Ciencia

Caballo: características, anatomía y fisiología

Con más de 300 razas distintas, el caballo es uno de los animales más importantes en nuestra historia como seres humanos. Y estos asombrosos seres guardan algunos misterios que merece la pena contar.
Caballo

Los caballos son, junto a los perros y a los gatos, los animales con quienes más tiempo llevamos conviviendo y los que forman parte de nuestra historia como seres humanos. Estos imperiales animales fueron, durante muchos siglos, el principal medio de transporte.

De hecho, los primeros indicios de domesticación del caballo datan del año 3600 a.C y, desde entonces, ha sido un pilar fundamental de nuestro progreso como especie. Venerado por muchas culturas, los caballos forman parte de nuestra historia.

Pero no fue hasta el progreso de la Biología que nos dimos cuenta que estos mamíferos guardan algunos misterios asombrosos y que, desde el punto de vista morfológico, fisiológico e incluso psicológico, son animales únicos.

En el artículo de hoy, pues, haremos un recorrido por las características más importantes del caballo, analizando tanto su evolución como su anatomía, así como sus propiedades más interesantes.

Una descripción general de Equus ferus caballus

El caballo doméstico, de nombre científico Equus ferus caballus, es un mamífero ungulado de la familia équidos, donde se incluyen también las cebras y los asnos. Los caballos son una subespecie de Equus ferus, una especie ya extinta de caballos salvajes de la que proceden los caballos actuales.

Pertenecen al mismo orden de los tapires y los rinocerontes, pues son mamíferos perisodáctilos, lo que significa que, además de ser, evidentemente, placentarios, tienen un número impar de dedos terminados en pezuñas al final de sus extremidades.

Se estima que el género Equus apareció hace unos 5 millones de años en lo que hoy sería América del Norte. Y hace unos 15.000 años, se cree que se desplazaron hasta Europa y Asia a través de lo que actualmente es el mar de Bering, donde había una superficie de tierra que comunicaba ambos continentes.

Se cree que la domesticación del caballo pudo empezar en la Edad de Bronce, alrededor del año 6000 a.C., aunque los primeros indicios claros datan del año 3600 a.C., en lo que actualmente es Kazajistán. Desde entonces, la domesticación (siguen habiendo caballos salvajes, evidentemente) permitió que el caballo fuera utilizado como medio de transporte, para fines ganaderos e incluso para el deporte, dejando a un lado las consideraciones éticas.

Como bien sabemos, las hembras se llaman yeguas. Las crías macho, potros. Y las crías hembras, potrancas. En la misma línea, se estima que, dentro de esta misma especie de Equus ferus caballus existen más de 300 razas distintas, las cuales tienen propiedades morfológicas propias ya que las poblaciones estuvieron separadas y desarrollaron sus propias características genéticas.

Sea como sea, la población mundial de caballos se estima en 58 millones de ejemplares, siendo Estados Unidos, China y México los que, por orden, tienen poblaciones mayores. El número de caballos salvajes, por su parte, se estima en 70.000 ejemplares en todo el mundo.

Caballo descripción

¿Cuál es la anatomía del caballo?

El problema a la hora de describir la anatomía es que las características físicas, pese a que evidentemente comparten muchas, pueden variar enormemente entre razas, especialmente en lo que se refiere a altura y peso.

Sea como sea, la altura de los caballos se mide hasta lo que se conoce como cruz, que es una prominencia en las escápulas, es decir, el lugar donde el cuello se une con el lomo. No se utiliza la altura máxima de la cabeza porque esto varía mucho en función de cuánto pueda inclinarla.

En este sentido, un caballo promedio tiene una altura de cruz de entre 1,42 y 1,63 metros, aunque pueden haber, en función de las razas, caballos mucho más grandes o mucho más pequeños. De hecho, hay constancia de que en 1848 nació un caballo con una altura de cruz de 2,20 metros. En el polo opuesto, tenemos una yegua que nació con enanismo y que medía 0,43 metros.

Y en lo que a peso se refiere, estamos en las mismas. La mayoría de ejemplares pesan entre 380 y 550 kg, pero hay razas que fácilmente pesan entre 700 y 1.000 kg. Del mismo modo, el caballo de 2,20 metros que comentábamos, pesaba 1.500 kg, igual que un hipopótamo adulto. Y la pequeña yegua, apenas 27 kg.

Ahora bien, pese a estas grandes variaciones en tamaño y peso dependiendo de la raza, los caballos tienen una anatomía que no varía. Su cuerpo está formado siempre por estas partes:

  • Cabeza: Dependiendo de la raza, los caballos pueden tener la cabeza en una posición más horizontal o más vertical, además de poder adoptar formas ligeramente distintas en lo que a curvatura se refiere. Sus ojos están separados (como pasa con el resto de herbívoros), lo que hace que tengan dos puntos ciegos: uno detrás y otro delante. De ahí que no sea aconsejable acercarse a un caballo ni por detrás ni justo por delante, sino por los lados.

  • Cuello: El cuello de los caballos siempre tiene una forma de trapezoide, es decir, ancha en la parte que se une al tronco y más estrecha en la que se une con la cabeza. En su región superior se insertan la crin, que es el pelo característico de los caballos.

  • Tronco: Evidentemente, es la parte más grande del cuerpo. Empieza en la cruz, que es la zona de las escápulas. Se divide básicamente en esta cruz, el lomo (donde se pone la montura), el vientre (la parte de abajo) y la grupa (que es la parte que ya comunica con la cola).

  • Cola: La cola, al igual que el cuello, está cubierta de crin, es decir, de pelos. Tiene funciones importantes a la hora de comunicarse con otros caballos y, sobre todo, para espantar a insectos.

  • Extremidades: Las patas delanteras son las que aguantan la mayor parte del peso del caballo, pero las traseras siguen siendo muy importantes para la locomoción. Gracias a estas extremidades, el caballo puede alcanzar velocidades de 70 km/h.

Por último, en lo que respecta a sistema osteomuscular, un caballo tiene un esqueleto compuesto por un total de 205 huesos, de los cuales, 46 pertenecen a las vértebras, 36, a las costillas y 34, al cráneo. Paralelamente, su sistema muscular está formado por un total de 500 músculos, estando la mayoría de ellos condensados en la cabeza.

Anatomía caballo

Las 16 principales características del caballo

Habiendo analizado su evolución, parentescos en el mundo animal y sus principales características anatómicas, ya sabemos mucho de los caballos. Pero todavía nos quedan datos interesantes por conocer. Así que vamos allá.

1. Son mamíferos ungulados

Junto a las cebras, los asnos, los tapires y los rinocerontes, los caballos son los únicos mamíferos que tienen unas extremidades que terminan con un número impar de dedos con pezuñas.

Pezuña

2. Pertenecen a la familia de los équidos

El caballo es una de las tres especies que constituyen la familia de los équidos. Actualmente, los únicos otros representantes de esta familia son las cebras y los asnos. De hecho, estos tres animales pertenecen al mismo género: Equus.

3. Es una subespecie de una especie ya extinta

El caballo doméstico (también se incluyen los que actualmente son salvajes) es una subespecie que se conoce como Equus ferus caballus, que procede de la especie Equus ferus, la cual estaba compuesta por caballos salvajes que ya están extintos.

4. Existen más de 300 razas

Las razas son grupos de individuos de una misma especie que, al haber estado aislados de otros grupos, han desarrollado particularidades genéticas únicas que se traducen en características morfológicas distintas a la de otras comunidades. En el caso de los caballos, existen más de 300.

5. Miden entre 1,40 y 1,80 metros de altura

Como hemos dicho, la altura varía mucho entre razas. De todos modos, las alturas suelen oscilar entre los 1,40 metros en las razas más pequeñas y los 1,80 metros en las razas más grandes.

6. Pueden llegar a pesar más de 1 tonelada

Paralelamente, el peso también cambia mucho entre razas. Y es que si bien algunos caballos pesan unos 350 kg, los ejemplares más grandes de las razas más pesadas pueden alcanzar los 1.000 kg de peso.

7. Alcanzan velocidades de 70 km/h

Los caballos son animales muy rápidos. Al trote, suelen desplazarse a unos 15 km/h. Y al galope alcanzan fácilmente velocidades de unos 65 km/h, siempre que sean distancias cortas. El récord lo ostenta una potranca de dos años que fue capaz de galopar a 70,76 km/h en una carrera de unos 400 metros. No olvidemos que el récord de velocidad lo ostenta Usain Bolt, que llegó a los 45 km/h en 2009.

8. Tienen los ojos más grandes de entre todos los animales terrestres

Los caballos tienen los ojos más grandes de entre todos los animales que habitan tierra firme. Al estar situados a ambos lados de la cabeza y al tener tal tamaño, tienen una visión casi completamente periférica, de 350º. Solo tienen dos pequeños puntos ciegos. Uno detrás de la cabeza y otro justo delante.

Ojos caballo

9. Son herbívoros

Todos los caballos son herbívoros. Y un individuo adulto promedia necesita, además de beber entre 38 y 45 litros de agua al día, ingerir unos 10 kg de vegetales diariamente. Pese a ello, se ha visto que algunos caballos, ante situaciones de carencias nutricionales o vitamínicas, pueden llegar a comer carne, pero es un comportamiento muy extraño que, si está saludable, jamás sucede.

10. Se adaptan a prácticamente cualquier hábitat

Los caballos domésticos pueden habitar cualquier ecosistema de la Tierra, a excepción de las zonas más frías del hemisferio norte y la Antártida, el único continente donde no hay caballos. En este sentido, está muy bien adaptado a cualquier clima. Prueba de ello es la población mundial de casi 60 millones.

Con los caballos salvajes, la cosa es distinta. Y es que además de que, debido a la caza furtiva, apenas quedan 70.000 ejemplares en todo el mundo, estos se encuentran exclusivamente en determinados desiertos, praderas y sabanas de África y Asia, pero no tienen, ni mucho menos, una distribución mundial.

11. Son animales sociales

Los caballos no son animales solitarios. Viven en comunidad formando manadas con una jerarquía bien marcada donde el líder puede ser tanto un macho como una hembra. A pesar de esta jerarquía, no desarrollan comportamientos violentos con los individuos de su grupo.

Del mismo modo, no se muestran agresivos con otros grupos de caballos ni siquiera con otros animales ni con los seres humanos. Son animales tranquilos que, ante las amenazas, prefieren huir. Solo las razas más temperamentales pueden mostrarse agresivas en determinadas situaciones, especialmente si la integridad de una cría se ve en peligro.

12. Pueden llegar a vivir 40 años

La esperanza de vida de un caballo doméstico puede llegar de entre 25 y 40 años, cosa que dependerá tanto de la raza como del estilo de vida que haya llevado. Son, por lo tanto, animales muy longevos que no alcanzan la adultez hasta los 4 años.

13. No pueden vomitar

Una de las mayores particularidades de los caballos y un hecho que explica que sufran tantos cólicos es que no son capaces de vomitar. Las válvulas estomacales que, en el caso de los seres humanos, se abren para permitir el vómito, son tan fuertes que no pueden abrirse. Por ello, las indigestiones y las intoxicaciones pueden provocar problemas serios.

14. La gestación dura 11 meses

Un embarazo en los caballos dura unos 11 meses. Además, prácticamente siempre nace una sola cría. Es muy extraño que nazcan gemelos y, cuando esto sucede, ambas crías tienen una probabilidad del 86% de fallecer antes de las dos semanas. Tras el nacimiento, la lactancia suele durar entre 4 y 6 meses.

Potro

15. Tienen distintos tipos de temperamento

Las distintas razas de caballo se clasifican en función de su temperamento, que los divide en caballos de sangre fría (los más tranquilos), de sangre templada (son cruces de sangre fría y caliente) y de sangre caliente, que son los denominados como caballos de pura raza, mucho más nerviosos y temperamentales.

16. Pueden dormir de pie

Los caballos son capaces tanto de dormir tumbados como de pie, algo que consiguen gracias a un bloqueo de las articulaciones para mantener su peso mientras duermen. De todos modos, cuando quieren alcanzar un sueño profundo, se tumban. Además, en las manadas, suelen hacer guardias: siempre hay uno despierto vigilando la presencia de posibles depredadores.

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