Supervolcán de Yellowstone: ¿qué efectos tendría su erupción?

La caldera de Yellowstone es el segundo sistema volcánico más grande del mundo y entró en erupción por última vez hace 650.000 años. Pero, ¿qué pasaría si el supervolcán volviera a despertar? Veamos los efectos que tendría su erupción.

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Pese a que sintamos que la Tierra es un lugar seguro y un hogar tranquilo donde todo es próspero para la vida, hay momentos en los que las fuerzas más destructivas y aterradoras del planeta emergen de sus entrañas. Y son precisamente los volcanes los que constituyen la muestra más perfecta de cómo estamos a merced del poder de la Tierra.

Un poder que se basa en un equilibrio entre la creación y la destrucción que ha hecho posible la existencia de la vida en este nuestro planeta, sí, pero que también ha sido responsable de algunos desastres naturales que han provocado la pérdida de innumerables vidas humanas y animales a lo largo de la historia, estableciendo cambios de rumbo en la evolución de la vida en la Tierra e incluso, desde nuestra aparición, la práctica extinción de la humanidad.

Las erupciones volcánicas son fenómenos geológicos que consisten en la expulsión violenta de magma y gases procedentes del manto superior terrestre a través de aberturas en los volcanes. Y a lo largo de la historia ha habido erupciones como la del Monte Santa Helena (1980), la del Pinatubo (1991), la del Monte Pelée (1902), la del Vesubio (79 d.C.), la del Krakatoa (1883) o la del Tambora (1815) que causaron enormes desastres.

Pero cualquiera de ellas se convertirían en un juego de niños si el segundo sistema volcánico más grande del mundo, la caldera de Yellowstone, entrara en erupción. Su última actividad tuvo lugar hace 650.000 años. Pero no está extinto. Solo está durmiendo. ¿Qué pasaría si Yellowstone entrara hoy en erupción? ¿Cuáles son las probabilidades? ¿Provocaría el fin de la humanidad? En el artículo de hoy intentaremos dar respuesta a estas preguntas acerca del posible infierno de Yellowstone.

La erupción del Toba: cuando estuvimos cerca de la extinción

Cuando hablamos de erupciones volcánicas, podemos clasificarlas en distintos grupos dependiendo de su agresividad. Pero en el escalón más alto se encuentran las conocidas como erupciones ultraplinianas, que son las más violentas de todas. En ellas, tenemos las erupciones colosales, de las cuales tenemos registradas un total de 39 a lo largo de la historia, como la del volcán Krakatoa en agosto de 1883, que consistió en una erupción con una explosión equivalente a 350 megatones (23.000 veces más potente que la bomba atómica de Hiroshima) y que fue percibida en el 10% de la superficie de la Tierra.

En un escalón por encima tenemos las erupciones súper colosales, de las cuales solo se han registrado 4 en toda la historia, siendo una de ellas la del Tambora, Indonesia, en 1815, que provocó la muerte de 60.000 personas y que provocó un cambio climático en toda Europa. Pero hay un nivel incluso superior.

Estamos hablando de las erupciones mega colosales, los reyes absolutos. Una erupción que tiene un potencial destructivo inimaginable y de la cual solo existe un registro en toda la historia, el cual nos lleva hasta lo que actualmente conocemos como Indonesia para descubrir la aterradora historia detrás de la erupción de Toba.

En el centro de la zona septentrional de la isla de Sumatra, en Indonesia, se encuentra el famoso lago Toba. Un espectacular lago con unas vistas asombrosas que, sin embargo, esconde un oscuro secreto y un pasado devastador. Todo el lago es una caldera volcánica. Y su última erupción fue la más inmensa explosión volcánica presenciada por el ser humano y, seguramente, la mayor en los últimos 25 millones de años.

Hace 75.000 años, el volcán Toba entró en erupción con una energía equivalente a 13 millones de bombas atómicas. 2.800 kilómetros cúbicos de material volcánico fueron expulsados y la nube de ceniza cubrió toda la Tierra. Durante 20 años, apenas vemos el Sol. Y en un momento en el que todavía éramos comunidades nómadas, los seres humanos estuvimos a punto de desaparecer por las consecuencias climáticas de la erupción.

De los 200.000 seres humanos que por aquel entonces poblaban la Tierra, apenas quedaron 10.000 parejas reproductoras. Estuvimos a punto de extinguirnos. Y lo peor de todo es que a día de hoy, hay un lugar en el mundo que puede dejar este devastador suceso en un juego para niños. Hay una amenaza todavía mayor para la humanidad.

El parque nacional de Yellowstone es una zona natural de 9.000 kilómetros cuadrados que recibe, por su inigualable belleza y paisajes espectaculares de lagos, cañones, ríos y cordilleras, cerca de cinco millones de visitantes al año. Pero lo que a veces olvidamos es que todo este parque, patrimonio de la Humanidad desde 1978, es una bomba de relojería.

Todo Yellowstone se alza sobre un punto de actividad volcánica. La caldera de Yellowstone es el segundo sistema volcánico más grande del mundo, superado solo por el ya mencionado Toba. Su última gran erupción tuvo lugar hace 650.000 años. Pero no está extinto. Solo está durmiendo. Y prueba de ello es que el magma calienta el agua hasta su punto de ebullición, formando los géiseres.

Y aunque es poco probable que suceda en los próximos miles de años, si la súper caldera de Yellowstone entrara en erupción, podría llegar el día de nuestro fin. Cada año hay una probabilidad de apenas 1 entre 730.000 de que entre en erupción. Pero, ¿y si la fatalidad jugara en nuestra contra?

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¿Qué pasaría si la caldera de Yellowstone entrara en erupción?

Antes de empezar, queremos dejar claro que las siguientes líneas se basan en una situación hipotética. Para agilizar la lectura y darle un peso narrativo atractivo, hemos ambientado la historia en un futuro ficticio, eligiendo 2024 como fecha de la misma por simple decisión creativa, no porque haya indicios de que pueda ocurrir una erupción en ese momento (o cualquier similar). Habiendo dicho esto, empecemos.

Es el 5 de agosto de 2024. Un día más en el parque. Los turistas disfrutan de las vistas de Yellowstone mientras se deleitan con el espectáculo visual de los géiseres. Pero, sin saberlo, a varios kilómetros bajo la superficie, el monstruo está despertando. Todo el gas acumulado debajo de Yellowstone durante cientos de miles de años alcanza un punto en el que ni la propia corteza terrestre es capaz de aguantar tanta presión. La cuenta atrás está a pocos segundos de terminar.

En un instante, la tierra colapsa. Yellowstone ha despertado. La erupción más grande que ha presenciado la humanidad desde que Toba casi provocara nuestra extinción. Más de 37.000 millones de toneladas de material volcánico son arrojados y un láser de lava se proyecta hacia el espacio. Una columna de lava de 50 metros de ancho se está alzando a más de 80 kilómetros de altura al tiempo que todo el parque colapsaría y la caldera se derrumbaría.

La erupción, equivalente a 5 veces todo el arsenal nuclear de la Tierra, ha originado en el parque un terremoto de 11 en la escala Richter y una onda expansiva que, viajando a casi 30.000 kilómetros por hora, provocaría la destrucción absoluta. Sería el sonido más fuerte jamás registrado. Incluso en lugares a más de 3.000 km de distancia, se alcanzarían los 150 dB, suficiente para romper los tímpanos de la gente.

Y entonces, apenas 10 minutos después, la erupción se detiene. Una calma en medio del infierno que precede al terror que está por venir. La intensidad de la erupción ha sido tal que el material volcánico ha alcanzado los 300 kilómetros de altura, ubicándose en la termosfera, cerca ya del borde con el vacío del espacio. Pero todo lo que sube, baja. Y por acción de la gravedad, decenas de miles de rocas se precipitarán sobre la tierra, causando la total destrucción en las ciudades dentro del rango.

Pero, de momento, más allá de las noticias y de lo que pueda verse en redes sociales, ni Europa, ni África ni Asia han sentido las consecuencias. Pero todo es cuestión de tiempo. A las seis horas, la onda expansiva, que de hecho dará la vuelta al mundo unas tres veces, llega al continente europeo. Un ruido que significa el preludio de lo que está por venir. Porque un mes después, ya con cientos de miles de muertos en el continente americano, llega lo peor para los supervivientes.

El invierno volcánico. Las miles de millones de toneladas de cenizas han bloqueado la luz solar casi por completo. Todo se congela. El mundo entra en una nueva edad de hielo donde la supervivencia solo sería posible en lugares cercanos al ecuador. Pero aun así, estamos hablando de que, de nuevo, unas 6.000 millones de personas fallecerían.

Tardaríamos cerca de 200 años en volver a ver el color verde. Pero los supervivientes tendrían una oportunidad para repoblar la Tierra. Un nuevo inicio de la civilización. Nos habríamos salvado de la extinción. Como hicimos hace 75.000 años. Porque los volcanes nos han dado vida y nos la han quitado. Pero, al final, la naturaleza siempre gana. O, al menos, eso creemos.

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