciarla entre el primer y el quinto año tras haberla finalizado. Vivir en un ciclo que alterna continuamente períodos de pérdida con otros de ganancia de peso (lo que se conoce popularmente como efecto “yo-yo”), puede aumentar notablemente el riesgo de sufrir problemas metabólicos y enfermedades cardíacas. Añadido a esto, las dietas restringen la cantidad de energía que el cuerpo recibe, por lo que este suele enlentecer el metabolismo con el fin de conservar su homeostasis.

Si las consecuencias de las dietas a nivel físico no te parecen razón suficiente para tener cautela, debes conocer que la repercusión de esta forma rígida de relación con la comida también se observa en la salud mental. Muchas personas insatisfechas con su cuerpo caen en la trampa de las dietas como intento de solución para sentirse mejor.

Sin embargo, lejos de mejorar la situación, estas actúan como un potente detonante que puede dar inicio a los llamados Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en aquellas personas que parten de una gran insatisfacción corporal, baja autoestima, necesidad de control, elevado perfeccionismo…entre otros muchos factores predisponentes.

El peligro de las dietas es que, una vez que se inician, es altamente probable que se sostengan en el tiempo gracias a factores de mantenimiento. Hacer dieta es reforzado por la propia pérdida de peso que se va logrando al restringir la alimentación, pero también por los comentarios positivos de los demás sobre los cambios en el propio cuerpo, el incremento de la percepción subjetiva de control, el desvío de la atención de otros aspectos problemáticos en la vida de la persona, etc.

Es decir, la dieta pasa a convertirse en un falso refugio y poco a poco la persona acaba sumida en una espiral basada en la relación patológica con la comida de la que es extremadamente duro salir. De esta manera, lo que en un inicio comienza como una dieta para “comer más sano” y “perder algunos kilos”, puede desembocar en una restricción calórica severa basada reglas rígidas sobre cómo combinar o cocinar los alimentos, con un intenso temor a volver a engordar, conductas compensatorias (vómitos autoinducidos, laxantes, diuréticos…) y una merma del funcionamiento normal en las diferentes esferas de la vida.

Quizá te estés preguntando por qué las personas caen en esta peligrosa trampa, en algunos casos reiteradas veces. La respuesta la encontramos en la llamada cultura de la dieta.

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¿Qué es la cultura de la dieta y cómo perjudica nuestra forma de comer?

La cultura de la dieta se define como un sistema de creencias que venera la delgadez, considerando que esta es siempre un sinónimo de salud. Por consiguiente, todo aquel alejado del ideal físico establecido es automáticamente considerado un individuo enfermo y carente de voluntad que debe cambiar su cuerpo a cualquier precio.

Este sistema demoniza sin descanso determinadas formas de comer, ensalzando otras como el summun de la salud. Esto lleva implícito el mensaje de que, en caso de comer de cierta forma considerada insana (que en realidad no tiene por qué serlo), una persona debe sentir vergüenza, culpa y un profundo sentimiento de fracaso contigo misma.

La comida se analiza dejando a un lado sus aportes en materia de placer y disfrute y se transforma en un objeto de control y restricción. De esta forma, se cae en la dicotomía de los alimentos “buenos” y “malos” (como si estos tuviesen alguna especie de valor moral) y se olvida por completo el componente psicológico, social y cultural del acto de comer.

Esta cultura deja, por supuesto, apartadas a todas esas personas que no encajan en el prototipo considerado saludable y correcto, es decir, delgado. Todo aquel con un cuerpo no normativo vivirá una fuerte presión para tratar de cambiarlo mediante dietas imposibles, cueste lo que cueste. Las personas más vulnerables ante este fenómeno son las mujeres, las personas trans, las personas con cuerpos grandes y también aquellas con discapacidad.

Vencer este conjunto de presiones es verdaderamente difícil, pues la cultura de la dieta vende una promesa muy atractiva, que es que cuando alguien logre ser más delgado/a conseguirá todo aquello que desea: sentirse feliz, querido/a, ascender laboralmente, etc. Aunque pueda parecer creíble, la realidad es que nadie se ha sentido más feliz por el mero hecho de hacer dieta. Si acaso, las personas experimentan una euforia pasajera, resultado de haber logrado esa meta que se habían fijado y haber obtenido las consiguientes alabanzas de la sociedad. Esto no es felicidad, es una alegría vacía que esconde una dinámica muy peligrosa para la salud.

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¿Qué es la alimentación intuitiva?

La cuestión que cabe preguntarnos es si existe una forma alternativa de hacer las cosas, es decir, si es posible relacionarse con los alimentos de una manera más saludable y flexible. La respuesta es afirmativa y la encontramos en lo que se conoce como la alimentación intuitiva.

La alimentación intuitiva se define como un enfoque de salud basado en la evidencia, que fue creado por las nutricionistas Evelyn Tribole y Elyse Rech en 1995. Se trata de una perspectiva alejada del peso-centrismo tradicional, pues no considera el número en la báscula como indicador de salud.

El pilar central de la alimentación intuitiva es la conexión con el cuerpo y las señales de este. Los planes de alimentación basados en reglas y cálculos de calorías impiden a las personas entender su organismo y lo que este pide. Así, alimentarse siguiendo una tendencia intuitiva requiere hacer un ejercicio de autoconocimiento y conexión con el cuerpo y la mente, lo que se traduce en que cada individuo es experto en su organismo y por ello tiene la capacidad de tomar decisiones ajustadas a lo que su cuerpo necesita si aprende a escucharlo.

Lo cierto es que desde que nacemos comenzamos a alimentarnos de esta manera intuitiva. Los bebés y los niños pequeños comen cuando tienen hambre y dejan de comer cuando se sacian. Si un alimento no les apetece, sencillamente no se lo comen. Sin embargo, a medida que crecemos esta conexión con las señales de hambre y saciedad se ve interferida por costumbres, influencias ambientales, aprendizajes y, por supuesto, por la publicidad. Así, la alimentación intuitiva propone recuperar esa escucha al cuerpo para consumir los alimentos y cantidades que éste realmente necesita para mantenerse saludable.

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Pautas para comenzar una alimentación intuitiva

Quizá todo lo que estamos comentando te suene utópico. Por supuesto, lograr esa conexión con nuestro cuerpo no es algo que se consiga de la noche a la mañana, pues se trata de un proceso de aprendizaje y paciencia. No obstante, hay algunas pautas que pueden ayudarte:

1. Deja de vivir a dieta

Tal y como comentábamos al inicio de este artículo, hay infinidad de dietas ahí fuera que prometen pérdidas de peso definitivas. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que estas a largo plazo no sólo producen efecto rebote, sino que además pueden dejar efectos colaterales en nuestra salud mental. Los regímenes estrictos son una barrera para conectar con las señales reales de nuestro organismo, así que dejar a un lado las dietas es un primer paso para escucharlas.

2. La comida es necesaria para vivir

Hemos llegado a un punto en el que nos sentimos culpables por hacer algo esencial para vivir: comer. Es natural que sientas hambre si no proporcionas a tu cuerpo todo lo que necesita. Vivir a base de ensaladas sólo te hará sentirte continuamente famélico, lo que hará más probable tu ansiedad por ingerir esos alimentos que te has prohibido, pudiendo acabar en atracones o ingestas desmedidas.

Tu organismo no puede vivir en continuo estado de escasez y necesita acceder a alimentación suficiente para funcionar con normalidad. Dejar de prohibirte alimentos te dará libertad para comer si sientes hambre y dejar de hacerlo cuando te sacies, siguiendo las señales naturales del organismo.

3. No hay alimentos buenos y malos

Nos han educado transmitiéndonos el mensaje de que hay alimentos buenos (frutas, verduras…) y malos (dulces, snacks…). Esta dicotomía es errónea y sólo fomenta el deseo por ingerir eso que se ha prohibido. Eliminar esas reglas y prohibiciones nos dará libertad para comer con tranquilidad esos alimentos respetando lo que el cuerpo nos pide. Comer de manera intuitiva no es hincharnos a comida rápida o chocolate, pues nuestro organismo es capaz de enviarnos señales para ingerir esto con moderación. Sólo tenemos que empezar a escucharlo de verdad.

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