¿Cómo nos afecta la Autoexigencia? Y 3 señales de advertencia

La autoexigencia desmedida puede producir un enorme desgaste a nivel físico y emocional. Algunas medidas pueden ayudar a rebajar la presión por querer abarcarlo todo, poner límites y objetivos realistas.

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Vivimos en una sociedad marcadamente competitiva, en la que las comparaciones con los demás y el ansia por destacar sobre el resto se hacen cada vez más acusadas. Así, parece que se ha incrementado la ambición y el deseo por rozar la perfección en todas las facetas de la vida. Sin embargo, dado que somos humanos y no simples máquinas, la exigencia excesiva puede acarrear un coste elevado en nuestra salud mental.

Es natural y positivo querer mejorar y acercarse a ese yo ideal que nos gustaría ser. Esta tendencia es lo que nos ayuda a sentirnos motivados, tener iniciativa y ganas de hacer cosas. Sin embargo, cuando la exigencia alcanza unos niveles desmedidos, esta pasa a constituir un obstáculo al generar estrés, agotamiento y frustración.

Querer llegar a todo y ser más superhéroes que personas impide reconocer que se tienen limitaciones, lo que a medio y largo plazo puede ser devastador para la salud física y emocional. En este artículo hablaremos acerca de cómo nos afecta la autoexigencia desmedida y de qué forma se puede aprender a gestionar esta tendencia.

Autoexigencia y normas sociales

Aunque se suele decir que los seres humanos somos individuos racionales, lo cierto es que no siempre pensamos y actuamos guiados por la estricta razón. Las personas podemos llegar a desarrollar un pensamiento muy complejo, algo que resulta necesario para poder vivir integrados en un mundo repleto de normas que cumplir. Sin embargo, el deseo de encajar y acatar con lo que la sociedad espera de nosotros puede jugarnos una mala pasada y llevarnos a desarrollar pensamientos bastante alejados de lo racional.

Desde que nacemos nos encontramos inmersos en la dinámica de la sociedad, lo que implica interiorizar normas y pautas de comportamiento determinadas. Esto hace que, a medida que crecemos, dichas normas se encuentren tan dentro de nosotros que llegan a fusionarse con nuestra identidad, condicionando la manera en la que nos vemos y valoramos.

Al alcanzar la vida adulta tenemos muy claro qué comportamiento es aceptable y cuál no lo es. Sin embargo, el deseo de ser aceptados por los demás puede hacernos ir un paso más allá y establecernos metas y estándares demasiado ambiciosos. Sobra decir que la exigencia desmedida no sólo nos agota en todos los sentidos, sino que nos lleva a vivir la vida como esclavos de los “debería” en lugar de hacerlo desde la paz mental y los valores con los que realmente nos identificamos.

¿Qué caracteriza a una persona autoexigente?

Generalmente, cuando se habla de autoexigencia se hace referencia a querer dar lo mejor de uno mismo para hacer bien las cosas. Sin embargo, en muchos casos este patrón se vuelve problemático y deriva en comportamientos poco saludables. Querer alcanzar metas demasiado elevadas con relación a nuestros recursos es, como ya comentamos, una fuente de agotamiento y frustración constantes. En su lugar, lo más saludable es saber aceptar que no llegamos a todo, que tenemos límites y que dependiendo de la situación es importante flexibilizar.

Las personas autoexigentes suelen tener dificultad para reconocer que no llegan a todo aquello que se proponen. Además, tienden a experimentar una intensa culpa si no trabajan incansablemente por conseguir esas metas tan elevadas que se han marcado. Es común que se definan como personas perfeccionistas, pues manifiestan una gran necesidad de control.

La raíz de este comportamiento suele guardar relación con la inseguridad, lo que además dificulta la toma de decisiones y merma la tolerancia a la frustración. El control y la disciplina férreos suelen actuar como una estrategia para reducir al mínimo la incertidumbre. Sin embargo, la inseguridad permanece y la persona termina por basar su identidad sobre aquello que consigue y no sobre lo que es.

Por todo lo que venimos comentando, las personas con una marcada autoexigencia suelen pensar y actuar desde la razón, dejando a un lado sus emociones. Esto se traduce en dificultades para relacionarse con los demás, pues existen déficits importantes en habilidades sociales, empatía, asertividad, etc. Lo más definitorio de las personas con elevada autoexigencia es la marcada insatisfacción que sienten respecto a sí mismas. Creen que consiguiendo metas casi imposibles se sentirán mejor, pero la realidad es que nunca es suficiente. Una vez que se logra algo, enseguida se piensa en conseguir algo más.

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¿Cuándo la exigencia se convierte en un problema?

Como vemos, la exigencia con uno mismo puede llegar a constituir un grave problema. Generalmente, hablamos de exigencia problemática cuando se producen algunas de las siguientes situaciones.

1. Autoestima dependiente del refuerzo social

Las personas altamente exigentes suelen tener una autoestima muy débil, por lo que dependen en gran medida del refuerzo que los demás les brindan. Por ello, hacen todo lo que está en su mano para recibir esa aprobación, ignorando si hace falta sus propias necesidades. Por supuesto, no saben establecer límites, pues optan por complacer a cada persona con la que se relacionan. Todo ello se traduce en una gran saturación, pues los “debería” pesan tanto que se convierten en el centro de la vida.

2. Autoexigencia como vía de escape

Aunque una autoexigencia desmedida puede ocasionar mucho sufrimiento, lo cierto es que esta es para muchas personas una vía de escape de otros problemas. Cuando una persona experimenta diversos reveses e incertidumbres en su vida, depositar todos los esfuerzos hacia una meta concreta puede ser una estrategia que brinda sensación de control ante tanto caos.

3. Separación del estado de salud del rendimiento

Muchas personas con una marcada autoexigencia asumen que la salud y el rendimiento son dos entidades separadas entre sí. Así, creen que sacrificar un gran esfuerzo y horas hacia un objetivo concreto no tiene por qué perjudicar a la salud. Sin embargo, la realidad es que están estrechamente relacionados. De hecho, no saber parar y descansar lleva más tarde o más temprano a una caída del rendimiento.

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Cómo rebajar el nivel de autoexigencia

Como vemos, la autoexigencia es un problema que puede llegar a interferir notablemente en el bienestar de las personas. Aunque siempre que se habla de ella es en clave positiva, exigirse demasiado puede ser una trampa para nuestro bienestar psicológico. La buena noticia es que, como sucede con la mayoría de los comportamientos desadaptativos, la autoexigencia puede reducirse adoptando algunos cambios.

  • Cuidado con las metas que te marcas: Como venimos diciendo, la autoexigencia desmedida suele implicar el establecimiento de metas demasiado ambiciosas. Si crees que es tu caso, puedes empezar por desglosar tus metas más amplias en objetivos más pequeños y asequibles. Además, es importante que reflexiones acerca de si esas metas van alineadas con tus valores y son viables acorde a tus recursos. Recuerda que la vida no es sólo trabajar y el descanso, ocio y diversión son igualmente importantes.

  • Disfruta cada logro: La autoexigencia no termina cuando se logra la meta marcada. Normalmente, una vez que esta se consigue enseguida se piensa en ir a por otro nuevo objetivo. Ni siquiera se da tiempo para poder disfrutar de la satisfacción de haberlo conseguido, porque el caso es seguir ocupado incansablemente. Por ello, es fundamental darse un respiro y disfrutar del premio tras el esfuerzo.

  • No te fustigues: La culpa es una acompañante habitual de las personas autoexigentes. Cualquier error o fallo es vivido como un auténtico fracaso vital. Por ello, viven continuamente enfocados en esforzarse para conseguir cosas y así combatir la culpa. Sin embargo, lejos de resolver el problema, esto no hace más que alimentarlo. Recuerda que no tienes que ser perfecto, que cometer equivocaciones es parte de la vida y que estas son una fuente de aprendizaje.

  • Marcar límites y decir que no: Ser menos autoexigente requiere aprender a marcar límites y saber decir que NO en algunas ocasiones. La vida es mucho más que conseguir cosas, también implica tener tiempo de tranquilidad, disfrutar y tener paz mental. Por ello, es crucial aprender a expresar aquello que necesitamos en lugar de complacer a todo el mundo de forma sistemática.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la autoexigencia y cómo esta puede perjudicarnos. Vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, donde existe un gran deseo de destacar por encima del resto y ser el mejor en todo. Sin embargo, exigirse más de lo que se puede conseguir puede generar una intensa frustración. El problema es que la autoexigencia es, para muchas personas, una estrategia para conseguir refuerzo social y alimentar su autoestima. También puede ser una vía de escape que brinda sensación de control ante la existencia de otros problemas.

En cualquier caso, la autoexigencia puede producir un enorme desgaste tanto físico como mental, por lo que es fundamental reconocer cuando se sufre este problema y tomar medidas para trabajar en ello. En este sentido, es fundamental establecer metas más asequibles, dividiendo los objetivos grandes en otros más pequeños. Además, es crucial aprender a marcar límites y decir que NO en lugar de complacer a otras personas de manera sistemática. De la misma forma, es esencial aprender a disfrutar del logro en lugar de pasar de una meta a otra sin conciencia de lo que se está consiguiendo.

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