¿Cómo tener más seguridad en uno mismo? 6 consejos para aumentar la autoconfianza

La seguridad en uno mismo se define como la evaluación realista que hacemos de nuestra propia capacidad para afrontar una situación concreta. Entrenarla es importante para afrontar la vida de una forma satisfactoria.

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A lo largo de nuestra vida afrontamos todo tipo de situaciones desafiantes. Lidiar con ellas no es fácil, aunque hay quienes salen mejor que otros del paso. La diferencia radica, entre otras cosas, en el grado de seguridad y confianza que cada uno de nosotros tenemos en nuestras capacidades. No podemos evitar los retos y los conflictos, y de hecho hacerlo nos llevaría a vivir de manera estática y aburrida.

Así, superar los reveses vitales es precisamente lo que nos permite crecer y aprender para sentirnos realizados. De esta forma, aquellas personas que carecen de confianza en sí mismas son menos tendentes a probar cosas nuevas y arriesgar. Cuentan con menos herramientas para hacer frente a la adversidad y se hacen pequeñas ante las dificultades, lo que merma seriamente su sentimiento de competencia.

La ausencia de autoconfianza es uno de los motivos más comunes por los que muchas personas acuden a terapia psicológica. Se trata de un problema más habitual de lo que puede parecer, que constituye un freno para que podamos aprovechar las oportunidades que la vida nos ofrece. Aunque el miedo es una emoción normal y adaptativa ante determinadas situaciones, cuando este se activa en exceso de manera desproporcionada puede ser contraproducente.

Sentir miedo a fracasar o a no ser suficiente por la ausencia de confianza en nosotros mismos puede bloquearnos y paralizarnos. Progresivamente, esto puede limitarnos hasta extremos inimaginables, por lo que es importante actuar y trabajar para entrenar la seguridad en uno mismo. En este artículo vamos a hablar de la seguridad en uno mismo y qué pautas pueden ser de ayuda para entrenarla.

¿Qué es la seguridad en uno mismo?

La confianza en uno mismo se define como la evaluación realista y puntual de nuestra propia capacidad para afrontar una situación determinada. De esta forma, se cuenta con un sentimiento de seguridad que brinda bienestar, satisfacción con la vida y capacidad para lidiar con los reveses de la vida cotidiana.

Cuando una persona está segura de sí misma, esta es consciente de su talento y capacidad. A menudo, se confunde la seguridad con la arrogancia, aunque ambas no tienen nada que ver. La autoconfianza se adopta desde una visión realista, por la cual un individuo acepta sus fortalezas sin que esto suponga considerarse superior a los demás. En otras palabras, la seguridad en uno mismo es una actitud ante la vida que nos permite sentirnos en calma y con fuerzas para hacer frente a lo que venga.

En definitiva, las personas con confianza en sí mismas se sienten seguras y tienen la certeza de contar con un buen bagaje de habilidades y talentos. Esto les permite percibirse como individuos competentes y capaces de superar los desafíos que se les presentan sin venirse abajo ante los fracasos. La seguridad también es clave para tener iniciativa y sacar el máximo partido a las oportunidades y las experiencias que vivimos.

Cabe señalar que la seguridad en uno mismo no es estática. Todos atravesamos momentos en los que peligra nuestro sentimiento de confianza y competencia. Cuando el entorno nos hace creer que no somos valiosos o cuando vivimos un fracaso, es normal que nos sintamos débiles a nivel emocional. No obstante, con las pautas adecuadas es posible gestionar nuestras emociones y adquirir un nivel de confianza adecuado que nos permita disfrutar más de la vida.

¿Cómo tener más seguridad en uno mismo? 6 consejos

Como venimos comentando, la seguridad y la confianza en uno mismo es clave para afrontar los desafíos que se nos presentan y llevar una vida más satisfactoria. Aunque no todos nos sentimos igual de seguros de nuestras capacidades, la buena noticia es que esto se puede cambiar. Así, algunas pautas pueden ser de ayuda para empezar a ganar autoconfianza.

1. Cambia tu lenguaje interno

La forma en la que nos hablamos y nos tratamos a nosotros mismos condiciona notablemente nuestro sentimiento de competencia. Muchas veces nos decimos mensajes dañinos, aunque en ocasiones es un proceso tan automatizado que no somos conscientes de ello. Plantéate si las palabras y mensajes que te dices se los dirías a otra persona.

Si te detienes a pensarlo, es probable que seas mucho más compasivo con los otros que contigo mismo. En lugar de repetirte que no vales o que no eres suficiente, recuérdate que eres capaz, que puedes y que eres perfectamente válido.

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2. Evita las comparaciones

Es frecuente que caigamos en el error de compararnos continuamente con el resto. Sin embargo, cuando hacemos esto tendemos a ensalzar las fortalezas del otro y confrontarlas con nuestros puntos débiles. Caer en las comparaciones es un error, ya que todos somos diferentes y no todos tenemos las mismas aptitudes.

En lugar de desperdiciar tu energía en este ejercicio tan dañino, enfócate en tu propio proceso. Admirar a los demás es positivo y puede ayudarte a crecer y superarte, pero si ver lo bueno del otro te lleva a recriminarte que no eres suficiente, es momento de parar.

3. No caigas en la evitación

Cuando nos sentimos inseguros y poco valiosos es común que sintamos la tentación de aislarnos del mundo para no afrontar escenarios en los que tememos no saber defendernos. En realidad, la estrategia de escape o evitación es adaptativa en muchos escenarios, pero cuando esta responde a la falta de seguridad en las propias capacidades supone todo un problema.

Caer en la evitación nos lleva a estancarnos, no aprovechar las oportunidades que nos vienen y encerrarnos en una zona restringida que nos brinda una falsa sensación de confort. Esto da pie a un círculo vicioso por el cual cada vez nos limitamos más, lo que no hace más que aumentar nuestra falta de seguridad. Por ello, si algo te da miedo, lánzate a hacerlo con miedo. Acepta que una situación te asuste, pero no dejes que tus inseguridades te frenen.

4. Empieza a exponerte

En la línea de lo anterior, es importante que comiences a exponerte a esas situaciones en las que tus alarmas se activan por temor a fracasar o no ser capaz. Para que el proceso te resulte más sencillo, puedes probar a lanzarte en situaciones cotidianas y sencillas de bajo riesgo, para poco a poco ir soltándote en otras más trascendentales.

Lo importante es que no te dejes llevar por la inseguridad y pongas a prueba que tienes muchas más capacidades de las que crees. Puedes pensar en algo que siempre has querido hacer y, sin embargo, nunca te has atrevido por tu inseguridad.

5. No ocultes tu vulnerabilidad

Muchas personas creen que quienes se muestran seguros ante el mundo son perfectos y carecen de miedos y dudas como el resto. Sin embargo, esto no es en absoluto así. Las personas que adoptan una actitud segura son humanas y, por ello, no están exentas de tener puntos débiles. La seguridad no tiene nada que ver con la perfección.

No es necesario que seas el mejor en todo para valorarte y sentirte válido. Potencia y confía en tus puntos fuertes, pero no olvides abrazar tus puntos débiles. No tengas miedo de mostrar tus vulnerabilidades a los demás. Eso no te perjudicará, sino que te hará sentir confiado a la vez que natural.

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6. Persevera

Entrenar la seguridad en uno mismo no es cuestión de un día. No es posible cambiar de la noche a la mañana una actitud en la que quizá lleves estancado durante años. Ármate de paciencia, date tiempo y persiste. Esfuérzate por obligarte a salir de esa falsa zona de confort y seguridad en la que te encuentras y comienza a exponerte a nuevos desafíos y experiencias. No te fustigues si al principio te cuesta y mantén una actitud compasiva contigo mismo. Quererte y abrazar tus debilidades es fundamental para empezar a trabajar en ellas.

El síndrome del impostor

En algunos casos la falta de autoconfianza puede volverse muy acusada y conducir a lo que se conoce como el Síndrome del Impostor. Este trastorno psicológico lleva a las personas que lo sufren a ser incapaces de asimilar sus logros. A pesar de que objetivamente han alcanzado el éxito, este problema les lleva a creer que son un fraude o un fracaso y que todo lo que han conseguido se explica por factores externos y no por méritos propios.

Este curioso síndrome tiene como base una ausencia total de autoconfianza, lo que puede suponer un serio problema en la vida de quien lo experimenta en primera persona. Cuando alguien se siente un impostor, es incapaz de disfrutar de la vida y los triunfos que va alcanzando. Este problema es especialmente común en los individuos marcadamente perfeccionistas, que tienden a minimizar sus éxitos persistentemente.

En muchos casos, las personas con este problema han vivido experiencias negativas en el pasado y han crecido en entornos de excesiva exigencia, donde sus logros nunca fueron valorados como se merecían.

Este síndrome puede suponer un importante problema de salud mental, ya que lleva a quien lo vive a experimentar una insatisfacción crónica consigo mismo, incredulidad ante sus capacidades, expectativas continuas de fracaso ante situaciones en las que previamente se han obtenido resultados positivos y una marcada desmotivación.

En estos casos más extremos suele ser necesario el apoyo de profesionales, de forma que se puedan identificar las creencias erróneas subyacentes y analizar la trayectoria vital de la persona desde una visión nueva y ajustada a la realidad.

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