¿Qué es el Mindful Eating? Definición y beneficios

La alimentación consciente consiste en aplicar los principios del mindfulness al acto de comer. Gracias a ella, se aprende a enfocar toda la atención en los pensamientos, emociones y sensaciones que emergen cuando se come, mejorando la relación con la comida.

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La comida es un elemento central en nuestra sociedad. Por un lado, comer es un acto no sólo fisiológico, sino también emocional y cultural. A través de los alimentos compartimos, celebramos y, en definitiva, nos relacionamos. Por otro lado, en los últimos años hemos asistido a un creciente interés hacia el ámbito de la nutrición y el estilo de vida. Muestra de ello es la cantidad ingente de dinero que mueven los negocios de este sector, donde cada vez son más los libros, dietas, blogs y consejos sobre alimentación que calan en la población. Aunque esto podría llevarnos a asumir que somos auténticos expertos en nutrición y dietética, nada más lejos de la realidad.

Mucha de la información que se difunde en medios de comunicación, redes sociales o libros es simplemente falsa. En la mayoría de casos, el discurso sobre alimentación no gira en torno a la salud, sino a la pérdida de peso (por asumir de manera equivocada que son sinónimos). Las dietas y planes de adelgazamiento que se venden al público suelen entrañar riesgos para la salud y fomentan una relación problemática con el cuerpo y la comida, por no hablar de su ineficacia a la hora de alcanzar su objetivo y la presencia del famoso efecto rebote. En general, seguir este tipo de dietas y retos no hace más que desconectarnos de las señales y necesidades del organismo, que son diferentes en cada persona.

Nuestra relación con la comida

El estilo de vida que llevamos tampoco ayuda a conectar adecuadamente con nuestras señales de hambre y saciedad. Vivimos a toda prisa y eso implica comer en tiempo récord, sin ni siquiera saborear los alimentos que ingerimos. Muchas veces comemos haciendo otras tareas a la vez, como ver la tele, trabajar o mirar el móvil. Este hábito nos impide centrar nuestra atención en el acto mismo de comer, el cual realizamos con el piloto automático.

Estos aspectos, en conjunción con otras variables, han favorecido el incremento de casos de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). En las personas que los sufren, es frecuente observar una desconexión con las señales de hambre y saciedad, así como importantes déficits en su nivel de conciencia emocional, una capacidad que permite identificar, expresar y gestionar bien los estados emocionales.

Esto se traduce en que los pacientes con TCA desconectan de sus señales fisiológicas cuando sufren emociones incómodas que no saben manejar. En algunos casos esto lleva a comer de forma compulsiva para calmar estados como la soledad, la tristeza, la culpa o la ira. En otros, la restricción alimentaria y el hambre que esta desata se utilizan como anestesia emocional, lo que acaba por crear una inactivación de la señal de hambre y la sensación de que realmente no se siente apetito a pesar de la inanición.

Como vemos, en los TCA existe una ausencia de conexión con el propio cuerpo y sus señales, lo que lleva a una relación desordenada y caótica con la comida. No obstante, hay muchas personas que, sin sufrir un trastorno alimentario, parecen sentir cierta dificultad para comer de manera consciente. Recientemente, se ha venido utilizando una estrategia con resultados prometedores para mejorar la experiencia de comer y hacerla más consciente. Hablamos del mindful eating, una forma de mindfulness aplicada al comer en el que se busca reconectar a la persona con sus sensaciones y experiencias durante la ingesta. En este artículo hablaremos sobre el mindful eating y cómo puede ayudar a las personas en su relación con la comida, especialmente cuando sufren un TCA.

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Mindful eating: mindfulness aplicado al comer

Antes que nada, es importante definir qué es el mindfulness. Esta práctica encuentra sus raíces en la meditación. Así, el objetivo que persigue es el de entrenar la atención y la consciencia en el momento presente. Al llevarlo a la práctica, permite ser capaz de concentrarse en los contenidos de la mente en cada momento desde una postura libre de juicios.

Aunque el mindfulness guarda relación con la meditación, cabe señalar que meditación y mindfulness no son sinónimos. La primera es un área mucho más amplia o heterogénea. Además, las prácticas de meditación se encuentran estrechamente vinculadas con la religión, mientras que el mindfulness carece de connotaciones de este tipo. Desde la perspectiva actual, practicar mindfulness implica mejorar la gestión de la atención y de los procesos fisiológicos que la acompañan.

El éxito del mindfulness se relaciona con su eficacia como herramienta para combatir la ansiedad, el estrés y las preocupaciones que aquejan a una gran parte de la población actual. Por ello, muchos profesionales de salud mental recurren a ella en los procesos psicoterapéuticos con sus pacientes. Por su parte, la alimentación consciente o mindful eating consiste en aplicar los principios del mindfulness al acto de comer. El objetivo es el de poner toda la atención a la experiencia de pensamientos, emociones y sensaciones físicas que aparecen antes, durante y después de la ingesta.

A diferencia de lo que erróneamente se puede pensar, el mindful eating no tiene nada que ver con dietas ni procesos de pérdida de peso. Se trata de una forma diferente de relacionarse con la comida, en la que se trata de ganar consciencia sobre nuestros patrones alimentarios, creencias, valores, hábitos, rutinas y pensamientos acerca de la alimentación. En el mindful eating es clave adoptar una posición libre de juicios y críticas, pues se trata de abandonar el piloto automático, analizando cómo comemos desde la compasión y la amabilidad con nosotros mismos.

La historia de aprendizaje tiene mucho que ver con la forma en la que nos relacionamos con la comida. En mayor o menor medida, muchas personas han aprendido a recurrir a la comida por causas ajenas al hambre, ya sea para calmar sus emociones, regularse o llenar un vacío interior. En este sentido, las experiencias infantiles tienen mucho que ver con nuestra forma de vivir la alimentación. Aprender a comerse todo lo que hay en el plato (tengamos hambre o no) o ser calmados con alimentos en lugar de afecto son algunos ejemplos de ello.

Con la alimentación consciente se busca desaprender estos patrones y construir una relación con la comida basada en las señales internas, equilibrando el placer, el autocuidado y la atención a nuestras necesidades físicas, emocionales y sociales. Cuando comemos de manera consciente discriminamos bien el hambre fisiológica de la emocional y entendemos que no son las emociones las que nos llevan a comer de cierta forma, sino la inadecuada gestión de las mismas. En definitiva, comer de forma consciente nos permite entender qué, cómo. cuánto, por qué y para qué comemos.

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El mindful eating en oposición a la cultura de la dieta

El mindful eating se presenta como una filosofía opuesta a la cultura de la dieta. Lejos de hablar de alimentos buenos o malos, se considera que todos ellos tienen cabida en la dieta, sólo que nuestra propia intuición y necesidades nos permitirán ir identificando los más interesantes en cada momento o situación. Así, mejorar la relación con la comida desde la alimentación consciente requiere un trabajo progresivo, pues se trata de ir reconectando con nuestro cuerpo desde la confianza. Cuando se pone en práctica, se pueden obtener beneficios como los siguientes:

  • Aprender a identificar qué estamos comiendo.
  • Reconocer adecuadamente las señales de hambre y saciedad.
  • Disfrutar y sentir los alimentos (olor, sabor, textura…)
  • Identificar si la gestión de nuestras emociones nos lleva a comer de manera desordenada.
  • Elegir los alimentos en función de cómo estos alimentan el cuerpo y la mente.
  • Identificar patrones alimentarios desadaptativos: comer todo lo que hay en el plato sin hambre, utilizar la comida como única herramienta de gestión emocional, etc.
  • Entender nuestra manera de comer y tratar de mejorarla sin juicios, con compasión.

Como ya adelantamos más arriba, la alimentación consciente es útil para las personas que padecen un TCA, pero también para cualquier persona que desee mejorar su forma de alimentarse y relacionarse con la comida. No obstante, el mindful eating es particularmente interesante para personas que han vivido en un constante ciclo de dietas, realizando todo tipo de dietas restrictivas para adelgazar que no sólo no han funcionado, sino que han empeorado su relación con la comida. También es una buena herramienta para aquellas personas que sufren atracones o ansiedad por la comida. Por supuesto, es una opción posible en cualquier paciente con un TCA, aunque siempre lo ideal es que la iniciación en el mindful eating se haga de la mano de un profesional de salud mental.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca del mindful eating, una aplicación del mindfulness al acto de comer. Gracias al mindfulness, las personas que mantengan una relación problemática con la comida pueden aprender a poner toda su atención en la experiencia de comer, atendiendo a sus pensamientos, emociones y sensaciones. Se trata de una forma de relacionarse con la comida alejada de las dietas restrictivas y la cultura de la dieta en general, donde siempre se asocia adelgazamiento con salud. Cuando nos alimentamos de forma consciente aprendemos a comprender nuestros patrones alimentarios, hábitos, creencias y rutinas desde una mirada compasiva y libre de juicios.

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