¿Qué pasaría si la Tierra saliera de su órbita? Causas y consecuencias

La Tierra orbita alrededor del Sol en una órbita perfecta para que la vida exista. Pero distintos fenómenos astronómicos pueden alterar este baile y hacer que el planeta salga de su órbita. ¿Qué pasaría si esto sucediera?

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La Tierra, nuestro hogar en el Universo, no es más que una roca que vaga sin rumbo por la inmensidad del espacio. Si este mundo se ha convertido en un paraje en el que la vida se ha desarrollado y en el que nos sentimos aislados de la ferocidad del Cosmos es porque junto al Sol, está bailando el vals más perfecto que existe.

Nuestro hogar y nuestra tierra madre empezaron a bailar hace 4.500 millones de años. Y dirigido por la gravedad, todo en este vals está funcionando a la perfección. El ritmo. La distancia. Los movimientos. Toda la pieza musical es perfecta para que la Tierra sea el único planeta en el que sepamos, la vida haya podido surgir.

Pero muchas veces olvidamos que nada en el Universo es estático. Y que nuestra órbita alrededor de nuestra estrella madre puede verse alterada por distintos fenómenos astronómicos que, si bien su probabilidad de ocurrencia es ínfima, pueden hacer que el baile termine y que salgamos de nuestra órbita.

¿Qué pasaría con nosotros? ¿Cuál sería el destino de la Tierra? ¿Qué sucedería con el planeta si dejara de dar vueltas alrededor del Sol? ¿Y si esto provocara que cayéramos hacia las entrañas de nuestra estrella para desaparecer para siempre? En el artículo de hoy nos sumergiremos en el (muy poco) posible destino de que la Tierra salga de su órbita.

El peligro de las estrellas errantes

Antes de ver qué ocurriría si la Tierra saliera de órbita, debemos preguntarnos si hay algún suceso astronómico lo suficientemente grande como para alterar nuestro movimiento alrededor del Sol. Y, por desgracia, la respuesta es afirmativa. Porque hay veces en las que los bailes cósmicos no son tan perfectos. Y en la inmensidad del Cosmos, hay mucho espacio para que sucedan cosas extrañas.

Tanto el tirón gravitatorio de un agujero negro como una colisión con otra estrella puede hacer que una estrella, presa de una inimaginable fuerza, sea expulsada de la órbita que, como las miles de millones de la galaxia, sigue alrededor de Sagitario A, el agujero negro del centro de la Vía Láctea, nuestra galaxia.

Se estima que, por estos fenómenos, la mitad de estrellas del Universo estén perdidas en la inmensidad del espacio intergaláctico, es decir, el vasto vacío que hay entre galaxias separadas por millones de años luz. Un estudio sobre estas estrellas desterradas conducido en 2012 culminó con el descubrimiento de 650 estrellas de este tipo en el espacio intergaláctico cercano a los límites de la Vía Láctea.

Pero, ¿y si la fatalidad estuviera en nuestra contra? Imaginemos la siguiente situación. A cientos de años luz de distancia, una estrella muy similar al Sol ha sido expulsada de su órbita a causa del tirón gravitatorio de un agujero negro. Se ha convertido en una estrella errante, desplazándose sin rumbo a más de 2 millones de kilómetros por hora.

Sin nada con lo que interactuar gravitatoriamente, estas estrellas fugitivas están condenadas a abandonar los límites de la galaxia y adentrarse en el espacio intergaláctico y perderse en él para toda la eternidad.

Pero, ¿y si antes de ser desterradas de la galaxia participaran en un último baile? ¿Y si esta estrella errante se uniera al vals de nuestro sistema solar? Si la fatalidad hiciera que una estrella fugitiva se cruzara en nuestro camino, ese baile tan perfecto entre la Tierra y el Sol terminaría para siempre. Y seríamos nosotros quienes se enfrentarían al más atroz destino. El destierro.

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¿Qué pasaría si la Tierra dejara de dar vueltas alrededor del Sol?

Antes de empezar, queremos dejar claro que vamos a plantear una situación hipotética (no hay ni un solo indicio de que una estrella errante se vaya a acercar al Sistema Solar) en la que, por cuestiones narrativas, vamos a situarnos en un futuro ficticio donde esta situación se cumple.

Además, vamos a plantear un escenario poco probable en el que esta salida de la órbita haga que nos precipitemos hacia el Sol. Un escenario más probable sería que saliéramos de órbita y nos adentráramos en el vacío interestelar, en cuyo caso la Tierra se convertiría en una fría roca condenada a vagar, ya sin vida, por el espacio para toda la eternidad. Pero como hay pocas cosas interesantes en ello, nos vamos a centrar en el ya mencionado escenario. Dicho esto, empecemos nuestra historia.

Nos encontramos en Santiago de Chile. Es el 28 de mayo de 2041. Es una noche más en el Observatorio Astronómico Nacional de Chile. Los astrónomos se encuentran realizando las investigaciones rutinarias cuando, de repente, se dan cuenta de algo extraño. Sorprendidos, ven que la posición de las estrellas en el cielo no concuerda con la esperada. Todas las estrellas del firmamento están en el mismo lugar que la noche anterior.

Era como si nos hubiésemos detenido en el espacio. Sorprendidos y a la vez asustados, los astrónomos chilenos esperarían que se tratase de un error de medición de sus dispositivos. Pero al comunicarse con otros centros y observatorios del mundo, verían que en todos ocurre lo mismo.

La comunidad científica se paralizaría y, horrorizados, se darían cuenta de que solo hay una razón por la cual el firmamento se presente estático. La Tierra ha dejado de dar vueltas alrededor del Sol. Ya no estamos orbitando nuestra estrella. Hemos sido desterrados.

Y es que a cerca de 50 mil millones de kilómetros, una de esas extrañas estrellas errantes se ha interpuesto en el vals. Una estrella con la masa del Sol vagando por sin rumbo por el espacio ha llegado a estar lo suficientemente cerca de nosotros como para, con su gravedad, alterara nuestra órbita alrededor del Sol.

Con su tirón gravitatorio, la estrella errante nos atrae con una fuerza igual a la del Sol, pero en sentido contrario. Esto ha detenido nuestra órbita. El vals ha terminado y ha empezado el infierno. Hemos sido desterrados y la cuenta atrás para el fin del mundo ha empezado. Porque en el momento en el que la música del baile se detuviera, empezaríamos a precipitarnos hacia las entrañas de nuestra estrella. Una caída libre hacia el Sol.

La gravedad del Sol nos está arrastrando a una velocidad de más de 800.000 kilómetros por día. Y cuanto más nos acercáramos a él, más se parecería la Tierra a un infierno. De nuevo debemos cuestionarnos si, ante una situación así donde evidentemente no hay ni el menor atisbo de esperanza, las autoridades nos alertarían de nuestro porvenir. ¿Qué harías si supieras que nuestro hogar se está precipitando hacia nuestra estrella?

Cada día, las temperaturas subirían. Y además de una ola de calor en todo el mundo, se desatarían fenómenos climatológicos de una ferocidad jamás vista. Sería como un cambio climático acelerado. A cada instante, el calentamiento global sería más grave y el clima de la Tierra se derrumbaría por momentos. A cada instante, estamos más cerca del Sol.

Los sistemas de aire acondicionado ya no serían un lujo, serían una necesidad. Quien no tuviera acceso a ellos, simplemente no podría resistir las temperaturas del planeta. Y es que los golpes de calor se convertirían en la principal causa de muerte en el mundo.

Y mientras el agua empezara a evaporarse lentamente de todos los sistemas fluviales y la nieve de todas las montañas se derritiera, buscaríamos refugio en cuevas e incluso en los polos del planeta. En cualquier sitio que nos libre del infierno en el que se está convirtiendo la atmósfera de la Tierra.

Tras cinco semanas, nos hemos acercado 40 millones de km al Sol y encontramos ya a solo 119 millones de kilómetros de la estrella. En este momento, con temperaturas medias en el planeta de 57 ºC, respirar el aire, que carece de humedad, empieza a quemar los pulmones. Ni siquiera las cuevas de hielo son refugio y la Antártida empieza a parecerse a un desierto. Ya no es un lugar frío. Es un paraje al límite de lo que el cuerpo humano puede resistir.

Pero al poco tiempo, con unas temperaturas medias de 100 ºC y con el colapso de todos los sistemas de refigeración, nadie podría sobrevivir. El agua de nuestra sangre herviría. En menos de dos meses, toda la humanidad desaparecería. Todos habríamos sucumbido ante este infierno.

Los oceános se evaporarían y la Tierra se llenaría de vapor mientras continúa su acelerada precipitación hacia el Sol. A los cincuenta días, con toda la vida en tierra firme habiendo perecido, estaríamos a apenas 83 millones de kilómetros del Sol. Y en ese momento, no es que el agua de los océanos se evaporaría rápidamente, sino que los mares empezarían a hervir.

Lentamente, hasta la última forma de vida de los océanos desaparecería mientras todo en tierra firme entrara en combustión. La atmósfera empezaría a evaporarse y la Tierra parecería un cometa por el espacio. A los 65 días, estamos tan cerca que a cada minuto que pasa, la temperatura aumenta tres grados. Todo aquello que hemos creado se derritiría. Toda la memoria de la civilización desaparecería hasta que incluso las montañas se convertirían en lagos de lava.

Todo se convertiría en un infierno, con una Tierra que, como si de una mirada al pasado se tratara, estaría muriendo con un aspecto muy similar a aquel con el que nació. Y antes de desaparecer para siempre en las profundidades del Sol, nuestro hogar se deformaría por acción de la gravedad. Y entonces, en un suspiro, seremos desgarrados por la furia del Sol.

Todo lo que una vez había sido la Tierra y la civilización humana será borrado de la existencia. Y todo porque una estrella perdida en el vacío del Universo se cruzó con nuestro camino, alterando esa perfecta sinfonía que creíamos intocable.

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