6 pautas (y consejos) para afrontar la vuelta a la rutina

El verano llega a su fin y con ello toca volver a la rutina. Regresar a la rutina puede hacerse cuesta arriba, pero algunas pautas pueden ayudarnos a adaptarnos al inicio del nuevo curso.

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El verano comienza a llegar a su fin, lo que significa que pronto tendremos que lidiar con la temida vuelta a la rutina. Durante las vacaciones desconectamos, nos divertimos, viajamos y descansamos para reponer nuestras pilas. Sin embargo, cuando esta etapa dorada se acaba, son muchas las personas que experimentan dificultad para habituarse de nuevo al ritmo de la vida real.

Septiembre es un mes de novedad y comienzos y, para muchos, el auténtico inicio del año. Así, es un momento en el que tendemos a fijarnos propósitos y metas para motivarnos y superarnos respecto al año anterior. Toda esta vorágine de cambios puede producir sinsabor por despedir el verano, aunque lo cierto es que retomar la rutina no tiene por qué ser algo negativo. De hecho, aunque hay quienes sufren intensamente al terminar la temporada estival, también son muchas las personas que necesitan orden y rutina en su día a día para sentirse bien.

Seas de uno u otro tipo de personas, en este artículo vamos a comentar algunas pautas que pueden ser interesantes para ayudarte a afrontar el regreso a la rutina de la mejor forma posible, sin agobios ni estrés de por medio.

Cómo para afrontar la vuelta a la rutina

A continuación, vamos a comentar algunas pautas útiles para poder volver a la vida cotidiana de la forma más ordenada y saludable posible.

1. Organizar y distribuir tareas

Volver a la vida real implica retomar las tareas domésticas y demás obligaciones del día a día. Regresar de nuestro descanso y encontrarnos con todo por hacer puede ser muy estresante, por ello es especialmente importante contar con una adecuada organización.

Con independencia de si vives solo o acompañado, es recomendable elaborar un horario realista, en el que vayas fijando las tareas que vas a realizar cada día y hora. Es fundamental que no intentes llegar a todo a la vez y, en su lugar, intentes jerarquizar. Empieza por aquello que resulta imprescindible o urgente y deja para después las tareas más secundarias.

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2. Establece objetivos realistas

Septiembre es, como venimos comentando, un mes lleno de comienzos y cambios. Es por este motivo que todos tendemos a fijarnos objetivos a veces demasiado ambiciosos, lo que puede terminar por frustrarnos al ver que somos incapaces de lograrlos. En general, para que nuestros objetivos sean adecuados estos deben tener tres características: ser concretos, realistas y realizables.

A la hora de plantearnos metas es importante que siempre nos guiemos por nuestra motivación intrínseca, es decir, que no decidamos ir a por algo por la presión u opinión de los demás. Sólo cuando un objetivo va alineado con los propios valores y necesidades es cuando este se puede llegar a conseguir. De lo contrario, a la primera de cambio acabarás tirando la toalla.

Por otro lado, es importante fijar objetivos concretos, ya que muchas veces nos perdemos en ambiciones abstractas que luego es inviable materializar porque no están delimitadas. Es esencial que nuestras metas sean viables acorde a nuestra situación personal y disponibilidad. Por ejemplo, no es lo mismo decir “Mañana empiezo a hacer deporte” que decir “Voy a empezar a hacer cardio martes y jueves de 18.00 a 19.30”.

Añadido a todo esto, es de gran ayuda poder desglosar los objetivos más amplios en otros más pequeños y asequibles. Tratar de abarcar todo desde el principio es prácticamente imposible, por lo que es de gran ayuda fijar metas sencillas que progresivamente nos vayan acercando a la meta final. Recuerda que conseguir cosas es, en la mayoría de las ocasiones, una carrera de fondo. A lo largo del proceso conseguirás pequeñas victorias que te ayudarán a sobrellevar el esfuerzo hasta el final.

3. Procura relativizar y priorizar tu salud

Volver a la rutina es, para una gran parte de la población, un momento repleto de estrés. Por ello, muchas personas vuelven a la realidad desde la inercia, muchas veces forzando sus cuerpo y mente para llegar a todo a cualquier precio. Cuando nos vemos inmersos en la rutina, es fácil caer en el error de considerar todos nuestros asuntos pendientes una prioridad, lo que nos hace sentir desbordados e incapaces de llegar a todo.

Sin embargo, lo más recomendable cuando volvemos de vacaciones es aprender a relativizar, es decir, saber discriminar qué es realmente importante y qué es secundario. Aunque pueda parecer algo sin importancia, adoptar esta actitud es de gran ayuda para rebajar la ansiedad en el día a día y poder vivir con más serenidad la vuelta a la rutina.

De la misma manera, es fundamental saber establecer límites y moderar nuestro grado de implicación en las distintas tareas. Muchas veces, queriendo hacer las cosas perfectas, podemos llegar a vernos absorbidos por el trabajo, los hijos... sin dejar un resquicio de espacio personal para poder tomar aire y reponernos. Por ello, aunque se deba cumplir con obligaciones todos los días, también es importante pensar en la propia salud y no caer en el error de vivir exclusivamente para tachar tareas pendientes en la lista.

Aunque en la práctica relativizar pueda ser difícil, este punto es uno de los más importantes para poder adoptar una actitud adecuada en el regreso a la cotidianidad. Vivir a toda velocidad sin cuidarnos puede mermar nuestra salud a corto y largo plazo, nos impide disfrutar de la vida y muchas veces hace un efecto contrario al esperado al reducir nuestra energía y productividad.

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4. Retoma los hábitos de vida saludables

Durante las vacaciones dejamos a un lado el orden de la rutina y flexibilizamos mucho más. Así, se producen importantes cambios en nuestra dieta, descanso y nivel de actividad. Muchas veces, el verano es sinónimo de llevar una dieta menos interesante a nivel nutricional, hacer menos ejercicio y dormir más. Por ello, volver a la rutina al principio puede hacerse algo complicado. Sin embargo, retomar nuestros hábitos saludables es beneficioso para nuestro organismo, que no suele ser amigo de los cambios y las alteraciones en la rutina normal.

Procura planificar tus comidas para comer variado y equilibrado, muévete y mantente hidratado. Además, igualmente importante es dormir al menos 7-8 horas. Progresivamente, el organismo volverá a su homeostasis y estaremos de nuevo en sintonía con el ritmo de vida normal. Añadido a esto, tan importante como comer bien y descansar es reservar al menos un rato al día para el autocuidado al margen de nuestras obligaciones. Puedes aprovechar ese momento para hacer algo que te guste o te relaje: leer un libro, darte un baño, hacer deporte, escuchar música, pintar...

5. Acepta el malestar y date tiempo

Aunque seguir las pautas que estamos comentando puede ayudar a transitar por el proceso de vuelta a la rutina, lo cierto es que es normal necesitar tiempo para adaptarnos. Es natural experimentar estrés y saturación, pues somos humanos y no máquinas. Por este motivo, es especialmente importante poner en práctica una actitud compasiva hacia nosotros mismos, aceptando el malestar que estamos sintiendo y dándonos tiempo para poder retomar la normalidad.

Pelear contra nuestro malestar o castigarnos por sentirnos angustiados no hará más que empeorar la situación, pues en lugar de comprendernos nos sentimos culpables por no hacer todo perfecto desde el minuto uno. En este sentido, es importante revisar el lenguaje que utilizamos para referirnos a nosotros mismos, pues muchas veces empleamos palabras muy duras y críticas, convirtiéndonos en el peor juez de nuestras acciones.

Procura poner en valor los esfuerzos que estás haciendo por incorporarte a la rutina y no te trates mal si cometes errores, te equivocas o no estás al cien por cien desde el primer día. Piensa en cómo hablarías a un amigo que se encontrara en tu situación... ¿Le dirías que lo hace todo mal, es un inútil o no sirve para nada? ¿O le brindarías comprensión y apoyo entendiendo que es un ser humano?

6. Preserva esas actividades que en vacaciones te han hecho bien

Volver a la rutina no tiene por qué ser sinónimo de romper con todo el estilo de vida que hemos llevado en el verano. Aunque tengamos que volver al trabajo, es posible preservar algunas actividades o hábitos que nos hayan resultado positivas durante la época de vacaciones. Por ejemplo, estar un ratito al sol, desayunar rico, dedicar algo más de tiempo a la lectura... son ejemplos de cosas que solemos hacer más en la etapa estival, pero pueden adaptarse a la rutina.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunas pautas que pueden ser de ayuda para sobrellevar la vuelta a la rutina de la mejor forma posible. Aunque hay quienes sufren cuando el verano termina y toca regresar a la normalidad, retomar los hábitos previos y volver a tener orden no siempre es negativo. En este sentido, aprender a relativizar, organizar nuestras tareas y objetivos de forma realista, aceptar nuestras emociones, darse tiempo, trabajar el autocuidado e incluso rescatar y adaptar algunas costumbres propias del verano son ejemplos de medidas que podemos poner en marcha para adaptarnos mejor al nuevo curso con la llegada de septiembre.

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