13 pautas para evitar la Procrastinación (que funcionan)

Procrastinar consiste en postergar obligaciones en favor de distracciones inmediatas. No asumir nuestras responsabilidades y acumular tareas pendientes puede acarrear problemas con uno mismo y con los demás y mermar la salud mental.

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Seguramente hayas vivido momentos en los que sientes que no llegas a todo, como si te faltasen horas en el día para poder terminar todas esas tareas pendientes. Aunque es cierto que la sociedad actual se caracteriza por brindar una importancia desmedida y casi tóxica a la productividad, también sucede que a veces somos nosotros los que fallamos a la hora de organizarnos.

En la actualidad, son infinitos los distractores que nos rodean y que a todos, en mayor o menor medida, nos hacen ser menos productivos de lo que nos gustaría. Esto nos lleva a aplazar aquello que debemos hacer continuamente, es decir, procrastinar. En este artículo hablaremos sobre qué es la procrastinación y qué podemos hacer para evitarla.

¿Qué es la procrastinación?

Procrastinar es un verbo que se refiere al acto de aplazar nuestras obligaciones. Todos en algún momento hemos caído en este error y hemos dejado para mañana lo que podríamos haber hecho hoy. No se trata de fustigarse por ello, pues es verdaderamente difícil mantener la concentración y no caer en la tentación. Son miles las distracciones que nos hacen desperdiciar el tiempo que deberíamos destinar a nuestros deberes.

Aunque procrastinar de vez en cuando es humano y no supone grandes consecuencias, posponer continuamente la realización de tareas puede suponer una fuente importante de estrés. Acumular obligaciones sin cumplir puede generarnos elevados niveles de ansiedad y, además, conflictos con otras personas y con nosotros mismos debido a un rendimiento deficiente.

La mejor forma de evitar este círculo vicioso es tomar las riendas de la situación y tratar de adoptar una serie de pautas para mantener el orden y la rutina bajo control. La mayoría de las veces, el problema de fondo no es la falta de tiempo real, sino la dificultad para regularse emocionalmente y saber priorizar las recompensas postergadas (por ejemplo sacar adelante el proyecto de tu empresa) frente a las inmediatas (contestar a ese whatsapp).

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¿Cómo evitar la procrastinación?

Como venimos comentando, todos hemos pospuesto nuestras obligaciones en algún momento debido a la influencia de otras distracciones. Sin embargo, procrastinar continuamente puede generarnos numerosos problemas y es importante adoptar algunas pautas para evitarlo.

1. Analiza tu situación

Aunque todos podemos llegar a procrastinar, lo cierto es que cada persona tiene una situación particular. No todos nos distraemos ante las mismas cosas ni adoptamos los mismos hábitos. Es por esta razón que un primer paso es el de analizar tu propia situación y qué es lo que te hace ser menos productivo.

Trata de comprender qué está fallando a la hora de persistir en tus tareas. Puede que tu perdición sea el teléfono móvil, que no sabes rechazar ningún plan o que no estás enfocando la tarea en cuestión adecuadamente.

2. Traza un plan con plazos concretos

Sabemos que a veces las obligaciones pueden ser demasiadas y no es fácil lidiar con esa carga de trabajo. Sin embargo, procrastinar solo empeorará la situación y te hará sentir aún peor que antes.

Una forma de llevar tus obligaciones al día es elaborar un plan cuidadoso en el que te marques plazos con fechas concretas para tener lista cada tarea. De esta forma, no te dejarás llevar por el paso de los días y tendrás una guía que seguir. Si una tarea es demasiado difícil no trates de abarcarla de golpe y dividela en objetivos más asequibles.

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3. Ordena tus prioridades

Es normal que haya días que el trabajo se te haga muy cuesta arriba. Sin embargo, es importante que trates de ordenar tus prioridades y relativizar. Piensa en qué es más importante para ti, ojear instagram o sacar adelante ese examen o ese proyecto laboral.

Aunque el móvil y otros distractores nos refuerzan de manera muy potente e inmediata, es necesario aprender a posponer la recompensa y enfocarnos en metas más valiosas aunque estas requieran un esfuerzo sostenido y una gratificación tardía.

4. No pienses, actúa

Tus pensamientos tienen mucho más poder de lo que piensas. Muchas veces nos detenemos tanto en pensar en lo mucho que odiamos una tarea o en la pereza que nos da hacerla que terminamos optando por dejarla de lado. Si en lugar de enfrascarte en estos pensamientos te pones manos a la obra sin miramientos, será mucho menos probable que procrastines.

5. Elige un buen lugar

No todos los entornos son propicios para concentrarnos. Hay entornos que, por su falta de luz o su exceso de ruido, pueden impedirnos ser productivos. Por ello, procura realizar tus tareas en estancias bien iluminadas y tranquilas que te estimulen para trabajar con mínimas distracciones.

6. Aprender a ser flexible

No se trata de que te fustigues cuando algo no sale como habías planeado y no puedes avanzar al ritmo esperado. Aprender a flexibilizar y aceptar que podemos encontrar obstáculos en el camino es un primer paso para organizarnos mejor.

Si por cada revés nos desanimamos, probablemente esto nos haga desmotivarnos y abandonar la tarea. Por ello, es esencial que aceptes esto cuando ocurre y puedas aprender de estas experiencias de cara al futuro.

7. Mantén viva la motivación

Una buena forma de evitar la procrastinación es mantenerte ocupado con aquellas cosas que realmente te llenan. Si algo te gusta y te interesa, ve a por ello, lee sobre ese tema y trata de formarte en esta dirección. Ser activo y no estancarse es una buena manera de no dejarse llevar por la pereza y evitar tirar la toalla.

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8. Valora tus logros

Una forma de evitar la procrastinación es reconocer aquello que has hecho bien. No des nada de lo que haces por sentado y valora tus avances. Prémiate cuando consigas esa meta que te habías marcado, pues esto te dará las ganas necesarias para ir a por la siguiente sin posponer nada.

9. Autoexigencia sin obsesiones

Tal y como comentábamos al inicio, la sociedad en la que vivimos ensalza la productividad hasta límites que resultan tóxicos. Dejar de procrastinar no significa que tengamos que anular otras facetas de la vida que no tengan que ver con el trabajo.

Lo ideal es tratar de utilizar nuestras horas de jornada de la mejor manera posible para después exprimir el ocio al máximo y disfrutar. Encontrar este balance es clave para sentirnos bien con nosotros mismos y cuidar no sólo nuestro trabajo o estudios, sino también nuestra salud mental.

10. No tengas miedo a abandonar

Siempre nos han enseñado que el fracaso es algo que se debe evitar a toda costa. Sin embargo, cuando nuestras tareas se nos hacen muy difíciles de asumir quizá es que no estamos yendo por el camino correcto.

No tengas miedo a replantearte lo que estás haciendo y abandonar para cambiar el rumbo en otro sentido. Por ejemplo, puede que hayas decidido estudiar arquitectura y, sin embargo, te des cuenta de que esa no es tu carrera porque prefieres dedicarte al arte. Vivir en una lucha continua con nosotros mismos es muy dañino y a veces lo mejor es saber cambiar la dirección.

11. Autocuidado

Es imposible que dejes de procrastinar si no te encuentras en condiciones de trabajar. No podrás lograr ser productivo si no sigues unas pautas mínimas de autocuidado, como comer bien, hacer ejercicio o dormir las horas necesarias.

12. No puedes abarcarlo todo

Aunque lo ideal es llevar tus tareas al día, es cierto que en ocasiones el volumen de trabajo que asumimos nos obliga a posponer tareas porque no damos para más. No eres un superhéroe ni una superheroína, así que sé realista y conoce tus límites.

13. Notifica a los demás tus objetivos

Cumplir un objetivo siempre es más fácil cuando le contamos nuestras intenciones a los demás. Cuando hacemos partícipes a los otros de nuestros procesos, esto nos hace fortalecer el compromiso con las metas marcadas y evita que tiremos la toalla a la primera de cambio.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado sobre la procrastinación y algunas pautas que pueden ser de ayuda para evitarla. Procrastinar implica postergar tareas y obligaciones, algo que puede llevarnos a incumplir nuestras obligaciones e incrementar nuestra ansiedad. Para evitar la procrastinación es importante adoptar algunas pautas que permitan mantener una rutina ordenada.

En la mayoría de casos, el problema real no es una falta objetiva de tiempo, sino una mala gestión emocional que hace que nos dejemos llevar por distracciones inmediatas en detrimento de objetivos más importantes. No se trata de obsesionarnos con la productividad y abandonar nuestra vida social y nuestro tiempo de ocio.

Por el contrario, procrastinar tiene que ver con balancear el tiempo y aprovecharlo de forma correcta para evitar sentir que no llegamos a todo. Establecer prioridades es un paso crucial para no posponer las tareas, de manera que tengamos claro por qué hacemos lo que hacemos. Mantener la motivación es más fácil si contamos con el apoyo de los demás y aprendemos a flexibilizar ante los obstáculos.

Además, es esencial no olvidar el autocuidado, pues el descanso, el deporte y la alimentación son clave para tener energía que nos permita aprovechar el tiempo. Finalmente, recuerda que no puedes abarcarlo todo, pues eres humano. Trata de dividir los objetivos grandes en pequeñas metas y traza un plan con plazos temporales.

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