Disonancia Cognitiva: ¿qué es y cómo se manifiesta?

La disonancia cognitiva se define como la incomodidad, tensión o ansiedad que las personas sienten cuando sus creencias y acciones entran en conflicto. La mayoría de nosotros tratamos, cuando sucede esto, de remediar este malestar con diversas estrategias.

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En muchas ocasiones, sucede que nuestras palabras y acciones no van de la mano. Nos damos cuenta de que no cumplimos en la práctica con aquello que afirmábamos en la teoría. Cuando reparamos en este contraste, es frecuente que experimentemos cierta tensión o malestar. En psicología esta sensación se conoce como disonancia cognitiva.

La disonancia hace referencia a la incomodidad que la mayoría de nosotros sentimos cuando tenemos creencias contradictorias entre sí o nuestras acciones no concuerdan con aquello que pensamos.Se trata de un fenómeno muy frecuente que, aunque puede parecer negativo, posee un cierto sentido adaptativo. Por ello, en este artículo vamos a hablar acerca de qué es la disonancia cognitiva y de qué forma esta se produce.

¿Qué es la disonancia cognitiva?

En términos generales, todos asumimos que debe existir una concordancia entre nuestras creencias, actitudes y pensamientos y la conducta que llevamos a cabo. Es decir, tiene que existir consistencia psicológica. La consistencia se define como nuestra capacidad para mantener equilibrio en nuestro mundo, orientando si es necesario nuestra conducta hacia la recuperación de un estado de calma en escenarios donde tenemos sensación de incoherencia. Así, cuando sentimos que a nivel cognitivo existe un desequilibrio, nuestra tendencia natural es mantener dicha consistencia.

El psicólogo social Leon Festinger fue el primero en desarrollar el concepto de disonancia cognitiva. Festinger afirma que los individuos poseen una intensa necesidad de que sus creencias, actitudes y conducta sean coherentes, de forma que no se produzcan contradicciones entre ellas. Si aparece inconsistencia, el conflicto que experimentamos nos genera malestar al ver que aquello que hacemos no cuadra con lo que pensamos.

Festinger consideraba que la disonancia cognitiva era la incomodidad, tensión o ansiedad que las personas sienten cuando sus creencias y acciones entran en conflicto. La mayoría de nosotros tratamos, cuando sucede esto, de remediar este malestar con diversas estrategias. A veces podemos optar por cambiar nuestra conducta para que esta sí sea coherente con los valores que tenemos, mientras que en otros casos podemos caer en el fenómeno del autoengaño para sentirnos aliviados sin modificar cómo nos comportamos.

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Festinger y la disonancia cognitiva

Como venimos comentando, Festinger fue el primero en desarrollar el concepto de disonancia cognitiva, creando toda una teoría en torno a él. En 1957 publicó su obra de psicología social “Theory of Cognitive Dissonance”, un trabajo en el que el autor trató de explicar cómo las personas procuran siempre preservar su consistencia interna, aunque sus actos y valores entren en conflicto.

De acuerdo con su propuesta, los seres humanos necesitamos sentir siempre consistencia sobre nuestras creencias y comportamientos. Cuando nuestra forma de actuar deja de ser coherente con lo que pensamos, aparece una sensación de ruptura que amenaza el equilibrio interno y es entonces cuando hacemos todo lo posible por retomar la coherencia. En general, la disonancia cognitiva puede aparecer por distintas razones como las siguientes:

  • Conflicto entre las creencias y la conducta.
  • Incumplimiento de las expectativas.
  • Conflicto entre los pensamientos y las normas culturales.

Como venimos comentando, siempre que llevamos a cabo conductas que no casan con nuestras creencias y actitudes experimentamos una tensión interna que nos lleva a buscar resolver la incoherencia. Además de desarrollar su teoría, Festinger realizó un estudio junto a su colega Merrill Carlsmith, donde fueron un paso más allá al comprobar que no todo el mundo trata de corregir el choque entre sus creencias y sus actos, pues hay personas que sí aceptan la disonancia cognitiva.

En dicho estudio, ambos autores pidieron a los sujetos, divididos en tres grupos, que realizaran una tarea que evaluaron como muy aburrida. Después, se les pidió que mintieran y contaran al siguiente grupo que el ejercicio era muy divertido. Al primer grupo se le dejó marchar sin decir nada, al segundo se le pagó 1 dólar antes de mentir y al tercero se le pagó 20 dólares.

Una semana después, Festinger se puso en contacto con los sujetos y les preguntó qué les había parecido la tarea. Mientras que el primer y tercer grupo respondió que la tarea había sido aburrida, el segundo afirmó que había sido divertida. La pregunta que cabe hacerse es, ¿cómo es posible que los que recibieron sólo 1 dólar hayan afirmado que la tarea era amena?

Los investigadores concluyeron que las personas que recibieron sólo 1 dólar se habían visto obligadas a cambiar su pensamiento, pues no tenían otra justificación para mentir, ya que 1 dólar era una cantidad irrisoria de dinero. Así, experimentaron una gran disonancia cognitiva. En cambio, los que recibieron 20 dólares sí que tenían una justificación externa para su conducta, el dinero, por lo que sentían menor disonancia.

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Ejemplos de disonancia cognitiva

Puede que el concepto de disonancia cognitiva resulte muy abstracto, por ello vamos a tratar de ilustrarlo con algunos ejemplos de la vida cotidiana. Una situación muy frecuente de disonancia cognitiva es aquella por la que los fumadores continúan consumiendo tabaco a pesar de saber que es muy dañino para la salud. Esta situación se sostiene porque racionalizan sus incoherencias, diciéndose a sí mismos que fumar es tan placentero que vale la pena, que los daños a su organismo no son para tanto, que de algo hay que morirse o que dejar de fumar les hará aumentar de peso y eso también atentaría contra su salud. Al generar este conjunto de pensamientos, se reduce la disonancia cognitiva sin necesidad de modificar la conducta de fumar.

Otra disonancia cognitiva muy habitual se produce cuando algunas personas se declaran amantes del medio ambiente, pero sin embargo utilizan vehículos de alto consumo, consumen moda rápida, no reciclan o evitan utilizar el transporte público. A veces la disonancia se produce en personas que presumen de ser integrar y honestas y, sin embargo, no dudan en copiar o hacer trampas en un examen si tienen la oportunidad.

La hipocresía también es una manifestación de la disonancia cognitiva, promovemos determinada forma de ser o comportarse (criticando a quienes no lo hacen), pero nosotros mismos no nos aplicamos aquello que predicamos. La “paradoja de la carne”, por la que una persona que dice no soportar la muerte de los animales sigue llevando una dieta estándar con consumo de productos de origen animal.

En política la disonancia cognitiva es una constante. Cuando un político que apoyamos hace algo en lo que no creemos o viceversa, entramos en un estado de conflicto ante lo cual podemos reaccionar de diversas formas. Por ejemplo, si un político al que votamos es condenado por corrupción, puede que intentemos reducir la disonancia diciendo que lo que otros políticos han hecho es peor o que hay casos de corrupción más graves en otros partidos. De la misma manera, si un político que no solemos votar es alabado por implantar una nueva ley, puede que reduzcamos la disonancia diciendo que esa es la única cosa que ha hecho bien en toda su carrera política.

En materias como la religión, también pude suceder que exista un choque entre acciones y creencias. Por ejemplo, si somos cristianos y creemos que sólo los cristianos van al cielo después de morir, podemos experimentar disonancia si entablamos amistad con alguien judío. En ese momento, pensar en que esa persona que apreciamos no irá al cielo por ser de otra religión puede producir un gran malestar.

En relación con las figuras de poder y autoridad, la disonancia también puede aparecer. Por ejemplo, si una persona sufre abusos de una figura que tiene poder y a la que ha aprendido a obedecer, es posible que aparezca un gran conflicto entre las creencias que se tienen. La persona que sufre abusos de alguien que tiene más poder que ella puede cambiar sus creencias (soy malo y por ello la figura de autoridad abusa de mí) o puede modificar sus creencias sobre la autoridad (todas las figuras de poder son malas) con el fin de aliviar esa sensación de incoherencia.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la disonancia cognitiva, un fenómeno muy curioso que aparece cuando nuestras creencias y acciones no están en sintonía. Al percibir una ruptura o tensión entre los valores que tenemos y el comportamiento que llevamos a cabo, tratamos de realizar todo tipo de estrategias para aliviar dicha incoherencia y recuperar el sentido de equilibrio.

Festinger fue el primer autor que planteó este concepto y desarrolló una teoría y varios estudios en torno a él. Aunque puede parecer una cuestión muy abstracta, lo cierto es que la disonancia cognitiva está muy presente en la vida cotidiana. Continuamente nos encontramos en situaciones en las que aquello que pensamos no cuadra con lo que hacemos, por lo que muchas veces nos las arreglamos para no sentir incoherencia de diversas formas.

Aunque a veces podemos optar por modificar la conducta que estamos realizando, en otros casos puede que recurramos al autoengaño para sentirnos mejor sin modificar cómo nos comportamos. Un ejemplo de ello es el tabaquismo, pues las personas fumadoras suelen justificar su adicción con racionalizaciones que pueden rozar el absurdo. De la misma manera, la disonancia aparece en ámbitos como la política, el cuidado al medio ambiente o la religión.

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