Las 7 partes de una articulación (características y funciones)

Las articulaciones son las regiones anatómicas donde dos piezas óseas se juntan, permitiendo o no el movimiento entre huesos. Veamos por qué elementos y estructuras está formada una articulación.
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Los 206 huesos y los más de 650 músculos son los elementos que vemos como protagonistas al pensar en el sistema locomotor humano. Pero lo cierto es que haciendo esto, nos estamos dejando por el camino a unos protagonistas igual de importantes: las articulaciones. Unas regiones anatómicas sin las cuales el movimiento del cuerpo sería imposible.

Y aunque por desgracia solo pensemos en ella cuando aparecen trastornos tales como la artrosis o la artritis, que afectan a su fisiología y morfología, las articulaciones son esenciales para el organismo. Se trata de regiones muy complejas donde dos piezas óseas se juntan, permitiendo o no el movimiento entre huesos y disponiendo de elementos que evitan el roce entre estos elementos del sistema esquelético.

Pero es que las articulaciones no solo son vitales para permitir el movimiento corporal, sino también para proteger órganos internos, soportar el peso del cuerpo y, en esencia, constituir el sistema esquelético humano. Por ello, resulta sorprendente que se trate de una de las estructuras cuya naturaleza anatómica es más desconocida por el público general.

Así, en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a detallar las características morfológicas y fisiológicas de las articulaciones, viendo sus funciones, cómo se clasifican y, sobre todo, porque es lo que nos reúne hoy aquí, las características de los distintos elementos, estructuras y partes que constituyen una articulación. Empecemos.

¿Qué son las articulaciones?

Las articulaciones son aquellas regiones anatómicas donde dos piezas óseas entran en contacto. Así, una articulación, más que una estructura en sí, es un concepto que designa la zona en la que dos huesos se junta, permitiendo o no el movimiento entre estos elementos óseos. Es una región de contacto entre dos huesos.

La mayoría de los huesos que constituyen nuestro sistema esquelético no están soldados entre sí (a excepción, por ejemplo, de los del cráneo), sino que comunican entre ellos con un mayor o menor grado de libertad de movimiento a través de estas articulaciones, que están formadas por diferentes elementos que analizaremos más en profundidad después.

Sea como sea, una articulación es una región del cuerpo que nace de la unión de distintas estructuras que permiten el contacto entre huesos pero sin que exista una unión directa, pues habría roce entre piezas óseas. Y es precisamente en este contexto que podemos mencionar la diferenciación en dos grandes grupos de articulaciones: las sinoviales y las sólidas.

Las articulaciones sinoviales son todas aquellas en las que las piezas óseas no contactan directamente entre ellas. Así, los huesos de la articulación están separados por una cavidad articular, la cual está constituida por una capa de cartílago (después analizaremos su naturaleza) que recubre la superficie de ambos elementos óseos, una membrana sinovial en el interior y una membrana fibrosa en el exterior.

Así, estas articulaciones sinoviales son, por sus propiedades morfológicas y fisiológicas, las que permiten el movimiento entre huesos. Por tanto, las sinoviales son las articulaciones móviles y aquellas en las que solemos pensar cuando hablamos de “articulación”. Estas, a su vez, pueden clasificarse en distintos subtipos dependiendo de cómo permitan el movimiento y sobre qué ejes se mueven los huesos.

Así, tenemos las articulaciones bicondíleas (como la rodilla), condíleas (como la muñeca), planas (como la clavícula, permitiendo que un hueso se desplace por encima de otro), en bisagra (como el codo), esféricas (como la cadera), en pivote (como las articulaciones entre las vértebras de la columna vertebral) o en silla de montar (que solo existen, eso sí, en las bases de los pulgares). Pero basta con quedarnos con que toda aquella articulación que permite el movimiento entre huesos es una articulación sinovial.

En contraposición, las articulaciones sólidas son aquellas en las que las superficies de los huesos sí que están en contacto. No directo, pero sí muy estrecho, quedando unidas por tejido fibroso o cartílago, sin existencia de la cavidad que sí que está presente en las sinoviales. Por tanto, es lógico que en estas articulaciones sólidas no haya movimiento entre piezas óseas.

Son articulaciones que no permiten el movimiento y, como en el caso anterior, pueden clasificarse en distintos subtipos. Así, tenemos la sínfisis (como en el pubis), la sincondrosis (un tipo de articulación temporal en la que el cartílago será sustituido por tejido óseo, algo propio de la infancia), las suturas (presentes únicamente en los huesos del cráneo, siendo las que permiten menos movimiento, quedando los elementos óseos prácticamente soldados), la sindesmosis (como la que une tibia y peroné) y la gonfosis (presente solo en los dientes para unir su raíz a los huesos maxilares).

Como vemos, la diversidad de articulaciones presentes en el cuerpo humano es inmensa. Pero al fin y al cabo, se basan en una idea común: ser la región anatómica de contacto entre huesos. Por ello, pese a su variedad, las articulaciones están compuestas por unos mismos elementos que, a continuación, vamos a inspeccionar en profundidad.

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¿Por qué elementos están formadas las articulaciones?

Como hemos visto, una articulación es una región del sistema locomotor que nace de la unión de distintos elementos que, trabajando de forma coordinada, permiten un cierto grado de movimiento (mayor o menor según las necesidades) entre piezas óseas pero evitando siempre un contacto directo entre huesos, pues la fricción sería dañina. Así pues, de forma general, una articulación está constituida por las siguientes estructuras.

1. Dos huesos

Una articulación, como hemos dicho ya muchas veces, implica el contacto entre elementos óseos. Por lo tanto, las primeras estructuras que debemos mencionar son los huesos que forman parte de ellas, comunicando entre ellos de forma más o menos estrecha por su parte distal. Los huesos, como sabemos, son órganos vivos constituidos por una matriz rica en fibras de colágeno y minerales de fósforo y calcio que otorgan rigidez y por células óseas que se van regenerando. El cuerpo humano está constituido por un total de 206 huesos.

2. Cartílago

El cartílago es uno de los elementos más importantes en las articulaciones, pues son las “almohadillas” que evitan el roce entre los dos huesos de las mismas. Formados por un tipo de tejido conectivo rico en células condrógenas, colágeno y fibras elásticas, los cartílagos son estructuras muy resistentes que carecen, eso sí, de irrigación tanto sanguínea (de ahí que no tengan color) como nerviosa, cosa que explica que no dispongan de sensibilidad.

Sea como sea, además de dar forma a muchas estructuras del cuerpo como las orejas, la tráquea o la nariz, los cartílagos son elementos clave en las articulaciones, pues se sitúan entre las piezas óseas para evitar la fricción entre ellas. Cuando este cartílago se desgasta, al no poder regenerarse, surgen trastornos reumáticos como la artrosis, enfermedad donde se experimenta dolor en las articulaciones ya que el cartílago se ha degenerado lo suficiente como para que haya roce entre huesos.

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3. Menisco

El menisco es un tipo de cartílago presente solo en determinadas articulaciones, como por ejemplo las rodilla, las costillas o las muñecas. Se trata de una lámina cartilaginosa con forma de medialuna que actúa como amortiguador en estas articulaciones, mejorando también la movilidad.

4. Membrana sinovial

La membrana sinovial es un tipo de tejido que envuelve toda la articulación (en el caso de las sinoviales, pero no en las sólidas), encerrando esta región anatómica en lo que se conoce como bursa, una especie de cápsula o cavidad donde se vierte el líquido sinovial. La membrana sinovial sintetiza y libera al interior de esta bursa este líquido que llenará la cavidad y que detallamos a continuación.

5. Líquido sinovial

El líquido sinovial es un medio líquido de naturaleza viscosa y pegajosa que ayuda a mantener lubricada la articulación, haciendo posible así un movimiento fluido entre las piezas óseas. Evidentemente, está presente en las articulaciones sinoviales pero no en las sólidas, siendo así el líquido liberado por la membrana sinovial que llena la bursa, es decir, la cavidad articular.

Se deposita sobre el cartílago anteriormente detallado, formando una capa de unos 50 micrómetros de espesor y penetrando en su interior. En el momento en el que hay que realizar un movimiento articular, este líquido sinovial emerge del cartílago para desarrollar su función, que es la de disminuir la fricción entre el cartílago y el hueso, lubricando la articulación y mejorando la movilidad. Así, podemos entender el líquido sinovial como el aceite que ponemos en las bisagras para lubricarlas, pero siendo un medio orgánico en el interior de nuestras articulaciones.

6. Ligamentos

Y llegamos a los dos últimos protagonistas. Ligamentos y tendones. Dos elementos articulares que, pese a que solamos confundirlos entre ellos e incluso considerarlos como sinónimos, son muy distintos. Los ligamentos son fibras de tejido conectivo duras y elásticas que unen las dos piezas óseas de la articulación entre sí.

Por tanto, un ligamento puede entenderse como el material de anclaje entre dos huesos, siendo así el elemento que une hueso-hueso. Todas las articulaciones necesitan ligamentos, que son haces o bandas de fibras conjuntivas ricas en colágeno y de naturaleza muy resistente. Los ligamentos ayudan a estabilizar las articulaciones uniendo dos o más superficies óseas entre sí y a desarrollar la función propioceptiva, es decir, informar al sistema nervioso acerca de los cambios en la posición de la articulación en cuestión.

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7. Tendones

Los tendones son también estructuras que consisten en fibras de tejido conectivo duras y elásticas pero que, en este caso, unen los músculos a los huesos. Así, son haces o fibras conjuntivas ricas en colágeno y muy resistentes que no unen hueso con hueso, sino que permiten el anclaje de los músculos sobre los huesos.

Presentes en todo el sistema locomotor (no solo en las articulaciones), sirven de soporte para la transmisión de la fuerza generada por los músculos, pudiendo entenderse como el “pegamento” entre el sistema esquelético y el muscular.

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