¿Qué es la Autoconciencia Emocional? Definición y formas de trabajarla

La autoconciencia emocional es la capacidad que permite el conocimiento y reconocimiento de nuestras propias emociones. Las personas que la poseen logran identificar sus estados emocionales y relacionarlos con sensaciones, pensamientos y factores situacionales.

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A lo largo de nuestra vida experimentamos todo tipo de emociones, apareciendo unas u otras en función de la situación en la que nos encontremos. Estas constituyen un importante mecanismo que nos permite adaptarnos a las demandas del entorno, actuando como señales que nos ayudan a interpretar aquello que sucede alrededor.

Sin embargo, son muchas las personas que no logran conectar adecuadamente con sus emociones, lo que les impide identificarlas y responder en consecuencia. Este problema cada vez es más habitual, y es que el estilo de vida rápido y la ausencia de una adecuada educación emocional desde la infancia son algunos de los factores que impiden a muchos hacer un adecuado ejercicio de introspección.

En psicología se conoce como autoconciencia emocional a la capacidad que algunas personas tienen de conocer y reconocer sus propias emociones. Esta habilidad es clave para poder disfrutar de una adecuada salud mental, pues nos ayuda a afrontar la vida con conciencia real de lo que sentimos en cada momento. En este artículo vamos a hablar acerca de la autoconciencia emocional y cómo esta puede contribuir a nuestro bienestar.

El mito de las emociones negativas y positivas

Antes de profundizar en el concepto de autoconciencia emocional, cabe definir qué es exactamente una emoción. Una emoción es una reacción psicofisiológica que representa modos de adaptación de un individuo cuando presencia determinados estímulos relevantes. Así, ante objetos, personas, lugares, sucesos o recuerdos importantes, se desencadena en nosotros una respuesta emocional determinada. Toda emoción posee tres funciones básicas. Por un lado, estas nos permiten ajustarnos a los cambios del entorno, por lo que tienen una función adaptativa.

Por otro lado, también cumplen una importante función social, pues nos permiten comunicarnos con los demás e influir en su comportamiento. Finalmente, las emociones también poseen una función motivacional, pues contribuyen a potenciar y dirigir nuestra conducta. Los seres humanos contamos con un extenso bagaje de emociones, lo que nos permite adaptarnos y responder a las diversas situaciones que se nos presentan. Gracias a las emociones podemos situarnos ante distintos escenarios y responder eficazmente en cada uno de ellos.

Generalmente, se suelen clasificar las emociones en dos categorías: positivas y negativas. Sin embargo, esta diferenciación no es en absoluto acertada. Aunque es cierto que algunos estados emocionales son más agradables que otros, la realidad es que todas y cada una de nuestras emociones son necesarias y cumplen una función adaptativa. Por ello, nunca debemos ocultar, negar o tratar de eliminar las emociones que no son fáciles de experimentar.

Por ejemplo, la tristeza nos permite aislarnos del entorno para ayudarnos a reflexionar sobre el suceso que hemos vivido, facilitando el análisis constructivo de la situación. Además, estar tristes nos permite atraer a nuestros seres queridos, que tratarán de cuidarnos y ayudarnos a sobrellevar el dolor. Si en lugar de aceptar y acoger nuestra tristeza intentásemos luchar contra ella, no haríamos más que empeorar nuestra situación inicial. Por ello, aunque estar triste no es una experiencia satisfactoria, en ciertos momentos es más que necesaria.

El problema de nuestra sociedad es que esta tiende a negar y rechazar los estados emocionales desagradables. En lugar de aprender a aceptarlos como un estado natural en ciertas situaciones, siempre se busca taparlos o negarlos a toda costa. Así, desde la infancia nos enseñan que sentir emociones desagradables está mal. Todos hemos oído el típico “no llores” o “no te enfades” cuando nos sentimos mal y sacamos nuestra emoción fuera.

En definitiva, vivimos en la cultura de la invalidación. Por lo tanto, es esperable que muchas personas utilicen todo tipo de estrategias para negar y ocultar aquello que verdaderamente están sintiendo. Sin embargo, a largo plazo esta dinámica es muy nociva y puede provocar importantes problemas psicológicos. Por ello, es especialmente importante trabajar esta capacidad que conocemos como autoconciencia emocional.

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¿Qué es la autoconciencia emocional?

La autoconciencia emocional se define como el conocimiento y reconocimiento de nuestras propias emociones. Las personas que han desarrollado esta capacidad logran conocer sus estados emocionales, asociándolos con sensaciones corporales y aspectos situacionales que les ayudan a identificar posibles causas y consecuencias de cada emoción.

La autoconciencia emocional resulta particularmente importante, pues identificar nuestros estados emocionales es un primer paso clave para poder regularlos. Así, una adecuada autoconciencia favorece la gestión emocional. Conocer y analizar nuestros estados internos nos ayuda a trabajar sobre ellos y canalizarlos correctamente.

Las personas que muestran déficits en la autoconciencia emocional tienden a ser más vulnerables a desarrollar problemas psicológicos como ansiedad o depresión. Así, uno de los pilares a trabajar en terapia con las personas que sufren estos trastornos tiene que ver con la identificación y gestión de las emociones.

Daniel Goleman fue el autor que popularizó el concepto de conciencia emocional en psicología. De acuerdo con este psicólogo, la conciencia emocional implica conocer qué emociones sentimos y por qué. Así, ser conscientes de nuestras emociones nos permite establecer relaciones entre nuestros sentimientos, pensamientos, palabras y acciones. Además, la conciencia emocional también es de gran ayuda para poder entender las emociones de los demás, por lo que es clave para poder responder adecuadamente ante todo tipo de situaciones.

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¿Para qué sirve la autoconciencia emocional?

La autoconciencia emocional permite, como venimos comentando, tener un adecuado conocimiento de las propias emociones, de forma que podemos relacionar aquello que sentimos con nuestros pensamientos, palabras y conductas. A nivel más amplio, la autoconciencia emocional es de gran ayuda para entender de forma real cuáles son los valores y objetivos fundamentales que perseguimos en nuestra vida.

Cuando logramos desarrollar una adecuada autoconciencia emocional, podemos conectar nuestras experiencias internas con situaciones determinadas, lo que facilita la identificación de las causas y consecuencias que han desencadenado cada una de las emociones que sentimos. Esto permite, si es necesario, actuar sobre las condiciones ambientales para mejorar nuestro estado emocional.

El beneficio principal que podemos extraer de desarrollar una autoconciencia emocional correcta tiene que ver con una mejora en nuestra forma de gestionar las emociones. Ser conscientes de lo que sentimos y aceptarlo en lugar de negarlo u ocultarlo es clave para saber canalizar nuestros estados emocionales adecuadamente. Así, quienes son capaces de poner en práctica la autoconciencia emocional encuentran un balance saludable por el que se acepta lo que se está sintiendo sin dejar que las emociones dominen a la persona más allá de los límites razonables.

Cómo trabajar la autoconciencia emocional

El concepto de autoconciencia emocional es muy abstracto y no siempre resulta fácil ponerlo en práctica. Sin embargo, algunas actividades pueden ser de ayuda en este sentido.

1. Psicoeducación

Aunque las emociones están continuamente presentes en nuestro día a día, lo cierto es que muchas veces desconocemos su importancia y eso hace que no les prestemos la merecida atención. Conocer a nivel teórico todo lo relacionado con ellas puede ayudarnos a comprender por qué es tan importante trabajar la autoconciencia emocional. No se trata de que te conviertas en un experto en psicología, pues es suficiente con que conozcas qué es una emoción, para qué sirve y cómo puedes identificarla. Además, es interesante que puedas adquirir vocabulario emocional. Más allá del “estoy bien/mal” es útil que puedas conocer distintos nombres de emociones, ya que esto te ayudará a diferenciarlas e identificarlas bien.

2. Observación

Aunque parezca una obviedad, trabajar la autoconciencia emocional requiere aprender a observar nuestros estados emocionales para hacernos conscientes de ellos. Así, parar y poner el foco sobre la emoción es de gran ayuda para detectar las señales que nos avisan de que esta ha aparecido, qué pensamientos la acompañan y que causas y consecuencias han podido desencadenarla.

3. Etiquetado de emociones

Una vez que se haya adquirido vocabulario emocional, es momento de ponerlo en práctica. Aprender a poner nombres concretos a las emociones que sentimos nos ayudará a conectar con lo que sentimos y, por ende, a regularnos mejor. Este ejercicio puede costar al principio, pues estamos habituados a no hablar de emociones de forma específica. Por ello, es fundamental que tengas paciencia y, poco a poco, pruebes a nombrar las emociones que experimentas.

4. Contextualizar la emoción

Entender nuestras emociones resulta más fácil si logramos situarlas en contextos concretos. Puedes probar a pensar en escenarios hipotéticos y tratar de analizar qué emoción sentirías en cada uno de ellos. De la misma forma, puedes pensar acerca de situaciones que ya hayas vivido y reflexionar sobre cómo te sentiste en ese momento, dónde localizabas tu emoción en tu cuerpo, qué pensaste , etc.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la autoconciencia emocional. Esta capacidad permite a las personas ser conscientes de sus estados emocionales, algo fundamental para poder disfrutar de una adecuada salud mental. Identificar lo que sentimos y ponerle nombre es clave para aprender a gestionar las emociones y regularse correctamente. Sin embargo, vivimos en una sociedad que tiende a criminalizar las emociones desagradables y enseña a tapar y negar en lugar de aceptar y conocer lo que sentimos. Vivir con el piloto automático sin hacer un adecuado ejercicio de introspección es dañino para nuestro bienestar y puede contribuir al desarrollo de trastornos psicológicos como la ansiedad o la depresión. Por ello, es importante trabajar la autoconciencia emocional mediante algunas actividades.

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