Gases y ansiedad: ¿cómo se relacionan estas formas de malestar?

El sistema digestivo es muy sensible a la ansiedad y al estrés. Y la ansiedad nerviosa se puede somatizar con síntomas físicos en el intestino como lo es la acumulación de gases. Veamos cómo se relacionan.
Gases y ansiedad cómo se relacionan

Como reza la archiconocida cita latina, mens sana in corpore sano. Quizás tiempo atrás podía resultar algo extraño, pero hoy está más que clara la relación entre la salud emocional y la salud física. Nuestro cerebro y el resto del cuerpo no son entidades separadas. Forman parte de un todo. Y fruto de ello, existe una estrecha relación entre nuestras emociones y lo que sentimos físicamente.

Los problemas a nivel emocional pueden hacer que, pese a que a nivel orgánico no tengamos ninguna lesión, desarrollemos síntomas de malestar físico. No es ningún secreto que el malestar psicológico somatiza con problemas a nivel físico. Y esto va desde pérdidas de voz hasta la aparición de tos, pasando, por supuesto, por problemas a nivel digestivo.

Dicen que el estómago es nuestro segundo cerebro debido a la enorme cantidad de terminaciones nerviosas de las que dispone. Pero dejando a un lado metáforas, lo que está claro es que el aparato digestivo está enormemente influenciado por nuestra salud emocional, pues el estrés, la ansiedad y las desregulaciones hormonales pueden provocar que este no funcione como es debido.

Y en este contexto, uno de los principales síntomas de esta somatización a nivel digestivo de los problemas emocionales es la acumulación de gases, los cuales derivan en malestar, eructos y flatulencias. Pero, ¿cómo están relacionados los gases y la ansiedad? En el artículo de hoy y de la mano tanto de nuestro equipo de psicólogos colaboradores como de las más prestigiosas publicaciones científicas, responderemos a esta pregunta. Vamos allá.

La ansiedad y la acumulación de gases intestinales: ¿quién es quién?

Antes de entrar en profundidad y analizar la relación entre estas dos formas de malestar, es interesante (pero también importante) que nos pongamos en contexto y definamos, de manera individual, ambas condiciones clínicas. De esta forma, podremos empezar a entender cómo se genera esta somatización tan común en la población. Empecemos.

La ansiedad: ¿qué es?

La ansiedad es una enfermedad mental en la que la persona experimenta miedos y preocupaciones muy intensas ante situaciones diarias que no representan un peligro real o cuyo peligro es mucho menor del que se puede presuponer por su reacción. No es ni vivir agobiado, ni ser un “estresado” ni es una característica de la personalidad. Es un trastorno psicológico que afecta a, de acuerdo a la OMS, el 3,6% de la población mundial.

Una patología mental de la cual hay muchas variedades distintas (TOC, estrés postraumático, fobias, hipocondría, trastorno de pánico…), pero seguramente, la más habitual y en la que nos enfocaremos hoy es el trastorno de ansiedad generalizada, aquella variedad en la que no existe un detonante claro del malestar.

Las personas con trastorno de ansiedad generalizada no saben exactamente por qué sufren los ataques de ansiedad. Y, de hecho, muchas veces no surgen síntomas agudos ni demasiado graves, sino que se basa en una sensación constante de malestar porque la persona vive con miedo de que, en cualquier momento, pueda aparecer un ataque.

Se trata de una forma de ansiedad especialmente común en mujeres en la que, más allá de los ataques de ansiedad (con síntomas como nerviosismo extremo, hiperventilación, temblores, mareos, presión en el pecho y ataques de pánico), la persona vive con un estrés emocional que somatiza con síntomas físicos a nivel sexual (pérdida del apetito sexual), respiratorios (dolor en el pecho), neurológicos (dolor de cabeza) y, por supuesto, gastrointestinales. Y es el momento de hablar del otro gran protagonista del artículo de hoy.

Ansiedad general

Gases intestinales: ¿qué son?

La acumulación de gases intestinales es un trastorno digestivo en el que se produce un aumento de los gases en los intestinos, algo que genera malestar y dolor si estos no pueden ser eliminados con normalidad o no se mueven de forma óptima a través del sistema gastrointestinal. Pero, ¿los gases siempre son malos? No. Ni mucho menos.

La digestión viene acompañada siempre de la liberación natural de gases, pues las bacterias que conforman nuestra flora intestinal y que habitan el intestino grueso, al fermentar los hidratos de carbono para ayudarnos a digerirlos y como fruto de su metabolismo bacteriano, liberan gases como el dióxido de carbono, el metano, el oxígeno, el hidrógeno y el nitrógeno.

Así pues, estos gases serán liberados del organismo a través de los eructos y de las flatulencias. De hecho, de acuerdo a un estudio del Instituto Nacional de Salud Digestiva y Diabetes de Estados Unidos, producimos entre 0,5 y 2 litros de gas al día (depende mucho de lo que hayamos comido), los cuales, para que no se acumulen, serán expulsados por estos eructos o flatulencias con una media de 14 veces diarias.

Ahora bien, hay veces en las que, debido a problemas en el sistema digestivo, estos gases no son movilizados correctamente y se acumulan a lo largo del aparato intestinal, provocando una acumulación excesiva de dichos gases que se traduce en una sensación de hinchazón en la barriga, de pinchazos y de un malestar que puede llegar a ser doloroso, además de la liberación de gases de forma intensa a través de flatulencias y eructos ruidosos que, evidentemente, resultan embarazosos.

Y aunque el excesivo consumo de alimentos ricos en fibra, de lácteos, sustitutos del azúcar, bebidas carbonatadas, productos grasos, así como problemas de origen intestinal, estreñimiento, enfermedades intestinales crónicas, intolerancias alimentarias o el crecimiento bacteriano excesivo sean causas importantes detrás de esta acumulación excesiva, no debemos olvidar los factores emocionales. Veamos, pues, cómo un trastorno mental como la ansiedad puede hacer que los gases se acumulen en nuestro sistema digestivo.

Gases intestinales

¿Por qué la ansiedad hace que acumulemos gases intestinales?

La ansiedad y otros problemas emocional somatizan con síntomas físicos porque los trastornos psicológicos, por la afectación que tienen a nivel tanto puramente neurológico como hormonal, afectan a la fisiología de otros órganos del cuerpo. Así pues, no debe extrañarnos que el sistema digestivo sea especialmente sensible a los problemas emocionales.

El cortisol, la adrenalina y la inhibición de la digestión

Cuando estamos estresados (o sufrimos un trastorno de ansiedad generalizada), el cerebro estimula la síntesis y liberación de adrenalina y cortisol. Estas dos hormonas encienden los mecanismos de supervivencia del organismo, con unos efectos muy variados entre los que se encuentra una inhibición de las funciones fisiológicas no imprescindibles. Y la digestión es una de ellas.

Además, en el caso concreto del cortisol, cuando este es detectado por las células del estómago y de los intestinos, se producen cambios de actividad que se traducen con un aumento de los niveles de ácido estomacal y con movimientos innecesarios a nivel intestinal. Todo esto incrementa el malestar y el dolor a nivel digestivo.

Pero la cosa no termina aquí. En esta reacción en cadena, lo que va a suceder es que, cuando hayamos recuperado el apetito (que lo hemos perdido por las acciones fisiológicas de estas hormonas que se liberan en situaciones de estrés) y comamos, la digestión será mucho más pesada a causa del incremento de la acidez estomacal. Esto hará que sintamos más malestar y que aparezcan pinchazos en la barriga, además de que podamos sufrir estreñimiento o diarrea.

Y aunque sea cierto que muchas personas pierden el apetito por estas reacciones fisiológicas, hay otras que, para acallar el estrés o la ansiedad, comen de forma compulsiva. En este caso, el hambre es una estrategia de supervivencia del cerebro para silenciar el malestar emocional. Pero de una forma u otra, lo que estamos haciendo es causar daños en el sistema digestivo. Y todo ello, por los problemas en la digestión, se va a traducir en un incremento de los gases que, por el mismo motivo, no podrán ser eliminados con normalidad.

Cortisol

El sistema nervioso entérico y su relación con la ansiedad

El sistema nervioso entérico es una subdivisión del sistema nervioso autónomo (aquel de regulación involuntaria) que se encarga de controlar el aparato digestivo, siendo especialmente importante para advertir al sistema nervioso central de la sensación tanto de hambre como de saciedad. Se trata de una red de 100 millones de neuronas (tantas como la médula espinal y “solo” la milésima parte de las del cerebro) que se extiende por todo el tubo digestivo, en las envolturas del esófago, el estómago y el intestino delgado y grueso.

Es un sistema local con capacidad de operación autónoma (de ahí que digamos que el “estómago”, referido a todo el sistema digestivo, sea nuestro segundo cerebro) que comunica con el sistema nervioso central a través del sistema simpático y parasimpático. Así pues, esta red neuronal que controla la actividad digestiva envía información sensitiva al cerebro. Pero el cerebro también le manda información. Y aquí está la clave de todo.

Cuando estamos sufriendo ansiedad, el cerebro, a través de esta comunicación con el sistema nervioso entérico, provoca una sobreestimulación de la actividad intestinal. Tanto la digestión como el flujo intestinal se están viendo alteradas a causa de las reacciones neurológicas que el cerebro somatiza sobre el sistema nervioso entérico.

Así pues, por el papel conjunto de las reacciones hormonales y de la excitación del sistema nervioso entérico, se producen más gases de lo normal y estos no son movilizados de forma óptima, por lo que terminan acumulándose en el intestino grueso. En esta línea, un problema como la ansiedad puede, por efectos hormonales y neurológicos, somatizar en síntomas físicos que aparentemente no podrían guardar relación como es la acumulación de gases intestinales.

Además, hay que tener en cuenta el papel inverso. Y es que el propio malestar intestinal (por la acumulación de gases) puede incrementar nuestra sensación de ansiedad y de estrés. Es un pez que se muerde la cola. Por ello, por el impacto que esta relación tiene en nuestra salud emocional y nutricional, es importante que, si detectamos el problema, pidamos ayuda a un profesional de la Psicología.

Sistema nervioso entérico
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