¿Por qué Plutón no es un planeta?

Veamos los motivos por los que, en el año 2006, Plutón dejó de ser considerado un planeta de nuestro Sistema Solar. Con una nueva definición de “planeta”, este pequeño mundo se quedó fuera.
Por qué Plutón no es planeta

La historia de Plutón como “planeta” fue más bien breve. Evidentemente, lleva existiendo desde hace miles de millones de años, como el resto de planetas del Sistema Solar (tiene una edad de 4.500 millones de años), pero poco le duró la gloria de ser considerado como un planeta con todas las letras.

Descubierto en febrero de 1930, Plutón se ganó el título de ser el noveno (y más pequeño) planeta del Sistema Solar. Durante cerca de 76 años, mantuvo este título. Sin embargo, llegó la Asamblea General de la Unión Astronómica, celebrada en Praga en septiembre de 2006, en la que se decidió por unanimidad quitarle la etiqueta de “planeta” y darle la de “planeta enano”.

Siendo el Planetario Hayden (dirigido por Neil deGrasse Tyson) uno de los impulsores de esta decisión, se generó un gran revuelo en la sociedad, que nos llegamos a sentir ofendidos porque nuestro pequeño vecino fuera “desterrado”.

Pero, ¿por qué se tomó esta decisión? ¿Porque es muy pequeño? ¿Porque está muy lejos? ¿Porque no tiene atmósfera? ¿Qué es exactamente lo que llevó a la comunidad científica a quitarle a Plutón la etiqueta de planeta? En el artículo de hoy daremos respuesta a esta pregunta.

Definamos “planeta”

Antes de dar respuesta a la pregunta, es imprescindible definir exactamente qué es un planeta, pues de esto derivan los motivos por los que Plutón no puede ser considerado como tal. Un planeta, pues, es un objeto celeste que orbita alrededor de una estrella y que cuenta con suficiente masa como para que su propia gravedad le otorgue una forma prácticamente esférica.

Esta masa es suficientemente grande para ello, pero no tanto como para que en su núcleo se inicien reacciones de fusión nuclear, para las cuales se necesitan temperaturas y presiones increíblemente grandes, como sí pasa en el núcleo de las estrellas.

En este sentido, un planeta es todo aquel objeto celeste que tiene que reunir las siguientes condiciones: orbitar alrededor de una estrella, no orbitar alrededor de otro cuerpo celeste, tener una forma prácticamente esférica, no emitir luz propia (reflejar la de la estrella) y tener una órbita despejada.

Está claro, pues, que Plutón no cumple con alguna (o algunas) de estas condiciones, pero, ¿cuál? Para descubrirlo, te invitamos a seguir leyendo.

Plutón: ¿el noveno planeta?

Veamos ahora qué características tiene nuestro pequeño vecino. Desde su descubrimiento en 1930 y hasta 2006, Plutón fue considerado el noveno planeta del Sistema Solar, que es un conjunto de cuerpos celestes atrapados por la gravedad del Sol, nuestra estrella.

Este Sol representa el 99’86% de toda la masa del Sistema Solar. El 0’14% restante se lo reparten los otros cuerpos celestes que orbitan a su alrededor, siendo básicamente debido a las masas de los 8 planetas, los cuales, a día de hoy, son, por orden, Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Plutón ya no.

Plutón es el “planeta” (que no lo es, en realidad) más alejado del Sol, a una increíble distancia media del Sol de 5.913 millones de kilómetros, variando desde los 4.700 millones de kilómetros (en su punto más cercano) y los 7.400 millones de kilómetros (en su punto más alejado), pues su órbita, igual que pasa con los otros planetas, no es perfectamente circular.

Esto es increíblemente lejos. Para ponerlo en comparativa, la Tierra está a algo más de 149 millones de kilómetros. Comparemos 149 con 5.913. Incluso Neptuno, el planeta más alejado de nuestra estrella, está, como mucho, a 4.500 millones de kilómetros. Plutón llega a estar a 7.400 millones de kilómetros.

Esto significa que la luz del Sol, que viaja a 300.000 kilómetros por segundo, tarda casi 5 horas en llegar a Plutón. A la Tierra llega en apenas 8 minutos. Esta enorme distancia trae consigo varias consecuencias que hacen de Plutón un mundo totalmente inhóspito.

Superficie Plutón
Recreación de la superficie de Plutón. A la derecha vemos el Sol. A la izquierda, uno de sus cuatro satélites.

Plutón tarda más de 247 años en completar una vuelta al Sol. Es decir, desde que se descubrió hasta que se le quitó la etiqueta de “planeta”, tuvo tiempo de completar apenas un 30% de su órbita. Un año en Plutón son 247 años terrestres.

Además, gira sobre sí mismo de forma mucho más lenta que la Tierra. De hecho, un día en Plutón (entendido como el tiempo que tarda un planeta en girar completamente sobre sí mismo) son más de 153 horas, es decir, seis días y medio.

Esta lejanía respecto al Sol también implica que sus temperaturas sean increíblemente bajas. Con una composición de la atmósfera del 90% nitrógeno y 10% metano, Plutón es un “planeta” rocoso con una temperatura media de -229 °C, pudiendo llegar fácilmente a los -240 °C (recordemos que el cero absoluto de temperatura son los -273’15 °C). Las temperaturas máximas no llegan a superar, en ningún caso, los -218 °C.

Más allá de las implicaciones de la distancia al Sol, Plutón es, además, un planeta muy pequeño. Tiene un diámetro de 2.376 km. Tengamos en cuenta que el diámetro de la Tierra es de 12.742 km. Y si esto no sorprende, tengamos en cuenta que, con sus 3.470 km de diámetro, la Luna es más grande que Plutón.

Esto implica, a su vez, que tenga una masa un 0’2% la de la Tierra. Por lo tanto, al tener una masa tan pequeña, la gravedad que genera es también muy pequeña. De hecho, es un 4’1% la de la Tierra.

Por lo tanto, ¿qué es lo que ha hecho que dejara de ser considerado un planeta? ¿Su pequeño diámetro? ¿Su distancia al Sol? ¿Su ínfima gravedad? ¿El tiempo que tarda en orbitar al Sol? ¿Su pequeña masa? ¿Sus tan bajas temperaturas? ¿Su atmósfera? Lo cierto es que ninguna de estas cosas, al menos, de forma directa.

¿Por qué perdió la categoría de planeta?

Ya hemos visto las propiedades de Plutón y las condiciones mínimas necesarias para considerar un cuerpo celeste como planeta. Veámoslas una por una hasta encontrar aquella en la que Plutón falló y le costó su título.

1. ¿Orbita únicamente alrededor del Sol?

Es la primera condición para considerar un cuerpo celeste como planeta. Y Plutón la cumple. A pesar de que durante un tiempo se creyó que era un satélite de Neptuno, rápidamente se descubrió que Plutón seguía una órbita propia alrededor del Sol. A pesar de su distancia, que como hemos visto, puede llegar a los 7.400 millones de kilómetros, y de que tarda 247 años en completar una vuelta, Plutón no falla en este aspecto. Da vueltas alrededor del Sol y no alrededor de otro planeta, como hacen los satélites como la Luna.

2. ¿Tiene una forma prácticamente esférica?

Sí. A pesar de que tenga una masa muy pequeña (un 0’2% la de la Tierra), este pequeño tamaño no es lo que le ha llevado a perder el título. Y es que el criterio de la masa no importa, al menos de forma directa, siempre que sea suficiente como para generar una gravedad suficiente como para que el cuerpo celeste adquiera una forma prácticamente esférica. A pesar de estar algo achatado (como todos los planetas) debido a los movimientos de rotación, Plutón es casi esférico. Por lo tanto, esta condición la cumple.

3. ¿Refleja la luz de su estrella?

Evidentemente, no emite luz propia. Como hemos dicho, una condición para considerar un cuerpo celeste como planeta es que no genere luz propia y que su visualización en el espacio sea debida a la luz que refleja de su estrella. Plutón, al igual que los otros planetas del Sistema Solar, no tiene la masa suficiente como para encender reacciones de fusión nuclear, que es lo que da luz en las estrellas.

Y, a pesar de que llegue muy poca energía del Sol (de ahí las increíblemente bajas temperaturas), este criterio también lo cumple. De momento, resulta extraño que perdiera la etiqueta, pero todo cambiará con el siguiente punto.

4. ¿Tiene una órbita despejada?

No. Y esto es precisamente lo que le costó su título de planeta en septiembre de 2006. Para que un cuerpo celeste sea considerado un planeta, además de las tres condiciones anteriores, tiene que cumplir esta, que consiste en que haya despejado de otros cuerpos toda la zona de su órbita.

En otras palabras, para que un planeta sea considerado como tal, la “autopista” que sigue alrededor de su estrella tiene que estar limpia, es decir, que no haya otros objetos celestes que se interpongan con ella. Esto se cumple con todos los planetas del Sistema Solar, pues tienen masas suficientemente grandes como para generar una fuerza gravitacional que ha conseguido, a lo largo de millones de años, retirar de su órbita a otros cuerpos celestes, como por ejemplo asteroides.

Plutón, al tener una gravedad tan ínfima, no lo ha conseguido. No tiene lo que se conoce como dominancia orbital, que es básicamente esto que hemos comentado de retirar de su órbita a otros objetos. De hecho, Plutón orbita en una zona llamada cinturón de Kuiper, una región del Sistema Solar con restos de cuerpos congelados que llevan ahí desde los orígenes del Sistema Solar.

Cinturón Kuiper
Plutón no es un planeta porque comparte órbita con cuerpos celestes del Cinturón de Kuiper.

Si Plutón fuera un verdadero planeta, su gravedad habría conseguido que estos cuerpos congelados se retiraran. Pero no es así. Plutón es esférico, no emite luz propia y gira alrededor del Sol, es cierto, pero comparte esta órbita con otros cuerpos celestes, por lo que no puede considerarse un planeta como tal.

Referencias bibliográficas

  • Pfalzner, S., Davies, M.B., Gounelle, M., et al (2015) “The formation of the solar system”. Physica Scripta.
  • Delsanti, A., Jewitt, D. (2006) “The Solar System Beyond The Planets”. Solar System Update.
  • Howard, S. (2012) “Why Pluto Is Not a Planet Anymore or How Astronomical Objects Get Named”. Washington Academy of Sciences.
  • Fraknoi, A. (2011) “What's a Planet and Why Pluto is Not in the Planet Club Anymore”. Astronomical Society of the Pacific.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.