Los 10 tipos de Sesgos Cognitivos (y sus características)

Los sesgos cognitivos son mecanismos inconscientes y rápidos que nuestro cerebro utiliza como atajo para tomar decisiones ágiles. Aunque son muy útiles, pueden llevarnos a cometer errores sistemáticos y tomar decisiones ilógicas.

Tipos sesgos cognitivos

Nuestro cerebro es una maquinaria que no deja de sorprendernos por su complejidad. Su capacidad para amoldarse a las circunstancias, adaptarse a los cambios, sortear desafíos, resolver problemas y recuperarse después de ciertos tipos de lesiones es, cuanto menos, asombrosa. El cerebro es nuestro motor de vida, pues nos permite recordar, pensar, reflexionar, interpretar, etc.

Es el baúl donde albergamos toda nuestra vida, conocimientos y recuerdos, por lo que el interés que este ha despertado siempre ha sido máximo. Una de las claves que regula el funcionamiento de nuestro cerebro es la eficiencia y la regla de menos es más. Muestra de ello es un fenómeno, cuanto menos, curioso: los sesgos cognitivos.

¿Qué son los sesgos cognitivos?

Los sesgos cognitivos son una especie de atajos que nuestro cerebro utiliza para tomar decisiones de la forma más rápida posible. Gracias a la psicología cognitiva sabemos que, de no existir este tipo de mecanismos de ahorro, destinaríamos demasiado tiempo a cada pequeña decisión que tomamos en nuestro día a día, lo que sería muy poco adaptativo. Estos sesgos son siempre inconscientes, involuntarios y rápidos, por lo que nos influyen sin que ni siquiera nos demos cuenta.

A pesar de la indiscutible utilidad que estos sesgos tienen en nuestra vida cotidiana, lo cierto es que a veces pueden llevarnos a cometer errores. La razón es que estos sesgos son mecanismos automatizados en los que no media nuestra racionalidad, por lo que podemos tomar decisiones y emitir acciones que no se ajustan a lo que haríamos de una forma consciente. De alguna manera, los sesgos cognitivos distorsionan nuestra percepción de la realidad y nos empujan a actuar de una forma ilógica.

Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky fueron los primeros en señalar, en el año 1973, la importancia de nuestros sesgos cognitivos a la hora de tomar decisiones y hacer juicios en situaciones de incertidumbre. Ambos autores concluyeron que las decisiones económicas no siempre se toman desde la pura racionalidad, sino desde la influencia de dichos sesgos.

Es decir, muchas veces nos dejamos guiar por la intuición, pero esta nos conduce a cometer errores de tipo sistemático. Sí, antes de tomar una decisión importante solemos meditar todas las alternativas posibles. Sin embargo, a veces sin ser conscientes elegimos una alternativa no por ser la más lógica, sino por ser aquella que nuestros sesgos nos indican que es la mejor.

Desde la psicología se conoce que existen diversos tipos de sesgos cognitivos. Si te interesa saber más, continúa leyendo, porque en este artículo vamos a conocer cuáles son y sus características.

¿Cómo se clasifican los sesgos cognitivos?

Existen diferentes tipos de sesgos cognitivos que, de una forma automática y sin que nos demos cuenta, nos hacen actuar o decidir muchas veces de manera ilógica en el día a día. Conozcamos qué tipos existen.

1. Anclaje

El sesgo de anclaje se refiere a la tendencia a juzgar una situación en base a la información más reciente que hemos recibido sobre ella. Ante eventos sobre los cuales no tenemos demasiados datos, nos inclinamos por confiar en la información más actual.

Por ejemplo, cuando en un supermercado nos ofrecen un producto rebajado en un 30%, asumimos que su precio original era adecuado y valoramos el dinero que nos va a costar sin compararlo con otros productos. Lo que más nos pesa a la hora de decidir es el hecho presente, que es la rebaja del 30%.

anclaje

2. Aversión a la pérdida

La aversión a la pérdida es la tendencia a elegir evitar pérdidas en lugar de adquirir ganancias. Siempre solemos demandar más por renunciar a un objeto de lo que estaríamos dispuestos a pagar por adquirirlo. Este tipo de sesgo está muy relacionado con las prohibiciones y la psicología inversa.

Cuando se nos prohíbe algo, percibimos que estamos perdiendo ese algo. Nuestra aversión a la pérdida nos lleva a infravalorar las conductas permitidas en favor de las prohibidas, que comienzan a ser sobrevaloradas. Por esta razón, es muy habitual que negar o prohibir algo conlleve un incremento del deseo hacia ese algo.

3. Efecto Bandwagon o efecto de arrastre

Este curioso efecto consiste en la tendencia a hacer o creer algo porque muchas personas lo hacen o creen. Este sesgo no debería sorprendernos, pues los seres humanos necesitamos sentirnos parte del grupo social y percibir esa identidad colectiva. Esto nos lleva a adoptar un comportamiento gregario, de manera que nuestras acciones pueden estar únicamente justificadas porque las hacen los demás.

De acuerdo con este sesgo, la probabilidad de que adoptemos una creencia o conducta es directamente proporcional a la cantidad de personas que ya la tengan. Por ello, es más que evidente que somos proclives a seguir las actuaciones de los otros con el fin de ajustarnos al grupo.

4. Efecto espectador

Este efecto es muy curioso y ha sido estudiado por la psicología social debido a las implicaciones que tiene. De acuerdo con este fenómeno, cuando se produce una situación de emergencia y alguien necesita ayuda, la probabilidad de que alguien intervenga se reduce a medida que se incrementa el número de personas presentes en ese momento.

De esta forma, la probabilidad de ayudar es máxima cuando uno se encuentra solo ante esa situación urgente y no hay nadie más alrededor. Las explicaciones que se han barajado para justificar este sesgo son varias. Hay quienes defienden que, al existir varios testigos, cada individuo asume que será otro quien intervenga, por lo que se abstiene de actuar.

Es decir, que al existir un grupo la responsabilidad se difumina entre los presentes. La existencia de otras personas también puede hacer a cada integrante del grupo creer que habrá otra persona más capacitada para ofrecer su ayuda, e incluso puede generar temor a intervenir por la posibilidad de hacerlo mal y ser públicamente avergonzado o juzgado.

Al encontrarse rodeado de más gente, observar las reacciones de los otros puede ser una guía para valorar si es necesario intervenir. Si los demás no reaccionan, se interpreta que la ayuda es innecesaria, lo que se traduce en que nadie toma medidas ante la emergencia.

5. Efecto de encuadre

El efecto de encuadre refiere a la tendencia a tomar decisiones diferentes dependiendo de cómo se nos presenten las alternativas posibles. Las personas solemos inclinarnos por diferentes opciones dependiendo de si se pone el foco en las pérdidas o en las ganancias. Aunque objetivamente la información que se brinda es la misma, la forma en la que esta se ofrece puede cambiar mucho la decisión final que se tome.

6. Sesgo de confirmación

Este sesgo consiste en la tendencia a favorecer, buscar, interpretar y recordar aquella información que permite confirmar las propias creencias e hipótesis. Paralelamente, se infravalora de forma desproporcionada la existencia de otras posibles alternativas. Las personas que cometen este sesgo cognitivo recuerdan, interpretan y recopilan información de manera selectiva.

En algunos casos, incluso aquellas pruebas ambiguas son interpretadas a favor de la propia postura. Este sesgo es especialmente habitual cuando se trata de contenido emocional donde entran en juego creencias relacionadas con los valores de la persona.

sesgo confirmación

7. Sesgo de punto ciego

Este tipo de sesgo es muy habitual. Nadie está exento de tener prejuicios que nublan la forma de pensar y actuar. Sin embargo, solemos ser incapaces de detectar los prejuicios propios, aunque enseguida señalamos aquellos que sesgan el comportamiento y pensamiento de los demás.

8. Sesgo de negatividad

Este tipo de sesgo consiste en la tendencia a ensalzar el aspecto negativo de las cosas frente al positivo. Los expertos en la materia consideran que esto puede deberse a un aprendizaje cultural, por el cual hemos aprendido que las malas noticias suelen ser más importantes. En cierta forma, poner el foco en el aspecto negativo puede ser adaptativo, pues nos permite estar alerta ante posibles amenazas.

9. Efecto Dunning-Kruger

Este efecto se refiere a la tendencia de los individuos menos competentes a sobreestimar su propia habilidad y no reconocer su incapacidad para afrontar una tarea. Paradójicamente, las personas más competentes tienden a asumir que otros podrían desempeñar su tarea de igual forma que ellas.

10. Efecto denominación

Este curioso efecto consiste en que las personas tendemos a gastar mayores cantidades de dinero cuando las compras se hacen en pequeñas cantidades que cuando se compra en grandes cantidades. Es decir, nos “duele” menos gastar monedas o billetes pequeños que comprar con billetes grandes, aunque la suma total de nuestras compras sea mucho mayor en el primer caso que en el segundo.

Desde el ámbito del comercio y del márketing este sesgo es muy conocido, por lo que muchas tiendas apuestan por vender productos a precios bajos que generan la sensación de llevarse mucho por muy poco. Este efecto puede llevarnos a comprar de manera compulsiva cosas que no necesitamos, pues nos dejamos llevar por su precio individual, que es irrisorio.

sesgo denominación

Conclusiones

En este artículo hemos profundizado acerca de qué son los sesgos cognitivos y qué tipos de sesgos existen. Los sesgos cognitivos son atajos que nuestro cerebro utiliza para tomar decisiones rápidas. Sin embargo, estos pueden ser contraproducentes en ocasiones, llevándonos a tomar decisiones ilógicas o poco racionales. Este tipo de mecanismos son automáticos, involuntarios y rápidos, por lo que habitualmente los llevamos a cabo sin ser conscientes de ello. En nuestro día a día, los sesgos condicionan muchas de nuestras decisiones cotidianas, nuestras actitudes y forma de pensar.

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